Las sociedades enfermas producen líderes enfermos. Estos líderes se fortalecen en las masas ignorantes. ERICH FROMM
Antes del final de la [Guerra Civil] hubo mucha desafección en cada estado, y muchos de los desleales crearon sus propias bandas, que en algunos estados llegaron a ser sociedades bien organizadas y activas. GEORGIA LEE TATUM (La deslealtad en la Confederación)
Cuando acabó la Guerra [Civil], la urgencia de la unidad nacional se desvaneció, y la gente ordinaria pudo volver a sus vidas diarias, a sus problemas de supervivencia. Ahora los soldados licenciados estaban en las calles, buscando trabajo. HOWARD ZINN
Desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cine-Club Al Filo del Tiempo, dentro del Ciclo sobre Robert Redford como actor y director, el turno es para el penúltimo filme, Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972), de Sydney Pollack, con Redford en el papel protagonista de un post-Western asaz problemático, en tanto, por un lado, proyecta la imagen de un asesino de indios Crow, pero, por otro, lava su imagen mediante la figura de un ex soldado que hizo parte de la invasión (antes que guerra) a México entre 1845 y 48 para mostrarlo como una figura romántica e inofensiva que abandona la ciudad y ahora lucha contra la Naturaleza, caza osos y castores y se convierte en comerciante de pieles. El lío inicia cuando se sabe que Jeremiah Johnson (c.1824-1900) es parte de la vida real, hombre de montaña llamado John Johnson y su alias es Liver-Eating, en mal cristiano Comehígados, lo que desde ya lo emparenta con el más tristemente famoso asesino de indios, William Cody.
Más conocido como Buffalo Bill (1845-1917) y a quien se presenta como explorador gringo, cazador de bisontes y hombre de espectáculos, creador del Buffalo Bill’s Wild West, en 1883, con el que recorrió EE.UU por 20 años y en el que invitaba, entre otros, al sioux Tatanka Yotanka, más conocido como Sitting Bull o Toro Sentado, asesinado el 15.dic.1890 en Little Bighorn (1). Tres hechos ayudan a desmontar la imagen del héroe artificial W. F. Cody con su show del Salvaje Oeste: otra invitada era Calamity Jane, reconocida dizque por luchar contra los amerindios; Buffalo y su compañía escenificaban el Pony Express, en teoría robos a la diligencia y ataques indios a caravanas de carretas, lo que en verdad fue el exterminio sistemáticos de nativos antes, durante y después de la Guerra Civil (1861-1865); por último, un teatro melodramático de la batalla de Little Bighorn (25-26.jun.1876): en ella Cody hacía las veces de otro asesino de indios, el Tte. Cl. George A. Custer, y en la que éste fue ultimado.
Aunque nunca se hable de ello, el Western es un género del cine que desde el origen fabricó unos EE.UU de la impostura desde la visión guionizada de la historia a partir de ciertos hechos: la ya citada invasión a México, por la cual EE.UU se robó California, Texas, Arizona, etc., en suma, la mitad de su territorio; la Ley de Reclutamiento de 1863 que establecía que los ricos se podían privar de prestar el servicio militar con sólo pagar USD$ 300 o al comprar un sustituto: como se libraron, v. gr., J. P. Morgan, John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, Philip Armour, Jay Gould y James Mellon. Como ya se relató en otra ocasión (2), el padre de Mellon le escribió a su hijo para recordarle una de las razones del pleito entre ricos y pobres: Un hombre puede ser un patriota sin arriesgar su propia vida o sin sacrificar su salud. Hay montones de vidas menos valiosas. (3) Por último, la Guerra de Secesión, que no fue sólo entre sureños y norteños ni el fin de los esclavos sino una bien armada operación económica.
