La falacia inherente al politólogo es que no puede demostrar su teoría. Por supuesto que no existen experimentos controlados (a menos que se gobierne un país como si fuera un laboratorio de políticas neoliberales, como en Chile, 1973).
Por consiguiente, plantear hipótesis o predecir los resultados en política es un juego absurdo. No obstante, es posible partir de una realidad invariable en el terreno de la geopolítica: la autopreservación a través de políticas pragmáticas que aseguren los intereses nacionales de un Estado, lo que se conoce como realpolitik. Si bien el término se hizo tristemente famoso gracias al notorio “estadista” (léase criminal de guerra) Henry Kissinger, a lo largo de la historia el pragmatismo ha contribuido a preservar más Estados que la ideología. Los Estados, como sistemas de control y poder centralizado operados por una élite, buscan la autopreservación por encima de todo. Si bien la ideología puede ayudar a convencer a una población para una gobernanza más eficaz, la geopolítica requiere un enfoque pragmático en un escenario dictado por la fuerza. En otras palabras: la política ha sido siempre y exclusivamente un juego de poder.
Aunque es difícil determinar la verdadera estrategia geopolítica tras la Operación Resolución Absoluta, por la que Estados Unidos secuestró descaradamente al presidente soberano de Venezuela [Nicolás Maduro], podemos examinar los patrones y tendencias de los últimos años, así como al actual panorama geopolítico, para deducir las políticas pragmáticas que subyacen en dicho ataque. Dejando a un lado la retórica de la Casa Blanca como postureo político y bravuconería, podemos analizar los logros de la Operación Resolución Absoluta para el imperio estadounidense en el momento actual. Más allá de los objetivos a corto plazo de extracción y control de recursos, un análisis más detallado de lo que esta operación supone para Estados Unidos en múltiples frentes ayuda a entender mejor su estrategia geopolítica. Si bien Estados Unidos es sin duda alguna el Estado canalla más influyente del mundo, ya que prioriza sin complejos sus intereses por encima del derecho internacional a la hora de configurar el orden mundial, no actúa así de modo irracional. Por el contrario, el imperio estadounidense actúa mediante medidas estratégicas bien calculadas para preservar sus intereses corporativos y militares. Cada vez que Estados Unidos comete violaciones directas del derecho internacional, como en sus ataques a Libia, la invasión de Irak, la de Afganistán y tantos otros casos, podemos asumir que lo hace sopesando las consecuencias de la reacción internacional frente a los beneficios geopolíticos y económicos que puede obtener.
Los siguientes apartados resumen algunas de las principales áreas en las que el imperio estadounidense se ha beneficiado tras la Operación Resolución Absoluta. Sitúa esta operación en el panorama geopolítico actual y plantea las siguientes preguntas: ¿Cuáles son sus implicaciones a largo plazo y los mensajes que transmite? ¿Cuáles son los impactos a corto y largo plazo de esta operación?
Un claro mensaje para China: el hemisferio occidental pertenece a EE.UU.
Pocas horas antes de su secuestro, el presidente Maduro concluyó su primer encuentro programado con una delegación China. El modo en que se realizó la operación constituye una afrenta a la inmunidad diplomática y consular, al ignorar la presencia de diplomáticos chinos en el país. El mensaje enviado al gobierno chino fue que EE.UU. está por encima del derecho internacional y de los canales diplomáticos respetados por los demás países.
La reunión entre Maduro y los diplomáticos tenía como objetivo reforzar la colaboración entre Venezuela y China, país que ha invertido casi 70.000 millones de dólares en los últimos 20 años. China, el mayor importador de crudo venezolano, ha fortalecido sus lazos en la región a lo largo de los años a través de su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative), convirtiéndose en el principal socio comercial de América Latina. En 2024, el comercio en la región alcanzó los 518.000 millones de dólares, con más de 20 países adhiriéndose a la Iniciativa. Apenas unos meses antes de la operación, China y Perú inauguraron el puerto de Chancay, al norte de Lima. El proyecto, valorado en casi 4.000 millones de dólares, es un puerto de aguas profundas que servirá para reducir el tiempo de viaje entre regiones y como puerta de salida a los recursos minerales de todo el continente.
Uno de los elementos sorprendentes del crecimiento chino en el siglo XXI es que ha sido posible sin intervenciones militares ni guerras por recursos. En vez de eso, China se utilizado inversiones y diplomacia económica para asegurar rutas comerciales, socios y reservas significativas esenciales para su creciente economía. Mientras, Estados Unidos ha continuado ejerciendo presión sobre su seguridad regional, reforzando lazos militares con Japón y Corea [del Sur] y reafirmando su compromiso de defender la soberanía de Taiwán. El hecho de que esta operación se haya producido mientras China sigue sin poder ejercer su influencia sobre el Mar de la China Meridional ni establecer una política exterior decisiva con Taiwán, a 130 kilómetros de sus costas, nos da una idea del contraste entre ambas potencias regionales.
La Operación Resolución Absoluta reafirma el dominio de EE.UU. sobre el hemisferio occidental. “Bajo nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental jamás volverá a ser cuestionado”, declaró Trump poco después del ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente. Esta afirmación está en línea con el plan de seguridad nacional conocido como Corolario Trump a la Doctrina Monroe, publicado por la Casa Blanca a principios de diciembre, en el que se describe el hemisferio occidental como “Zona de Seguridad Nacional”, dada su importancia estratégica y económica para el bienestar de EE.UU.
