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La fiebre del oro

Fuentes: Deutsche Welle

El precio del oro se duplicó en los últimos cinco años. Especulaciones y crisis impulsan su precio al alza.En Alemania, los políticos quieren participar también de la fiebre del oro y periódicamente tratan de presionar al Banco Central para que venda parte de sus reservas para rellenar agujeros en el presupuesto.El oro tiene en principio […]

El precio del oro se duplicó en los últimos cinco años. Especulaciones y crisis impulsan su precio al alza.

En Alemania, los políticos quieren participar también de la fiebre del oro y periódicamente tratan de presionar al Banco Central para que venda parte de sus reservas para rellenar agujeros en el presupuesto.

El oro tiene en principio sólo dos funciones: como inversión monetaria y para elaborar artículos de joyería y de lujo. En cantidades menores, el metal se utiliza también en la industria electrotécnica y la técnica dental.

Entre los mayores inversionistas en oro se cuentan los bancos centrales de los países industrializados. Estos mantienen una considerable parte de sus reservas en el metal dorado, particularmente los EEUU.

Acumulando oro En julio de 2006, la Federal Reserve (sistema de bancos centrales estadounidense) tenía en depósito nada menos que 8.135 toneladas de oro, por un valor de 168.400 millones de dólares, lo que supone el 75 % de sus reservas.

Pero también bancos europeos acumulan el metal precioso. El Bundesbank (Banco Central) de Alemania, por ejemplo, tiene en sus tesoros 3.428 toneladas de oro, que actualmente tienen un valor de 71.000 millones de dólares y representan más del 60 % de las reservas monetarias del país.

En vista de tales volúmenes, no sorprende que los políticos intenten una y otra vez disuadir al Bundesbank, por ley independiente, de que venda parte de las reservas para cubrir déficits en los presupuestos nacionales. Hasta ahora, el Bundesbank ha resistido a esas apetencias.

Temor a la inflación y especulación Que los políticos miren cada vez más de reojo las reservas de oro no es casual. Desde el comienzo del milenio y hasta ahora, el precio del metal precioso no ha cesado de subir. A mediados de agosto de 2006, una onza de oro cuesta casi 650 dólares, mientras que a mediados de 2001 eran solamente 270 dólares.

La actual fiebre del oro tiene sobre todo dos razones: temor a la inflación y especulación. Cuando los inversionistas temen una rápida inflación de la moneda, comienzan a comprar oro. Generalmente, los pronósticos se han cumplido.

En 1974, el precio del oro aumentó más del 50 % y al año siguiente, la tasa de inflación en EEUU subió un 5 %. Si bien existen también otros instrumentos, con los cuales los inversionistas se pueden proteger de las devaluaciones de la moneda, el oro es uno de los preferidos cuando amenazan crisis políticas o guerras.

Reflejo de la situación política Por lo tanto, la actual ‘fiebre del oro’ es un fiel reflejo de la situación en el Próximo Oriente (Palestina, Irán) y el Lejano Oriente (Corea del Norte). Pero también el temor de que una explosión de los precios de las materias primas y los combustibles puedan ahogar la economía mundial y hacer disminuir el valor de las inversiones en acciones impulsan la fuga hacia el oro.

No puede extrañar entonces que, en vista de que desde el 2001 el precio del petróleo ha subido constantemente un 20 % por año, el valor del oro también se haya multiplicado en la misma medida.

Pero para entender el actual alto precio del oro también es necesario echar un vistazo a los años 90. Entonces, muchos bancos compraron oro que aún no había sido extraído (contratos por adelantado). Simultáneamente, los bancos tomaron en préstamo oro a intereses relativamente bajos y lo vendieron en el mercado de inmediato, donde se sumó al oro ya existente. Ello presionó a la baja entonces el precio del oro. Cuando los productores entregaron el metal precioso comprado por adelantado, los bancos devolvieron el oro prestado.

La ventaja para las minas fue que acordaron el precio también por adelantado y pudieron protegerse de precios en caída. Los bancos se beneficiaron del dinero en efectivo proveniente de la venta del oro y prestaron ese dinero a altos intereses.

Pero a finales de los años 90 cambiaron los vientos. De pronto los contratos por adelantado comenzaron a disminuir. Evidentemente, las minas ya no temían un descenso del precio del oro y dejaron de vender por adelantado. Como dejó de llegar oro complementario al mercado, su precio comenzó a aumentar y sigue subiendo, hasta hoy.