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Romper el recinto autoritario

La revuelta como oportunidad

Fuentes: www.ilmanifesto.it

Traducido para Rebelión por Susana Merino

Rossana Rossanda ha iniciado una discusión que día a día refleja más la apremiante necesidad de la izquierda. Se han producido intervenciones bastante interesantes ya sea en cuanto a las causas que han agravado la crisis europea o en cuanto a la exploración de las intervenciones programadas para afrontarla por fuera de la desastrosa moneda corriente. En todo caso, según mi opinión, útilmente e ha desafiado la nueva ortodoxia del equilibrio presupuestario hasta prever salidas radicales. Pero todavía me parece que la discusión debería tomar un giro diferente. ¿Podemos enfrentar aún el tema como si viviésemos en una época democrática con una política en marcha dotada de cierta autonomía y una izquierda capaz de influir sobre las elecciones de fondo? Me temo que no. En cuyo caso se podría tal vez seguir esta línea de razonamiento.

Lo que la revuelta ha intuido debería constituir la base tanto del renacimiento de la política domo de un accionar político autónomo del sistema económico-social y del sistema de poder político que se ha venido conformando. La revuelta ha intuido que, para reiniciar el juego, es necesario dar un salto, es decir poner radicalmente en el terreno de las discusiones las decisiones políticas que vienen siendo tomadas por el poder constituido y oponerse a los lugares y las formas donde y como han sido asumidas.

La crisis es una ocasión. Pero hace falta ver para quién. La ocasión está siendo aprovechada hasta el final por las clases dirigentes para hacer tabla rasa con la Europa del compromiso social y democrático. Un panorama social totalmente diferente está ocupando ese lugar. Y como si todo lo que se vino acumulando en los años de la restauración modernizadora, y acelerado en los últimos meses, hubiera hecho precipitar este devastador agosto.

El largo invierno treintañero de ininterrumpido ataque a las conquistas sociales y democráticas, de un conflicto de clases que constantemente se resuelve a favor de las clases propietarias, se amplía en calidad y cantidad. Exhibieron todo su cinismo en la fórmula: «El mercado, ¡una belleza!» Era la fase naciente de la globalización capitalista y ellos, la clase dirigente se permitían ser arrogantes. Ahora la crisis del capitalismo explota en todo Occidente.

Deberían decirnos, si tuvieran aún el mismo arrogante cinismo de los vencedores: «¡Qué belleza el capitalismo!» Pero no pueden. La incertidumbre es demasiado grande, demasiado devastadores los efectos sociales provocados por sus políticas de respuesta a la crisis, es muy alto el riesgo de ásperos conflictos, de conmociones, de revueltas.

La revolución pasiva que han hegemonizado está en un punto crucial, conjuntamente en acción pero además averiada, porque se halla en una crisis de consenso vertical. Y todavía pueden actuar aún peor (para las clases subalternas, para los pueblos, para la naturaleza) y escalar otro peldaño de su dominación. Como hábiles prestidigitadores hacen desaparecer cada una de las causas de lo que sucede. Desaparece el capitalismo, en primer término; la economía, el mercado, las finanzas y con ellas la especulación se vuelven condiciones naturales; las devastaciones sociales se presentan como consecuencias ineluctables (si llueve te mojas, si nieva te congelas). No se tiene tampoco en cuenta que en Europa la agresión social es tan radical que incrementa desmesuradamente la pobreza, precarizando todo.

Si en los años transcurridos cada vez que se puso en discusión una conquista social (movilidad salarial, jubilaciones, atención sanitaria gratuita, cualesquiera de los derechos laborales conquistados, por ejemplo los del artículo 18 del estatuto), si bien a la defensiva ahora de un solo golpe, toda una construcción aunque imperfecta de derechos, de libertad, de justicia social es demolida sin que la sociedad política, ni en la realidad que representan los partidos sociales, surge nada comparable a su puesta en juego.

Solo desde fuera de este recinto puede surgir y de hecho explota la oposición en tantos lugares de Europa. Dentro del recinto nada. Sin que las clases dirigentes puedan valerse de la cobertura ética basada en hacer valer la lógica ( terrible siempre para las clases subalternas) del rigor, de la austeridad a todo trance, es decir aunque se vuelva contra sí misma ( por ejemplo con la introducción de un impuesto patrimonial o de una Tasa Tobin). Ni tampoco se proponen, por otra parte, develar los gigantescos fenómenos de corrupción y de economía ilegal y criminal anidados en el seno de este sistema económico y social.

Ninguna reforma -ni burguesa, ni de izquierda- es capaz de convertirse en sujeto político consistente en la crisis del capitalismo financiero globalizado. Está obviamente la política. Pero no existe ninguna autonomía fuera de ella. Esta se presenta en cambio subsumida dentro de las decisiones cuyo marco se presenta en el interior del recinto como objetivo, obligatorio e ineluctable. Solo se admiten diversos matices del mismo planteo, no un planteo diferente. Hasta los reformadores más cautos son expulsados de las discusiones ya sea sobre el modelo económico, social y ecológico como sobre la distribución de la riqueza.

La crisis tiene una sola respuesta admisible, sustancialmente la que está en curso. Pero aparece un nuevo sacerdote de la ortodoxia: las agencias de rating. Son las que juzgan la economía y los estados y pretenden no ser juzgadas por ninguna de las formas democráticas representativas (representativas ¿de qué?) Las agencias de rating se presentan como el meteorólogo que predice neutralmente el tiempo.

La puesta fuera del campo del pensamiento crítico, de la crítica de la economía se revela una catástrofe. El dominio del capital, nunca desde hace más de un siglo tan incondicionado, se evidencia; echa afuera, a la política y a la democracia representativa y a toda otra forma alternativa y clausura la democracia.

