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Por un discurso marxista y de izquierda frente a la competencia capitalista.

La izquierda transformadora frente a la competitividad capitalista

Fuentes: Rebelión

«…Cuanto más crece el capital productivo, más se extiende la división del trabajo y la aplicación de la maquinaria, más se acentúa la competencia entre los trabajadores y más se reduce su salario…» (1) Esta frase de Carlos MARX nos recuerda el debate que puso de manifiesto hace 150 años. La competencia, madre de la […]

«…Cuanto más crece el capital productivo, más se extiende la división del trabajo y la aplicación de la maquinaria, más se acentúa la competencia entre los trabajadores y más se reduce su salario…» (1)

Esta frase de Carlos MARX nos recuerda el debate que puso de manifiesto hace 150 años. La competencia, madre de la fecundidad capitalista, se ha convertido en un dogma instalado en el discurso del pensamiento único de la globalización. Tanto es así, que la socialdemocracia europea apoya sin condiciones su inclusión en la Constitución neoliberal, grabando COMPETITIVIDAD sobre el mármol de la Carta Magna, de modo que la posibilidad de modificar la política económica queda fuera de las reglas de la democracia y de la decisión de los ciudadanos. Este dogma que es asumido como un mal menor por la mayoría de los dirigentes sindicales y políticos de la izquierda, les ha hecho apoyar mayoritariamente esa Ley de leyes, hasta que el NO de los trabajadores franceses nos ha hecho recordar las viejas ideas del marxismo, opuestas a la explotación de los trabajadores por los capitalistas.

No hablamos sólo de una batalla ideológica e histórica. Cientos de miles de personas sufren diariamente las consecuencias de un régimen caótico basado en la competencia. Los cierres o las deslocalizaciones son algunos de sus más conocidos efectos. Es cierto que en la mayoría de casos recientes, la lucha de los trabajadores/as se ha reducido a mejorar las indemnizaciones por despido. Ha sido una buena excusa para que los sindicatos y la izquierda transformadora escurrieran el bulto. Pero en otros casos en que los trabajadores han estado dispuestos a luchar por sus puestos de trabajo hasta el final, como en Miniwatt de Barcelona, su lucha tampoco ha tenido mejor suerte. Fueron abandonados por la Conselleria de Industria del Tripartito de izquierdas que aceptó el plan de la multinacional, y los sindicatos y la izquierda transformadora apoyaron testimonialmente una lucha que pedía su intervención y un ejemplo por lo emblemático de la empresa. La competitividad de Catalunya recibió un espaldarazo en Barcelona cuando en julio de este año nada menos que una mayoría de delegados al IV Congreso de Esquerra Unida i Alternativa de Catalunya apoyaron el «Acuerdo estratégico por la internacionalización, la calidad de la ocupación y la competitividad de la economía catalana» (2) -en adelante Acuerdo Estratégico de Catalunya-, firmado por el Tripartito, patronal y sindicatos a principios de año.

Ni que decir tiene que dudamos de la posibilidad, ni siquiera remota, de que ese acuerdo mejore la llamada «calidad de la ocupación» de los/as catalanas. Incluso tenemos dudas razonables del éxito de semejante empresa frente a las poderosas fuerzas del capital español, europeo o mundial. Lo que más ruboriza es que la izquierda transformadora se pliegue a un acuerdo que subyuga a los trabajadores catalanes a los avatares internacionales de la competencia inter-capitalista. Como fuerza responsable del Tripartito una mayoría de EUiA defendió el Acuerdo, y con ello, renunció a una batalla ideológica y política para construir «otro mundo posible» frente a la competitividad y productividad capitalista, avalada por ingentes medios puestos bajo las órdenes de miles de propagandistas e ideólogos dogmáticos del neoliberalismo.

Esta contribución se centrará en la crítica del Acuerdo estratégico de Catalunya que engloba el conjunto de soluciones neoliberales recogidas en la Agenda europea de Lisboa. Pues es responsabilidad de la izquierda marxista elaborar un nuevo discurso frente a la competencia capitalista que busque una salida favorable a la clase obrera.

