Formas concretas y apariencia
Un listado de intervenciones internacionales promovidas por USA nos acercan a un diagnóstico preocupante: no hay país que se le resista (China, Rusia, Palestina, Venezuela o Dinamarca), no hay motivo que eluda (competencia, recursos, narcoterrorismo, religión), no hay medio que deseche (bombas, aranceles, apresamientos de petroleros, secuestros, acuerdos). Nos encontramos ante un auténtico matón de patio colegial.
Nos asalta la pregunta: ¿por qué voltea el “orden mundial basado en reglas”? ¿Qué necesidad tiene Trump de enfrentarse a todos al mismo tiempo?
Apariencia y contenido
Así se nos presenta la realidad mundial, como una suma de golpes a diestra y siniestra. Pero, tras estas acciones hay una explicación. Mirados uno a uno, cada hecho termina mostrando un contenido, una necesidad. Era uno de los propósitos de la pasada entrada sobre el secuestro del presidente Maduro. Nuestra hipótesis es que tras la diversidad de las formas aparece un contenido común: la reproducción ampliada de la sociedad capitalista norteamericana actual.
Es lo que expresa USA cuando usa aranceles como palanca política, o cuando combina diplomacia con militarismo selectivo; responden a una necesidad social.
Contenido y sujeto
El agente inmediato tras este proceso de reproducción es el capital norteamericano que necesita apropiarse, como condición de supervivencia, el máximo plusvalor mundial. La forma, dada la existencia de más capitales de otros ámbitos nacionales, es la disputa competitiva, sea directa (aranceles, subsidios, restricciones tecnológicas) o indirecta (control de rutas o de recursos, sanciones, militarismo).
Así, la presión y el reordenamiento de puertos vinculados al Canal de Panamá no es un capricho geográfico, se trata de gobernar la circulación mercantil que realiza el valor y el plusvalor.
Sujeto y personificación
En otro artículo ya vimos el papel de Trump en la circulación global del capital mercantil, particularmente del yanqui. Allí nos resistíamos, a pesar de la apariencia, a ver sus movimientos como exclusivamente derivados de un excéntrico. Concluíamos que el presidente no era el sujeto (quien pone las condiciones del proceso), sino la personificación del capital USA en su declive.
Sin embargo, en torno a esta tesis, también guiado por los acontecimientos más recientes, quisiera añadir algunas reflexiones.
Ganar peleas, perder la guerra
Los últimos hechos nos muestran al matón ganando muchas peleas. Una breve lista: la situación en Irán, el apresamiento de buques petroleros chinos y rusos, la ofensiva por el triángulo del litio (Argentina, Bolivia y Chile), el plan de paz en Palestina, el incremento del gasto militar europeo, los impunes bombardeos a Yemen, Irán, Nigeria o donde toque, entre otros.
He aquí la paradoja: si está en declive por qué gana. La cuestión es si esto puede sostenerse. Por ello, considero importante avanzar algo más, y plantearnos cuáles son las condiciones de su caída.
Una respuesta, manteniendo la tesis del declive, es que USA puede conservar capacidad de castigo a la vez que pierde capacidad de mando; puede obtener ventajas que le suponen costes crecientes, agravando su deterioro.
Declive no es final
En esa línea, una primera cuestión es no confundir declive con final. Se trata de una diferencia temporal y conceptual. El capital USA puede estar reduciendo su influencia mundial, pero eso no significa que desaparezca mañana. Si el poder mundial USA pudiera representarse gráficamente tendríamos un ascenso, una cúspide o máximo y un descenso; ese descenso no tiene por qué ser inmediato.
Por eso, si hablamos de declive, debe haber rasgos que nos vayan señalando que se reduce la capacidad del capital USA para reproducirse ampliadamente: economía (producción, comercio), militar, tecnología (productividad), competitividad (rentabilidad), político (acuerdos, consensos), entre otros.
Es posible que el poderío militar le sirva para compensar sus otros déficits (economía, tecnología). La cuestión es si esto es duradero, sostenible. Habría que abordar este aspecto con indicadores, no solo con impresiones.
El factor Trump como catalizador
En este marco, qué papel juega un personaje como Trump, la ideología que representa y la política que ejecuta. Se trata, de un salvador del capital USA que frena la pérdida de hegemonía o, por el contrario, está acelerando la caída del imperio. Por ejemplo, reuniendo a una gran parte del capital mundial en contra suya, es decir, de organizar el frente contra el imperialismo yanqui.
Tomada aisladamente cualquiera de sus acciones puede ser interpretada de manera múltiple: lo que para unos es cálculo para otros es precipitación; la audacia puede verse, desde otro punto de vista, como temeridad. Por ello, hay que profundizar en el análisis (contenido), y no detenerse en la forma (apariencia).
No habrá caída sin lucha
Para que la caída sea efectiva, tiene que haber una lucha porque habrá resistencias a ceder el puesto.
Esta guerra ha de ser frontal, pero vendrá precedida de otras formas de enfrentamiento: coerción económica (aranceles, sanciones), control de circulación (puertos, incautaciones), guerra por delegación (apoyo militar a terceros, rearme regional), incidentes y choques directos acotados (bombardeos puntuales, escaladas controladas). Surge la pregunta: ¿es la situación actual? O todavía, tras el desmoronamiento del orden mundial basado en reglas habrá de venir otro orden pactado (¿un nuevo reparto del mundo entre grandes potencias?) que prepare el terreno de la disputa final.
Todo como prolegómeno de la tercera guerra mundial, que puede ser casi definitiva. Llegados a este punto: tendrá el capital mundial la potencia de autorregularse para no autodestruirse. A saber.
La lucha presupone a los contendientes
Otra cuestión tiene que ver con quién sustituye o sucede al imperio yanqui. La caída presupone un vencedor en la lucha final.
Pero, incluso antes de llegar al punto de la conflagración mundial, la cuestión es saber si existen hoy por hoy potencias para sustituir a USA, si los atributos que exhiben (China en lo productivo, Rusia en lo militar) son suficientes, en qué grado de desarrollo están. Es más, de alguna manera, los motores de la nueva potencia emergente deben encontrar combustible en las políticas estadounidenses.
La agenda investigadora
Luego, la tesis del declive del imperio yanqui trae su propio corolario: la caída presupone lucha, y esta requiere contendientes, entre los contendientes una potencia alternativa. Entre tanto, un prolongado declive.
Si el contenido es apropiación de plusvalor mundial y las formas las señaladas arriba, entre medias aparecerán relacionadas la tecnología, la economía, la ideología y la política, con sus respectivos indicadores. Habría que ver su evolución y hacia donde apunta el capital mundial y el estadounidense en particular.
Cuestiones para una dialéctica que debe desarrollarse en el ejercicio de la investigación de la realidad, si pretendemos que algún día sea el método del conocimiento que posibilite la revolución socialista mundial.
Pedro Andrés González Ruiz, autor del blog Criticonomía
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