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Entrevista con el analista económico colombiano, Eduardo Sarmiento Palacio

«La inversión extranjera en América Latina ha resultado una gran mentira»

Fuentes: Cronicon.net

  Caracterizado por ser el más persistente y agudo crítico del infame modelo neoliberal y por haber predicho lo que le iba a pasar a Colombia al abrir sin ninguna prudencia su economía, el analista e investigador Eduardo Sarmiento Palacio viene pregonando desde hace más de dos décadas el cambio del esquema económico predominante por […]

 

Caracterizado por ser el más persistente y agudo crítico del infame modelo neoliberal y por haber predicho lo que le iba a pasar a Colombia al abrir sin ninguna prudencia su economía, el analista e investigador Eduardo Sarmiento Palacio viene pregonando desde hace más de dos décadas el cambio del esquema económico predominante por otro consistente, según su planteamiento, en una apertura selectiva combinada con mecanismos proteccionistas para recuperar el sector productivo y generar empleo.

Invitado especial al IV Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos organizado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo de Buenos Aires, de la cual hace parte como integrante del Consejo Asesor Internacional, Sarmiento Palacio en su intervención hizo un pormenorizado análisis sobre la crisis financiera mundial y los efectos en América Latina.

Planteó que la solución de fondo que se requiere «es una acción coordinada de la comunidad internacional para devaluar el dólar, reducir el déficit en cuenta corriente, erradicar la especulación financiera y bajar los consumos en Estados Unidos, al igual que propiciar en los países emergentes la aplicación de políticas industriales, comerciales y salariales para ampliar sus mercados internos y elevar los consumos».

Sobre Latinoamérica sostuvo que varios países aún no han logrado reducir la pobreza por lo que planteó algunas alternativas para avanzar en la redistribución equitativa del ingreso y mejorar las condiciones sociales de los pueblos. Reconoció que los ensayos que se vienen haciendo en algunos países latinoamericanos de reformar los bancos centrales, de mejorar el salario mínimo, de formalizar la economía, están en la dirección correcta, pero siguen siendo insuficientes para obtener equidad social.

Resultado apocalíptico

En lo que respecta a Colombia, en forma categórica señala que lo peor que le pudo pasar a esta nación en su historia reciente fue el «revolcón» aperturista del gobierno de César Gaviria (1990-94), que posteriormente fue acentuado por las administraciones de Andrés Pastrana Arango y Álvaro Uribe Vélez, signadas por claros tintes neoliberales, y ahora por el mandato de Juan Manuel Santos, otro de sus aplicados epígonos.

Las glosas que desde comienzos de los 90 ha venido haciendo Sarmiento Palacio al neoliberalismo y que en Colombia generaron incomodidad en el gobierno de César Gaviria (1990-94), ocasionaron su salida de la decanatura de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes por presión directa del entonces mandatario y su ministro de Hacienda, Rudolf Hommes.

El tiempo terminó por darle la razón. Sus diagnósticos analíticos y certeros recogidos en ensayos, libros y columnas periodísticas no solamente han generado opinión, sino que demuestran acierto en su visión macroeconómica.

Este ingeniero civil de la Universidad Nacional de Colombia y economista, con un Ph. D, en la Universidad de Minnesota, miembro del board de la Sociedad Econométrica para América Latina, se ha desempeñado como subdirector del Departamento Nacional de Planeación, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, consultor de organismos internacionales y docente universitario. Sus actividades de investigador y catedrático las alterna con sus labores de asesor privado y de escritor. Mantiene una columna de opinión dominical en el periódico El Espectador de Bogotá, en la que hace análisis y predicciones económicas. Actualmente es director del Centro de Estudios Económicos de la Escuela Colombiana de Ingeniería y es un reputado conferencista nacional e internacional, así como autor de varios libros.

En su último libro «La recesión mundial. Colapso del modelo único» (ediciones Aurora y Escuela Colombiana de Ingeniería, 2009), Sarmiento Palacio señala que en las dos últimas décadas ha demostrado «cómo los hechos han controvertido los dogmas y los paradigmas dominantes, y cómo la evidencia se ha ignorado o deformado. La teoría de la neutralidad del dinero, la teoría de la ventaja comparativa, la teoría de las exportaciones como motor de crecimiento y la teoría del vínculo directo entre el crecimiento y la distribución del ingreso no corresponden a la realidad y cómo su aplicación ha resultado contraria al interés público».

 

El balance de la aplicación del esquema neoliberal en Colombia desde los años 90 es totalmente desafortunado y si se quiere, apocalíptico, pues según Sarmiento, «la apertura, las privatizaciones, la especulación financiera y la represión monetaria configuraron en este país una de las sociedades más desiguales del mundo». Y no es para menos, con cifras en la mano se demuestra en forma tajante que en este periodo Colombia decreció por primera vez en 70 años; las 700 mil toneladas de importaciones de los años 80 son ahora alredor de 8 millones; el desempleo está en dos dígitos, los pobres del campo y los trabajadores informales aumentaron ostensiblemente; las privatizaciones no mejoraron los servicios públicos pero aumentaron en más del cien por cien las tarifas; las exportaciones no crecieron lo que se esperaba; y las deserciones escolares y universitarias alcanzaron niveles sin precedentes en la historia.

