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Entrevista con el economista brasileño Reinaldo Carcanholo

«La causa de la crisis es la especulación con el dinero»

Fuentes: La Haine

Una gran actividad especulativa con el dinero, que se originó hace varias décadas, es la causa de la actual crisis económica mundial, con el agravante de que las medidas tomadas en grandes centros de poder, como Estados Unidos, más bien alargarán sus efectos en el tiempo. Así lo explicó a UNIVERSIDAD Reinaldo Carcanholo, connotado especialista […]

Una gran actividad especulativa con el dinero, que se originó hace varias décadas, es la causa de la actual crisis económica mundial, con el agravante de que las medidas tomadas en grandes centros de poder, como Estados Unidos, más bien alargarán sus efectos en el tiempo.

Así lo explicó a UNIVERSIDAD Reinaldo Carcanholo, connotado especialista en economía política, quien puntualizó que esa actividad especulativa origina lo que llama «ganancias ficticias», es decir, basadas en esa especulación pero sin sustento en actividad económica real y que esa contradicción se salda con una mayor presión sobre la clase trabajadora.

La entrevista se realizó en la sede del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) pocos minutos después de que el presidente Oscar Arias leyera ante la prensa internacional su propuesta final como mediador del conflicto hondureño, por lo que el tema también ocupó parte de la conversación.

Carcanholo visitó Costa Rica como parte de su trabajo como miembro del Observatorio Internacional de la Crisis, que agrupa a varios especialistas en economía de diversos países y es coordinado por el sociólogo y economista Wim Diercxsens.

¿Cuáles considera que son las causas de la actual crisis financiera? ¿Es la salida a esta crisis tan inminente como algunos especialistas y funcionarios de gobiernos lo expresan?

– La crisis financiera que explotó el año pasado en Estados Unidos es simplemente una manifestación aguda de una contradicción estructural del sistema capitalista con consecuencias mucho más profundas de lo que se divulga normalmente.

Esa contradicción estructural produjo desde finales de los años 60 y durante la década del 70, una reducción de la rentabilidad o ganancia del capital, lo cual encontró una respuesta en el crecimiento de la perspectiva especulativa del capital. Es decir, frente a la falta de rentabilidad, el capital se dirigió a la especulación, lo cual encontró una respuesta adecuada en la política neoliberal en el mundo entero, en particular de los gobiernos de los países desarrollados, y en la quiebra del sistema monetario internacional.

¿Cuáles fueron los actores que le dieron ese rumbo a la actividad capitalista?

– Fue un proceso de la lógica del propio mercado. En la especulación el capital encontró la rentabilidad más elevada y naturalmente en gran parte se dirigió hacia ella. Las políticas de los estados favorecieron esto, por ejemplo, con el manejo de la deuda pública, en particular del tercer mundo pero incluso de Estados Unidos.

Con la quiebra en 1971 del sistema monetario internacional, se inauguró un periodo en que las tasas de cambio de las diferentes monedas de los países fuertes entraron en fluctuación y eso favoreció la especulación de los grandes capitales.

El capital, para resolver su problema de rentabilidad, se dirigió a una actividad que no es productiva, eso debería agravar aún más ese problema, pero la política neoliberal implicó un aumento en la explotación de los trabajadores del planeta, se perdieron ventajas que los trabajadores habían obtenido en las décadas anteriores tanto en los países del tercer mundo como en los desarrollados.

El desempleo fruto de la política neoliberal es el mecanismo mediante el que se impone una derrota política a los trabajadores y la posibilidad del capital de aumentar la explotación se da de diferentes maneras. Por un lado, con el avance tecnológico pero también con la extensión e intensificación de las jornadas laborales.

La política neoliberal fue el instrumento del capital especulativo para imponer su lógica.

Por más grande que haya sido el aumento de la explotación, no fue suficiente para explicar el mantenimiento del sistema durante un periodo tan grande, de lo cual proviene el otro elemento fundamental que es la expansión brutal de lo que llamo ganancias ficticias, es decir, de una rentabilidad ficticia.