Competitividad versus productividad

Como en otros casos, se dice que el Acuerdo Estratégico de Catalunya fue elaborado por «expertos» de las organizaciones firmantes, en un ambiente de gran consenso entorno a la necesidad de aumentar la competitividad de la economía catalana. Hasta el mismo President de Catalunya, sr. Maragall, preguntado en el 2004 sobre las deslocalizaciones de empresas, dijo no estar preocupado por los despidos sino por conseguir empleos de «alto valor añadido». Pero exactamente ¿qué es «alto valor añadido» o «competitividad«?

El diccionario define competitividad como la rivalidad entre dos o más productores o comerciantes con vistas a controlar el mercado lo más ampliamente posible, de manera monopolista. De modo que lo que defienden nuestros expertos y nuestros políticos, bajo esos eufemismos, es la verdadera naturaleza del Acuerdo: el gobierno de la izquierda catalana apoyará a los capitalistas a mantener o incluso mejorar su posición en la feroz competencia y rivalidad nacional e internacional generada por la globalización.

En términos económicos, la competitividad, se consigue en cualquier rama primaria, industrial o de servicios, sobre la base de vender los productos con un coste inferior al promedio del sector en el entorno. En una economía globalizada ese entorno es el mercado mundial. En suma, se trata de conseguir que determinados sectores de la economía catalana (y contando con muchas variables, como una masa crítica de capitales, tecnología, trabajadores, etc.…) vendan los productos, en su más amplia extensión, a precios iguales al precio de producción regulador del mercado mundial, o bien, que no tengan competencia por su singularidad.

Precisamente ese concepto es muy importante pues se trata del precio creado por la empresa o sector más competitivo. Es decir, puede vender su mercancía con precios por debajo de la mayoría, y aún así, conseguir un sobrebeneficio por encima de la media de los demás capitalistas. Ese sobrebeneficio es al que anteriormente se refería el President de la Generalitat, cuando hablaba de «alto valor añadido». O sea que aún a costa de despidos su deseo es ver crecer el valor incorporado a la producción por el trabajo de los catalanes/as, la llamada plusvalía, que según Marx es apropiada por los empresarios sin contrapartida para sus operarios/as. Así plusvalía es el valor monetario que añade el empresario a cada producto para obtener un beneficio, después de pagados todos los salarios y costes.

Esa singularidad en el caso de la economía catalana es la mal llamada industria turística, que siendo del sector servicios ofrece por su geografía, climatología y capacidad de oferta un producto difícil de encontrar en la eurozona. La industria automovilística europea y japonesa logra hoy el llamado precio de producción regulador de mercado gracias a su tecnología y costes. Mientras, la histórica y pionera industria americana de Detroit se hunde.

La búsqueda del incremento de la plusvalía es el motor de la economía capitalista. Toda empresa se ve empujada por la competencia a obtener más beneficios, a través de una explotación más eficaz de sus empleados/as (jornada, cronometrajes, precariedad, etc.), y/o reinvirtiendo una parte de la plusvalía para mejorar constantemente la maquinaria y la tecnología, lo que incrementa el capital fijo- la composición orgánica del capital empresarial (3) – y por tanto, la productividad de sus trabajadores, o sea, más productos a menor precio.

Esta es una de las ideas que subyace en el Acuerdo Estratégico de Catalunya: la productividad es el motor de creación de empleo y prosperidad. Los economistas dogmáticos nos explican que la productividad permite a las empresas producir más productos con menores costes. Los bienes y servicios más baratos estimulan a su vez la demanda. El incremento en la demanda lleva a más producción y a mayor productividad que, a su vez, incrementa más aún la demanda en un ciclo interminable. Si las innovaciones tecnológicas dejan a algunas personas sin empleo a corto plazo, el aumento de la demanda de productos y servicios más baratos garantizará que se siga contratando a gente para cubrir el incremento de la producción. En definitiva, los avances tecnológicos, el maquinismo, no tendrían como consecuencia despidos masivos.

