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La concordia indo-pakistaní tiene quien le escriba

Fuentes: IPS

Si un libro puede atribuirse el logro de haber cambiado de un golpe, en cuestión de días, el tortuoso curso de las relaciones entre India y Pakistán, ése es «Jinnah: Una lectura correctiva de la historia india», del filósofo Asiananda.

La obra se propone corregir la imagen que concita en India el fundador de Pakistán, Mohammed Alí Jinnah, a quien hasta ahora se lo consideraba el responsable de la división del subcontinente indio en dos países por su identidad religiosa.

Pero tras la publicación del libro de Asiananda (es su único nombre) hace apenas un mes, Jinnah adquirió una estatura de político secular, del mismo modo en que es conocido el fundador de la moderna India, Mahatma Gandhi.

Y así han llegado a reconocerlo tanto dirigentes del secular Partido del Congreso, continuador del legado de Gandhi, como del hinduista Bharatiya Janata, incluido su propio presidente, Lal Krishna Advani, acusado de conspirar para asesinar a Jinnah.

No son pocos los libros que traten sobre el origen de la traumática división en 1947 del subcontinente indio en dos países, uno de mayoría hindú y otro predominantemente musulmán, tras el fin del régimen colonial británico.

«Freedom at Midnight» («Esta noche la libertad»), de Dominique Lapierre y Larry Collins, y «Midnight’s Children» («Niños de la medianoche»), de Salman Rushdie, son algunos de ellos.

Asiananda, profesor de Filosofía en la Universidad Intercultural Abierta en Holanda, podrá no alcanzar el genio literario de Rushdie ni el pulso periodístico de Lapierre y Collins, pero su libro cumple con su misión: corregir la imagen del fundador de Pakistán como supuesto responsable de dividir toda una civilización.

Lanzado en India el 16 de abril, la obra conquistó en pocas semanas a Advani, de 78 años. Su supuesta conspiración para asesinar a Jinnah hace más de medio siglo aún está pendiente de análisis en un tribunal pakistaní.

Al igual que Jinnah, Advani nació en la bulliciosa ciudad portuaria de Karachi (hoy pakistaní), y fue uno entre millones de desplazados de su hogar tras la división de los dos países en 1947.

Jinnah se instaló inicialmente en Karachi, pero el corazón de este abogado brillante estaba en la occidental ciudad india de Mumbai (ex Bombay), donde construyó una mansión en la que aún viven sus descendientes.

Advani, quien en su carrera política llegó a los cargos de ministro del Interior y de Información, visitó Karachi este mes para brindar homenaje a Jinnah y construirle un mausoleo.

Tras regresar el lunes a India, Advani debe ser más odiado aun que Jinnah por las fuerzas de choque de su propio partido y de su aliado fundamentalista hindú, el movimiento Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS).

El diario Times of India consideró el martes en un editorial que la caracterización de Jinnah como «secular» por parte de Advani parecía a los ojos de muchos «un acto de revisionismo blasfemo que pone de cabeza la historiografía» de Bharatiya Janata y el RSS.

El periódico también se preguntó cuánto tiempo podría mantenerse Advani al frente de su partido.

Hasta dirigentes izquierdistas manifestaron su escándalo.

«¿De qué habla Advani? ¿Tiene, acaso, derecho de alabar a Jinnah?», se preguntó el político marxista más conocido de India, Jyoti Basu, ex jefe del gobierno del estado de Bengala Occidental.

Basu tiene razones personales para enfurecerse. Se convirtió, junto con su familia, en refugiado cuando más de la mitad del territorio de la antigua Bengala se convirtió en Pakistán Oriental y después, en 1971, en el estado independiente de Bangladesh.

Basu es uno de los arquitectos de la gobernante Alianza Progresista Unida (UPA), coalición de sectores de disímil ideología como el Partido del Congreso –al frente del gobierno durante buena parte de la vida independiente de India– y partidos marxistas.

La coalición tuvo el propósito de desalojar a Bharatiya Janata del poder, probablemente con Advani como primer ministro.

Otro prominente político bengalí, el ministro de Defensa indio Pranab Mukherjee, fue el encargado de presentar el libro de Asiananda en Nueva Delhi, oportunidad que aprovechó para ensalzarlo como dirigente secular a la altura del mismísimo Gandhi.

«El libro merece ser tenido en cuenta. Debemos desafiar nuestras creencias establecidas y exigirnos una revisión de la historia india», afirmó Mukherjee.

Esas palabras «significan mucho, viniendo de un alto dirigente del Partido del Congreso», dijo Asiananda a IPS luego de la presentación del libro.

Más aun «si se tiene en cuenta que en el libro ubico la ‘dictadura moral’ de Gandhi como el factor que realmente derivó en la partición y le negó a Jinnah la posibilidad de convertirse en el primer jefe de gobierno de la India independiente», agregó el historiador.

Para Asiananda, la región india podrá encontrar su lugar en el mundo sólo después de «recuperar su elevado estatus anterior a 1947, sanar la partición y encontrar un espacio real para India, Pakistán y otros países del sur de Asia».

Eso constituiría «un subcontinente índico que equilibre geopolíticamente la Asia septentrional amarilla y la oriental árabe e islámica, y para eso una comprensión real sobre el papel de Jinnah es la clave».

Es hora de que el vínculo deje de percibirse como un asunto hindo-musulmán, según otro ministro y adalid del mejoramiento de las relaciones indo-pakistaníes, Mani Shankar Aijar.

«India no es un estado hindú. Pakistán es un estado islámico, pero no es representantivo de la voz musulmana india», consideró.

Aiyar sostuvo que no habría paz entre los dos países mientras Jinnah y Gandhi continuaran siendo demonizados en India y Pakistán, respectivamente.

«Ambos fueron grandes líderes», y Asiananda hizo gala de valentía al explorar una cuestión que «muchos en India no nos hubiéramos animado ni a tocar», afirmó.