Toda la valorización especulativa de activos, sean acciones, títulos o bienes inmuebles, implicó un crecimiento del patrimonio de sus poseedores sin que significara pérdida para nadie. Es decir, el detentor de un activo de ese tipo, al final de cada año percibe una ganancia y aumento del patrimonio sin perder nada, siempre y cuando la especulación mantenga sobrevalorizados los precios de esos activos. Por detrás de esas ganancias no hay nada, es pura especulación. Es el caso de los bienes raíces o las bolsas de valores.

A partir de 1982, la tasa de ganancia de los capitales privados en Estados Unidos y Europa empezó a recuperarse, pues antes había estado a la baja. El problema es que, por un lado, el capital se nutre del aumento de la explotación, es un vampiro que se nutre de la sangre humana. Por otro lado, el hecho de obtener ganancias ficticias a partir del capital especulativo, implica que al año siguiente ese capital especulativo va a ser mayor y va a exigir una remuneración igualmente mayor. Es decir, hay una contradicción entre la producción de riqueza y la necesidad que el capital tiene de apropiación, que se soluciona con las ganancias ficticias y con la explotación. El resultado de ello es que el aumento del capital especulativo aumenta el capital ficticio y eso significa que cada año se tiene necesidad de un monto absoluto de remuneración mayor.

Es una bola de nieve en una pendiente, la solución de hoy implica heredar el problema a mañana, aumenta la medicina porque si no se evidencia la contradicción y se revienta el sistema, es decir, la tasa de ganancia empieza a caer y viene la crisis.

Para nosotros la crisis hace tiempo que era inevitable, lo sorprendente es que no llegara. Hace dos años varias crisis puntuales limitadas ocurrieron, en Rusia, Turquía, México, Argentina, Brasil, el Sureste asiático, muy localizadas.

El papel de la manifestación circunstancial que es la crisis, es quemar el capital ficticio, por eso es la solución. Los casos mencionados redujeron la tensión de manera limitada, hasta que vino la gran crisis financiera que de igual manera es una manifestación circunstancial del problema estructural, un síntoma de un cáncer más profundo.

Sin embargo, fue hasta cierto punto frenada por la política especialmente de los gobiernos de Estados Unidos y Europa. Entonces, la crisis se manifiesta en el sector financiero pero afecta también al sector real, los gobiernos lo que hacen es tomar a las empresas, por ejemplo automotrices, que están cargadas del capital ficticio que las quiebra, y les impone un cierto grado de pérdida pero fundamentalmente las sostiene, es decir, transforma lo que es pura ficción en las manos de la empresa, en algo real distribuyendo esa ficción entre quienes compran títulos de la deuda del gobierno estadounidense, como China.

El capital ficticio que estaba en las manos de la empresa, en vez de ser quemado, es distribuido por el mundo. Esos títulos tienen valor, le dan a China un poder económico y político fantástico, pero es un capital que no tiene sustancia, sigue siendo ficticio. Esa práctica entonces reduce la consecuencia inmediata de la crisis y sostiene el sistema.

En los años 30 dejaron que quebraran las empresas, hoy dejaron que quebrara la aseguradora Lehman Brothers, se percataron de las consecuencias y procedieron a salvar a las otras. El efecto final es que prolongan el problema, en vez de que ocurra una crisis explosiva concentrada en un momento, se extiende en el tiempo.

El día de mañana se puede dar un crecimiento en la economía, pero siempre en una proporción menor, se va a entrar en un proceso cíclico como siempre lo hubo en el capitalismo pero con mayor estancamiento y cada cierto tiempo con nuevas crisis.

¿Es entonces sostenible este sistema?

– Es el capitalismo se puede sostener, pero la tragedia humana va a ser peor. El capitalismo de mañana necesariamente va a ser peor que el de hoy. No hay una predestinación a su desaparición, para ello se requiere una intervención consciente de la humanidad a través de los movimientos sociales y políticos.

¿De qué manera es que una mayor explotación de los trabajadores logra sostener la actividad especulativa y las ganancias ficticias?

– Si los límites del capital especulativo producen una crisis, la única forma de sostener un cierto grado de rentabilidad aceptable es mediante la explotación, eso significa que habrá un proceso de «exclusión» de la población cada vez mayor, pero esa «exclusión» no significa que la población deje de producir riqueza, sino que participa cada vez menos de ella. Ese proceso es la única solución posible para contrariar la tendencia de reducción de rentabilidad del capital, es la solución más permanente pero para la humanidad es una tragedia.

