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La conquista geoestratégica del imperialismo

Fuentes: Rebelión

La sustentación del Estado de excepción brasileño y de su máxima corona expresada con un Fraude electoral se encuadra en el enorme interés de Estados Unidos en la conquista de Brasil, misma que fue iniciada con Obama, el golpe de Estado y la instauración del gobierno Temer, y fue consolidada con Trump y la «elección» […]

La sustentación del Estado de excepción brasileño y de su máxima corona expresada con un Fraude electoral se encuadra en el enorme interés de Estados Unidos en la conquista de Brasil, misma que fue iniciada con Obama, el golpe de Estado y la instauración del gobierno Temer, y fue consolidada con Trump y la «elección» del nuevo gobierno Bolsonaro. Para el imperialismo estadounidense Brasil constituye un anillo de poder geoestratégico y geopolítico en su interés de dominación y explotación de América Latina, así como en sus guerras frente a China y Rusia asentadas con creciente fuerza en la región. El nuevo papel del subimperialismo brasileño no hace sino exteriorizar a cada momento la dimensión de la sombra de Washington en el proceso de «cambio de régimen» en Brasil y de su pináculo expresado en el nuevo gobierno brasileño. Así, Brasil se levanta contra Venezuela en el nombre de la democracia «olvidando» con ello su pasado más reciente: la creación del Estado de excepción que dio lugar al mayor fraude electoral de su historia y de cuyas piezas aún queda mucho por ser investigado. Veamos más de cerca estos elementos.

Washington llama «fraudulento» e «ilegitimo» el proceso electoral que Venezuela llevó a cabo el 20 de mayo de 2018 eligiendo presidente a Nicolás Maduro para el periodo 2019-2025. Detrás de estos epítetos, el Grupo de Lima (a excepción de México), y tras él, otro grupo de países, rechazaron el 4 de enero de 2019 el reconocimiento del gobierno de Venezuela  para este nuevo periodo presidencial. A partir de este año 2019 vemos desplegarse «el papel-clave de Brasil», el cual juega con el gobierno de Colombia (ambos «países clave», John Bolton dixit) el liderazgo para implementar, por lo pronto, el golpe decisivo al «escenario venezolano».

En la reunión del 17 de enero, en Itamaraty, entre el canciller Ernesto Aráujo con opositores venezolanos «exiliados», representantes de la OEA y del gobierno de Estados Unidos,  fueron discutidas «acciones concretas» para «reestablecer la democracia en Venezuela» [1].

Más tarde, se llevó a cabo una reunión aparte entre el presidente Jair Bolsonaro, el canciller E. Aráujo, Miguel Ángel Martín, «presidente del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio» y el representante de la OEA, Gustavo Cinosi. En breve video sobre este encuentro difundido oficialmente y dirigido «a los venezolanos», Bolsonaro señaló: «Sabemos cómo ese desgobierno [de Nicolás Maduro] llegó al poder, incluso con la ayuda de presidentes que Brasil ya tuvo, como Lula y como Dilma, y eso nos torna responsables por la situación en que ustedes se encuentran, en parte» […] «nosotros continuaremos haciendo todo lo posible para reestablecer el orden, la democracia y la libertad… creo que la solución vendrá brevemente».    

El día 23 de enero, Bolsonaro reconoció a Juan Guaidó (Jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela, declarada en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia del país) como «presidente encargado de Venezuela», minutos después del pronunciamiento de Trump sobre Guaidó en el mismo sentido [2]. El gobierno de Jair Bolsonaro, dócil y subordinado al gobierno de Estados Unidos, se atreve a levantarse contra Venezuela en nombre de la «democracia».

Acaso el gobierno de Bolsonaro no emanó de una de las mayores organizaciones (de alcance nacional e internacional) de un Estado de Excepción (permanente), liderada por Estados Unidos y con vínculos secretos con el gobierno de Israel [3]. Mutatis mutandis, acaso no es esto que se impone en Venezuela un tipo de despliegues de Golpe y acciones de defenestración como fueron experimentados en Brasil con gran fuerza.

Para profundizar e intensificar sus intereses y estrategias de dominación global, el imperialismo de Trump estableció prioridades. Dentro de éstas, Trump redobló el intervencionismo en América Latina en 2018, anunciado sin ambages con la expedición en América Latina, del ex secretario de Estado Rex Tillerson, iniciada con su discurso en la Universidad de Texas el primero de febrero de ese año [4]. A partir de aquí se repitieron las expediciones por la región: del vicepresidente Mike Pence (además de su presencia en la Cumbre de las Américas en Lima, Abril/2018), del ex director de la CIA, hoy canciller, Mike Pompeo, del secretario de la Defensa, James Mattis, de las relaciones de Steve Bannon con los Bolsonaro, además del discurso en Miami de John Bolton (1/11/2018), asesor de Seguridad Nacional de Trump respecto a «Las políticas del gobierno de Trump relativas a América Latina» [5], y muy recientemente, la visita de Bolton a la casa de Jair Bolsonaro en Rio de Janeiro el 29 de noviembre, y el encuentro de Pompeo con Bolsonaro en Brasilia, a inicios de este nuevo año. Con ello quedó evidenciado que América Latina ocupó en 2018 un papel central en la estrategia, y dentro de ésta, la conquista de Brasil (mediante su decisivo proceso electoral) que constituye un anillo de poder geopolítico para el prevalecimiento de los intereses expansionistas de Estados Unidos dentro de la región y frente a los intereses y avances de China y Rusia en ésta.

