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La necesaria colaboración Sur-Sur

Fuentes: Rebelión

La colaboración entre los países del Sur ha ido tomando fuerza en los últimos tiempos ante la cada vez más reducida ayuda que proporcionan las naciones desarrolladas a las menos favorecidas y también para enfrentar las agresivas políticas neoliberales y de libre comercio impuestas al mundo. Con el fin de subvertir esa realidad, en el […]

La colaboración entre los países del Sur ha ido tomando fuerza en los últimos tiempos ante la cada vez más reducida ayuda que proporcionan las naciones desarrolladas a las menos favorecidas y también para enfrentar las agresivas políticas neoliberales y de libre comercio impuestas al mundo.

Con el fin de subvertir esa realidad, en el 2000 se efectuó en la ciudad de La Habana la primera cumbre Sur-Sur que aprobó varías formas de colaboración entre los estados menos desarrollados, y en abril del 2004 el llamado Grupo de los 77 y China sostuvieron otro encuentro para impulsar esa cooperación y llevar sus conclusiones a la II Cumbre, la cual se efectuará en Doha, Qatar.

En el recién finalizado cónclave de La Habana, con la participación de delegados de 80 países y 15 organismos internacionales, fueron aprobados 25 proyectos de cooperación que abarcan aspectos como la lucha contra el VIH-SIDA, programas de alfabetización, seguridad alimentaria, tecnología informática, telecomunicaciones, agrobiológicos, hidráulicos y de salud, entre otros.

En estos momentos, el Grupo lo integran 132 naciones en desarrollo junto con China los que estuvieron de acuerdo en que la cooperación Sur-Sur no debe sustituir a los nexos Norte-Sur y que por el contrario, debe exigírsele a las naciones más desarrolladas cumplir con las cuotas asignadas por las Naciones Unidas (ONU).

Desde hace varios lustros, la organización internacional, de acuerdo con todos sus miembros, estableció que el Norte favoreciera al desarrollo de los países del Sur con el 0.7 % de sus PIB (Producto Interno Bruto), pero nunca se ha llegado a esa cifra y en la mayoría de los casos, las entregas se han dirigido hacia determinadas naciones, por intereses específicos y prebendas.

Datos oficiales indican que en el 2003, los países ricos aportaron solo el 0,2 % del PIB, lo que fue igual a 68 400 millones de dólares. Si hubieran cumplido con el compromiso del 0,7 %, la suma hubiera llegado a 160 000 millones de dólares.

Por ejemplo, Estados Unidos, el mayor proveedor de esa ayuda por tener un PIB de más de 11 billones de dólares anuales, nunca ha otorgado el 0,7 % y en los últimos años solo dispuso del 0,2 %. Sus donaciones están controladas por la United State Aid International Development (USAID), que obliga a los potenciales receptores a aceptar sus condiciones.

Con la introducción a finales de la década de 1970 y principios de los 80 de políticas neoliberales y de libre comercio más agresivas, esa ayuda se comenzó a destinar básicamente hacia los países afines.

La operación resultaba sencilla pues no hay formas de controlar hacia donde se destinan los proyectos. Si los gobiernos permitían la introducción del capital extranjero en la privatización de las riquezas nacionales o apoyaban las acciones de los poderosos ante los organismos internacionales, éstos eran «beneficiados» con la entrega de ayuda.

De esa forma, el dinero entregado a países pobres de Africa, Asia y América Latina, se ha dirigido hacia obras de infraestructura como transporte, carretera y comunicaciones, en relación directa con la entrada del capital extranjero, mientras que resultó marginal lo destinado a programas de desarrollo industrial, pesquero y agrícola.

En otras ocasiones, los intereses por los préstamos obtenidos han incrementado abruptamente la deuda externa de esos países y los hace ser mucho más dependientes de sus acreedores.

Baste decir que si en el 2003 los países ricos entregaron a las naciones pobres 68 400 millones de dólares en ayuda oficial, éstos últimos enviaron a los primeros 436 000 millones por concepto de pagos de la deuda externa.

Aunque en los últimos 13 años las naciones en desarrollo han pagado por concepto de deuda 4,1 billones de dólares, los servicios por ese acápite crecieron en ese período de 1,4 billones a 2,6 billones.

Por estos motivos se hace cada vez más imprescindible formas de cooperación más diáfanas y asequibles como las que se enarbolan entre las naciones del Sur. Cuba ha sido una de las principales promotoras de esa colaboración a lo largo de más de 40 años.

En la reunión de La Habana se informó que pese al bloqueo económico de Estados Unidos contra la Isla desde 1960, en estos momentos 33 000 cooperantes cubanos prestan servicio en 96 naciones en desarrollo y de ellos 23 398 profesionales de la salud lo hacen en 68 países.

Durante estos años, 42 734 estudiantes de Asia, África y América Latina se han graduado en centros de enseñanza de la Isla y en la actualidad 15 978 alumnos estudian en forma gratuita en las escuelas Latinoamericana de Ciencias Médicas y la Internacional de Deportes.

Entre los países del Sur se abren muchas posibilidades de cooperación con los nuevos tiempos que están reinando en el continente americano donde surgen gobiernos que rechazan las formas neoliberales establecidas y se proyectan por mejorar las condiciones de pobreza a la que ha sido sometida gran parte de su población.

Uno de esos proyectos es la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) que ya se extiende por América del Sur y el Caribe y que ha resultado una barrera para detener la proyectada Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) diseñada por Estados Unidos para acabar de controlar económica y políticamente a la región.

Los países del Sur cuentan con riquezas naturales y personal preparado para llevar adelante su desarrollo por caminos menos trillados y de ahí la importancia de la próxima Cumbre que se realizará en Qatar del 12 al 16 de junio próximo y que podrá marcar el despegue definitivo