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Noam Chomsky, Pascualina Curcio y Judith Valencia

La ingeniería del consenso y las zonas económicas especiales

Fuentes:

«El cuadro del mundo que se presenta a la gente no tiene la más mínima relación con la realidad, ya que la verdad sobre cada asunto queda enterrada bajo montañas de mentiras. Se ha alcanzado un éxito extraordinario en el sentido de disuadir las amenazas democráticas, y lo realmente interesante es que ello se ha producido en condiciones de libertad. No es como en un estado totalitario, donde todo se hace por la fuerza» Noam Chomsky (1)

Por circunstancias de la vida, en algún momento ejercí el oficio profesional de «asistente de investigación» cuando era aún estudiantes de «ciencias sociales e históricas». Podría decir que «sociología» en términos de oficio disciplinario y plan de estudios, pero a lo largo de los años uno incorpora cada día más aquello de lo interdisciplinario, multidisciplinario y transdisciplinario.

Quizás por eso uno termina también valorando el diálogo permanente entre las ciencias formales, las ciencias naturales, las ciencias sociales e históricas, las ciencias aplicadas y las humanidades. Sin esos diálogos uno termina siendo un ser mutilado y mutilador, o quizás, castrado y castrante.

Hay allí una vieja elección existencial, convertirse en engranaje, en rebaño amaestrado, o elegir ser una persona humana, con apuestas en los planos diríamos más filosóficos de lo antropológico, lo ontológico, lo gnoseológico, lo epistémico, lo ético-político, lo semiótico e incluso de lo afectivo-pasional.

En la vida social también hay cargas de afecto, con su propia economía, ligaduras e intensidades, vinculadas a determinado cuadro de relaciones humanas y sociales. Hay simpatías, antipatías e indiferencias. Hay también toda una clínica de las pasiones políticas, donde aparecen el miedo, la esperanza, la codicia, la envidia, la ignorancia, la culpa, el odio, los celos y la vergüenza

Se que estas últimas palabras pueden sonar raras y complicadas, pero si se estudian con un poco de paciencia, veremos que son muy vivenciadas por cualquiera, están vinculadas a nuestra experiencia y a la práctica social cotidiana, o si se prefiere a nuestro ser en el mundo, con la naturaleza, con los otros y con nosotros mismos. Si usted también lo prefiere, incluya el eje de lo trascendente, o quédese en el plano de la tierra, sin tantos vuelos o recodos.

Decía Trotsky, al que hay que citar con mucho cuidado y en todos sus contextos, que «quien se inclina ante el hecho consumado es incapaz de preparar el porvenir».

Nada distinto diría una teoría crítica hoy, aunque poniendo también el dedo en la llaga en el balance de aciertos y errores de Trotsky, Lenin, Bujarin y muchos otros bolcheviques.

Se dice con gran ligereza que los procesos de tránsito al socialismo en el siglo XX sin excepciones han regresado a formas inocultables de capitalismo, Rusia (y la ex Unión Soviética) y China, sin dar cuenta de las diferencias entre la pequeña economía rusa de hoy, derivada tanto de los fracasos de la perestroika como de las reformas neoliberales de Yeltsin; como la gran economía china, cuya modelo de socialismo de mercado con sus propias modalidades de regulación, control y planificación apunta con indudable fuerza hacia otro futuro, que de acuerdo a la narrativa oficial ha sido una suerte de «chinificación» del marxismo y del socialismo. Debate abierto.

Bastan algunos datos para dar cuenta de tales diferencias, aunque nos quedemos en la bruma de las proyecciones geopolíticas o en el hecho de poseer armas de destrucción masiva. Es completamente cierto que el nuevo progresismo latinoamericano y el llamado Grupo de Puebla poco o nada tienen que ver con la «construcción del socialismo». De manera que quizás vale la pena profundizar si se trata de reconstruir formas más eficientes, más democráticas y renovadoras de la centro-izquierda.

Pero el punto particularmente agudo es el giro hacia la derecha económica y hacía un modelo político crecientemente autoritario en Venezuela. Si me dicen que esto obedece exclusivamente a la política de sanciones de los EEUU podríamos justificar cualquier cosa.