Si bien América Latina es una región vital en la historia del imperialismo estadounidense, en la coyuntura actual, las estrategias y los intereses se intensifican al extremo, en el contexto de una intensa rivalidad entre las más grandes potencias mundiales (China, Rusia, Estados Unidos) por la transición de la hegemonía global.

Con Obama, Latinoamérica experimentó la contrarrevolución mediante una oleada de golpes de Estado, algunos de ellos en rotundo fracaso y otros más con gran éxito, dada su relevante continuidad. Son los «golpes suaves» o «de nuevo tipo» ya conocidos. La defenestración de la ex presidenta Dilma en mayo de 2016 abrió las puertas del Estado de excepción permanente en Brasil. Bolsonaro no es un «regalo del cielo» a Trump. El imperialismo de Obama concentró sus fuerzas en la estrategia de conquista del Brasil, en tanto éste es un jugador geoestratégico «clave» para los intereses estadounidenses, y el cual se había alejado demasiado con los gobiernos del partido de los trabajadores (PT).

Con la derrota de los demócratas en 2016, Trump rediseñó los planes, más no así las prioridades. Brasil es hoy -¿veremos sus límites?-, obra e imagen del imperialismo estadounidense, lo que explica la total sumisión del gobierno Bolsonaro y del hombre de Itamaraty al trumpismo, quien adelantándose al encuentro entre Bolsonaro y Trump programado para el mes de marzo, señaló: «Tenemos todo el interés en aumentar la cooperación con EEUU en todas las áreas», y en otro momento expresó: «El cielo es el límite en la relación entre Brasil y Estados Unidos» [6]. Por lo pronto, el nuevo gobierno brasileño suscribió la fusión de las empresas de aviación Embraer con la trasnacional estadounidense Boeing, además de las declaraciones de Bolsonaro a favor de la instalación de una base militar estadounidense en territorio brasileño, lo cual ha abierto un nuevo núcleo de contradicciones del gobierno, esta vez con los altos mandos militares [7].  

Como jugador clave en la geoestrategia y geopolítica del imperialismo estadounidense, el gigante amazónico sintetiza un abigarramiento de grandes intereses del gobierno Trump frente a la intensificación de su despliegue en América Latina y de cara a la disputa entre las grandes potencias de la economía mundial. Así lo evidencian los primeros movimientos del gobierno Bolsonaro, quien en Davos señaló: «no queremos una América bolivariana» [8], «la izquierda no prevalecerá en América del Sur».

Si bien falta poco tiempo para que comiencen a materializarse las nuevas relaciones económicas que construirá con China, potencia económica con la que Brasil reposa en una fuerte dependencia, fueron sonados los cuestionamientos que Bolsonaro profirió respecto a que «China está comprando Brasil», y que bien le valió una enérgica respuesta de la potencia asiática [9]. Ante ello, pueden preverse claramente importantes modificaciones de Brasil respecto a China orientadas más hacia la integración subordinada del gobierno brasileño hacia Estados Unidos (en materia de Hidrocarburos, la Amazonia, Agua, minerales, mercado armamentista, financiero) e Israel, cuyo gobierno encabezado por Benjamín Netanyahu profirió en el marco de su asistencia a la toma de posesión del nuevo gobierno: «Israel quiere ser socio de Brasil en el proyecto que quiere iniciar su nuevo presidente y entendemos que podemos cooperar en áreas como defensa, economía, empleo, seguridad, agua, agropecuaria, industria y en todas las áreas del dominio humano» [10]. Así también, como parte del realineamiento del gobierno Bolsonaro con el sionismo, éste ha declarado el traslado de la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén. 