Pero lo cierto es que los empresarios sólo pueden generar la plusvalía en el momento en que venden su producto, o sea, cuando convierten en capital, en dinero la parte que expropian del sobretrabajo de sus obreros/as. Pero vender no es un camino de rosas. Primeramente porqué el capitalismo es el primer sistema social que produce de manera ilimitada sin conocer las necesidades del mercado que sólo afloran cuando se llega a un excedente de las mercancías. Y segundo porqué como resultado de la plusvalía, siempre hay un excedente de productos que no pueden ser absorbidos por el poder adquisitivo de los trabajadores. El resultado es que aquellas empresas que venden por encima del precio de producción regulador del mercado tienen muchas dificultades en vender sus productos convirtiéndose en las perdedoras de esa carrera por generar la plusvalía, por lo que sucumben y despiden a sus empleados.

En esa carrera vence la empresa más competitiva de su sector, la de más capitalización, capaz de abarcar el mayor mercado, con lo que unifica todos los procesos financieros, productivos y comerciales, sacando el máximo provecho a su mayor tamaño. Esa súper-empresa es el objetivo no confesable que políticos, capitalistas y expertos persiguen con el Acuerdo por la competitividad

y la internacionalización de la economía catalana. Lo podemos resumir en que los trabajadores responsablemente debemos arrimar el hombro para apoyar o crear esas súper-empresas o multinacionales (4). Evidentemente el éxito de este «teórico empeño interclasista catalán» no puede venir más que por el hundimiento de los competidores o un reparto del pastel con los ya existentes en los sectores en concurrencia estatal o internacional.

El empeño se hace harto difícil en la era de la globalización donde unos pocos centenares de multinacionales o monopolios privados controlan la economía mundial. Porque a pesar de que el capitalismo nació de la libre competencia y es inconcebible sin ella, la competencia ha llevado a la concentración de la economía en unas pocas manos. Estos gigantes privados son hoy una fabulosa conjunción de intereses industriales, financieros y políticos con un poder ilimitado que doblega a los Estados (véase el caso de Airbus o Boeing) y, que al contrario de lo que predica el neoliberalismo, han conseguido su creciente colaboración y apoyo, incluso en las aventuras militares como Irak. Por ello, en los sectores clave que dominan las multinacionales resulta muy difícil hacerse un hueco pues se precisa de ingentes cantidades de capital y de tecnología.

Otro de los ejes centrales del Acuerdo Estratégico es facilitar la instalación de nuevas multinacionales o la permanencia de las ya instaladas en Catalunya, lo cual depende en gran medida de los nuevos o renovados regalos qué vayan a recibir del Govern catalán. Este sabe que ya no estamos en un momento histórico propicio para conseguirlo. Primero porque los países del Este europeo o del Lejano Oriente ofrecen ahora todo tipo de ventajas, sobre todo, de dumping social. Segundo porqué el ingreso de Catalunya y España(en los años 80) y nuestra posterior apertura hacía la Unión Europea dejó los sectores industriales claves en manos de compañías extranjeras. Los datos en cuanto a nuestra dependencia industrial del exterior son elocuentes. Las 607 multinacionales instaladas en Catalunya representaban en el 1999 el 1’7% de las industrias manufactureras pero equivalían al 40% del empleo industrial directo (180.000 empleos), a la mitad de la facturación y al 60% de las exportaciones del sector. Por el contrario, de las primeras 40 multinacionales por facturación, las de capital catalán (tipo Roca Radiadores o Almirall Prodesfarma) representaban, en número de 7, sólo un 10% de la facturación. (5)

Todos estos datos revelan que la economía catalana está totalmente expuesta al exterior, y el hecho que el social-liberalismo impregne el núcleo duro de su gobierno, explica la parálisis del Tripartito de izquierda a la hora de defender nuestro tejido industrial, tecnológico y los puestos de trabajo ante el creciente número de deslocalizaciones. Y también su cobardía a la hora exigir el reembolso de las ayudas regaladas, royalties y tecnología transferida por miedo a las represalias y al evidente poder de las multinacionales en la economía catalana.