Convertirse en engranaje y rebaño es la elección del llamado «muerto en vida», ciertos tipos sociales son el burócrata, el sobre adaptado, el conformista, el que termina cumpliendo una función, una obligación, un deber en una estructura organizativa, atado a un manual de cargos, procedimientos y funciones, atado a clichés, eslóganes o estereotipos de la propaganda.

Por supuesto, el engranaje es coordinado y dirigido por la figura del panóptico, con sus dispositivos y aparatos, una cadena y línea de mando-jefatura, con sus formas de control y vigilancia, que también (como todo poder pastoral), mete al rebaño en los corrales dispuestos en los llamados «diagramas de poder».

Y ese diagrama es administrado por un centro político burocrático comandado en la mayoría de los casos por camarillas políticas, bajo la jefatura del Tótem central. Un diagrama despótico clásico. Por allí no es que se hace democracia participativa.

1. CHOMSKY, LA INGENIERIA DEL CONSENSO. LAS TERAPIAS DE CHOQUE ECONÓMICO Y OTROS ALIÑOS DEL GLOBALISMO NEOLIBERAL

Chomsky, uno de nuestros autores favoritos, ha dicho que hay pensadores y políticos que afirman que es necesario «domesticar al rebaño desconcertado, y no dejarle que brame y pisotee y destruya las cosas».

Para Chomsky, la nueva ola de pensamiento neoconservador y neoliberal replantea la vieja tesis de que no se debe dar ninguna facilidad para que los individuos del rebaño desconcertado participen en la acción; pues solo causarían problemas.

Por eso, hablar de democracia participativa en tal contexto es darle rienda suelta a la imaginación del rebaño desconcertado.

Lo máximo posible que se puede aspirar es la propaganda sobre sobre la democracia representativa, pero en la practica funcionando como un modelo de democracia de elites. No hablaremos aquí de los modelos de democracia de David Held, ni tampoco de una de sus posibles operacionalizaciones en las llamadas encuestas de V-Dem.

Sigamos con Chomsky, quien analiza cómo para estos pensadores y políticos se necesita algo que sirva para «domesticar» al rebaño perplejo; algo que viene a ser la «nueva revolución en el arte de la democracia: la fabricación del consenso».

Los medios de comunicación, las escuelas, la cultura popular y las familias tienen que cumplir misiones en tales tareas de la ingeniería del consenso. La psicología socio-política crítica habla de la personalidad autoritaria y conformista.

La clase política y los responsables de tomar decisiones elaboran un «principio tolerable de realidad» para que el rebaño no ponga en riesgo el «principio de rendimiento». Proveen cuerpos útiles y sujetos obedientes a los sistemas de producción, aunque también tengan que inculcar actitudes y opiniones adecuadas. En una época se llamó a eso ajustar a los sujetos-agentes a las tareas en la división social del trabajo y de las relaciones de producción mediante los aparatos ideológicos de Estado. Las interpelaciones ideológicas conocieron un momento de euforia teórica en aquellos años.

Aquí la premisa no declarada de forma explícita tiene que ver también con la cuestión de cómo se llega a obtener la autoridad-obediencia para tomar y legitimar decisiones. Y para eso hay que tener muy claro el principio de autoridad. Le gente se tiene que identificar con las autoridades y sus decisiones. Todos debemos decir en coro: «Estamos completamente de acuerdo con las medidas»

Enumeremos entonces la combinación del principio tolerable de realidad, el principio de rendimiento y el principio de autoridad como un sustrato de una psicología social con alcances políticos. A la horizontalidad de las relaciones intersubjetivas las pasamos a los diagramas estriados de relaciones verticales de poder.

El rebaño desconcertado, plantea Chomsky, es un problema para quienes asumen la autoridad de tomar y legitimar decisiones. Por eso, antes que brame y pisotee, hay que distraerlo y domesticarlo. Hay que lograr que los sujetos que lo forman se queden en casa viendo TV, culebrones o películas violentas, o pegados de una pantalla observando bailes de tik tok, aunque de vez en cuando se les saque del sopor y se les convoque a corear eslóganes, clichés y consignas sin sentido.

Para hacer que los individuos del rebaño y del engranaje conserven un miedo permanente, hay que persuadirlos de la existencia de todos los posibles males que pueden destruirles, desde dentro o desde fuera, porque si no están atemorizados podrían empezar a pensar por sí mismos, lo cual además es muy peligroso, ya que para la elite en el poder no tienen la capacidad de hacerlo.