Una operación económica fincada en favorecer a los Norteños (banqueros e industriales), en contra de los Confederados del Sur (aparceros y campesinos), y en estimular la guerra para descontento de los empleados blancos del Norte, que así dependían más del capital financiero y laboral, así como de negros e indios que eran liquidados tanto en la urbe como en los campos. Aquí se recuerda la organización, entre 1830 y 40, de los zapateros de Lynn, en Massachusetts, que cuatro años antes de la aparición del Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, en su periódico militante Awl o Punzón se adelantaron a vaticinar el choque entre capital y mano de obra al señalar que la división de la sociedad entre clases productivas y no productivas, así como la distribución desigual del valor entre ambas, lleva a otra distinción: la de capital y mano de obra. La mano de obra se ha convertido en comodidad: el capital y la mano de obra están enfrentados. (4) Como se ve en Mala compañía (1972), de R. Benton (5).
Filme paralelo con Jeremiah Johnson tanto desde la cronología histórica y diegética como desde la temática: el primero, Mala compañía, que se remite en lo esencial a la Ley de 1863 o de Reclutamiento, mientras el segundo va desde la época de la invasión gringa a México, pasa por la Guerra de Secesión y llega hasta el fin de la misma. La que H. Zinn llama uno de los primeros exponentes mundiales de la guerra moderna: mortíferos obuses de artillería, armas automáticas tipo Gatling, cargas con bayoneta o una combinación de las masacres indiscriminadas que tipifican a la guerra mecanizada y los combates cuerpo a cuerpo o, si se prefiere, Face to Face. (6) Todo esto, y buena parte de lo dicho, habla de esos líderes enfermos que las sociedades enfermas producen, en las que aquellos acaban por hallar sus émulos, o sea, las masas ignorantes: las que en todo caso jamás se toparán con una bestia mayor que el mono oxigenado mechiamarillo, a quien el Gob. G. Newsom expulsó el 21.dic.25 de CA (7).
Jeremiah Johnson y Mala compañía son filmes del mismo año: 1972, lo que los acerca al enfoque de otros como Los emigrantes (1971-72), de Jan Troell, que narra la historia de un grupo de personas que vive en Suecia y que ante los duros avatares decide emigrar a EE.UU, o Joe Hill (1971), de Bo Widerberg, Biopic sobre el activista y compositor sueco/gringo n. en Gävle como Joel Emanuel Hägglund que dramatiza su arribo a NY como inmigrante empobrecido, c. 1902, su participación en la entidad Obreros Industriales del Mundo (IWW), esto es el sindicato fundado en Illinois, Chicago, en 1905, y su juicio por asesinato, del cual se defendió él mismo. Para Pollack y Benton sus protagonistas son fugitivos de la guerra, por distintos motivos: J. Johnson llega a Colorado, década de 1840 y en los confines de la civilización, aún vestido con el uniforme del ejército; mientras Jack Rumsey, joven de la clase obrera de Pennsylvania roba y luego se une al joven clase media y granjero Drew Dixon.
Rumsey y Dixon lo hacen como evasores de la Ley de Reclutamiento de 1863 o en la mitad de la Guerra Civil; luego, de parados pasan a cuatreros, aunque debe aclararse que el primero es vocacional y desbocado mientras el segundo es al inicio reacio y más tarde inducido. Lo que confirma que antes del fin de la Guerra de Secesión y en medio de tanta huelga, desempleo, atracos, tanto adultos como jóvenes armaron sus propias bandas que, en muchos Estados, fueron en efecto sociedades bien organizadas y activas. Jeremiah Johnson, por su parte, se cuestiona su vida en la ciudad y decide irse a la montaña, donde se convierte en una suerte de ermitaño a la manera de Robinson Crusoe, pero no sin cierta sobradez y autosuficiencia que lo lleva a subestimar, así sea de modo inconsciente, a ciertas personas y en especial a una: la india con la que es sorprendido por los de su tribu a casarse. Lo que, al filo del tiempo, cambia, igual con su hijo adoptivo al que llama Caleb, hasta el fin de ambos.
