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La puja de Zamora por el porvenir libertario

La oligarquía en su laberinto

Fuentes: Rebelión

Sería realmente lamentable que en estos tiempos fuéramos un pueblo, sin memoria, sin historia. Este tiempo estaría cargado de una profunda tristeza si las páginas de nuestra historia hubieran sido borradas por las clases dominantes, las mismas que recuerdan con añoranza aquellos tiempos en los que el pueblo no tenía conciencia de clase, no tenía […]


Sería realmente lamentable que en estos tiempos fuéramos un pueblo, sin memoria, sin historia. Este tiempo estaría cargado de una profunda tristeza si las páginas de nuestra historia hubieran sido borradas por las clases dominantes, las mismas que recuerdan con añoranza aquellos tiempos en los que el pueblo no tenía conciencia de clase, no tenía conciencia histórica, nos sabía de dónde venía, no le llamaba a las cosas por su nombre. No reconocía ni a sus enemigos históricos de clase, ni a sus compañeros de clase. Rememorar la «obscurana» en el pueblo, es estar dispuesto a pisotear su dignidad, de eso sabe bastante la oligarquía, pero al mismo tiempo sabe, recuerda, rememora con temor permanentemente, que este pueblo sabe de rebeldía, por eso éste último ha encabezado un buen número de revoluciones -revoluciones que nunca dejarán de existir, mientras exista la desigualdad- precisamente para hacer de este país el más democrático de América Latina. La oligarquía vive constante el horror de las montoneras Zamoranas, cada vez que se hace del poder y humilla con su práctica cotidiana al pueblo noble, humilde y trabajador.

Se ha dicho en infinidad de oportunidades, que la independencia ha sido un proceso inacabado, incluso se afirma que lo que se desarrolló en el primer cuarto del siglo XIX, fue un proceso de independencia sin libertades. El pueblo en lucha se jugó hasta lo que no tenía por una revolución, que como muchas, fue traicionada por el antiguo mantuanaje, el mismo que luego de finalizada la guerra de la independencia regresó a Venezuela a reclamar antiguos privilegios. Al decir de Calzadilla (2009):

Los antiguos Mantuanos, muchos de los cuales se habían escapado de la guerra yéndose fuera de Venezuela, regresan a reclamar sus esclavos y sus haciendas. Regresan con su mismo desprecio por los pardos, indios, negros, Zambos y mulatos que nunca nada poseyeron, salvo su esperanza de llegar a ser libres. Regresan con su misma soberbia de amos del valle. La república ahora les pertenece. Las leyes que dictan les favorecen y privilegian. En 1830, cuando Bolívar muere en Santa Marta, y con él el proyecto de Colombia la grande, Venezuela queda en manos de los antiguos amos. No mandan ya los españoles, pero continúan los dueños. El pueblo ve con indignación cómo muchos de estos nuevos propietarios de la patria conquistada habían sido partidarios de la corona española, realistas, ellos mismos o sus hijos. Por eso llama a toda esa nueva clase dominante «Los Godos», que era como, los patriotas llamaban a los españoles durante la guerra. Los «godos», nuevamente, reinaban. (P. 13)

Aquel joven, de apenas 14 Años, comenzaba su adolescencia inmerso en aquel maremágnum de contradicciones, ese joven, que nacido en las tierras libres de los valles del Tuy, en la villa de Cúa, aquel 1ero de Febrero de 1817, veía con sus propios ojos como las esperanzas tejidas en la lucha por la independencia eran traicionadas por una oligarquía que volvía a implantar el viejo modelo societal, con liberalismo en la boca y conservadurismo en el corazón. Esa misma oligarquía, tanto la que regresaba, como la que representaba el «nuevo riquísmo», clásico en la historia de Venezuela, de la manera más grosera y desfachatada, pretendía un retroceso histórico, volviendo a sus viejos privilegios de clase, sumergiendo al pueblo en la más terrible opresión.

El latifundio, y la esclavitud se exacerbaban en una Venezuela, que amparada en el conservadurismo más recalcitrante, traicionaba los principios liberales que alimentaron ideológicamente las luchas por la independencia. La patria había sido secuestrada y los temores del pueblo se hacían eco de la realidad. La vieja oligarquía, de la que siempre sospecharon, hicieron lo propio para volver a poner la insolencia del látigo sobre la espalda del descamisado.

No se trata en éstas líneas de hacer apología del Liberalismo político, sin embargo, no podemos despreciar el hecho que para el momento que podríamos denominar como pos-independencia, el liberalismo representaba la ideología que se parecía más a los clamores sentidos de nuestro pueblo. El mismo Calzadilla, escribe un artículo en la Revista Memorias De Venezuela N°44 (2017; P. 4-7), que titula Ezequiel Zamora y los dos liberalismos, en éste escrito el autor expone el recorrido de un tiempo lleno de presiones sociales, de estafas financieras y descontentos, tanto de sectores populares como de dueños de tierras, no tan poderosos, siempre a merced de las trampas que los grandes capitales mercantiles aplicaban para seguir acumulando tierras. La fisiocrácia en el poder, afianzando el modo de vida colonial y acumulando tierras en la nueva nación, la riqueza desde la tenencia de la tierra generaba un fuerte conflicto a lo interno de la sociedad venezolana.