El viejo Spinoza decía que el miedo era un anclaje fundamental de la obediencia. Por ello es importante atemorizarlos, distraerlos y marginarlos, convertirlos en espectadores.

Comenta Chomsky que Walter Lippmann (junto a Harold Laswell) estuvieron vinculados a ese énfasis en controlar el rebaño mediante la propaganda, y sostuvo que era posible producir en la población, mediante las nuevas técnicas de propaganda, la aceptación de algo no deseado. Mediante determinadas técnicas de propaganda, el rebaño aceptaba lo que era inaceptable.

También pensaba Lippmann, que ello era no solo una buena idea sino también necesario, debido a que según su concepto los intereses comunes esquivan totalmente a la opinión pública y solo una clase especializada de hombres responsables (una elite) puede comprenderlos y resolver los problemas que de ellos se derivan. Una cosa eran las funciones de la elite, otra la de la muchedumbre desconcertada e incapacitada. Eso ya se decía también en la Italia fascista de Pareto, de Gaetano Mosca y otros autores elitistas. Contra eso insurgió, entre muchos, Gramsci.

Esta concepción elitista no era parte exclusivamente de los liberal-demócratas en los EEUU. Tiene una larga historia, e incluso fue resignificada durante la vieja época del despotismo ilustrado, donde el déspota se convertía en el mejor de los casos en un tutor de un pueblo ignorante y sin virtudes.

Fue el antecedente ideológico-teórico del «Protector del pueblo». Esta teoría, en palabras llanas, sostenía que solo una élite reducida, incluso un déspota benevolente, puede entender cuáles son aquellos intereses comunes; es decir, qué es lo que nos conviene a todos. Muchos años después, los marxistas de la escuela de Budapest alumnos de Lukács, llamaron a eso: «Dictadura sobre las necesidades (Heller-Feher).

Como nos recuerda Chomsky, también se trata de un planteamiento típicamente leninista; algo que comenzó con el desprecio socialdemócrata de Kaustky por el saber y conocimiento vivencial de los obreros hasta traspasar la frontera alemana hacia Rusia y alcanzar un éxtasis delirante con Stalin.

El proletariado concreto apareció como aquellos que no podían tener facultades para pensar por sí mismos de manera científica, elemento que fue sembrado (pienso no intencionalmente) por los mismísimos Marx y Engels, cuando en el Manifiesto Comunista alababan las virtudes de los elementos más avanzado en conocimiento y conciencia de las clases trabajadoras: los comunistas.

Lo malo fue, que algunos comunistas, se consideraron a sí mismos y a su organización, como los portadores de un privilegio epistemológico y político que los convertía no solo en vanguardia sino en una suerte de partido conductor por derecho científico de dirigir la conducta de la clase trabajadora, del campo y de la ciudad, tanto de los trabajadores intelectuales como manuales, pues no era lo mismo conocer sus intereses objetivos que reconocer sus vivencias subjetivas.

Para Chomsky, la narrativa se sintetizaba en que una vanguardia de intelectuales y profesionales revolucionarios tomaba el poder mediante revoluciones populares que les proporcionaban la fuerza de masa necesaria para ello, para conducir después a las mismas a un futuro glorioso en el que estas, dado que no podían guiarse por sí mismas, requerían ser guiadas y conducidas por otros. Todo esto fue caricaturizado por Orwell.

Fue así, y de manera no harto evidente para muchos, como la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo se encontraron muy cerca en sus supuestos ideológicos convergentes: un modelo elitista de democracia, aunque siempre para el primer caso se utilizó el expediente del pluralismo competitivo para desafiar el sistema de partido único, mientras éste último afirmaba que el bipartidismo hegemónico del liberalismo democrático ocultaba su base plutocrática.

Chomsky, en desacuerdo con ambas posturas, planteaba la vía de la democracia participativa, cuestionando la tesis de que sólo los ciudadanos que asumen algún papel activo en cuestiones generales relativas al gobierno y la administración formarían parte de la clase especializada que analiza, toma decisiones, controlan y dirigen los procesos que se dan en los sistemas ideológicos, económicos y políticos.