El Estatut y el Acuerdo Estratégico de la economía catalana

Todos estos cálculos económicos tienen también su vertiente política. La renegociación del Estatut busca las herramientas políticas para hacer efectivo el Acuerdo Estratégico de Catalunya. La mayoría de grupos parlamentarios reivindican una mejor financiación y competencias dentro de los límites marcados por la Constitución española y las leyes neoliberales europeas. En suma un tira y afloja para recolocar a «Catalunya» (sus clases dirigentes) en mejores condiciones de competitividad en la globalización capitalista. Es un arreglo en las alturas con el objetivo de repartir el pastel entre los empresarios de aquí y las multinacionales de allá, dejando al margen las aspiraciones sociales del pueblo catalán.

Así, el Estatut se ha convertido en un tema para «expertos» que desprecia la participación y movilización de la ciudadanía catalana en esta fase decisiva de su negociación con el Estado español. El papel de la izquierda transformadora debería ser la organización y movilización del pueblo catalán por defender sus derechos en el redactado del Estatut frente a los poderosos intereses de las clases dominantes. Porqué sin está movilización popular, el Estatut que pretende guiar los destinos de un pueblo sin Estado se disolverá en el tira y afloja de las negociaciones entre la cobarde burguesía catalana, el Estado español y la burocracia europea de Bruselas.

Una negociación «identitaria» pero no asociada a conquistas sociales ni a una fiscalidad progresiva facilita la incomprensión en el Estado español y la demagogia: es la imagen de una Catalunya trabajadora subordinada a los intereses financieros, industriales y comerciales de la burguesía catalana. De hecho, las últimas reticencias de los partidos las ha abordado el President Maragall y la patronal catalana haciendo un llamamiento al acuerdo rápido. El Acuerdo Estratégico desarrolla como concesión de la firma sindical (de la dirección de CC.OO. y UGT tras un año de negociaciones) unas meras referencias a derechos laborales, de los cuales muchas veces no se tendrán ni las competencias. Con todas estas consideraciones podemos ya analizar ese Acuerdo.

Las prioridades económicas del Acuerdo Estratégico

Resumido en 24 medidas prioritarias, el acuerdo contempla una inversión de más 2.600 millones de euros en esta legislatura. Mientras que a las medidas sociales se destinan unos 150 millones, los capítulos dedicados a la actividad empresarial se llevan el resto del presupuesto:

  • En el capítulo de desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) se asignan 190 millones para los operadores privados de telecomunicaciones, a un operador de cable público que cubra las zonas geográficas no rentables y a la propia Administración catalana y inversiones para que las empresas se integren en la «nueva economía». Estas junto a las españolas se encuentra en la cola europea en inversión en equipos informáticos y TIC (6). La inversión es ridícula comparada con los fabulosos capitales invertidos en EE.UU en la burbuja tecnológica. En este país el resultado de aquel incremento fabuloso de la composición orgánica del capital supuso la caída de la tasa de ganancia (7), que sólo se ha podido recuperar hasta hoy con importantes incrementos de la productividad (gracias a aquellas inversiones) pero ¡ojo! sin creación de empleo industrial (8).
  • En inversiones y financiación empresarial se destinan más de 800 millones, más de 130 mil millones de las antiguas pesetas. Una cantidad nada despreciable dedicada a infraestructuras energéticas no renovables, líneas de alta tensión, compra de suelo industrial, apoyo a la internacionalización de empresas y especialmente financiación barata y rebajas de impuestos. O sea, nada de neoliberalismo por lo que se refiere a los capitalistas y eso que las empresas españolas se encuentran en un período excepcionalmente histórico de beneficios y rentabilidad. Todo un esfuerzo por revertir el modelo de crecimiento español y catalán hacía el sector industrial, ya que sin los sectores productivos de la economía tampoco puede sobrevivir el sector servicios porqué sin industria no hay servicios. Esta importante inversión es resultado de la pérdida de atractivo de Catalunya y España como polos de inversión (IDE- inversión directa extranjera), con una caída continuada desde el 2000 (9) sobre todo porque los salarios son «altos»- 490 euros el SMI- frente a los países que también ofrecen a las grandes multinacionales un tipo de economía basada en industria intensiva en mano de obra, más barata, pero incluso más cualificada: el este de Europa y el lejano Oriente.