El rastrero, y blanco, golpe de estado consumado en el nivel europeo en agosto es el epílogo del largo proceso de destrucción del compromiso social y de la democracia. Debe partirse desde allí, desde ese desesperante nivel. Para volver a partir es útil, por un lado, respirar el aire de la revuelta y por el otro reapoderarse de un pensamiento crítico. Quien quiera seguir simplemente continuar pensando no puede sino volver, para ir más allá , a aquel extraordinario recurso que constituye la navaja de Marx, cuando destruye la mistificación del capitalismo que ha sabido activar, para esconder su naturaleza y que en su nueva y última aserción, se ha impuesto a la política hasta ponerla a su servicio

El anuncio de una posible ruptura

Esta fase parece caracterizarse por la presencia de dos movimientos radicales pero de direcciones opuestas. Uno nace y se establece en la sociedad civil y contiene demandas que nacen preferentemente de la denuncia de una determinada condición social, de la oposición y de las elecciones del gobierno ya sea a nivel Estatal como privado y de la denuncia de diferente naturaleza de las lesiones de diversa naturaleza a los derechos de las personas y de toda la comunidad, tanto de trabajadores como territoriales, más que de subjetividad.

Se constituye con un archipiélago de movimientos con carácter fuertemente horizontal, sin partidos y sin líderes que los puedan representar establemente; cada uno de los cuales es capaz de dar lugar a fenómenos de participación larga e intensa sobre demandas radicales de cambios que manan a su vez de la oposición a una condición o de una amenaza considerada intolerable (la precariedad del trabajo y de la vida, la privatización de un bien instalado como común, la destrucción de la escuela pública, la dignidad del trabajador, la dignidad de la mujer)

La revuelta de que han sido protagonistas los jóvenes de los países del norte de África ha conferido a los movimientos europeos un horizonte muy grande, ha puesto de relieve una matriz común hasta ahora más incierta y diversificada. El aire de la revuelta sopla en mil calles, más o menos grandes, más o menos extensas (duraderas) y lleva en sus espaldas una indignación fuerte y difusa, el rechazo, el repudio al status quo, la denuncia de la desigualdad y de la arbitraria naturaleza del poder, incluido el de la política que se halla considerada como parte del poder. Es el anuncio de una posible ruptura.

Son movimientos que crecen en países, como los del Mediterráneo ciertamente diferentes entre sí (que Italia no sea Egipto aún desde el punto de vista democrático es tan cierto como banal) pero que tienen en común dos de los grandes trazos que pueden marcar un ciclo político: el robo del futuro que el sistema aplica sistemáticamente a las nuevas generaciones: el crecimiento violento y ofensivo de las desigualdades: la falta de democracia y de diálogo social en el que se toman decisiones políticas que afectan a toda la sociedad.

El viento de la revuelta es el hecho nuevo de esta etapa, la única chance que se manifiesta por el cambio, un cambio por otra parte siempre más aguda y dramáticamente urgente. La solución en Europa se ha venido entrelazando con la que se ha encontrado el sistema político-institucional para darle solución a la crisis que luego de partir de los EE.UU. hacia el mundo entero y particularmente a occidente ha resurgido en una Grecia en riesgo de default como la de los mismos EE.UU.

Esta crisis no ha sido promovida por el «desorden» monetario y de la política de los bancos como en 2008 (aunque sea reveladora de las contradicciones estructurales del capitalismo financiero globalizado) sino de la «desordenada» situación de la economía real. La amenaza de una nueva recesión, que por otra parte un economista como Stiglitz pone directamente a la cabeza sino también a las políticas de austeridad y a los recortes del gasto público que persiguen actualmente los estados. El perro se muerde la cola (pero deberíamos estar advertidos del hecho de que este podría ser su verdadero objetivo).

Los estados reaccionaron ante la primera crisis con gigantescas ayudas al sistema financiero y a los bancos, que así fueron salvados mientras que paralelamente se realizaba una enorme redistribución de los réditos a favor de las rentas y de los beneficios con la conformación de una incontinente concentración de la riqueza. Nada de eso fue hecho a favor del trabajo y del empleo; y ahora ante una economía en crisis las cajas de los estados se encuentran agotadas por esas maniobras de salvataje.

La réplica es una política económica despiadadamente clasista: el corazón de las decisiones adoptadas por la Unión europea es monetaria y el del BCE es un modelo de sociedad único en el que el trabajo se reduce a una mercancía, el Estado a su mínima expresión, el Estado social borrado y la sociedad civil condenada a convertirse en un espacio íntegramente dedicado a la ganancia.

Luego de que Obama cediera torpemente sin obtener compensación con la tentativa de recuperarse con el plan sobre el desempleo, el golpe europeo de agosto querría inaugurar una nueva era política, la de la falta de democracia en el «arte de gobernar» Lo que ha sucedido en los últimos meses resulta excepcional en cuanto a impermeabilización de los lugares de decisión de la sociedad civil y en la tendencia a cooptar a toda la sociedad política, mayorías y oposición, en la filosofía de que esos lugares se están conformando, al margen de toda tradición democrática, y construyendo así una especie de cordón sanitario entre las nuevas instituciones y la sociedad real.

Si los contenidos de esta política en respuesta a la crisis incluyen una señal de clase tan marcado como para configurar la anulación de una total historia de la emancipación, la forma como se está decidiendo es la que frena la democracia y expela de la política reconocida como legítima, la de la alternativa social, basada en la confrontación y sobre la crítica del orden existente. El recinto es el fundamento de la nueva política. Dentro o fuera. Si estas dentro aprobación, si fuera protesta.