Por supuesto, la elite en el poder también habla primordialmente acerca de qué hacer con aquellos otros, quiénes siendo la mayoría de la población, constituyen lo que Lippmann llamó el «rebaño desconcertado».

Tal rebaño cumple una función en el modelo elitario de democracia: ser espectadores y convertirse en masas de maniobra para los miembros que de forma activa asumen su rol de elite en el poder, conduciendo y tomando las medidas de gobierno, independientemente de lo que piensen o sientan los afectados por las mismas.

Irónicamente dice Chomsky, al rebaño desconcertado se les permite decir «queremos que tú seas nuestro líder», todo ello en nombre de la democracia y no en de un Estado abiertamente totalitario, o desde una «semi-dictadura» llamada con esa vaga tipología de nombres que va de los «autoritarismos electorales», los «autoritarismos competitivos» y los «autoritarismos hegemónicos». En todos los casos, una situación intermedia entre dictadura y democracia liberal.

Las democracias representativas cumplen con la misión ideológica de sugerir que no tienen nada que ver con las figuras de autoritarismo. Son mucho más sutiles ideológicamente. A los ciudadanos y ciudadanas se les ofrece ser liberados de su carga de responsabilidad, de su miedo a la libertad, y traspasar ésta a algún miembro de la clase especializada mediante el voto. Luego los representantes esperan de ellos que se apoltronen y se conviertan en espectadores de la acción, no en participantes ni en controladores. De ser detentadores del poder originario pasan a ser sólo destinatarios del poder. Esto es lo que ocurre en una democracia que «funciona como Dios manda», dice Chomsky.

Aquí la clave es elegir a los jugadores que efectivamente van a jugar en el tablero político, pero consintiendo en que la ciudadanía pase a ser solo simple espectadora y masa dependiente de las decisiones tomadas por aquellos.

En las llamadas «democracias electorales» la propaganda aparentemente diversa, intenta sustituir la función del garrote, de la cachiporra, del partido único y del pensamiento único del Estado Totalitario. Pero para que sea eficaz, tienen que administrar, además, algunos reforzadores, algunos incentivos, prestaciones utilitarias de carácter material, cosas como recompensas, bonos, acceso a cargos, a honores e ingresos adicionales.

Chomsky narra como en 1937, cuando hubo una importante huelga del sector del acero en Johnstown, al oeste de Pensilvania, los empresarios pusieron a prueba una nueva técnica de destrucción de las organizaciones obreras, sin aquellos matones a sueldo que sembraran el terror entre los trabajadores (como los cabilleros venezolanos), sino por medio de instrumentos más sutiles y eficientes como la propaganda:

«La cuestión estribaba en la idea de que había que enfrentar a la gente contra los huelguistas, por los medios que fuera. Se presentó a estos como destructivos y perjudiciales para el conjunto de la sociedad, y contrarios a los intereses comunes, que eran los nuestros, los del empresario, el trabajador o el ama de casa, es decir, todos nosotros. Queremos estar unidos y tener cosas como la armonía y el orgullo de ser americanos, y trabajar juntos. Pero resulta que estos huelguistas malvados de ahí afuera son subversivos, arman jaleo, rompen la armonía y atenían contra el orgullo de América, y hemos de pararles los pies. El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros.»

Hay que retener esta ultima idea de integración social, valorativa y normativa: «El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros.»

Este método, en los EEUU, se conoció como la fórmula Mohawk Valley, aunque se le denominaba también «métodos científicos para impedir huelgas». Se trataba de movilizar a la opinión pública a favor de conceptos vacíos de contenido, como el «orgullo de ser americano» y de colocar a los huelguistas como los verdaderos traidores y enemigos, unos auténticos chivos expiatorios que podrían eventualmente sacrificarse literalmente.

Surgió así toda una industria de las relaciones públicas, en la cual el sobrino de Freud, Edward Bernays, aprendió muy bien a trabajar con los objetivos de la elite en el poder y se puso manos a la obra a desarrollar lo que él mismo llamó la «ingeniería del consenso», que describió como la «esencia de la democracia». En fin, se trataba de emplear las herramientas del gobierno invisible, para fabricar consensos, apoyos, lealtades y respaldos a las medidas del gobierno y de las corporaciones. Integración social, valorativa y normativa, relación de ideales, cargas de afecto y mantenimiento del poder.