Los miles de despidos en Samsung, Lear, Valeo, Panasonic, SAS, Levi’s han disminuido los empleos en la industria catalana que descienden de manera alarmante en las encuestas. Habría que remontarse a los años 98-99 para encontrar datos absolutos peores en la EPA (Encuesta de Población activa). Hoy hay 737 mil personas en la industria catalana, casi 100 mil menos que el máximo del 2002. Y en porcentajes es peor. La industria catalana tiene en el 2005 el peor registro histórico de la población activa industrial con un descenso sistemático hasta el 23%. (10)

Tampoco les va mucho mejor a los principales países. De hecho, después del crack bursátil en EE.UU., de los más de 2’5 millones de empleos industriales que se perdieron sólo se han recuperado unos pocos miles a finales del 2004. En Alemania más de lo mismo. Las rentabilidades excepcionales que la globalización ha dado a las multinacionales, no ha hecho más exasperar su avidez por los beneficios, por lo que en cada nuevo ciclo histórico de inversión (los 90 por ejemplo) disminuye el número de trabajadores industriales al tiempo que aumenta la composición orgánica del capital empresarial (11). De modo que podemos esperar una caída sistemática del empleo industrial en los próximos años en nuestro país a resultas de las tasas de inversión empresarial muy elevadas (gracias a la elevada rentabilidad), de las deslocalizaciones y como no de los nuevos incentivos preparados por el Tripartito.

  • En el capítulo de transportes el Acuerdo trata de abaratar los peajes de las autopistas, subvencionando con dinero público a las concesionarias con 18’5 m. de euros. Otro monto de dinero se destina a medidas reguladoras, promoción del transporte por ferrocarril, acceso a polígonos industriales, etc.., pero el conjunto ahonda en la privatización del transporte apoyando la gestión privada de RENFE y de los puertos (como denuncian los estibadores de la Autoridad Portuaria de Barcelona en huelga), el incremento de tarifas del transporte público, la explotación privada de líneas regulares de viajeros (que bajo el consorcio Transports Públics de Catalunya da concesiones históricas a empresas privadas como Alsina Graells), etc. El Acuerdo ni siquiera se detiene a afrontar con carácter de urgencia medidas globales de apoyo a Kyoto en uno de los sectores más contaminantes y productores de efecto invernadero.
  • Otro punto especialmente grave se refiere al apoyo a la investigación, desarrollo e innovación. Con una partida realmente importante de cerca de 200 millones de euros tiene como base el reciente Plan de investigación e innovación desarrollado por el DURSI (Departamento de universidades, investigación, etc. de carácter ministerial). Aquí el Acuerdo Estratégico tiene como objetivo principal la colaboración del mundo científico y universitario en la investigación y transferencia de tecnología desde las universidades públicas a la empresa privada a través de Xarxes (redes) y centros de carácter opaco, consorcial. Así la creación del Centro Tecnologico de la Automoción no puede tener otro interés que el de la transferencia de tecnología a Volswagen o Nissan. Estas redes tratarán desde las universidades transferir y comercializar la gestión de patentes y la protección de la propiedad industrial e intelectual. La privatización de la investigación pública universitaria, viene además consolidada con una partida de 22 m. de euros para incentivar el carácter emprendedor universitario de manera que una parte de la financiación universitaria sea producto de la transferencia de tecnología a las empresas.