Esta salida, hoy prepotentemente anunciada no es sin embargo obligatoria. Pero porque no lo es la tarea es romper el recinto, hacer trizas el cerco de la separación. Cooptación, porque si durase, la política como la hemos conocido en Europa luego de la victoria contra el nazi-fascismo, saldría definitivamente de la escena y con ella toda forma de autonomía de la política del poder y del sistema.

El estado de necesidad actualmente reivindicado en nombre de la excepción (la crisis) se convertiría en la regla de un modelo económico y social regresivo, el de Occidente del siglo XXI. Lo que parecía una invectiva, el gobierno como instrumento de negocios de la burguesía, se volvería una inquietante realidad. Y la política (de la izquierda) podría renacer solo como el ave fénix de sus cenizas. Por lo tanto la tarea es romper el recinto.

La crisis y las políticas de reacción a la crisis

La tarea es necesaria y posible. La necesidad imperiosa. El agravamiento de las condiciones de vida y la crisis de la cohesión social incuban un espectro de posibles reacciones que no excluyen la regresiva guerra de pobres contra pobres, de búsqueda del chivo expiatorio, de explosiones de violencia y agresividad, de fortalecimiento de tendencias populistas, xenófobas y racistas. Sobre todo si difunden condiciones de trabajo y de vida intolerables, con un marco dramático de sufrimientos, malestar, soledad, alienación.

La crisis y las políticas de reacción a la crisis puestas en marcha por los estados nacionales y supra nacionales en Europa, mantienen oscilante la economía, entre recuperación sin empleo y vuelta de la crisis hasta la recesión. La inestabilidad es la constante de toda esta fase. El capitalismo confirma toda su vitalidad animal, pero para entenderlo íntegramente y no dejarse arrastrar por conclusiones extraviadas que «questa volta non ce la fa», es necesario saber mirar al mundo, a los procesos que lo invisten hasta desbaratar los procesos geopolíticos, hasta dar lugar a un nuevo orden (desorden) mundial. Los dolores del parto de un nuevo sistema monetario que vaya más allá del «dólar-standard» no son solo visiones intelectualísticas de quien confunde deseos con realidad.

La destrucción creadora está en movimiento. Se manifiestan en ella dos partidos burgueses, conectados entre sí mediante la colocación de sus diferentes protagonistas en el sistema productivo y mercantil. Está el partido ganador del primado del capital financiero que hegemoniza la política de los estados y que estaría dispuesto a cierto compromiso redistributivo gracias a una intervención fiscal con tal de salvar lo esencial (el modelo de desarrollo). Warren Buffet es su voz más autorizada (uno de los más grandes mil millonarios de sobre la faz de la tierra) y en cierto sentido curiosamente, y el del partido que simbólicamente expresa su adhesión patrimonial y a la Tasa Tobin (apoyada en Italia solo por la izquierda en los primeros años del siglo XXI). Su difusión en otros países europeos es bastante indicadora del momento.

La victoria del primer partido, el del capitalismo duro, en las políticas de gobierno en Europa lo muestra bastante no solo sobre el estado de su burguesía sino también de su política y especialmente la del centro izquierda. Ya sea el capitalismo que pediría pagar más impuestos a los rico, como el real de las maniobras económicas del Estado, tienen en común el núcleo duro de esta nueva reestructuración capitalista, el de someter al trabajo a una nueva disciplina social en la cual no solo la elección de la inversión (la naturaleza del modelo económico social, que cosa, cómo y dónde, para quién producir) sino también el salario, los horarios de trabajo, las prestaciones laborales, los derechos quedan fuera de la posibilidad de ser acordados con los trabajadores. Conseguir competitividad exige liberar al capital del trabajo organizado sindical y políticamente, pero volver a conducirlo a la condición de mercancía. Lo esencial del desafío se concentra ahí.

Mientras tanto la recesión se vuelve más amenazante. La crisis puede desembocar en una recesión áspera, dura y larga. Constituye su base el rechazo sistemático a alimentar la demanda interna en toda el área de la economía occidental, tratando de obtener en cambio una deflación salarial; las políticas de austeridad, su techo. China sola, los países del BRIC en su conjunto pueden suplir la carencia de demanda del mercado occidental. La idea de confiarles a ellos el tren de la recuperación mundial a través de sus consumos, no tiene fundamento. Es necesario recordar que la China tiene un PBI que solo un tercio del de la Unión europea, a pesar de tener una población que es dos veces y media la europea. Quién aspire al crecimiento solo puede buscarlo en el mercado interno. Pero esta hipótesis es totalmente rechazada.

Aún menos se quiere abordar el rumbo, por parte de los nuevos dueños del barco, de aquella otra hipótesis de salida de la crisis, más orgánica y más radicalmente innovadora que es poner directamente en tela de juicio el nuevo modelo de desarrollo y que consistiría por un lado en la desfinanciarización de la economía y por el otro debería saber devolver al bienestar de la población y a la calidad social el crecimiento innecesario.

La primera requeriría un verdadero enfrentamiento con la renta y con los movimientos de capitales para imponer, en primer término, el reconocimiento de sus costos monetarios con relación a las condiciones sociales y ambientales y la consiguiente construcción de diques que los impidan; eso exigiría una regulación , a partir de la tasación impositiva de las transacciones financieras y los movimientos de capital y hasta la reducción de las tasas de rendimiento que hoy en día la especulación multiplica con relación a las mismas ganancias. Para la segunda, solo para destacar su carácter radicalmente reformista, baste recordar su necesaria incorporación de los bienes comunes y de las relaciones basadas en el nuevo rumbo que se debería emprender. Pero si también desarmar las finanzas forma parte de este nuevo rumbo, requeriría también retomar el problema de la soberanía monetaria hasta redescubrir el uso de monedas locales complementarias que pongan de relieve la autonomía real del ente local. Mientras que la parte central del nuevo rumbo se relacionaría con la reducción de los horarios laborales individuales y su redistribución.