Lo que no se había hecho desde aquellos años hasta la actualidad era articular sistemáticamente tal ingeniería del consenso y manipulación de símbolos significativos con la aceptación de los programas de ajuste neoliberales, que desde Pinochet para acá se han convertido en las fórmulas salvadoras para «recuperar el crecimiento y alcanzar el desarrollo», lo que se conoce actualmente bajo la fórmula o menú de: «Terapía de choque + Terapia de ilusión + Terapia de recompensas diferenciales».

Si una política económica basada en los enfoques derivados del monetarismo o la economía neoclásica (Neoliberal) generan tantas privaciones, malestares, resistencias y protestas hay que elaborar una nueva metodología de gestión del conflicto social y político. De nuevo, como dice Chomsky: «El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses»:

Allí entran a jugar su papel las relaciones públicas, la fabricación del consenso y la manipulación psicosocial generalizada con el uso la percepción selectiva y de la movilización de las «cargas de afecto», incluyendo por supuesto, los usos de las recompensas y reforzadores diferenciales, siempre que el «rebaño desconcertado», obedezca a los lineamientos de la elite en el poder. Si se portan bien, bonos y recompensas, si se portan mal, cárcel y plomo.

La cuestión central, no es simplemente la manipulación informativa, sino algo de dimensiones mucho mayores, dice Chomsky, y cabe aquí no parafrasearlo ni resumirlo, sino citarlo literalmente:

«Se trata de si queremos vivir en una sociedad libre o bajo lo que viene a ser una forma de totalitarismo autoimpuesto, en el que el rebaño desconcertado se encuentra, además, marginado, dirigido, amedrentado, sometido a la repetición inconsciente de eslóganes patrióticos, e imbuido de un temor reverencial hacia el líder que le salva de la destrucción, mientras que las masas que han alcanzado un nivel cultural superior marchan a toque de corneta repitiendo aquellos mismos eslóganes que, dentro del propio país, acaban degradados.»

La pintura de Chomsky de ese totalitarismo auto-impuesto es desgarradora y a la vez aleccionadora, porque coloca frente a frente a la ciudadanía con la problemática de la democracia que pretenden escoger como forma de vida.

Pasemos al siguiente punto.

2. PASCUALINA CURCIO Y LAS PROPUESTAS MINIMALISTAS DESECHADAS

Retomando aquello de practicar el oficio del asistente de investigación, es importante recopilar materiales, fuentes documentales, archivos, consultar textos, revisar los trabajos de los investigadores, compilar muchos caudales de información y datos para su registro y clasificación, luego pasar a descripciones densas, análisis, comprensiones, explicaciones y previsiones, todo esto me parece una tarea fascinante, más aun cuando hoy estamos en los hechos impregnados de una nube de información y datos en diferentes ecosistemas mediáticos, además de las fuentes de información de nuestra vida cotidiana, de la calle, de la conversación diaria en nuestros recorridos y trayectos por el mundo de vida.

Sin embargo, no podemos vivir abrumados de información. Eso paraliza. Paraliza tanto como no tener información. Se habla incluso hoy de «infodemia». Quizás sin ecología de mente, estaríamos expuestos a una verdadera pandemia informativa y sus consecuencias.

Necesitamos construir nuestros propios reductores de complejidad. Por eso cada quien debe acopiar sus propios archivos y, en mi caso, debo decir que las declaraciones, informes, datos, opiniones son la materia prima del análisis y entendimiento de los temas. Pero no hay nada que sustituya a una teoría ni a un programa de investigación.

Todo este largo preámbulo, para volver a referir la problemática de la más reciente aprobación de la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales. No podemos perder de vista la aparente formalidad de la justificación de su «carácter orgánico» por parte de la nueva composición interna de la Sala Constitucional del TSJ, porque tendrá duraderas consecuencias a la hora de poder derogarla o enmendarla.

El pueblo hondureño lo logró en 2022, basta saber si algún día lo podrá lograr el pueblo venezolano.