Además está la cuestión ecológica, que impone unos límites al sistema, tenemos el problema del petróleo, del agua, de los alimentos y una población de 6.000 millones de personas. Esto significa que sí debe haber un pesimismo económico, pero no político. Al contrario, una situación como ésta ya genera en muchos sitios una reacción de la población, especialmente en América Latina. Ya se ve un proceso de concientización de la población en la victoria del Frente Farabundo Martí (FMLN) en El Salvador, de los llamados «sandinistas» en Nicaragua, también en Bolivia, Paraguay, Venezuela, Ecuador, incluso la elección de Lula en Brasil, que es un gobierno pro capitalista, fue una manifestación antineoliberal.

Es algo que se va a profundizar en América Latina. Al mismo tiempo hay una clara posibilidad de ascenso del neofascismo en los países más desarrollados que ya se manifiesta: en las elecciones para el Parlamento Europeo ganó la derecha. Hay una tendencia hacia el fascismo y al mismo tiempo una reacción de los inmigrantes que no son pocos.

La lucha de clases se va a agudizar en Europa y en América Latina, sólo que aquí hay más posibilidad de victorias ideológicas.

¿Es posible, dentro del optimismo político, esperar que haya un punto límite a partir del cual la población reniegue de este sistema?

– La cuestión política es mucho más imprevisible, las coyunturas también son imprevisibles y son oportunidades que es necesario saber aprovechar; ello implica que mientras no surjan, la tarea es en primer lugar el fortalecimiento de los movimientos sociales que contestan el sistema, de sus organizaciones, lo cual supone victorias parciales, por más pequeñas que sean. Cualquier victoria del movimiento popular lo fortalece, pues muestra su capacidad de ganar dimensiones del sistema.

Un segundo elemento fundamental es la formación política de la juventud. La lucha ideológica se debe amplificar y este momento es una oportunidad para ello. Hace diez años hablar de socialismo en América Latina era una locura, hoy la gente quiere que le hablen sobre el socialismo, se pregunta si la sociedad posterior al capitalismo va a tener los problemas y errores del socialismo de la Europa Oriental.

Tenemos que mostrar que la sociedad postcapitalista socialista no es fácil de construir, el camino hacia ella depende de nosotros, se cometerán errores y se retrocederá, pero se avanzará y es importante el estudio de la historia de las experiencias revolucionarias concretas de la humanidad, para prevenir los errores por ejemplo de la Unión Soviética.

La lucha ideológica en este momento es fundamental y hay oportunidad para desmitificar la idea de que el socialismo es antidemocrático y antilibertad individual; al contrario, es la posibilidad de una reconstrucción humana de la sociedad. En ese sentido pienso en figuras como Mariátegui en Perú o el Che Guevara, un socialismo humano, romántico e indoamericano. La propaganda por esa sociedad en este momento es oportuna y la gente la recibe muy bien.

¿Es Hugo Chávez, cuyo proceso es muy criticado, quien lidera ese cambio a la sociedad postcapitalista en América Latina?

– La prensa intenta demonizar a todo el que pretenda ser diferente y contestatario. Yo no me muero de amores por Chávez, pero tampoco soy antichavista, respeto el proceso de Venezuela y tengo esperanzas en él. Lo importante es que la gente se dé cuenta de que los procesos revolucionarios no son exactamente como los soñamos, sino que tienen problemas y se cometen muchos errores. Tenemos que aceptar los procesos como son y luchar por evitar esos errores. En el caso de Venezuela, sería muy importante que el presidente permitiera y profundizara la autonomía del movimiento popular.

Ser antichavista hoy, es defender la hegemonía norteamericana. Eso no significa que simpatice con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), a lo mejor yo estaría en la oposición, pero en la oposición crítica dentro del proceso, trabajando por rectificar errores y hay gente así.

HONDURAS

Usted dice estar optimista en lo político, pero con el golpe de Estado en Honduras «una nueva fase de la batalla por América Latina ha comenzado», tal como escribió con otros analistas. ¿Puede gestarse el cambio ante fuerzas geopolíticas tan fuertes?

– La propuesta final de Óscar Arias habría sido una victoria de la política estadounidense en América Latina, sería la derrota de la perspectiva democrática, los victoriosos son los golpistas porque son premiados con amnistía. Honduras sería una batalla perdida, lo único digno para Zelaya era exigir el regreso al poder incondicionalmente y poner a los golpistas en la cárcel.