Un fin dramático, repentino, desconcertante, que lo lleva a un forzoso despertar taoísta en modo Western o Post-Western, si se considera que Las aventuras de Jeremiah Johnson o Jeremiah Johnson, fue retitulada en castellano La ley del talión: voz, talión, que deriva de la palabra tallos o tale, es decir, idéntico o semejante; de ahí el término castellano tal; así, queda claro que no se remite a una pena equivalente sino idéntica. La expresión usual de la ley del talión, la más reconocida, es el pasaje bíblico: Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. En el filme de Pollack va desde cuando Jeremiah sobre el caballo de pronto se ve impelido a volar al rancho donde están Swan, por Cisne, y Caleb, pero los halla tirados en el piso y ensangrentados, entra en shock y comienza a cranear su retaliación o represalia o, si se prefiere, venganza o revancha, frente a los responsables del doble crimen: la etnia Crow. Hecho con el que de paso se pretende falsear la Historia al presentar al indio como victimario.
No como lo que es, víctima. En síntesis, la tesis de Pollack, tomada de las novelas Crow Killer: The Saga of Liver-Eating Johnson o El asesino de indios Crow: La saga del Comehígados Johnson, de Raymond Thorp y Robert Bunker y Mountain Man o El Montañés, de Vardis Fisher, fracasa, toda vez que J. Johnson, aun con su traje aventurero, romántico, cazador de osos y castores, no es un sujeto inofensivo sino un producto de la guerra, su mote no es un simple cargo nominal, y termina siendo alguien con una responsabilidad mayúscula dentro de ese cuadro socio/político y la Guerra Civil que, entre quienes se negaban a enfilarse, provocó motines más sangrientos que todo otro hecho del XX visto en EE.UU: la llamada guerra del hombre rico y pelea del hombre pobre. La revista Sight and Sound (abr.jun.53) recoge un texto de Herbert L. Jacobson, escrito hacia el fin de la Guerra de Corea, en el que arguye que durante e inmediatamente después de la II GM hubo un renacimiento del Western.
Y que dicho género cumplió una función clave en apoyo de la preparación militar gringa: ‘La transformación aparentemente milagrosa de [EE.UU] en el curso de dos guerras mundiales, que de pueblo prácticamente carente de ejército y dotado de una tradición militar gloriosa aunque virtualmente enterrada, pasó a ser una arrasadora potencia militar, se debe en buena medida al espíritu combativo que en su juventud mantuvo viva la tradición del cowboy, reflejada de manera constante en el cine [gringo]’. (8) Sentencia, a la postre, de una ingenuidad que asombra si se la mira desde la óptica de los 70 del XX e incluso desde la actual: aun así, filmes como Jeremiah J. y Mala compañía contradicen dicho aserto sólo en la superficie, justo porque Pollack y Benton saben muchas cosas y son arteros y no francos, ambiguos y nada claros, sagaces y poco honestos. Johnson se opone a la cultura e ideología política del Este gringo, pero tras un invierno en los nevados deriva en un asesino de indios.
Y a la vez en figura legendaria, de ahí la frase del epílogo: Algunos dicen que está muerto… otros, que no morirá nunca. También, en pionero, peregrino, en fin, anacoreta. Aunque, claro, el pretexto que desencadena la retaliación frente a los Crow, por parte de Johnson, se origina en la intromisión de su antigua fachada, la de Casaca Azul de la caballería gringa, con toda su farsa de bondad, que produce el conflicto con los nativos: esto es, cuando comete el sacrilegio de atravesar los antiguos camposantos de la comunidad Crow. Entonces, mientras Johnson viaja al Oeste (el filme se ambienta en Colorado, pero es rodado en Utah) como pionero, los dos jóvenes de Bad Company marchan como reclutas desertores durante la Guerra Civil, en 1863. A su vez, mientras Rumsey y Dixon incorporan la violencia a su ser por distintos medios, Johnson al llegar al Oeste arrastra una violencia interna intolerable: la que termina por aflorar a causa de la misma tierra y de la resistencia opuesta por los nativos.
