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Las consultoras multinacionales infiltradas en el poder político

Fuentes: Rebelión

Un nuevo sujeto o actor económico ha cobrado fuerza en el ámbito político sin pasar por las urnas. Uno más. Se trata de las consultoras empresariales, que han extendido su brazo hasta situarse en los resortes del poder a partir de su supuesto conocimiento técnico, lo cual encaja bien, aunque no haya sido tratado, en el concepto que acuñó John Kenneth Galbraith con la palabra tecnoestructura, entendida por él dentro del ámbito interno de la empresa. La influencia dentro de las grandes empresas (dentro del subsistema de planificación, siguiendo a Galbraith en su acertada caracterización del sistema económico desde la II G. M. hasta hoy), ganada por las consultoras externas, las convierten en actores relevantes en el ámbito de las empresas y la generación de una ideología productivista y economicista típica del modelo anglosajón de negocios, particularmente el de los Estados Unidos.

No voy a extenderme en la influencia que ejercen en el ámbito de la gran empresa privada, sino en la que ejercen en el poder político fruto de esa simbiosis entre éste y las grandes empresas y al crecimiento y oligopolio que han creado en el mundo las grandes consultoras multinacionales. En el trasfondo, los intereses de quienes se dedican a acumular capital, han conseguido penetrar la política ideológicamente, dando por sabias las prácticas de las consultoras que no hacen más que legitimar intereses con apariencia de eficiencia productiva. Para ello, nada mejor que aprovechar la reciente publicación del libro LES INFILTRÉS. Comment les cabinets de conseil ont pris le contrôle de l’État, escrito por Matthieu Aron y Caroline Michel-Aguirre (Allary Éditions, Paris, 2022). Libro francés, sin duda, enteramente referido a Francia, basado en periodismo de investigación de dos grandes reporteros en L’Obs(Le Nouvel Observateur es un semanario francés de actualidad), con varios libros publicados el primero y uno Caroline.

Quede avisado el lector de que las generalizaciones más allá de lo que atañe a Francia, son mías, que los autores se han circunscrito a presentar evidencias referidas sólo a Francia. Ellos muestran lo que han hecho las multinacionales de consultoría para infiltrarse en las instituciones de poder en Francia y cómo lo han hecho, desde el más alto nivel: los presidentes de la República francesa, sus Jefes de Gobierno y sus ministros, aprovechando y compartiendo el trampolín de los partidos políticos y de eso que en España denominamos “puertas giratorias”. Han penetrado diferentes ministerios haciéndose con suculentos proyectos e incluso influir en la propia configuración de las Administración Pública de la República Francesa, y lo hacen sin introducir ningún marco teórico (como he hecho yo en el primer párrafo), sin sistematización de conceptos, pues no era su pretensión, sino ofrecer al público datos e informaciones de contrataciones y vínculos personales. Para llevar a cabo la investigación, han entrevistado a una cincuentena de altos funcionarios, parlamentarios, ministros o antiguos ministros y a consultores “seniors” y “juniors”. De las dificultades para obtener la información contractual dan cuenta mencionando a la diputada Véronique Louwagie, de Les Republicaines, miembro de la Comisión de Finanzas y su perseverancia para obtener 47 contratos del ministerio de Sanidad, que beneficiaron a 7 grandes consultoras por 25 millones de euros.

Además de la introducción, sus once capítulos y la conclusión, contiene 48 notas (páginas 193 a 196) y un anexo con las mayores consultoras en el mundo según ellos, ofreciendo la lista con nombre, sede, año de creación, actividad, número de asalariados, distinguiendo los que lo son en Francia, así como la cifra de ventas. Agradecimientos e índice cierran el libro en la página 205. Su tesis principal es que, desde hace 20 años, las consultoras se han instalado en el corazón del Estado (francés, recordémoslo) y éste ha sido totalmente consentidor, hasta el punto de haber pagado su propia mengua, a modo de “suicidio asistido”, menospreciando a cuerpos de funcionarios del mayor nivel y reputación en el mundo y poniendo en peligro al propio Estado francés frente a los Estados Unidos a través de las consultoras multinacionales norteamericanas. Una lectura reposada, más allá de lo anecdótico, nos mueve a reflexionar sobre la calidad de quienes nos gobiernan: una corte de ganapanes titulados al servicio de las consultoras internacionales de origen mayoritariamente estadounidense, que crea el marco de una democracia aparente.