En esa propuesta de Arias siento total y absolutamente la mano de Estados Unidos, el mediador cumplió el papel de un simple embajador de la política norteamericana.

Honduras es un ensayo de esa política. Los objetivos de Estados Unidos son el control de los recursos naturales, acabar con Chávez, Morales y demás. En este momento ponen tres bases militares nuevas en Colombia, al lado de Venezuela y Ecuador, al lado del petróleo y la Amazonia, lo cual ya implica a Brasil.

¿Es un ensayo del gobierno estadounidense, o es un conflicto de orden ideológico que se refleja al interno de todos los países, incluido Estados Unidos?

– Una tesis nuestra es que puede haber un conflicto interno en Estados Unidos, puede incluso tratarse de un golpe de Estado técnico frente a Obama del exvicepresidente Cheney, el Pentágono y los Halcones que están por encima del poder de la Casa Blanca o el Departamento de Estado. Es factible una contradicción interna de poderes.

Ellos ven que América Latina se les está yendo, la crisis ayudaba al proceso de desconexión de los intereses de los países centrales, en primer lugar Estados Unidos. Hay que ver el caso de Honduras, Zelaya no era un tipo progresista, nada más se transforma en el proceso. La misma especulación con los precios del petróleo provocó que se dispararan a las nubes, eso incitó manifestaciones de transportistas en ese país, él respondió rompiendo contratos con algunas transnacionales y se volvió hacia Petrocaribe. Eso lo llevó también a buscar un proyecto más latinoamericano, más endógeno y hacia sectores más alejados de la política norteamericana y con alianzas entre sí, como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Luego sintió que chocaba cada vez más con los intereses del empresariado, al igual que con la democracia parlamentaria formal, por ello buscó más apoyo popular con la consulta. En Estados Unidos vieron que era el sitio donde podían dar un golpe «constitucional», era el eslabón más débil y casi lo lograron. Están tratando de hacer lo mismo con Correa en Ecuador y Morales en Bolivia.

Deben estarse acordando de Cuba. Fidel no era un comunista cuando llegó al poder. Fue obligado a una serie de medidas políticas que afectaron los intereses norteamericanos y cuando se vio presionado recurrió al socialismo. Pensarán que eso puede volver a ocurrir, la crisis económica obliga a nuestros países a defenderse de ella con políticas más endógenas opuestas a los intereses más inmediatos del imperio, esa es la preocupación y buscan revertir el proceso.

El canciller golpista hondureño, además de señalar que había presentado una propuesta con la participación de un senador estadounidense en Panamá, manifestó tener la «simpatía» del presidente colombiano Álvaro Uribe. ¿Se puede hablar de la conformación de un eje de derecha, adicto a los sectores de línea dura de Estados Unidos?

– Un eje que incluso podría incluir a Costa Rica. Arias en el fondo le da largas al asunto, da espacio al gobierno de facto y cuánto más tiempo pase, más ganan los golpistas. Uribe es un instrumento de los intereses norteamericanos.

Conforme se profundiza la crisis económica, también se ahondan los procesos. Es claro que las grandes potencias, a pesar de que tienen un discurso contra el proteccionismo, toman políticas de ese tipo lo cual implica una crisis aún más profunda. El comercio internacional está cayendo drásticamente, de los 20 países del G-20, 18 vieron una caída en sus exportaciones de más del 20%. Es una situación de sálvense quién pueda, en la que Estados Unidos procura salir a flote pero conforme se profundice la crisis el proyecto económico endógeno se vuelve más necesario.

¿Es factible que continúe la estrategia de los golpes de Estado en América Central?

– Lo van a buscar en Ecuador y Bolivia, donde ya se dieron varios intentos. Se trata de una política que no se restringe a Centroamérica sino que es para toda América Latina, que están mostrando en este momento en Honduras y que ya habían intentado en Venezuela.

El hecho de que esa política sea lanzada no quiere decir que vayan a triunfar con ella. Lo que está en juego en Honduras en este momento es si vamos al neofascismo o a procesos de cambio más radicales, por eso tiene tanta trascendencia y va más allá de ese país.

http://www.lahaine.org/index.php?p=39697