Mantener el modelo así se hunda el país

Pese a que la aplicación del modelo aperturista resultó un monumental fiasco para sus diseñadores e impulsores ( los conspicuos neoliberales César Gaviria, Rudolf Hommes, Armando y Santiago Montenegro Trujillo, Roberto Junguito, Juan Camilo Restrepo Juan Manuel Santos, Alberto Carrasquilla, Juan Carlos Echeverry, Enrique Peñalosa Londoño, encabezan la lista), Sarmiento Palacio se lamenta ante el hecho de que una clase dirigente, un grupo de seudointelectuales y de economistas formados en el exterior que se las vinieron a dar de tecnócratas en Colombia, y que jamás han representado los intereses nacionales, no sólo se equivocaron en materia grave sino que no han querido ni quieren reconocer sus errores, pues su planteamiento es mantener el modelo, sostenerlo hasta donde sea posible, así se hunda el país.

Pero así como en lo económico Sarmiento ha sido el analista más acertado en sus predicciones sobre los efectos del modelo neoliberal en este país, también lo ha sido en el ámbito político al citar una frase de Galbraith según la cual una gran enseñanza quedó de la crisis de los años treinta: «Uno puede ser tolerante, comprensivo con quienes se equivocan y hasta compasivo ante la dificultad que implica dar con las medidas acertadas para salir de una situación de crisis, pero lo que no se puede es seguir delegando en ellos la dirección del país». Por lo visto, el pueblo colombiano aún no ha prendido la lección.

 

Ejemplo de cinismo

Como Colombia es el país del realismo mágico, resulta que el Presidente que impulsó la apertura económica a comienzos de la década de los 90, ahora, sin ningún asomo de sonrojo, se muestra sorprendido por sus consecuencias.

Por eso Sarmiento en su momento señalo: «Se necesita ser muy cínico para declararse perplejo, como lo hizo el ex presidente César Gaviria a comienzos de 2001 por el pésimo desempeño de la economía, cuando él es el principal responsable de la crisis colombiana. Durante su gobierno se adoptó la gran parte de las reformas neoliberales del llamado Consenso de Washington, lo que produjo al año y medio de iniciada su administración la destrucción de 500 mil hectáreas, la pérdida de la cuarta parte del empleo industrial y la eliminación de toda posibilidad de ocupación para la mano de obra de menos de 14 años de educación».

«Infortunadamente para este país, la apertura económica se mantiene pese a sus desastrosos resultados porque favorece únicamente al sector financiero y a la plutocracia».

Cambiar el modelo para crecer y mejorar la distribución del ingreso

En la sede de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo de la capital argentina, al término de su charla, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET lo abordó para realizar la siguiente entrevista.

Usted en su conferencia en Buenos Aires ha señalado que buena parte de la crisis financiera mundial se debió a un exceso de ahorro en los países desarrollados. Si el ahorro es un factor positivo para el desarrollo de los pueblos, la pregunta es: ¿se manejó mal ese excedente por parte de los gobiernos de estas naciones?

 

– La crisis en el orden internacional ha tenido los siguientes elementos: de un lado los países emergentes generaban superávit en la balanza de pagos y grandes excedentes de ahorros para poder llenar de productos a los países desarrollados. Y de otro, Estados Unidos por el ahorro que le venía de los países emergentes acabó con un exceso que superaba por definición la inversión y en consecuencia terminó llevándolo a la especulación, y ahí está la crisis mundial. Es decir, un gran exceso de ahorro mundial con epicentro en los Estados Unidos, financiado con la valorización de activos de la bolsa y de la construcción. Como las valorizaciones suben y luego bajan, la crisis es un exceso de ahorro que en un momento deja de ser apoyado por la valorización de activos y provoca una caída prácticamente libre de la actividad mundial.

¿La economía mundial va a seguir manteniéndose mediante burbujas financieras y prácticas especulativas?

 

– Claro, porque el exceso de ahorro le genera una tasa de interés cero y si usted tiene esa tasa en el sector financiero, va a invertir en activos físicos como construcción o en la bolsa que tienden a tener rendimientos mayores. De manera que el mundo se montó en un esquema tremendamente inequitativo y especulativo. Los países emergentes deprimen salarios para exportar, eso genera un exceso de ahorro que induce a la valorización de activos provocando un sistema en el que los salarios bajan y las ganancias del capital aumentan, por esa razón en todas partes del mundo se encuentra que la participación del trabajo en el producto nacional se redujo considerablemente.

¿La crisis de Estados Unidos en 2009 tuvo un impacto fuerte en América Latina?