La gravedad de estas medidas privatizadoras de la investigación universitaria han sido ampliamente abordadas por el movimiento antiglobalización. La firma que subvenciona se convierte de facto en la propietaria de los Departamentos universitarios y de los equipos de investigación, para asegurarse la confidencialidad y la exclusividad en detrimento de la libre circulación del saber en el seno de la comunidad científica. Y las patentes son un obstáculo a la socialización de los saberes y un perjuicio al trabajo científico. (12)

Causa bochorno oír a consellers del Govern hablar de la investigación biomédica y biotecnológica como sectores de futuro en Catalunya. Aparte que las multinacionales del sector han sido ampliamente criticadas por su avaricia en patentar hasta los genes de la especie humana y expoliar las selvas amazónicas, las medidas del Acuerdo Estratégico van en el sentido de profundizar la privatización de la vida y la salud. En la investigación biomédica no hay ningún Hospital público catalán sino sólo instituciones privadas como Dexeus, Puigvert, o el Institut d’Investigació Biomèdica del Parc Científic de Barcelona.

  • Las medidas del Acuerdo Estratégico de Catalunya sobre el llamado «empleo de calidad» son en conjunto meras declaraciones de buenas intenciones sobre el sentido humano del capitalismo. Papel mojado como lo es la Declaración de derechos sociales de la Constitución europea frente a la legislación neoliberal. No hay ninguna medida social de envergadura como contrapartida a la aceptación del Acuerdo por parte de los sindicatos ni de la izquierda. Nada sobre aumento del SMI ni del PIRMI, ninguna medida seria para acabar con los accidentes o la temporalidad que acecha a la clase obrera, ni más guarderías ni viviendas de alquiler, ni medidas de fiscalidad progresiva, ni reducción de jornada ni siquiera a los funcionarios o a los padres, nada sobre servicios públicos, etc.….

Cuatro medidas sobresalen. La adecuación del Servei d’Ocupació de Catalunya con 400 millones de euros para facilitar la contratación a los empresarios y 126 m. para la personas dependientes. También otras cantidades menores para combatir el fracaso escolar abriendo los centros educativos por las tardes subcontratando empresas privadas con monitores, tipo programa EXIT del Ayuntamiento de Barcelona, que serán como no de pago. Por último se crean un gran número de organismos y comisiones de seguimiento que justificaran la firma de los sindicatos mayoritarios a semejante Acuerdo.

Otra política es posible.

Hoy el modelo económico de Cataluña y España basado en sectores especulativos, de baja inversión y uso de mano de obra intensiva (construcción y turismo) está agotado. Con el grueso de la industria en manos de las multinacionales y la investigación científica en la cola del continente el panorama es muy sombrío. Las mismas multinacionales que escogieron nuestra tierra para instalarse ahora se van por las mismas razones a Europa del este o Asia. La solución del presidente Maragall: «hay que dar la batalla no tanto para evitar perder puestos de trabajo de escaso valor añadido como para conseguir mantener y aún atraer más empleos de alto valor añadido» (13), destila la esencia del discurso neoliberal y se hace dudosa su aplicación no sólo por las posibilidades históricas, aún mediando el Acuerdo Estratégico, sino porque esconde que:

· Los trabajadores de otras zonas industriales europeas que crean mucho más valor añadido y capacidad como las de Alemania se están enfrentando a los mismos problemas. Las principales zonas industriales del mundo occidental han perdido empleo o este no aumenta desde hace muchos años.

· La productividad no crea empleo industrial. Nadie niega la importancia de la innovación tecnológica para crear empleos industriales de «alto valor añadido«, pero estos no serán ocupados por los miles de trabajadores despedidos. ¡¡ NO TODOS SOMOS INGENIEROS!!