Basten estas señales para comprender por qué la burguesía, y los partidos de la burguesía, rechazan hasta experimentar este segundo camino. Para comprender en vez, las razones de la oposición a la primera hipótesis anti recesiva, es decir la de la reforma interna del actual modelo, es necesario entender hasta el fondo el carácter regresivo hasta en el terreno cultural y de la teoría económica, de la elección de convertir al trabajo como variable dependiente de la productividad y de la competitividad, en lugar de considerarlo un sujeto protagonista de la vida social y de la economía.

Esta última crisis se ha desarrollado alrededor de las deudas soberanas. ¡Cuánto se expresa según las palabras! Antes se llamaba deuda pública. Se han comenzado a llamar soberanas cuando han perdido toda autonomía frente a la potencia, al arbitrio y a la arrogancia de los mercados financieros. Hasta hace unos años las políticas restrictivas se fijaban esencialmente por el déficit público, concentrándose en la necesidad de reducirlo para sanear las economías nacionales, enfermas y contagiosas. Hasta Maastrich con la («estúpida») severa norma del regreso obligatorio a menos un 3% se había dejado relativamente de lado el peso de la deuda de los efectos del riesgo de la crisis.

La acusación a la deuda pública por parte del capital financiero ha sido recientemente planteada, repentina y absolutamente. A partir de los países más expuestos al riesgo del default los gobiernos se alinearon otras este nuevo credo, hasta la llegada de Obama. Aquella fue considerada una especie de última esperanza de la política existente en occidente y también la del centro izquierda, que ha cedido de repente frente al chantaje conservador, aceptando lo que bajo aquella presión no se debería haber aceptado, es decir que el bienestar es la causa de la crisis

Todos los gobiernos europeos adoptaron la misma terapia. Si el bienestar y el poder contractual de los trabajadores son el obstáculo a la competitividad no queda otra que cortarlos. Hasta los tiempos de hacerlo y la cantidad de recortes salen como de una calculadora, una calculadora con mayúscula. Las teclas en Europa se hallan comandadas por el BCE, (Banco Central Europeo) el eje franco-alemán y si se quiere ser impersonal por los mercados financieros.

Escuchemos a Mario Monti:» las principales decisiones han sido tomadas por un «gobierno técnico supranacional» y se podría agregar «mercantilista», con sedes dispersas en Bruselas, Frankfurt, Berlín, Londres y Nueva York» Es lo que Monti llama refiriéndose a una tradición del Medioevo italiano, el «podestá»(1) extranjero. Otros analistas muy reconocidos como Eugenio Scalfari refiriéndose al mismo fenómeno lo han llamado «commisariamento»

He citado a diferentes exponentes del pensamiento liberal democrático para mostrar cómo y desde qué punto de vista, no solo del de clase, es evidente la muerte o por lo menos la supresión de la democracia. Se debe además agregar la existencia de un manifiesto doblez en los mayores exponentes del pensamiento liberal contemporáneo con relación al tema democrático. Ahora se les puede enrostrar la misma crítica que ellos hicieron a los comunistas.

La suspensión de la democracia en los regímenes capitalistas de la Europa actual ha sido correctamente comprobada pero no denunciada: de modo que se justifica en nombre de una razón considerada superior, el saneamiento de la economía. Solo que la excepción se transforma en regla a través de un complejo y articulado proceso si bien no exento de coherencia interna de neta inspiración neo-autoritaria. En Italia, el «podestá» extranjero primero, para usar un eufemismo, inspira la maniobra de retroceso y dicta la velocidad con que se debe actuar.

Luego, acordado el núcleo duro, fuera del marco democrático y de la soberanía, se lo viste con ropaje político que en presencia del gobierno de Berlusconi, sea el que esté más próximo a hacer coincidir el área gubernamental con toda la representación parlamentaria: decidir actuar, sin embargo, la maniobra en cierto tiempo, aceptando el marco general equivale a compartir la acción y a considerar los diferentes contenidos que no puedan soportar, en cada caso, los objetivos de su rechazo.

El presidente de la República, única autoridad político-institucional del País reconocido como tal, confecciona el ropaje político con que será revestida la operación económica. La idea de gobernabilidad todavía se mantiene en el fondo. La etapa sucesiva, la última maniobra ha completado la disposición sin soberanía: ha develado íntegramente du carácter de clase, en particular con el recorte a los servicios sociales y sobre todo yendo al corazón de la cuestión, con ataque a los derechos del poder contractual de los trabajadores, orgánico, sistemático y si se puede usar este término en las relaciones sociales, definitivo.

Parecería contradictorio con esta salida, el documento suscripto hace poco por los sectores sociales y sin embargo esta percepción es solo la proyección de nuevo ciclo de la memoria de las relaciones sociales que caracterizaban al ciclo precedente, es decir la existencia en él del problema de la autonomía del sindicato de los patrones, del gobierno y de los partidos.

La nueva era no tolera (¿no concibe?) la autonomía, menos aún la sindical. Sin la democracia de los trabajadores, sin el progresivo reconocimiento de la conflictividad social, sin una ideal dual de las relaciones sociales y de la naturaleza del contrato, el pacto social se transforma en la cooptación del sindicato en el sistema de poder y en el marco económico social del mecanismo de acumulación capitalista. Y ese fue el sentido del acuerdo entre gobierno y sindicatos del pasado 28 de junio.

