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Intervención en la apertura del Tribunal Mundial sobre Iraq en nombre del jurado de conciencia del Tribunal Mundial sobre Iraq. Estambul. 26 Junio

La guerra más cobarde de la historia

Fuentes: Globalresearch

Traducido para Rebelión por Sinfo Fernández, en recuerdo de todas las víctimas del terrorismo de Estado por las que nadie guarda nunca un minuto de silencio

«Esta es la sesión culminante del Tribunal Mundial sobre Iraq. Es de particular importancia que se esté celebrando aquí, en Turquía, en el país en el que los Estados Unidos utilizaron las bases aéreas turcas para lanzar numerosas misiones con bombarderos a fin de liquidar las defensas iraquíes antes de que se produjera la invasión en marzo de 2003; y han buscado, y donde continúa buscando el apoyo político del gobierno turco, al que consideran un aliado. Todos estos hechos se han realizado ignorando la inmensa oposición a los mismos del pueblo turco. Como portavoz del jurado de conciencia, no me quedaría tranquila si no mencionara que el gobierno de la India está también, como el gobierno de Turquía, tomando posiciones como aliado de los Estados Unidos en sus políticas económicas y en la denominada Guerra contra el Terror.

Los testimonios de las sesiones anteriores del Tribunal Mundial sobre Iraq en Bruselas y en Nueva York, demostraron que incluso aquellos de nosotros que hemos tratado de seguir la guerra en Iraq atentamente, no llegamos a conocer ni una pequeña parte de los horrores que han sido desatados en Iraq.

El Jurado de Conciencia de este Tribunal no se ha reunido aquí para emitir un simple veredicto de culpabilidad o no culpabilidad contra Estados Unidos y sus aliados. Estamos aquí para examinar un amplio espectro de evidencias acerca de las motivaciones y consecuencias de la invasión y ocupación estadounidenses, evidencias que han sido de forma deliberada marginadas o suprimidas. Se examinarán todos los aspectos de la guerra – su legalidad, el papel de las instituciones internacionales y de las poderosas corporaciones multinacionales en la ocupación, el papel de los medios de comunicación, el impacto de armas como las municiones con uranio empobrecido, napalm y bombas racimo, el uso y legitimación de la tortura, los impactos que la guerra causa en el medio ambiente, la responsabilidad de los gobiernos árabes, el impacto en Palestina de la ocupación de Iraq y la historia de las intervenciones militares estadounidenses y británicas en Iraq.

Este Tribunal es un intento de corregir la historia. De documentar la historia de la guerra no desde el punto de vista de los vencedores sino de los temporalmente -y repito la palabra, temporalmente- aniquilados.

Antes de comenzar a recoger testimonios, me gustaría plantear brevemente y de la forma más honesta que pueda unas cuantas cuestiones que se han planteado acerca de este tribunal.

La primera es que este tribunal es una ‘corte canguro’. Esa opinión representa solo un punto de vista. Ese es un juicio sin defensa posible. Ese veredicto es un resultado inevitable.

Ahora bien, ese punto de vista parece sugerir una patética preocupación de que, en este mundo cruel, los puntos de vista del gobierno estadounidense y de la denominada Coalición de Buena Voluntad, se hayan quedado de algún modo sin representantes. Que el Tribunal Mundial sobre Iraq no conoce los argumentos que apoyan la guerra y que se siente inclinado a considerar el punto de vista de los invasores. Si en la era de las corporaciones multinacionales de medios de comunicación y del periodismo empotrado, alguien puede mantener seriamente ese punto de vista, entonces vivimos en verdad en la Era de la Ironía, en una era en que la sátira ya no tiene sentido porque la vida real es más satírica que todo lo que la sátira pueda ser jamás.

Permitidme decir categóricamente que este tribunal es la defensa. Es un acto de resistencia en sí mismo. Es una defensa montada contra una de las guerras más cobardes jamás luchadas en la historia, una guerra en la cual las instituciones internacionales fueron utilizadas para forzar a un país a quedarse desarmado y listo para ser atacado con la mayor gama de armamento que fue utilizada nunca en la historia de la guerra.

Segundo, este tribunal no es en forma alguna una defensa de Saddam Hussein. Sus crímenes contra iraquíes, kurdos, iraníes, kuwaitíes y otros pueblos no pueden descartarse en el proceso de llevar luz a la tragedia más reciente y aún desplegada sobre Iraq. Sin embargo, no debemos olvidar que cuando Saddam Hussein estaba cometiendo sus peores crímenes, el gobierno de EEUU estaba apoyándole tanto política como materialmente. Cuando estaba gaseando al pueblo krudo, el gobierno de EEUU le financiaba, le armaba y le apoyaba silenciosamente.

Saddam Hussein está siendo tratado como un criminal de guerra hasta cuando hablamos de él. Pero ¿qué pasa con los que ayudaron a instalarle en el poder, los que le armaron, los que le apoyaron – esos que están ahora constituyendo un tribunal para juzgarle y para absolverse absolutamente a ellos mismos? ¿Y qué sucede también con los otros cómplices de EEUU en la región, que han suprimido los derechos del pueblo kurdo y los de otros pueblos, incluido el gobierno de Turquía?

Hay gente extraordinaria que se ha reunido aquí ante una agresión y propaganda despiadadas y brutales, que han trabajado con tenacidad para recopilar un amplio espectro de evidencias y de información que pueda servir como arma en manos de quienes desean participar en la resistencia contra la ocupación de Iraq. Se podría convertir también en arma en manos de los soldados de EEUU, Reino Unido, Italia, Australia y otros lugares que no desean luchar, que no desean sacrificar sus vidas -o quitarles la vida a otros- por un puñado de mentiras. Se convertiría en un arma en manos de periodistas, escritores, poetas, cantantes, profesores, bomberos, taxistas, mecánicos de coches, pintores, abogados- de cualquiera que desee participar en la resistencia.

Las evidencias cotejadas por este Tribunal deberían utilizarse, por ejemplo, por la Corte Penal Internacional (cuya jurisdicción no reconocen los EEUU) para juzgar a criminales de guerra como George Bush, Tony Blair, John Howard, Silvio Berlusconi, y todos esos funcionarios gubernamentales, generales de ejército y directores ejecutivos que participaron en esta guerra y ahora se benefician de ella.

El asalto contra Iraq es un asalto contra todos nosotros: contra nuestra dignidad, inteligencia, humanidad, contra nuestro futuro.

Somos conscientes de que la sentencia del Tribunal Mundial sobre Iraq no es vinculante para el derecho internacional. Sin embargo, nuestras ambiciones superan con mucho ese hecho. El Tribunal Mundial sobre Iraq pone su confianza en las conciencias de millones de gentes de todo el mundo que no quieren permanecer a la expectativa y tan sólo observar mientras el pueblo de Iraq está siendo brutalmente asesinado, subyugado y humillado.»

Texto original en inglés en:

www.globalresearch.ca/index.php?context=viewArticle&code=ROY20050628&articleId=540

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