Más allá de la crisis económica y política local, Obama apertura y Trump cierra la enorme incursión que llevó a la conquista geoestratégica de Brasil. Una cruzada del imperialismo. En el contexto del enorme interés geopolítico y geoeconómico del gobierno de Obama y del imperialismo de Trump por Brasil, es relevante cuestionarnos sobre el modo en que se despliega el Estado de Excepción (jurídico y permanente) y el conjunto de piezas que conformaron la estrategia de gran amplitud (nacional y trasnacional) que llevó a la captura de la economía más grande de América Latina (el principal socio de la región con la economía China, y único integrante regional en el BRICS) y al control de la toma de decisiones políticas en el país de mayor extensión territorial de la región y con enorme fuerza en los aparatos militares [11]. Desde cualquier ángulo de este despliegue y de sus estrategias de poder, el imperialismo estadounidense se encuentra presente en el proceso de conformación y de «elección» del nuevo gobierno brasileño que ha tenido por raíz el propio quebrantamiento del orden democrático.

Conocida es la trama golpista que llevó a la deposición de la expresidenta Dilma en el año de 2016 y que puso en crisis las condiciones de la democracia liberal erosionando con ello los escenarios de participación política. Se abrió la etapa de crisis política y terminal del Estado Novo y de sus instituciones emanadas del periodo post-dictadura y no obstante, los actuales paladines de la democracia levantados hoy contra Venezuela jamás alzaron la voz.

El país más grande de América Latina registró una extraordinaria ofensiva por parte del imperialismo estadounidense hasta doblegar sus principales instituciones y centros de poder político. Desde 2014 puede rastrearse la operación Lava Jato, una espectacular operación de investigación judicial que manipuló la Justicia como estrategia política para demoler la legitimidad de los gobiernos del PT, la cual sería comandada por el ex juez Sergio Moro, vinculado a Estados Unidos y actual ministro de Justicia y Seguridad Pública del nuevo gobierno.  

En noviembre de 2017, en el contexto de crecientes manifestaciones sindicales y populares en distintas ciudades del país, entró en vigor la contra-reforma laboral anti-obrera aprobada en el mes de julio por los aliados del gobierno Temer en el Senado. Desde el mes de agosto de 2017, Lula emprendió una serie de Caravanas por las distintas regiones del país, en aras de su candidatura a la elección presidencial de octubre de 2018. El resultado fue un extraordinario ascenso del respaldo popular a la legitimidad del ex presidente, a tal grado que, según sondeos de opinión, existía la posibilidad de un triunfo de Lula en la primera vuelta, más aún, con una derecha brasileña aun sin candidato definido.

Ante ello, se operó una nueva etapa del golpismo: el inhabilitamiento del ex presidente Lula como candidato presidencial mediante un procesamiento judicial que lo condenó a prisión expulsándolo de la competencia electoral. Como se sabe, en la Corte de primera instancia, Lula fue declarado culpable ante el juez Sergio Moro por los delitos de «corrupción pasiva y lavado de dinero» dentro de una supuesta red de corrupción en la empresa de Petrobras. Así, en el marco de la operación Lava Jato, el 12 de julio de 2017, Lula recibió una sentencia de 9 años y 6 meses de prisión. Para el 24 de enero de 2018, Lula recibiría en el tribunal de Segunda Instancia una ampliación de su sentencia a 12 años y un mes de prisión, por supuestamente haber recibido un apartamento triplex como soborno de parte de la constructora OAS.

Con el momento de inhabilitamiento del candidato más popular fue sellado un nuevo episodio del Estado de excepción, esta vez, sustentado principalmente en los brazos de los poderes de Justicia. Una vez más, eran mancilladas las condiciones de la democracia en Brasil, y los guardianes del «restablecimiento democrático» que vemos hoy manifestarse en Venezuela nunca aparecieron. Tras los resultados conocidos y la incorporación de Sergio Moro al equipo del gobierno Bolsonaro, terminaba por caer el velo que opacaba los procesos de judicialización política y Derecho de excepción controlados desde Washington [12].

«Elección sin Lula es Fraude», siempre alertó la línea política del Frente Brasil Popular. Fraude ejecutado por la eliminación de los derechos políticos del expresidente; por las amenazas de altos mandos militares al Supremo Tribunal Federal para impedir (con éxito) la concesión del pedido de Hábeas corpus a favor de Lula para que este lograra su libertad y con ello su candidatura presidencial; por la enorme campaña «anti-corrupción» para terminar con la legitimidad de los principales representantes del PT; por las omisiones de las autoridades electorales respecto a la ilegalidad de los financiamientos privados de la campaña de Jair Bolsonaro; por la asistencia que éste recibió del gobierno golpista de Michel Temer; por las amenazas del crimen organizado a la población en distintos estados del país para influenciar su voto a favor de Bolsonaro y candidatos aliados; por el teatro de la herida (con cuchillo) que recibió Bolsonaro en el abdomen y que lo ocultó de la luz pública en la campaña electoral y de todos los debates presidenciables; por la propagación ilegal de las campañas de fake news contra el PT y Fernando Hadade, el candidato del PT que sustituyó la candidatura de Lula.   