En medio de esa realidad fue creciendo Ezequiel, viviendo palmo a palmo, una realidad social que no le era ajena. Los aportes en cuanto a la formación política de Zamora, provenían por un lado de las lecturas de EL Venezolano, periódico del partido Liberal desde 1840, y la lectura misma de la propia realidad sentida, cuestión última que le brindó la posibilidad de fijar postura no sólo en contra de la «godarria» conservadora, sino en contra de la poca claridad en el programa político del mismo partido Liberal, liderado por el viejo Leocadio Guzmán, padre de Antonio.

Dos sectores de la misma oligarquía en disputa por el poder, arrojó a Zamora a trabajar en un programa de gobierno profundo, que cumpliera las demandas del pueblo, el cual para el momento, estaba avivando las mismas conductas de aquel año terrible de 1814.

Roberto López Sánchez, en su texto El protagonismo popular en la historia de Venezuela. Raíces históricas del proceso de cambio (2015), cita a Armas Chitty, el cual afirma que: la federación completó la guerra de independencia, pues la misma ansia igualitaria que pregonaban los soldados de Zamora, los encarbonados de Espinoza y los llaneros desnudos de Zoilo Medrano, puede apreciarse en los mismos llaneros que llevaba Boves al combate (p.55).

Más adelante afirma que: los objetivos de la Insurrección campesina que se desarrolló desde el 20 de Febrero de 1859, y que estuvo encabezada por Zamora, se referían a la igualación de clases sociales, el reparto de tierras, supresión de contribuciones, echar del gobierno a los opresores y terminar con la oligarquía (López. 2015; p.55). Demandas sentidas por el pueblo, nunca traicionadas por quien se dio a conocer como el valiente ciudadano.

Terribles celadas nos tiende la vida. Asesinado, el proyecto zamorano queda a merced de uno de los cuatro Reyes de la Baraja, quien se va a jugar todas sus cartas por implantar un régimen republicano servil a Europa, copiador e importador de la sociedad reproductora de la colonialidad del poder. El Ilustre Americano vendría a reproducir la interminable tragedia de las traiciones al pueblo.

Hoy siguen vivos los tiempos zamoranos, con una revolución que ha decidido no traicionar a su proyecto histórico, ni a su pueblo. Al igual que la de Zamora, ésta, la Revolución Bolivariana y todo su acumulado histórico, ha echado su suerte a andar con los pobres de éste mundo, construyendo comunas, edificando autogobiernos, propiciando autogestión, impulsando sostenibilidad, motivando sutentabilidad, radicalizando la democratización, de esta forma juntando lo anterior y profundizando la descolonización seremos juntos, el nuevo terror de la oligarquía.

La historia sigue viva, porque los pueblos alimentan ese espíritu, son ellos con sus luchas quienes seguirán escribiendo páginas de rebeldía, recordando al pulpero de los Valles del Tuy, al Valiente ciudadano, al Liberal, hijo de éste pueblo, que alimenta diariamente el argumento emancipador de nuestro tiempo. Rememoramos de esta forma, a 200 años años del nacimiento de Ezequiel Zamora, un breve fragmento del Himno de la federación, con una letra maldita para la oligarquía y al mismo tiempo otra que anuncia justicia y denuncia permanente:

 

«Las tropas de Zamora

al toque del clarín

derrotan las brigadas

del godo Malandrín»

Ya, para no hablar del fin (Fin de la Historia, se llama éste poema), con Gustavo Pereira, porque: el capitalismo es el fin de la historia.

Tal vez sobre vivan los metales relucientes pero no las mariposas

los plásticos y los escombros pero no los pétalos bajo el rocío

los gremios de rufianes pero no los solitarios

los banquetes y los festines pero no la alegría

los ruidos y los estrépitos pero no la música del amanecer

las mesas servidas como nunca pero no los aromas

las estrecheces de espíritu pero no la compasión

los bandos de poder pero no los secretos del habla

las máquinas traga níquel pero no el incrédulo azar

las meretrices y las zorras pero no las diosas de la noche

las acritudes y las ferocidades pero no las revelaciones

los circuitos integrados pero no el despertar de la hierba

los malos olores pero no la transpiración de los amantes

la estupidez y la vulgaridad pero no la evidencia de lo sensible

lo redondo y lo cuadrado pero no lo indescifrable

los trajes y las joyas pero no la transparencia de las aguas

las metáforas pero no la poesía

… y nosotros decimos: la oligarquía, pero no la vida…  

 

¡Vivan las montoneras de Zamora!

¡Viva El pueblo Rebelde de aquel 1989 y del 4 de Febrero!

¡Viva la Revolución Bolivariana!

¡TIERRA, HOMBRES Y MUJERES LIBRES!

 

Bibliografía:

  • Calzadilla, Juan Antonio. Ezequiel Zamora y la Tierra de lo hombres Libres. Colección generación 200. Misión Cultura corazón Adentro. Centro Nacional de Historia. Caracas. 2009

  • López Sanchez, Roberto. El protagonismo popular en la historia de Venezuela. Raíces históricas del proceso de cambios. Editorial Trinchera. Caracas. 2015

  • Pereira, Gustavo. ZooMaris. Fundecem. Mérida. 2016.  

* Carlos Rivas es vocero de la Casa del Costurero de los Sueños emancipatorios «Eulogio Paredes» y miembro de la Escuela popular de comunicación EP.

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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.