Otra bisagra entre sociedad civil e instituciones, entre economía y sociedad, otro escenario para la democracia real que de este modo se destruye. El recinto amplia sus límites incluyendo otro fragmento de la representatividad e contemporáneamente profundiza la brecha que separa lo de adentro con lo de afuera. Los cuerpos intermedios son un objetivo neurálgico del desarrollo autoritario.

Si por un lado se coopta al sindicato mientras por otro se profundiza la consideración del trabajo como una mercancía, los organismos locales con el recorte de las transferencias del estado son empujados a convertirse en primera instancia como la contraparte del descontento y de la bronca del pueblo a quién en nombre del equilibrio se le niegue lo que ya disponía en concepto de tutelas sociales, ejercicio de sus derechos, apoyo y cobertura de salud, sacándoles lo esencial para su vida civil. Se convertirían no ya en lugares de autonomía local, sino en procónsules de un gobierno central a su vez procónsull de un gobierno supranacional, uno y otro liberados ahora del problema del consenso es decir de lo esencial de la democracia.

Los decretos de mediados de agosto confirman explícitamente el paso del estado de excepción (el riesgo de que se precipite la crisis financiera del Estado) al regular de un estado sin soberanía ni democracia, nada menos que a través de la modificación de la Constitución. Lo ha entendido bien Rino Formica que escribió: «Los constituyentes le asignaron a los partidos políticos el papel de cuerpo intermedio entre el Estado y los ciudadanos y de parte del Estado democrático porque era doble el ejercicio de la soberanía del pueblo: en los partidos para renovar el Estado (art. 49) y en el Estado para construir una sociedad tendiente a lograr la igualdad (art. 3). Los Constituyentes fueron explícitos al indicar una elección contrastante con la tradición liberal»

De modo que no puede menos que resultar evidente el verdadero trastrocamiento de la filosofía de la Constitución republicana con la auspiciada introducción de un vínculo externo capaz de impedir alcanzar la realización de la tarea que le asignara la constitución de la República en uno de sus artículos fundamentales, el artículo 3 Tiene razón Formica cuando concluye: «Con un decreto se menciona cuatro veces » en espera de la revisión constitucional» sobre cuatro puntos básicos de la Constitución: art.81 (soberanía parlamentaria sobre el balance), art 41 (democracia economía) y los artículos relativos a la composición de la Cámara y a la composición del gobierno de las autonomías locales territoriales. Es necesario volver al colonialismo para encontrar cambios constitucionales logrados mediante intervenciones externas»

Aquí el vínculo externo. Usado ayer (Maastricht) para desgastar las conquistas sociales y redimensionar el estado social con la absolutización de la reducción del déficit; hoy para hacer tabla rasa de toda las historia política y social, democracia incluida, con el dogma de la nivelación del balance. Una nueva ideología burguesa es convocada para presidir el recinto. Quién está dentro está dentro, quién está fuera está fuera de la política corriente.

El complemento se produce a través de una operación cultural con la que son demonizados los movimientos.

La discriminante situación recuerda todas las formas de la cultura de la opresión, especialmente aquella que pretende dividir a los trabajadores y a los sindicatos en constructores y destructores. Hoy en día no los miembros de un partido o de un sindicato (aunque también puede tocarle a ellos), no los intelectuales críticos, como sucedía en los EE.UU. en los años de las «listas negras» o como sucedió en la Fiat de Valletta, sino los movimientos, el conflicto lo provocan los que son considerados los destructores. La consecuencia es directa y devastadora hasta sobre las fuerzas políticas: solo quién deja los movimientos es admitido en la esfera de la política reconocida.

Para la construcción del recinto también sirven los símbolos, que pueden llegar a convertirse en ladrillos particularmente pesados. Para golpear a fondo a una historia es necesario erradicarla, es necesario hasta borrar la memoria de sus raíces, mucho más si fueron profundas y fuertes, como para poder volver a regenerarse. La idea de borrar por decreto la fiesta del 1º de mayo y del 25 de abril no es solo un insolente desafío: es un pedazo de una estrategia de anonadamiento de una política subjetiva, la del movimiento obrero.

Frente a este enorme y violento desafío hemos pensado: solo queda esperar que la réplica esté a la altura. Ustedes quitarnos la fiesta del trabajo para quitarla y nosotros la retomamos, volviendo a sus orígenes con la huelga de todos y de todas. Una huelga general el 1º de mayo para resistir y existir, contra el muro. El hecho es que en este punto como en cualquier otra execrabilidad, el gobierno debió desmentirse no logra el engaño. El proceso avanza, cava fosos, levanta muros divisorios; coopta y excluye. Si vive el recinto muere la política autónoma; si gobierna el recinto muere definitivamente la izquierda política.

El recinto hace su juego demoledor de la democracia, de la sociedad y de la calidad de vida, mientras reduce la política a la servidumbre. De modo que romper el recinto es absolutamente necesario.

Los aires de revuelta y el movimiento que los respira

Pero la tarea de destruir el recinto no solo es necesaria sino también posible. En el número anterior de la revista habíamos realizado una investigación sobre la dinámica de los movimientos, leyéndola la vi respirar los aires de la revuelta. Ninguna pretensión de reducirla a una unidad inexistente inspiró aquella investigación, sino el intento de comprender, si entre historias tan distintas por su ubicación geográfica, por formas, por problemáticas, por las características de sus protagonistas, por las causas que motivaron la movida, para encontrar un posible hilo, aunque débil, que las uniera. Creímos haberlo encontrado en los que por aproximación llamamos el aire de la revuelta. El Mediterráneo es y continuará siendo el teatro; un teatro que de varios modos involucra a toda Europa.