Revisando archivos y ordenando declaraciones sobre las zonas económicas especiales encontré en el archivo un artículo de la economista Pascualina Curcio de fecha 21-06-2021(2) y otro de la economista Judith Valencia de fecha 13 de julio de 2022.(3)

Ya para fines de junio del año 2021, palabras más palabras menos, era un hecho consumado la aprobación de la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales (LOZEE), de acuerdo a lo que le habían manifestado voceros de la Asamblea Nacional. Sin embargo, el proyecto quedó congelado casi por un año.

Ante la impotencia de evitar aprobado tal proyecto, Curcio proponía como salida mínima que, en la mencionada ley «…no quedaran vacíos que permitieran a los capitales transnacionales interpretarla a su entera conveniencia».

La economista ofrecía:

«…muy respetuosamente a los honorables diputados, las siguientes propuestas que buscan, en la medida de lo posible, blindar nuestra soberanía, así como el principio fundamental de la integridad de nuestro territorio, el resguardo de nuestros abundantes recursos naturales y el derecho inalienable de los trabajadores de la patria».

Proponía Curcio incluir el siguiente artículo: «Artículo X: Bajo ningún concepto ni justificación en las ZEE se establecerán excepciones, ni la flexibilización de la Ley Orgánica del Trabajo, las Trabajadoras y los Trabajadores».

Sugería también: «Artículo X: Del total de trabajadores que laboren en las empresas que funcionen en las ZEE, el 95% debe ser venezolana o venezolano».

Adicionalmente y específicamente en los párrafos donde decía: «Estímulos fiscales, tributarios, financieros y de otra índole» sugería eliminar la frase «y de otra índole» que daba «para cualquier interpretación malintencionada por parte de los capitales».

Ninguna de estas tres propuestas minimalistas de Curcio fueron incluidas en el proyecto aprobado en el año 2022.

También proponía Curcio en el capítulo referido a la «Sobre la creación de las ZEE» lo siguiente:

«La creación de cada ZEE no debe ser potestad exclusiva del Ejecutivo Nacional, debe ser producto de un debate en la Asamblea Nacional por el impacto que tiene sobre la economía y la población, y porque implica la flexibilización de leyes que solo pueden ser modificadas por el Poder Legislativo, entre ellas las tributarias (artículos 317 y 187 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela – CRBV).»

Tampoco tal propuesta de Curcio fue incluida, y se ratificó en su aprobación en el año 2022, la potestad exclusiva del presidente de la República para crear zonas económicas especiales.

En materia de respeto a la integridad del territorio, la economista Curcio propuso:

«La República Bolivariana de Venezuela es una sola, desde el punto de vista económico debe regirse por un único sistema monetario, bancario, financiero, de capitales y cambiario que son competencia exclusiva del BCV (artículo 318 de la CRBV), además de una cuenta única del tesoro (art. 108 de la Ley Orgánica de Administración Financiera). No debería haber sistemas distintos en cada ZEE. Por otra parte, la moneda de circulación nacional, repetimos, nacional, es el bolívar (art. 318 de la CRBV) … que cada ZEE funcione con monedas, regímenes cambiarios y sistemas financieros distintos. Eso debilita y vulnera a nuestro Estado-Nación, incluso con el riesgo de eventual secesión.»

Tampoco tal propuesta fue incluida en el proyecto del año 2022.

Sobre nuestros recursos naturales, Curcio planteó que «todos los minerales que se obtengan de la actividad minera en las ZEE, sea por empresas del Estado o mixtas, serán de obligatoria venta y entrega al Banco Central, sin excepción». Adicionalmente, propuso: «Artículo X: Bajo ningún concepto habrá excepciones para el pago del máximo porcentaje de regalías establecidas, 13%».

Con respecto a los hidrocarburos, siendo ésta la principal fuente de ingresos de divisas del país Curcio dejaba claro lo siguiente: «Artículo X: en ninguna circunstancia se flexibilizará la ley de hidrocarburos aprobada en el año 2000, en lo que a regalías e impuestos se refiere, así como en todo lo establecido en dicha normativa».

La economista Curcio abordó una de las principales justificaciones de las ZEE: «la necesidad de captar divisas para poder aumentar el salario a la clase obrera, motivo por el cual la promoción de las exportaciones es una de las principales banderas de las ZEE», recomendaba:

«Artículo X: El 100% de las divisas generadas por concepto de exportaciones en las ZEE, correspondiente a cualquier rubro y sean estas generadas por empresas del Estado, mixtas, o privadas deben ser de obligatoria venta y entrega al Banco Central de Venezuela, sin excepción».