Tres hechos refrendan la idea de que la GC fue una operación económica, antes que el fin (apócrifo) de la esclavitud: desarrollar la industria del auto, en Chicago, la construcción, en NY y Washington y fortalecer el desarrollo de la tecnología, desde Raleigh, Cambridge, Seattle, San Diego y Minneapolis, ayer, hasta Jacksonville, Boston y Silicon Valley, hoy (9). Cuando acabó la Guerra no sólo la unidad nacional se diluyó, la gente estaba en sus trajines de sobrevivencia, los soldados en las calles buscando qué hacer, sino que hacia 1864 había unos 200 mil obreros y obreras sindicalizados, en algunos gremios con sindicatos nacionales, y se publicaban varios diarios obreristas (10). Al acabar la Guerra, cuenta Morton Horwitz, se reorientó el sistema legal para beneficiar a gente del comercio e industria, a expensas de agricultores, obreros, consumidores y otros grupos menos poderosos, para promocionar la redistribución legal de la riqueza en contra de grupos más endebles de la sociedad gringa (11).
En contra de lo que se especula a su favor, el Western no cumplió ninguna función en favor de la arrasadora potencia militar de EE.UU ni, mucho menos, lo hizo por mantener viva la tradición del Cowboy: más bien, fue al revés, la conservadora y tradicional industria militar, aupada por una casta política y empresarial cómplice, infiltró el estamento cinematográfico para ponerlo a su servicio, al servicio de los clanes guerreristas e invasores que de 1945 a hoy les ha permitido ganar todas las guerras, incluso la mayor que perdieron, Vietnam, para de paso agredir a 85 países, tener 900 bases militares en el mundo, 90 en América Latina y nueve en Colombia que, se espera, Petro las desaparezca del mapa. Si esto no fuera así, ¿cómo se explica que hacia el fin de la GC se utilizaran tropas de la Unión y/o extranjeros, por esquiroles, para romper las huelgas a nivel nacional? Tropas federales fueron (como hoy ICE con inmigrantes) a Cold Springs, NY, para poner fin a la que ocurría en una fábrica de armas.
Factoría en la que, simple, los obreros querían un aumento de sueldo. El ejército obligó a los maquinistas y sastres a regresar al trabajo por una huelga en St. Louis. El obrero blanco norteño no sentía ánimo hacia una guerra que en apariencia iría en favor del esclavo negro o del capitalista o de cualquier otro, menos de él mismo: el que, en realidad, era una suerte de semi esclavo; en el fondo, creía que la Guerra beneficiaba a la nueva clase de millonarios, relata H. Zinn (12). En tal sentido, quizás Jeremiah Johnson, al menos el del filme, no el real (13), dado el orgullo y jactancia que le muestra a Cisne, no tanto a Caleb, al que ve con cierta compasión desde su inconsciente machista, quizás JJ, se reitera, no se sienta esclavo a medias ni total dada su capacidad de mimetizarse con el medio, con la grandeza del espacio en que se rodó el filme casi por entero durante el invierno, la misma equiparable a la grandilocuencia de Pollack y los guionistas John Milius y Edward Anhalt, basados en Thorp, Bunker y Fisher.
En cambio, el mimetismo de Rumsey, Dixon y los demás en Mala compañía es precario. A toda hora se socava el heroísmo tradicional; los aprendices del crimen son vapuleados por los criminales veteranos, la fantasía del Oeste la desmiente el Oeste y su realidad real, no la que pinta el Hollywood del ensueño, del sueño americano que jamás fue; apenas, la pesadilla yanqui, con su nueva GC, la que hoy escenifica en todo el país el Pte. convicto, el primero de su estirpe al que se expulsa de un Estado, el que le hizo felaciones a Clinton mientras fue también Pte., lo que de paso borra de un tajo a la Lewinsky como la única que se lo mamó al Poder dinástico/rimbombante gringo. Así, el mérito mayor de Benton es mostrar, por vez primera, al Oeste y a sus pobladores como muy poco atractivos: tiempo malo, comida escasa, praderas sin árboles que barre el viento y se expanden hacia la inmensidad, mientras otro peregrino, nada ético, regresa al Este y prostituye a su esposa al costo de dólar por tirito. (14)
Como si ello fuera poco, los lugareños cobran precios de excepción por alimentos más que rancios, y, por último, a un niño le vuelan la cabeza por querer meter su boca en el ponqué que reposaba en el alféizar de una ventana. Mala compañía es Tom Sawyer y Huckleberry Finn transpuesta al Oeste o, peor aún, una podrida versión fronteriza de Oliver Twist en la que el diestro pero taimado Drew Dixon encarna a Oliver ante el Artful Dodger, Esquivador artístico o Roba carteras Jake Rumsey, el mismo que ya tiene como referente al Michel de Pickpocket (1959), de Robert Bresson, filme que habla de aquél que ama el robo elevado a la categoría de arte y el que, a la muerte de su madre y antes de que lo detenga el inspector, viaja a Londres y pasa dos años allí haciendo buenos trabajos pero que, como cualquier George Best, el crack irlandés del fútbol, derrocha su dinero en alcohol y mujeres. Él mismo ratifica que gastó su dinero en mujeres, alcohol y autos, pero que el resto lo desperdició (15).
