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La política de pactos marca el nacimiento de la Confederación Sindical Internacional

Las centrales de concertación se fusionan

Fuentes: Diagonal

Tanto la CIOSL como la CMT se originaron para combatir la influencia comunista en el movimiento obrero. La CIOSL respaldó el papel de la Central de Trabajadores Venezolanos en el golpe de Estado de 2002 contra el Gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. La nueva confederación nace impulsada por las cúpulas de la CIOSL y […]

Tanto la CIOSL como la CMT se originaron para combatir la influencia comunista en el movimiento obrero. La CIOSL respaldó el papel de la Central de Trabajadores Venezolanos en el golpe de Estado de 2002 contra el Gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. La nueva confederación nace impulsada por las cúpulas de la CIOSL y la CMT para contrarrestar la pérdida de influencia de sus afiliados ante el empuje de los movimientos globales

La nueva agrupación de sindicatos de todo el planeta dice contar con 180 millones de afiliados en 300 organizaciones que funcionan en 170 estados. Como se puede deducir, se trata de unas cifras espectaculares, si bien habría que matizar su alcance real. Pese a ello, hay que reconocer la importancia del hecho, dado además que a la suma de las autodisueltas CIOSL (socialdemócrata) y CMT (cristiana), se debe añadir la incorporación de la CGT de Francia, la CTA de Argentina o la TUC-N de Nigeria, hasta ahora no afiliadas a ninguna internacional.

Los impulsores de la operación han centrado su objetivo en la necesidad de aunar fuerzas para hacer frente al fenómeno de la globalización económica, lo que otorga un toque progresista a una maniobra diseñada desde las cúpulas de la CIOSL y la CMT, llevada en estricto secreto desde hace varios años, y que pretende asegurar la subsistencia de una burocracia sindical internacional, bastante cuestionada por los éxitos de los distintos foros alternativos de base, en los que apenas han podido influir.

El modelo de sindicalismo de gestión que ha dominado durante décadas en ambas confederaciones ha oscilado entre la tibia crítica al capitalismo, especialmente en los países en desarrollo, equilibrada con una política de colaboración con el sistema en los países desarrollados y en una inexistente confrontación con los organismos mundiales que sostienen la globalización, como es el caso del FMI, el Banco Mundial y la OMC, y con las compañías transnacionales que están detrás de ellos. Una política de acompañamiento que parece ser la seña de identidad de la nueva confederación.

Orígenes anticomunistas
Esto es así por el propio origen de los actores de la fusión. La CMT procede de la originaria Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos (CSIC), fundada en La Haya en 1920 con un claro afán de combatir al socialismo triunfante tras la revolución de 1917 en Rusia. Entre sus señas de identidad se encontraba el rechazo a la lucha de clases y el anticomunismo. En cambio, la cooperación entre patronos y obreros era uno de sus principios fundamentales. Es cierto que a partir del congreso de Lieja de 1964 se muestra tímidamente a favor de reformas económicas progresistas, como las nacionalizaciones, y que en 1968, en Luxemburgo, deja de ser confesional y se proclama socialista autogestionaria, rechazando el capitalismo y el socialismo marxista a un tiempo. En el Estado español pertenecían a la CMT los sindicatos USO y ELA-STV.

Por su parte, los orígenes de la CIOSL se remontan a 1949, cuando se constituye en Bruselas como una escisión de la Federación Sindical Mundial (comunista), creada en 1945. Precisamente combatir el comunismo era uno de sus principios fundacionales, teniendo entre sus promotores a la francesa Fuerza Obrera y a la estadounidense AFLCIO.

Oscuros y recientes episodios, como su apoyo en 2002 a la golpista CTV venezolana, participante de las intrigas anti Chávez, o las continuas trabas a los sindicatos cubanos, pueden dar una idea de su trayectoria, más apegada a los poderes establecidos que a una lucha coherente contra la explotación económica capitalista. CC OO y UGT eran miembros integrantes de la CIOSL.

Esas posturas históricas han llevado al rechazo de la inscripción en la CSI de las confederaciones sindicales de China, Cuba o Vietnam, invalidando de esa forma el carácter plural y abierto que se ha querido vender por parte de sus impulsores. Pero lo más preocupante no es eso, sino la falta de liderazgo que arrastran tanto las precursoras (CMT y CIOSL) como la nueva confederación. Ante los avances de la globalización, la deslocalización empresarial, la precarización laboral, el trabajo infantil, la siniestralidad e insalubridad laboral o la discriminación de la mujer en el empleo, no se atisban esfuerzos ambiciosos para combatir esas lacras.

Internacionales obreras
El nacimiento de las internacionales obreras se produce en Londres en el año 1864 con la constitución de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), disuelta en 1875 tras las discrepancias surgidas entre las corrientes encabezadas por Karl Marx y Mijail Bakunin. Aquella organización pretendía directamente la revolución social, esto es, la emancipación de los trabajadores, y sus métodos y objetivos poco tenían que ver con los auspiciados ahora por la CSI.

Aquel sindicalismo representaba un movimiento radical de combate al sistema capitalista en su conjunto e intentaba construir una alternativa al mismo, rechazando cualquier colaboración de clase. Como afirma el sindicalista Dan Gallin, crítico ante la fusión: «Una internacional sindical digna de su nombre proclamaría con orgullo: representamos a la clase trabajadora mundial, representamos a la mayoría de la población mundial y estamos luchando para cambiar el orden social y económico para que el mundo sea un lugar adecuado para que puedan vivir los seres humanos. ¿Esto es demasiado radical? ¿Cuál es la alternativa?».

La evolución de la historia ha hecho que el sindicalismo, o al menos sus corrientes mayoritarias, se hayan deslizado hacia posturas economicistas, de contrapeso del capitalismo, incapaces de proponer alternativas coherentes al actual modelo social y económico. Es por ello que políticas de concertación, como las impulsadas desde la llamada Transición por las direcciones de Comisiones Obreras y UGT en el Estado español, se ven ahora avaladas en la constitución de la nueva confederación sindical mundial. Sería contradictorio que centrales que desarrollan a diario políticas de cogestión con patronales y gobiernos defendieran a nivel internacional planteamientos diferentes. Pero a un sindicalismo que no cuestiona la raíz de la explotación difícilmente se le puede calificar siquiera de progresista.