 

– Sí, claro, lo que pasa es que los medios de comunicación pretenden decir que no. En el caso de Colombia se puede observar que la crisis estadounidense prácticamente coincidió con la de ese país. Este país suramericano venía creciendo al 6%; en el año 2008 baja a 2.5; y en 2009 se reduce a cero. Este año de 2010 vamos a tener una mejoría pero no va a ser más de 4%, pero tenemos un aditamento y es que la caída de los Estados Unidos en este segundo semestre ya está afectando a la economía colombiana. Eso que decían que vamos a terminar con una tasa de crecimiento muy alta no es cierto, porque la crisis norteamericana se está sintiendo en la bolsa, en las exportaciones industriales y en muchos otros frentes.

Usted también habló en su disertación del modelo económico de América Latina. Cada país tiene su propia concepción para formular sus esquemas de desarrollo, sin embargo, ¿se puede sostener que no hay un modelo en la región?

 

– No, no hay, pero hubo uno como el modelo neoliberal en los últimos 20 años que fue catastrófico. Como consecuencia de ello, en todos los países de América Latina en ese lapso el crecimiento fue menor que en las tres décadas anteriores; en todas partes la distribución del ingreso se deterioró en forma considerable. Algunos países avanzaron en la reducción de la pobreza: Brasil, y en alguna medida Argentina, pero fue algo relativamente artificial obtenido a través del asistencialismo, porque si bien los ingresos de los pobres subieron, ese ascenso fue menor que la del promedio, con lo cual se alivió las condiciones de la pobreza pero no se resolvió el problema estructural. En consecuencia, hay que cambiar el modelo neoliberal para que las economías crezcan con mejoría en la distribución del ingreso.

Algunos países latinoamericanos vienen haciendo reformas para enterrar el modelo neoliberal…

 

– Allá voy yo, países como Brasil y Argentina han logrado reducir la pobreza pero la equidad no ha avanzado, sin embargo hay que reconocer que los ensayos de reformar los bancos centrales, de mejorar el salario mínimo, de formalizar la economía, están en la dirección correcta, aunque son insuficientes.

En el actual contexto de la economía latinoamericana, ¿cuál cree que debe ser el rol de la banca central?

– Debe ser el primer actor de reforma. Los bancos centrales pararon el crecimiento y el empleo por la obsesión a la inflación, pues le dieron un total privilegio a las ganancias financieras. Los países latinoamericanos necesitan un banco central totalmente distinto que le dé prioridad a la producción, al empleo, y que tenga por lo menos en cuenta los aspectos sociales.

¿En ese sentido, el Banco de la República de Colombia se quedó totalmente rezagado?

 

– Sí, totalmente atrás. En esta discusión en Buenos Aires todos han coincidido en que hay que dejar la obsesión por la inflación y poner a los bancos centrales a estimular los sectores productivos y a resolver el problema más grave que tiene la región que es el desempleo y la informalidad.

En este foro internacional de Buenos Aires también se ha señalado que hay que superar la concepción de las ventajas comparativas. Colombia sigue reprimerizando su aparato productivo, es decir, ¿se ahonda el modelo neoliberal en este país?

 

– Ah sí, Colombia es uno de los países que más ahonda el modelo neoliberal que fracasó. Lo que se plantea en este momento en el sector externo es dejar de lado esa liberación comercial y sobre todo el predominio de la inversión extranjera que es la gran responsable de la informalidad.

 

Usted ha señalado que la inversión extranjera es una gran mentira. ¿Por qué?

 

– Claro, porque la inversión extranjera se justificó sobre la base de que aumentaba el ahorro y que fortalecía el sector externo y lo que vemos es que los países muy dependientes de ésta debilitan el ahorro interno, y lo más grave de todo, debilitan los sectores externos a través de la revaluación. Todos estos argumentos que llevaron a justificar la inversión extranjera resultaron una gran mentira. Necesitamos, por el contrario, un modelo que le dé clara prioridad al ahorro interno y que de ninguna manera permita revaluaciones que destruyen a los sectores industrial y agrícola, y que llevan a la primerización de petróleo y minería.

 

¿En ese sentido el gobierno de Juan Manuel Santos es igual al de Álvaro Uribe y Andrés Pastrana?

 

– Es completamente igual, por lo cual yo he venido proponiendo un modelo que tiene tres elementos: primero, cambio del banco central no autónomo que le dé prioridad a la producción y al empleo, que regule severamente al sector financiero para extirpar la especulación. Segundo, sustituir el motor del libre comercio por el motor de la industrialización y la agrarización, eso daría mucho más impulso a la economía, sacándola de las ventajas comparativas. Y tercero, una política laboral conectada a la macroeconomía, orientada a reducir el desempleo y formalizar rápidamente la economía, para lo cual planteo un gran subsidio con recursos provenientes del sector financiero dirigido a sustentar la contratación de trabajadores informales en por lo menos medio salario mínimo.

 

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.