· ¿Desde cuando no es necesario un sector industrial intensivo en mano de obra, como el textil u otros? ¿Dónde colocaremos a los trabajadores de Valeo, Fisipe, Miniwatt, etc., que han sido despedidos? ¿De que vivirán los miles de trabajadores del sector servicios sino hay industria y producción primaria? ¿Deseamos sólo un país de camareros y cocineros?

La globalización capitalista ha unificado los mercados de mano de obra del mundo entero poniendo a competir a la clase obrera de unos países contra otros en condiciones de trabajo y salarios. Los sindicatos llevan años enfrentando unas políticas ligadas a la productividad que pulverizan los derechos sociales y los puestos de trabajo. La defensa de los derechos de la clase obrera preparará las condiciones económicas y sociales que permitan una nueva Catalunya y una nueva Europa de los ciudadanos y los pueblos, un modelo que rompa definitivamente con el neoliberalismo. El frente del NO de los trabajadores franceses, sus sindicatos, partidos (PCF, LCR, etc.), ONG, etc. ya discuten las principales propuestas y hacen participe a toda Europa a través de los Foros sociales. Ponemos nuestro grano de arena en esa discusión con algunas medidas importantes para enfrentar la competencia capitalista con garantías en diferentes campos:

1. La unidad de la clase obrera internacional y su lucha. La unidad en la lucha, la unidad sindical y de los pueblos es una de las primeras y mejores armas que tenemos. Legislación mundial de derechos sindicales y la creación de Comités sindicales internacionales para defender globalmente a los trabajadores aplicando la famosa frase de: «pensar localmente y actuar globalmente. Frente al dumping social que divide a la clase obrera la respuesta debe orientarse en mantener las condiciones de vida de la mayoría de la población mediante: un salario mínimo digno, los plenos derechos ciudadanos a los inmigrantes e igualdad de las mujeres serían las primeras medidas que pueden ayudar a evitar el sufrimiento a millones de trabajadores ante el paro y la precarización

2. En la medida en que las máquinas sustituyen al hombre, es necesario dividir el trabajo entre los brazos disponibles, y para ello no hay medida más oportuna que la lucha por la reducción de la jornada de trabajo en todos los sectores económicos. La lucha por las 35 horas o incluso 30 debe volver a pasar a primer plano, sin chantajes de flexibilización, aumento de la productividad o la reducción del salario como moneda de cambio.

3. En el frente legal las organizaciones de la clase obrera deben orientarse hacia una legislación de defensa internacional de la industria y del trabajo contra los holdings financiero-industriales. La denegación de expedientes de crisis en empresas rentables, la devolución de las ayudas imposibilitando los negocios inmobiliarios o incluso la expropiación de las propiedades inmobiliarias y grandes indemnizaciones en los despidos, etc. Legislación fiscal progresiva contra las grandes fortunas y empresas para sufragar el sufrimiento que causa su dumping social. Apoyo a la pequeña empresa para mejorar las condiciones sociales de sus empleados. Legislación internacional antidumping en la OMC.

  1. Exigir la defensa gubernamental de la industria con nacionalizaciones que favorezcan un sector público y cooperativo ligado a la investigación universitaria para favorecer y defender nuestro capital intelectual y tecnológico. Medidas fiscales contra los royalties abusivos de las multinacionales y acuerdos que impliquen que la investigación nacional desarrollada sea compartida. Nacionalización de los servicios públicos clave: salud, educación, agua, energéticos, telecomunicaciones…

5. Unas nuevas relaciones políticas de Catalunya con el Estado español. Es el momento de proclamar el derecho de autodeterminación como la herramienta que necesita la población trabajadora para cohesionarse delante de la dictadura de las multinacionales y los poderes de la oligarquía española. Una Catalunya soberana abordaría mucho mejor la denuncia y retirada del Tratado de la Constitución europea. Una Catalunya gestionando todos sus recursos propios y con una fiscalidad progresiva podría ser modelo en la defensa de los servicios públicos, de los derechos sociales y de una economía al servicio de todos los ciudadanos del Estado español y de todos los inmigrantes.