Reafirma el poder militar de Estados Unidos
La eficacia y la brevedad quirúrgica de la operación contra Venezuela pone de manifiesto al único sector del imperio estadounidense que permanece sin rival: su ejército. Con China a punto de superar a Estados Unidos como mayor economía mundial hacia 2030 y la influencia decreciente de EE.UU. en tecnología, a medida que se va quedando atrás en el desarrollo de supercomputadoras avanzadas y grandes sistemas de aprendizaje, esta operación es un recordatorio para el mundo de que Estados Unidos no solo destaca en cuanto a fuerza militar, sino que puede utilizarla para superar sus deficiencias.
Así como la invasión del ejército estadounidense a Panamá en 1989 sirvió para extirpar el “síndrome de Vietnam” de la opinión pública de aquel país gracias a una rápida victoria militar, el secuestro descarado y culminado con éxito de un presidente soberano libera a EE.UU. del síndrome afgano y libio, al tiempo que se gana el apoyo de la base aislacionista del movimiento MAGA. Los elogios a la operación de muchos militantes de dicho movimiento indican que la popular postura aislacionista de «América primero» se basaba menos en preocupaciones internas y más en la eficacia y capacidad de proyectar fuerza en la comunidad internacional. Demuestra un nivel de belicosidad que hace parecer débiles, en comparación, a otras potencias regionales, proyectando el chovinismo nacional a escala global. Con Rusia entrando en su quinto año de guerra en Ucrania y la incapacidad de China para ejercer pleno control sobre el Mar de la China Meridional, Estados Unidos recuerda a sus rivales que sigue estando muy por delante en cuanto a influencia regional, o incluso global.
Estados Unidos mantiene el mayor número de portaaviones en el mar, sigue siendo el mayor fabricante mundial de armas y mantiene abiertas casi 1.000 bases militares en todo el mundo (recientemente ha reactivado la base naval Rooselvelt Roads, en Puerto Rico, que llevaba fuera de servicio veinte años). Junto con el bombardeo de las instalaciones nucleares de Irán en junio de 2025, el régimen de Trump recuerda al mundo que es la doctrina de EE.UU. y no el derecho internacional la que dicta el orden mundial.
No todo es petróleo
La producción petrolera de Venezuela ha caído aproximadamente a una tercera parte de lo que era al inicio de la presidencia de Chávez. Lo mismo ocurre con muchas de sus otras materias primas, en especial el gas natural, debido a las sanciones, una gestión inadecuada y la fractura de PDVSA [empresa estatal del petróleo de Venezuela], que han provocado el debilitamiento de sus industrias. Se ha hablado mucho de que Venezuela posee las mayores reservas petroleras del mundo, mayores que las de EE.UU. o Arabia Saudí juntas. No obstante, dichas reservas están sin explotar, ubicadas en la región conocida como la Faja Petrolífera del Orinoco, al sudeste del país, que cuenta con muy poca infraestructura. Acceder a estas reservas de petróleo ultracrudo exigiría una tecnología sofisticada para su localización y equipos de perforación que tardarían años en desplegarse. Por ello, los debates sobre el petróleo se centran más en su potencial para cubrir las necesidades a largo plazo del país que en satisfacer las necesidades energéticas inmediatas del imperio.
La inaccesibilidad de los recursos venezolanos es, por supuesto, una consecuencia de la brecha tecnológica entre los países del Norte y del Sur global, ya que los primeros aún mantienen un control desproporcionado sobre las patentes y tecnologías para la extracción de minerales. Sumado esto a las sanciones y bloqueos, la extracción de reservas minerales y petroleras en el Sur global siempre dependerá de su relación con el Norte.
Por último, podemos dar por sentado que se han producido esfuerzos coordinados entre bastidores por parte de algunos de los aliados (si no todos) de Venezuela y Estados Unidos, que a su vez participan en su propia suerte de realpolitik a la vez que se mantienen fieles a alguna forma de ideología “antimperialista”. Putin ha mantenido un silencio notable sobre la Operación Resolución Absoluta (en el momento de escribir este artículo) sin haber pedido la liberación de Maduro. Aliado del presidente venezolano durante años, Putin ha mantenido su apoyo reiterado al sucesor de Chávez, suministrando a su país armamento antiaéreo defensivo, el mismo que no sirvió para disuadir la invasión. De ahí podemos deducir que posiblemente se hayan otorgado a Rusia ciertas concesiones cuando las negociaciones con Estados Unidos y Ucrania entran en una nueva fase. Lo mismo puede asumirse de China, aunque dado que EE.UU. y China no están negociando públicamente sobre disputas territoriales, podemos entender por qué la respuesta china ha sido más directa. En cuanto a la gente de todo el mundo, incluido el verdadero movimiento antimperialista, el modo en que fue dirigida la operación indica que el imperio es reacio a entablar una confrontación directa con frentes populares. El tiempo dedicado al entrenamiento clandestino, las operaciones encubiertas y la infiltración indican la aprensión del imperio ante la guerra simétrica, o incluso a la clásica guerra asimétrica. Solo el tiempo nos ayudará a comprender mejor los beneficios estratégicos que pueda tener la Operación Resolución Absoluta, o quizás la convierta en otra página de la arrogancia colonial.
George Quispe es educador popular, investigador militante e interlocutor de teoría crítica entre Abiayala y la Isla Tortuga. Sus principales áreas de investigación son el extractivismo, el pensamiento crítico, el biopoder y el poder popular. Recientemente tradujo ”Constructing Worlds Otherwise” de Raúl Zibechi (Ak Press, 2024) y coeditó el volumen «Viva Palestina Libre» (2024) de NACLA sobre las conexiones entre América Latina y Palestina.
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