Consideran que el año uno de la ofensiva perpetrada por las grandes consultoras al corazón del Estado fue el 2006, cuando los principales cuadros del partido político UMP (Union pour un mouvement populaire), encargados de redactar el programa político, aceptaron participar en el brainstorming sugerido a Nicolás Sarkozy por la segunda mayor consultora americana después de McKinsey, el Boston Consulting Group (BCG). A partir de ahí van convenciendo a Presidentes, Jefes de Gobierno y ministros  para desarrollar lo que con Sarkozy se llamó “reforma del Estado”; Hollande, “modernización del Estado”, y Macron “transformación pública”, todas ellas orquestadas en estrecha colaboración con las grandes consultoras. (p. 42) Los autores nos mostrarán los vínculos cruzados entre los Presidentes, Primer ministro y ministros y el personal de las consultoras con que se inicia el contacto, también su coincidencia en las grandes escuelas en que se han formado e incluso con un think tank, el Institut Montaigne (en un 15%, financiado por las grandes consultoras, estando estas en la base del 20% de los trabajos publicados por el Instituto en un año, entre julio de 2019 y julio de 2020, lo cual incide en la homogeneización ideológica a través de esos informes).

Si bien abordan otros ámbitos ministeriales y de la Administración pública francesa, sanidad, educación, defensa y justicia, son ejemplos punzantes por su repercusión en los ciudadanos y por los nefastos efectos que han producido los infiltrados. Tomemos el ejemplo de la sanidad, por la preocupación que causa: Para los autores, el COVID 19 sirvió como espejo de aumento de las debilidades de los servicios públicos concomitante con el aumento de la consultoría con efecto de retroalimentación entre ambos. La ideología productivista de las consultoras se aúna con la obsesión de abaratamiento de los servicios al público, lo cual se consigue, sin duda, reduciéndolos, empeorándolos o privatizando, para que ejecuten esos recortes que hacen de los médicos un personal ajeno al paciente, al que se deben por su formación como médicos, sometidos ahora a una batería de indicadores a corto plazo que no toman  en consideración, por ejemplo, la velocidad de reingresos por una mala atención inicial.Y, como nos dicen los autores en la página 120: Agotados, mal pagados, poco considerados, los cuidadores huían del hospital, aumentando el personal administrativo (o sea, en funciones de “pegamento” y control, como se dice en gestión empresarial) en detrimento del personal médico. Entre los años 2000 y 2020, Francia perdió 80.000 camas hospitalarias, y, en el año 2021, el 20% de camas hospitalarias no podían utilizarse por falta de  personal, según mostró alarmado el presidente del Consejo científico, Jean-François Delfrasissy (p. 119). Consultores carentes de conocimientos específicos en sanidad, se encargan de vehicular una gestión empresarial de la que no se ha hecho prueba científica de su eficacia.

Que en aras de una digitalización no lograda en Francia, se dé acceso a los datos de los ciudadanos europeos a empresas de los Estados Unidos, y que incluso puedan conocer y almacenarlos en sus “nubes”, comprometiendo incluso datos de la Defensa nacional, es algo que debe hacernos meditar, sin entrar en los detalles franceses del asunto, la lectura del libro de Aron y Michel-Aguirre nos ayudará a establecer la comparación con lo que ha sucedido y sucede en España, los riesgos que implica apoyarse en estas consultoras, insistamos, sin control ciudadano, ni siquiera presupuestario, pues como bien nos indican los autores, en Francia se han hecho contratos en bloque, de los que después se pasan a contrataciones por los diversos ministerios, que, además, tampoco tienen por qué licitar cuando son inferiores a 40.000 euros. El libro deja ver claramente el potencial de dependencia de Estados Unidos en la que pueden incurrir los Estados europeos, que parece haberse materializado ya.

Fernando G. Jaén. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Profesor titular del Departamento de Economía y Empresa. Universidad de Vic-UCC.

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