La coda de Bad Company presenta a los dos jóvenes, J. Rumsey y D. Dixon congelados en pantalla (a la Doinel en Los 400 golpes y a la Butch & Sundance en el filme de Roy Hill) (16), mientras desenfundan sus pistolas, prestos a asaltar por primera vez una oficina de la transnacional Wells Fargo. Igual está congelado en pantalla Jeremiah Johnson al momento de pactar la paz final con los indios Crow. Aunque el Freezing sea el mismo en ambos filmes, el significado es distinto. Es cierto que tanto el montañés como los dos reclutas desertores se fusionan íntegramente con la tierra. Pero, Jeremiah cobra estatus de figura legendaria y, en la coda, se le ve cabalgar hacia algún Olimpo de frontera, libre ya de su inclemente soledad y egocentrismo, para no hablar de narcisismo en el caso de alguien a quien nadie ve y que no ve a nadie más que a su amigo Chris Garra de Oso Lapp, por vía de un violento intercambio con el territorio y sus guardias, los que alternan entre invisibilidad, reciedumbre y saudade…
En conclusión, Jeremiah Johnson es la puesta en práctica, no abstracción bíblica, no tanto del ojo por ojo, diente por diente sino del giro indios por blanco, lo que de suyo plantea un desbalance que, a estas alturas, ni la justicia poética podría corregir. De ahí la ambigüedad del enfoque, del tratamiento, del carácter de los protagonistas del filme de Sydney Pollack, y de sus resultados, al margen de las buenas intenciones que hayan tenido él y sus diestros pero hipócritas guionistas, como Drew Dixon o Jake Rumsey, los de las malas compañías (a las que también les cantó Serrat) (17) las de los amigos que son sueños imprevistos, que buscan sus piedras filosofales, rondando por sórdidos arrabales, donde bajan los dioses sin ser vistos. Ellos, al contrario que Jeremiah, son piernicortos pues se hacen carne más con la sociedad que los rodea que con la tierra misma: puede que rápido los maten o, es probable, hallen la muerte en medio de un asalto de igual modo sórdido, que inexorablemente seguirá al primero.
Ellos, a diferencia de Jeremiah, quien en condición de blanco, no de indio, pasa a la posteridad, no trascienden la violencia del mundo, sino la reproducen, la misma violencia del mundo que buscaban eludir y que los llevó desde St. Joseph, Missouri, al Oeste, pero a la que de manera gradual han sucumbido, todo hay que decirlo, no exentos de la tragedia ni de la muerte, como la del niño que roba el pastel y que ni siquiera logra disfrutar. Hecho que parece contener una metáfora: la de la inocencia como primera víctima de la guerra, mucho antes de que lo sea la verdad, como pronosticó Esquilo tantos siglos antes de que Gabo usurpara la patente de la sentencia. Johnson, por su parte, acaba por oscilar entre la bendición ajena y la propia culpa: la de ser un asesino de indios, en la misma línea de Buffalo Bill y George A. Custer. Los tres con su imagen lavada: el primero, lástima, por vía del arte; los otros dos, a través de una historia escrita por los (falsos) ganadores en perjuicio de las (ciertas) víctimas.