La oposición de los movimientos al orden existente; su movida y su indignación contra la desigualdad y la arrogancia del poder; la democracia y como se practica; su objetivo es crear un nuevo orden democrático basado en la participación y capaz de reducir la división entre gobernantes y gobernados. Esto es lo que se llama el aire de la revuelta porque el movimiento que la respira no puede ser representado, ni circunscribible en un objetivo parcial e inmediato.

No está contra la negociación, pero comprende que en esta fase el poder niega comprometerse sistemáticamente. La mesa, de confrontación entre el movimiento y el gobierno, en este marco se activa efectivamente para cooptar a los representantes y dividirlos- Quién gobierna hoy en día ha eludido la materia misma del compromiso. Proponerse hacer estallar el sitio es por lo tanto una prueba de lúcido realismo. Aunque si bien es difícil que sea culturalmente aceptada, debido a su base histórica se ha verificado que la práctica de la contratación ha sido la más eficaz praxis de cambio y de participación conflictiva ejercida por los oprimidos. El diálogo entre las diversas culturas críticas es lo que podemos y debemos saber hacer.

Donde haya un espacio que el conflicto pueda ganar para reanimar una contratación que pueda a su vez reabrir la concreta posibilidad de una conquista social, democrática tiene que ser sostenido a fondo aún con el viento en contra. Donde el viento sople abriendo nuevos caminos con verdaderos movimientos de revuelta, de insubordinación e las masas, pacíficos y no violentos o de ocupación de espacios que puedan convertirse para actividades extramercantiles, en prácticas de liberación, y en hacer vivir los bienes comunes, se encuentra la mayor comprensión y de convergencia en torno a las nuevas prácticas sociales. La zona roja debe ser puesta en discusión en ambos lados. Los movimientos de esa estación pueden ser ayudados a hacerlo. Son sus mismas características las que lo indican.

Una importante contribución a su lectura, también por el perfil político-intelectual del autor, nos ha llegado de Alain Touraine. Recurramos a una larga cita de uno de sus escritos más recientes porque parece realmente significativa, a la luz de la naturaleza de la cátedra de que procede.

«Entre los movimientos surgidos en varios países europeos, el más importante es el de los indignados (…) su protesta no se dirige hacia la política de un gobierno sino contra los sistemas políticos en cuanto tales. Los jóvenes que manifiestan son sobre todo estudiantes apoyados por la mayoría de la población, se oponen a los partidos, y especialmente a los de izquierda, que a sus ojos ya no representan a la opinión pública y que por lo tanto vacían la democracia de todo significado (…) Lo que ponen en discusión es sobre todo el principio de la democracia representativa clásica de la vida política europea, que las reivindicaciones y las protestas sociales y culturales surgidas de los grupos sociales encuentran una expresión más o menos completa en los partidos políticos; y rechazan ver en esos políticos a representantes de los intereses populares y de los conflictos sociales. Como prueba, baste constatar que los sindicatos son considerados de igual modo que los partidos políticos (…) Se puede comenzar a comprender mejor la naturaleza y la importancia de estos movimientos viendo en ellos la revuelta de una juventud que se siente privada de su propia condición de ciudadana por obra de los políticos, y en particular de la izquierda – los que a su vez se sienten castigaos por una lógica económica irresistible por ser global (…) esta crisis de la política pone en discusión a los partidos de izquierda, que por definición se consideran defensores de los derechos y de la libertad de la población. Más allá del problema , sin embargo gravísimo , de los altos niveles de desocupación juvenil, no consideramos más los conflictos económicos y sociales que las contradicciones entre los derechos humanos fundamentales y la violencia del predominio de la ganancia capitalista por encima de cualquier otro fin social (…) en Italia, en España, el sentido general de la sublevación es el mismo- Y además está muy cerca de las revueltas tunecinas y egipcias contra la destrucción de la vida política por los dictadores, por sus familias y por los ambientes corruptos más directamente ligados al poder autoritario (…) Una solución democrática solo puede proceder de una separación no solo aceptada sino querida entre el movimiento popular y las fuerzas políticas reconstruidas. Cuanto más sea fuerza de liberación un movimiento tanto mayores son sus posibilidades de hacer renacer la democracia política. Su debilidad en el plano propiamente político lo protege de una regreso del mismo poder hegemónico que ha combatido»

La amplitud del frente de lucha se halla en continua expansión y se extiende a cada vez más países. Es particularmente significativa tal vez sin precedentes, a la movilización en Israel, en donde la protesta contra el aumento del costo de vida se ha convertido en un movimiento capaz de reunir a más de 300 mil personas en agosto, en Tel Aviv y que prosiguió luego involucrando a las ciudades periféricas en general ajenas a experiencias de este tipo. La referencia también específicamente adoptada ha sido la de los «indignados»- Los observadores lo han definido como un movimiento en potente crecimiento que por el momento tiene el poder de decir «No», de no aceptar las soluciones políticas tradicionales, lo que lo protege de las divisiones internas. Según un sondeo reciente el 88% de los israelíes apoya la contestación y el 53% está dispuesto a participar en las manifestaciones.

En el Norte la movida ha sacudido a Londres. Una historia todavía diferente, más parecida en sus formas a los motines que en 2005 incendiaron los barrios de París. Aquí es cierto, la violencia ha caracterizado al movimiento rebelde pero su lectura no dejarse influir unilateralmente por ella, que a su vez debe ser bien comprendida (no compartida) en sus raíces.