6. Unas nuevas relaciones internacionales de pueblos iguales. Una Catalunya libre de las ataduras de la oligarquía española, una Catalunya de izquierda permitiría establecer nuevas relaciones de igualdad con Europa y los países latinoamericanos. Crear nuevas lazos y relaciones comerciales, industriales, financieras y políticas al lado de los pueblos y países que luchan por deshacerse del yugo imperialista y neoliberal: Venezuela, Cuba, etc.

Aún así en el marco de la mundialización del capital todas estas luchas sólo serán parciales, en tanto, no sea eliminado ese sistema capitalista de relaciones sociales totalmente injusto que lleva a la humanidad a la barbarie.

 

BIBLIOGRAFIA

(1) Marx, Carlos. Trabajo asalariado y capital. Madrid: Ricardo Aguilera Editor,[1968]. >>>volver.

(2) http://www.gencat.net/economia/acord/docs/acordestrategic.pdf. >>>volver

(3) La tendencia fundamental del régimen capitalista consiste en incrementar la importancia del capital fijo C con relación al capital variable V (salarios) y al conjunto del capital. En la fracción C /C + V, tiende a aumentar C, es decir, la parte del capital total que está constituida por máquinas, tecnología y materias primas y no por salarios. A esta fracción C /C + V la llamamos composición orgánica del capital: es la relación entre el capital fijo y el conjunto del capital, y decimos que en régimen capitalista esta composición orgánica, – o sea- el resultado de esa división, tiende a aumentar a causa de la competencia. >>>volver

(4) Eynde, Arturo van den. Globalización, la dictadura mundial de 200 empresas, 1ªedic.México. Ediciones Unios, [2001]. Una multinacional es: «…La moderna Compañía transnacional que coordina una red compleja y móvil de inversiones en sectores de vanguardia, y en todo tipo de países, de manera que distribuye entre ellos una gama amplia de productos complementarios o incluso descompone «la cadena» de producción entre ellos, buscando siempre los mercados de suministros abundantes y/o mano de obra barata, los que presentan ventajas fiscales o políticas, los de mejor salida para los productos acabados, y se desplaza por el mundo en su busca sistemática…» >>>volver

(5) Sola,J;Miratvilles.P;Rodríguez.G.»Estratègies industrials de les multinacionals a Catalunya >>>volver

(6) Las tecnologías de la sociedad de la información en la empresa española 2004. >>>volver

(7) La tasa de ganancia es la relación entre la plusvalía -PL- y el conjunto del capital C+V (capital fijo+variable- salarios-). Se resume en la fórmula PL / C + V. Debido a la competencia, el valor de C aumenta constantemente en el denominador de la fracción y se hace más grande en relación con V, por lo que el resultado tenderá a disminuir y, por tanto, disminuye la tasa media de beneficio a consecuencia del aumento de la composición orgánica del capital ya que PL ya no es producido por V sino por C. En la medida que la tecnificación mejora la productividad y se acrecienta la masa de capital necesaria a invertir, decrece el trabajo vivo obrero que genera la plusvalía. La tendencia irrefrenable de sustituir el trabajo vivo por el muerto -las máquinas- provoca la caída de la tasa media de ganancia. >>>volver

(8) Husson, Michel. La economía mundial desequilibrada. Inprecor nª501/502 enero 2005. >>>volver

(9) Pérez, Claudi . La inversión extranjera en España cae…. EL PAIS, Economía – 09-08-2004. >>>volver

(10) http://www.ine.es/ . Encuesta de población activa – EPA >>>volver

(11) Torres, Salva. La globalización, las deslocalizaciones y la clase obrera industrial. «Viento SUR» Octubre 2004 nº 76 p. 17-27>>>volver

(12) Sokal, Alan. Sciences et marché des savoirs. «ContreTemps» nº14 editions Textuel [Paris]>>>volver

(13) Bel, Germà. Perspectivas económicas de Catalunya. www.elpais.es. >>>volver

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