Así, cómo ocultar y, menos aún, callar el peligro que entraña decir que el Western favorecería la industria militar/carcelaria gringa ni, por ahí derecho, privarse de señalar que los libros que tratan la historia de EE.UU, no recogen los episodios sobre la lucha de clases en el XIX: el punto en que JJ y Mala compañía se alejan de la tradición es, obvio, corolario de lo que siente y cree la mayoría en torno al Vietnam que reflejan Apocalypse Now, Full Metal J. (18), Platoon, Rescue Dawn (19). El antropólogo Sol Tax señala que no fue la única guerra carente de popularidad en la historia gringa. Al mirar la situación tal como se daba en 1968, la ubicó en cuarto lugar tras la guerra anglo/gringa de 1812, la que se dio con México, denunciada por Lincoln, abolicionistas y católicos, y la GC que produjo entre los reclutas desertores motines más sangrientos que el de la Ley del Talión de la que da muestra JJ vía S. Pollack a favor del sujeto que, entre crónica, novela y realidad y la ambigüedad del ensayo y error, encarna RR.
A Santiago & Carito, por mi feliz estadía en Medellín junto a María del R. y recordando a Valentina.
Notas, enlaces y bibliografía:
(1) https://rebelion.org/entierra-mi-corazon-en-wounded-knee-historia-de-un-etnocidio/
(2) https://rebelion.org/jack-london-tres-historias-distintas-y-un-solo-relato-verdadero/
(3) ZINN, Howard. La otra historia de EE.UU – Desde 1492 hasta el presente. PDF, 512 pp.: 191.
(4) Íbidem, PDF, 512 pp.: 171.
(5) https://es.wikipedia.org/wiki/Bad_Company_(pel%C3%ADcula_de_1972)
(6) Íbidem, PDF, 512 pp.: 175.
(7) https://www.youtube.com/watch?v=clMRLMxUj3A
(8) https://reader.exacteditions.com/issues/58969/spread/1
(9) https://www.weblineindia.com/es/blog/15-best-tech-hub-cities-emerging-in-usa/
(10) Íbidem, PDF, 512 pp.: 173.
(11) Íbidem, PDF, 512 pp.: 177.
(12) Íbidem, PDF, 512 pp.: 173.
(14) https://ok.ru/video/3728370698918
(16) https://rebelion.org/los-400-golpes-95-minutos-de-subversion-escolar/
(17) https://www.youtube.com/watch?v=i4SbA1jG3YE&list=RDi4SbA1jG3YE&start_radio=1
(18) https://rebelion.org/full-metal-jacket-1987-la-leccion-de-vietnam-la-tristeza-de-la-guerra/
(19) https://rebelion.org/fuga-existencialista-por-una-nueva-racionalidad/
FICHA TÉCNICA: Título original: The Adventures of Jeremiah Johnson. En castellano: Las aventuras de Jeremiah Johnson / Jeremiah Johnson / La Ley del Talión. País: EE.UU. Año: 1972. Gén.: Post-Western / Drama / Romántico / Historia. For.: 35 mm; color; 107 min. Dir.: Sydney Pollack. Guion: John Milius / Edward Anhalt, basados en las novelas El asesino de indios Crow: la historia de Johnson el Comehígados, de Raymond Thorp y Robert Bunker, y en El montañés, de Vardis Fisher. Prod.: Joe Wizan. Fot.: Duke Callaghan. Mon.: Thomas Stanford. Mús.: John Rubinstein / Tim McIntire. Int.: Jeremiah Johnson (Robert Redford); Chris Garra de Oso Lapp (Will Geer); Del Gue (Stefan Gierasch); Swan / La Cygne / Cisne (Delle Bolton); Caleb (Josh Albee); Camisa Roja Pintada (Joaquín Martínez); La mujer loca (Allyn Ann McLerie); Rev. Lindquist (Paul Benedict); Tte. Mulvey (Jack Colvin); Qualen (Matt Clark). Prod.: Warner Bros. Dist.: Warner Bros / Netflix. Estreno: 7.may.1972.
Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 10.abr.2025 salió en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de ocho libros por publicarse. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: [email protected]
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