Tal propuesta, como muchas otras no fueron siquiera tangencialmente tomadas en cuenta en el proyecto aprobado en el año 2022, con la excepción de aspectos de la materia fiscal, aunque la economista Curcio mostró claramente que desde su perspectiva el mejor escenario sería «…la no aprobación de esta ley que no solo pone en riesgo nuestra soberanía, la integridad territorial y los recursos naturales del pueblo venezolano, sino que, además, por donde quiera que se la mire no pasa la prueba de rigor del Comandante Chávez: ¿y aquí donde está el socialismo?».

3. JUDITH VALENCIA Y SU MENSAJE A GARCIA

También en el archivo encontré un texto más reciente del 13 de julio 2022 donde la economista Valencia toma nota del hecho de que «los Diputados en la Asamblea Nacional, aprobaron la «Ley Orgánica sobre Zonas Económicas Especiales» /LOZEE y la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, declaró la constitucionalidad del carácter orgánico, de conformidad con el artículo 203 de la Constitución de 1999.»

Tal hecho consumado la llevó a escribir una suerte de pálpito y comenzó su escrito con la siguiente proposición para mi cargada de connotación críptica que me llevó a releer «El nombre de la rosa» de Umberto Eco:

«¡¡¡Dicen que el asesino vuelve siempre al lugar del crimen!!!»

Ya con algunas líneas de Britto García había quedado electrizado. Con Pascualina Curcio, que me ha parecido una mujer de decentes propósitos y indudable patriotismo, quedé con la imagen del «minimalismo desechado», con Judith Valencia quedé estupefacto:

«Los Diputados han sido cuidadosos en limpiar de evidencias inconstitucionales el texto original del Proyecto de Ley presentado el 12 de marzo de 2021.»

No se si estoy comprendiendo mal los textos, pero luego de la frase críptica y de colocar a continuación «limpiar las evidencias inconstitucionales» no me quedaba ninguna duda que estábamos ante una operación de blanqueamiento de una grave y preocupante violación de la Constitución (para no hablar de lo que Curcio señaló «por donde quiera que se la mire no pasa la prueba de rigor del comandante Chávez: ¿y aquí donde está el socialismo?»)

El 3 de abril de 2021 la economista Judith Valencia había divulgado un comentario en el que afirmaba que las ZEE eran «un enclave al perfecto estilo de Campo Petrolero adecuado al siglo XXI solapando el territorio de las Comunas.»

Llamaba la atención Judith, con toda su tesitura critica labrada por décadas, que el texto aprobado «deja en suspenso» discursos lo que consideraba «de intenciones» del escenario del crimen.

Finaliza la economista Judith Valencia con lo siguiente:

«Mantuvieron la «Exposición de Motivos» del Proyecto inicial: «Nuestro país atraviesa en la ACTUALIDAD uno de sus momentos más críticos desde el punto de vista económico como resultado de las consecuencias de las sanciones económicas.»

Una CIRCUNSTANCIA sirvió como excusa y quedaron las intenciones generales explícitas y encubiertas aprobadas en Ley Orgánica…para el presente y futuro.

Misión Imposible desde la calle, enterarnos -día a día- de lo propio de cada Proyecto aprobado y/o por aprobar.»

Tiene razón la profesora Valencia en mucho pero mucho. Solo con los DECRETOS PRESIDENCIALES es que podremos analizar todas las costuras, los contenidos, los propósitos, hurgar los intereses particulares, analizar los alcances y evaluar potenciales impactos.

El palpito del corazón de Judith Valencia creo que lo estamos sintiendo todos los venezolanos y venezolanas.

(1) Noam Chomsky. EL CONTROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: https://www.infoamerica.org/teoria_articulos/chomsky6.htm

(2) Pascualina Curcio. Ley de Zonas Económicas Especiales. Propuestas. https://www.alainet.org/es/articulo/212755; https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/opinion/ley-de-zonas-economica-especiales-propuestas-pasqualina-curcio/

 (3) Judith Valencia: MENSAJE A GARCIA. https://write.as/489svt2kho6yv.md

Fuente: https://www.aporrea.org/actualidad/a314487.html