Ha escrito Tony Trevers, un estudioso de la London school of economics que: «Reducir todo a un hecho criminal es equivocado. Deberemos comprender mejor que es lo que está sucediendo, pero no se puede olvidar que todos los protagonistas de los asaltos son jóvenes pobres de las periferias. Rompen las vidrieras, incendia negocios y edificios, son violentos porque sintiéndose rechazados, desafían a la autoridad» Dominique Moisi, editorialista del Financial times agrega que el motor de los movimientos son «las pulsiones hihilistas de algunos excluidos en torno a los cuales se coaugulan las insatisfacciones de muchos. Los violentos ingleses están apoyados por muchos jóvenes que sin compartir la violencia, la entienden. Los sacrificios requeridos en tiempos de crisis se traducen en violenta si no son requeridos a toda la sociedad»

Laurent Mucchielli, autor de «Quando les banlieues brucchiano» (Cuando los suburbios se incendian) un estudioso que ha investigado sobre el carácter espontáneo de las revueltas, ha descripto así las formas organizativas de la lucha: «los rebeldes son como un ejército. Está la primera línea, la de los desesperados que no tienen nada que perder, son los que se animan a los peores riesgos. Hay luego una segunda línea, la mayor parte de la juventud que los apoya. Y otra tercera línea que estimula a las dos desde las ventanas. Las tres líneas se hallan vinculadas por un sentimiento de injusticia y de exclusión no solo experimentado por los hombres y solo por ellos. En efecto los revoltosos que fueron detenidos han dicho que se sentían el brazo armado de una comunidad mucho mayor» Mucchielli analiza también las razones internas que terminan con la revuelta violenta por el hecho de que la «población» que también ha sostenido a los rebeldes, decide que los daños ya son demasiado y que los barrios pobres ya bastante degradados, han quedado peor». Un hermoso desafío para una práctica de la no violencia que sepa asumir la revuelta como un terreno real y necesario de la contestación social en esta fase histórica.

La revuelta tiene mil caras diferentes, por eso queremos captar el aire, las condiciones ambientales que la favorecen, los resortes que la generan, el horizonte y el sentido de la política que podemos ganar. Por ahora entre nosotros el aire de la revuelta ha tomado el camino de la articulación de los movimientos. La herencia del caso italiano, su historia de contratación social y de articulación de los conflictos deja un saldo que trabaja en el fondo de la sociedad como una memoria que aflora, hasta después que la historia ha girado hacia otro lado.

Además del descontento la rabia social, aunque algo difusa, no sabe como en otros países europeos, zonas, territorios, en los que se concentra la exclusión y la dominación hasta conformar un depósito pronto a explotar. Tal vez no carezca de influencia el hecho de que exista en Italia cierta fuente de solidaridad social, todavía no aniquilada, en la familia y en ciertas relaciones de la comunidad. Todavía el panorama de conflictos, protestas, luchas y participación que ha hecho decir que en nuestro país hay aires de revuelta, está abierto. El poder no ha logrado erradicar el resorte del conflicto que emerge al acercarse el otoño. Tiene especial significado que sea la Fiom (N. de T.: Federación de Empleados y Obreros metalúrgicos) la que da vida a las primeras movilizaciones.

La puesta en marcha de la lucha contra el núcleo duro de los decretos de agosto, es decir la agresión al trabajo, ha sido un acto en sí mismo comprometedor que también ha tenido el mérito de no consentir la plena adhesión de todo el sindicalismo confederal al pacto social. La Cgil (N.de T.: Confederación Italiana del Trabajo) requerida por una presencia crítica, la de una fuerza sindical autónoma ha visto ante sí su gran contradicción. La convocatoria a una huelga general ha sido la expresión más fuerte de esta toma de conciencia que ha representado en los límites del recinto a su polo no pacificado.

Es una grieta muy importante la que se ha abierto con la convocatoria a una huelga general proclamada por la Cgil y que se convirtió también en la ocasión para una simultánea convocatoria a la huelga por parte de los sindicatos extraconfederados) una grieta dentro del proceso de cooptación del recinto gubernativo, de todas las grandes fuerzas organizadas políticas y sociales. Es una interesante manifestación de cierta inestabilidad existente en la construcción neoautoritaria. Se trata de una inestabilidad interna puesta a prueba, ya sea para incentivar la participación de las masas en la lucha o ya sea, como ya sucedió anteriormente, para que después de la huelga todo no vuelva a ser como antes. El riesgo es bastante grande.

En cualquier caso, la espina en el costado de la FIOM actúa eficazmente porque el sindicato metalmecánico es ya parte constitutiva del archipiélago de los movimientos que han caracterizado a la estación política que ha hecho hablar de un cambio del viento. También se vio en las jornadas de Génova, la amplitud del área que representaba allí la difusión de los movimientos que existen en el país. Se ha visto también la necesidad de continuidad que surge en el interior de estos movimientos; la exigencia de darles una estructuración que pueda favorecer su mantenimiento y el desarrollo de las movilizaciones, desde las mujeres hasta «Il popolo viola» (2)

El frente de los bienes comunes es ya una amplia realidad dinámica, dentro de la que crecen experiencias y comprometedoras elaboraciones, en que se exploran nuevos terrenos de lucha, mientras otras citas se vuelven indispensables de decretos gubernamentales y por la presión sobre los entes locales.

Las personas que han nacido y crecido junto a la difusión de la precariedad y han sabido concebir nuevas formas de lucha y de organización constituyen en el plano social un fuerte puntal para la posible radicalización y ampliación del conflicto. La reanudación de las clases constituirá una oportunidad para el desarrollo del protagonismo de las nuevas generaciones y que han estado en los meses pasados y lo están en todo el continente tras el arrastre de las luchas y de las revueltas.