Si bien ha sido ampliamente discutido este conjunto de piezas arriba expuestas, las cuales sustentaron el Estado de excepción y conformaron el monumental fraude electoral, más allá de la propaganda oficial de la inviolabilidad del voto electrónico, es fundamental investigar las condiciones y mecanismos en que fue accionada la «democracia digital» los días de la elección presidencial (7 y 28 de octubre). Esto dentro de un periodo golpista doblemente intervenido por dos de los gobiernos con los mayores sistemas de inteligencia y ciberseguridad a nivel mundial, tales como el de Trump y Netanyahu.

Así también, en el marco de las pesquisas electorales (Datafolha e Ibope) que no registraron el «sorpresivo» «incremento» del número de votos a favor de Bolsonaro en los últimos días previos a la primera y segunda vuelta electoral (lo que fue explicado en función de la masiva campaña de fake news en redes sociales), es muy relevante discutir la tesis de la ejecución de un Fraude electrónico-digital llevado a cabo en una competencia electoral a cargo del Tribunal Superior Electoral (TSE) -la hermética Seção de Voto Informatizado (Sevin) del TSE a cargo del desarrollo del software y la Secretaría de Tecnología de la Información, en los que con pruebas realizadas desde 2009 hasta principios de 2018, fueron demostradas por especialistas independientes graves vulnerabilidades existentes en el «sistema electrónico de votación» [13]-, y el Supremo Tribunal Federal -quien a mediados de 2018 votó en contra de la impresión del voto en las elección de octubre de 2018-, y representan dos activos organismos del Judiciario en la operación del Golpe de Estado en sus diferentes etapas y cuyos jueces y magistrados integrantes (Luiz Edson Fachin, Luiz Fux, Rosa Weber, Gilmar Mendes, entre otros) participan vivamente en los desdoblamientos del Estado de excepción.

Como vemos, Jair Bolsonaro, quien representa la «la parte torturadora de la dictadura» -como lo llamó el filósofo brasileño Vladimir Safatle-, y cuyo gobierno es una criatura del imperialismo trumpista hipermilitarista, está absolutamente incapacitado y deslegitimado de predicar en nombre «de la democracia y de la libertad» los intereses del imperio. Si el ex capitán ha jugado y juega en contra de su pueblo empujándolo a un nuevo periodo de atraso, sumisión y crisis, sus desdoblamientos golpistas en Venezuela buscan sembrar décadas de servidumbre, subdesarrollo y miseria para «los hijos de Bolívar».

Notas

[1] https://www.valor.com.br/brasil/6069547/brasil-diz-que-governo-maduro-e-mecanismo-do-crime-organizado

[2] «Para Brasil e EUA, Guaidó é o presidente da Venezuela», Folha de S.Paulo, 24/1/2019.

[3] Para coordinar las actividades del ejército y de la policía brasileños en materia de seguridad de los juegos olímpicos, el gobierno Temer ‎recurrió al ejército israelí. Como señala Thierry Meyssan, «Al controlar simultáneamente ‎el Banco Central [con el isrraelo-brasileño Ilan ‎Goldfajn], el ejército y la policía, Israel no encontró la menor dificultad para incentivar las ‎protestas contra la corrupción entre los dirigentes del Partido de los Trabajadores». ‎Ver, «La terrible destrucción que se planea ‎para la «Cuenca del Caribe»‎», https://www.voltairenet.org/article204642.html

[4] Ver nuestro trabajo, «13 tesis sobre el trumpismo imperialista de Rex Tillerson y su expedición por América Latina», https://cu.usembassy.gov/es/discurso-del-asistente-presidencial-y-asesor-en-seguridad-nacional-embajador-john-r-bolton-sobre-las-politicas-del-gobierno-de-trump-relativas-a-am/

[6] http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/86069-el-brasil-de-bolsonaro-por-una-relacion-celestial-con-eeuu

[7] Raúl Zibechi, «Los militares rechazan la base militar de EEUU que quiere Bolsonaro», https://mundo.sputniknews.com/firmas/201901071084592080-militares-rechazan-base-militar-eeuu-que-quiere-bolsonaro/

[8] Ver, » target=»_blank»>http://www.globaltimes.cn/content/1124948.shtml

[10] https://tutameia.jor.br/eua-sacramentaram-opcao-por-bolsonaro/

[12] En este contexto se entiende la afirmación de João Pedro Stédile, uno de los representantes principales del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST): «Los organismos norteamericanos se están moviendo por el Poder Judicial en Brasil». Ver, https://www.brasildefato.com.br/2017/12/18/joao-pedro-stedile-transformaremos-la-campana-electoral-en-lucha-de-clases/

[13] Ver la entrevista a Diego Aranha, especialista en seguridad de sistemas, quien detecto graves falencias en el sistema electrónico-electoral de Brasil: https://www.welivesecurity.com/br/2018/10/17/diego-aranha-os-testes-de-seguranca-nas-urnas-eletronicas/


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