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La liberación de Lula

Fuentes: La Jornada

Con fuegos artificiales,  música y gritos eufóricos miles de brasileños acudieron el viernes pasado a apoyar al ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, después de su liberación ordenada por un juez federal de Curitiba, tras 580 días en prisión. Dirigentes políticos de la región y del mundo emitieron mensajes dirigidos al fundador […]

Con fuegos artificiales,  música y gritos eufóricos miles de brasileños acudieron el viernes pasado a apoyar al ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, después de su liberación ordenada por un juez federal de Curitiba, tras 580 días en prisión. Dirigentes políticos de la región y del mundo emitieron mensajes dirigidos al fundador del Partido de los Trabajadores (PT). La ex mandataria de Brasil Dilma Rousseff, destituida a través de un proceso de impeachment en mayo de 2016, desde Argentina, donde se encuentra con motivo de una cumbre de dirigentes latinoamericanos, también habló de la liberación del político: Lula demuestra que otro mundo es posible, aseguró, y además su libertad significa la reafirmación de la democracia en Brasil.

El presidente recién electo de Argentina, Alberto Fernández, afirmó en un tuit: conmueve la fortaleza de Lula para afrontar esta persecución (sólo esa definición le cabe al proceso judicial arbitrario al que fue sometido). Su entereza demuestra no sólo el compromiso, sino la inmensidad de ese hombre.

Lula respondió: agradezco profundamente las palabras del compañero presidente Fernández. Quiero que sepa que puede contar conmigo en lo que necesite para conducir a Argentina en dirección a resolver los problemas del pueblo pobre. Agradezco de corazón la solidaridad que demostró visitándome en prisión. ¡Dios bendiga al pueblo argentino!

Por su parte, la vicepresidenta electa de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, escribió en Twitter: «cesa hoy una de las aberraciones más grandes del lawfare en Latinoamérica: la privación ilegítima de la libertad de Luiz Inácio Lula da Silva». Por supuesto, también Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia, enviaron mensajes de profundo beneplácito por la liberación de ex mandatario brasileño, encarcelado injustamente.

Pero no sólo en Latinoamérica se expresaron opiniones políticas favorables a la liberación de Lula. Por ejemplo, Bernie Sanders, senador y precandidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos y referente de la izquierda a escala mundial, se pronunció sobre la liberación de Lula: como presidente, él hizo más que nadie para reducir la pobreza en Brasil y por defender a los trabajadores. Estoy encantado con su liberación, porque su encarcelamiento nunca debió haber sucedido. Minutos más tarde, desde la cuenta oficial de Lula, le respondieron al político estadunidense con un mensaje en inglés: Gracias por su solidaridad, siempre fuiste mi candidato para la presidencia de Estados Unidos y espero que los demócratas tengan la sabiduría de nominar a un candidato con tu visión. Espero que los trabajadores estadunidenses te conviertan en presidente.

También el líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn, se pronunció sobre lo ocurrido el viernes, en un mensaje en su cuenta de Twitter, en el que calificó de injusto e incorrecto el encarcelamiento de Lula da Silva. Estoy encantado con que Lula esté libre ahora, y con que pueda retomar su trabajo como socialista comprometido y líder del PT. Brasil necesita el tipo de cambio verdadero con el que Lula siempre ha estado comprometido.

La liberación de Lula se produjo en virtud de una sentencia del Tribunal Supremo Federal, que declaró inconstitucional una ley que ordenaba encarcelar a los acusados antes de que agotasen todos los recursos judiciales disponibles, y se calcula que también beneficiará a otros 4 mil 800 presos. Sin embargo, es imperativo recordar que la serie de procesos enderezados en contra del fundador del PT se reveló desde un inicio como una descarada persecución política, carente de sustento jurídico. Una lista no exhaustiva de irregularidades que mancharon al caso incluye la absoluta ausencia de pruebas, tan clamorosa que se le condenó, no con base en evidencias, sino en la convicción de los magistrados acerca de su culpabilidad; el hecho de que el juez (Moro) que lo envió a la cárcel haya sido premiado con el Ministerio de Justicia por el principal beneficiario del proceso contra Lula, su rival Jair Bolsonaro; la ruptura de la institucionalidad que supusieron amenazas de altos mandos de las fuerzas armadas en caso de que no se emitiera una sentencia condenatoria; así como los mensajes dados a conocer por The Intercept en junio pasado, que revelan la confabulación entre fiscales y jueces para encarcelar a quien hace 15 meses encabezaba las encuestas rumbo a la elección presidencial de 2018.

Debe decirse, además, que el uso faccioso del Poder Judicial se ha convertido, en Latinoamérica, en una costumbre repetida para deshacerse de rivales políticos, y que no es un recurso privativo de la derecha brasileña: desde su llegada al poder tanto el argentino Mauricio Macri como el ecuatoriano Lenín Moreno emprendieron una descarada y encarnizada persecución contra sus antecesores Cristina Fernández y Rafael Correa. Con esta cacería política, que convirtió a fiscales y juzgadores en fuerzas de choque del Ejecutivo, los mandatarios derechistas buscaron distraer la atención de las devastadoras consecuencias sociales que supuso el empeño de restaurar la ortodoxia neoliberal e impedir que los ciudadanos usaran las urnas para recuperar los proyectos progresistas interrumpidos.

Es interesante examinar a fondo los recientes acontecimientos de Brasil porque ahora, más que los golpes de Estado directos, parece ponerse a la orden del día la utilización facciosa de los poderes judiciales para orquestar presiones y hasta golpes de Estado no cruentos (supuestamente) para modificar el desarrollo de los pueblos latinoamericanos, que parecen descartar enérgicamente de su historia al neoliberalismo, del cual ya descubrieron su enorme capacidad destructora y rapaz.

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