Por lo tanto fuera del recinto, hay tantas cosas y en eso descansa ahora la posibilidad de ver renacer una política autónoma, crítica frente a un sistema que sacrifica la democracia y el compromiso social a su supervivencia. Con mayor razón cuando se evidencias grietas en la construcción del régimen, hay que estar bien advertido sobre lo que es esta realidad, es decir lo que hoy vive fuera del recinto, esa es la novedad de esta etapa.

Al mismo tiempo es necesario saber leer, sin presunciones ni sabihondeces, cuales son las limitaciones y lo inadecuado de los movimientos en esta etapa. Génova, cuya utilidad está confirmada, ha sido el espejo. Las conexiones y las vinculaciones entre los diferentes movimientos son muy débiles e inciertas; el tema de la relación entre trabajo, libertad y democracia, con todo su bagaje de dramaticidad y de nueva frontera , resulta demasiado fuera de foco, especialmente en su aspecto general, de sociedad; la necesaria dimensión euro-mediterránea del conflicto todavía no ha sido suficientemente investigada ni puesta en práctica; las reflexiones sobre las formas de lucha, sobre las que esta estación ha sido tan rica en elaboraciones y experiencias, es todavía demasiado ocasional. Quisiera recordar que en otras y totalmente diferentes etapas de lucha, aún cuando esas eran tan extendidas, fuertes y radicales como para ser vencedoras, la reflexión interna sobre sus límites constituía un trabajo político necesario, no un modo para reducir el alcance y las perspectivas. Figúrense ahora.

Hacer saltar el tablero, abrir un nuevo camino a la democracia

El aire de la revuelta es el recurso actual para no sucumbir. La intuición que la caracteriza responde a una precisa lectura de la fase en Europa. Responde a un juicio sobre las respuestas que las clases dirigentes europeas están dando a la crisis del capitalismo financiero globalizado: la mesa de las decisiones sobre la que se han asumido ha demolido la democracia y negado todo significativo espacio de compromiso social y de negociación; por lo tanto esa mesa debe ser destruida, para que se pueda abrir un nuevo camino a la democracia de la política y de organización de la sociedad.

En Italia dos movimientos van en direcciones opuestas. Por un lado el proceso político institucional que acompaña acríticamente la gran reestructuración capitalista; por el otro los movimientos de lucha y de movilización que, excluidos de esta construcción neoautoritaria, se le oponen y la rechazan. Separando los dos movimientos se halla la construcción del recinto al que hemos aludido, que reduce la política a una actividad servil.

La salida de escena de la izquierda se resume en su incapacidad de romper el recinto hasta el punto de ni siquiera verlo. En el golpe blanco de agosto, no ha sabido decir «No» a la maniobra. Haber aceptado discutir los contenidos, aunque fuere para criticarlos, dentro de su marco (que es pues su filosofía, es decir su inspiración de fondo) y de los tiempos para su aprobación dictados por la oligarquía gobernante ha hecho de la izquierda un desaparecido, un ente casi inútil (otros por composición social, por interés y por cultura económica y política se han adecuado a cumplir esa función mucho más eficazmente, comenzando por los grandes burgueses).

Todo discurso político autónomo debería haber comenzado con el famosos «Preferiría que NO» de Bartleby. Un irreductible «no» un planteo de política económica fundado en la idea de que el estado de bienestar y el poder de contratación de los trabajadores son la causa de la deuda pública y del déficit de competitividad de nuestra economía. Aceptar la soberanía del vínculo externo equivale a la aceptación de la eutanasia de la izquierda y la aceptación de su instalación dentro del recinto… si la tarea es lo que es la destrucción del recinto, no se puede apoyar en la oposición al vínculo externo de un vínculo interno (recordar la lección de Claudio Napoleoni) sobre su asunción en las fuentes de la regeneración de la autonomía de la política y de la izquierda.

Y el vínculo interno, además, es lo que invocan más o menos explícitamente y conscientemente, todos los movimientos actuales: una gran redistribución de las ganancias a favor del salario en todas las formas imaginables, directo, indirecto y diferido para los que trabajan y social para quién no trabaja; la construcción de un sistema de derechos exigibles dirigidos al pleno desarrollo de la persona humana en una ciudadanía universal respetuosa de las diferencias, la defensa y la valorización de la naturaleza hasta configurarla como levadura de una relación diferentes entre naturaleza, producción, consumo e investigación; la puesta en discusión de la actual relación entre tiempo de vida y tiempo de trabajo. Hemos señalado así solo algunos de los campos en los que puede construirse el vínculo interno.

Abrir una radical lucha política y cultural para que sea posiblemente asumida y sea fundamento de un nuevo camino se ha vuelto impostergable. Se trataría de acompañar con esta investigación a los movimientos que respiran el aire de la revuelta, la cual es la única que a su vez puede alimentar la ruptura de la que pueda nacer un pensamiento crítico basado en la experiencia social, un proceso de transformación y la resurrección de la izquierda. La destrucción del recinto es hoy la primera condición, la democracia su llave maestra.

Este artículo es el editorial del número del 29 de setiembre de «Alternative per il socialsmo»

Notas

  1. El «podestá» era el primer magistrado de las ciudades del centro y norte de Italia.

  2. «Il Popolo Viola» es un movimiento de activismo político nacido de una convocatoria a través de Facebook por iniciativa de un grupo de bloogers.

  3. No Tav: Resistencia desde abajo. El movimiento «No Tav» condensa la necesidad histórica de establecer una jornada para hablar no únicamente del «No Tav», sino que dentro del gran «No» estuviera también la prerrogativa de cambiar el ciclo sistémico de crisis, ganancia, corrupción y falsa representatividad.

Fuente: www.ilmanifesto.it