Recomiendo:
0

Ventana al mundo desde Puerto Rico

Las movilizaciones populares en Brasil

Fuentes: Rebelión

Durante las pasadas semanas las principales ciudades de la República Federativa de Brasil se han convertido en ríos de manifestantes movilizándose por miles fundamentalmente en protestas contra el aumento en los precios del transporte público y en rechazo a los gastos extraordinarios incurridos por el gobierno brasileño en el desarrollo de dos eventos deportivos de […]


Durante las pasadas semanas las principales ciudades de la República Federativa de Brasil se han convertido en ríos de manifestantes movilizándose por miles fundamentalmente en protestas contra el aumento en los precios del transporte público y en rechazo a los gastos extraordinarios incurridos por el gobierno brasileño en el desarrollo de dos eventos deportivos de fútbol: la Copa Confederaciones y la Copa del Mundo a efectuarse en el año 2014.

Los aumentos en el transporte público que tanto han impactado a la población consisten de un incremento del equivalente a $1.50, lo que representa para millones de brasileños una tercera parte de su ingreso diario. Se estima que los gastos invertidos para el desarrollo de los dos eventos deportivos asciende a $15,000 millones mientras la población reclama que ese dinero debería invertirse en atender las grandes deficiencias que tiene el país en los renglones de salud y educación públicas.

Brasil es la quinta economía del mundo, sin embargo, su realidad refleja grandes asimetrías a la hora de examinar la distribución de la riqueza. Durante los pasados años los gobiernos de Inacio Lula Da Sila y de su actual presidenta, Dilma Rousseff, han hecho esfuerzos extraordinarios en procurar atender las necesidades más apremiantes de la población asociadas a la pobreza. De acuerdo con datos ofrecidos por las Naciones Unidas a través de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Brasil, con una población estimada en 200 millones de habitantes, redujo en la última década la pobreza de un 37.5% a un 20.9%. Se estima que tal reducción impacto favorablemente a 27 millones de personas. La pobreza extrema, por su parte, se redujo de 13.2% a 6.1%.

En los programas económicos para combatir la pobreza desarrollados por la presidenta Rousseff participan hoy 50 millones de brasileños lo que representa un incremento de un 60% con relación a los participantes al finalizar el gobierno de Lula en 2010. La tasa de desempleo hoy en Brasil es la más baja en su historia. A pesar de ello, la desigualdad, el ingreso, y el acceso a servicios públicos en la educación y la salud, por mencionar algunos, sigue siendo bandera de lucha en las aspiraciones sociales de la población.

Las movilizaciones desarrolladas de las cuales se estima ha participado más de un millón de personas, surgieron como resultado de una convocatoria en las redes sociales del ¨Movimiento por el Pase Libre¨ ante las primeras manifestaciones de aumento en los precios de los pasajes de diez centavos, los que continuaron incrementando hasta la suma de $1.50. En sus demandas iniciales, el movimiento MPL, conformado fundamentalmente por estudiantes, reclamaban como reivindicación el transporte gratuito. Se indica que desde aproximadamente el año 2005 no se observaban en Brasil manifestaciones tan masivas.

Aparenta ser una contradicción que el gobierno de Dilma Rousseff, que dadas sus grandes aportaciones al mejoramiento de las condiciones de vida el pueblo trabajador en Brasil contó en el inicio de su mandato con tanto apoyo y popularidad entre el pueblo brasileño, sea a su vez el causante de tan multitudinarias manifestaciones de protesta en las calles.

Sectores vinculados a la oligarquía brasileña, que no renuncian a su anterior control del Estado, se encuentran actualmente atrincherándose en esas movilizaciones para contribuir al descrédito de su gobierno, estimular el caos, promover las conductas antisociales dentro del desarrollo de las manifestaciones y si fuera posible, provocando las condiciones para lo que ha venido a llamarse un ¨golpe de estado blando¨. En algunas de las marchas loa agitadores infiltrados han promovido el desarrollo de la violencia contra instituciones y facilidades del gobierno central. Tal fue el caso de la ocupación parcial de le Cancillería, o los intentos para penetrar dentro de los predios del palacio de gobierno y otras dependencias gubernamentales. También han participado en actos de provocación y violencia sectores de la extrema derecha brasileña y sectores vinculados con el narcotráfico.

Algunas de estas manifestaciones han conllevado enfrentamientos violentos entre manifestantes y la Policía. En ellas han ocurrido varias muertes, principalmente como resultado de accidentes de vehículos que han impactado manifestantes y ciertamente, hay múltiples heridos y arrestados.

El Partido Comunista Brasileño, partido fundado en 1922 y que junto al Partido del Trabajo y el Partido Comunista de Brasil, configuraran parte de las fuerzas políticas principales de la izquierda brasileña, publicó el pasado 17 de junio una Declaración saludando en ¨forme militante al vigoroso movimiento surgido a partir de una manifestación den Sao Paulo contra el aumento de las tarifas de los autobuses urbanos.¨ Para ellos, el aumento en las tarifas fue la chispa de un movimiento que además de la protesta contra dicha medida, expresa su indignación contra el ¨desmantelamiento de la salud y la educación, las privatizaciones, la brutalidad policial, la corrupción, la injusta distribución de la renta, la inflación, la precarización del trabajo, la falta de perspectivas para la mayoría de los jóvenes, y sobre todo, el sentimiento de traición del gobierno y la farsa de la democracia burguesa.¨

En otra declaración, su Comité Central el día 23 de junio, indicó que en diez años de gobierno del PT, los trabajadores han sido llamados a intervenir de manera independiente y autónoma para alterar la correlación de fuerzas a favor de medidas de carácter popular y en defensa de sus derechos. Indican que el gobierno que dirige la presidenta Rousseff ha perdido el contacto con el pueblo, a la par que reafirman su línea estratégica socialista y sus señalamientos caracterizando el gobierno de la presidenta brasileña como uno de carácter reformista al servicio del capital.

Entre las organizaciones que también han dado su respaldo a las movilizaciones en Brasil se encuentra la Central de Trabajadores de Brasil, la cual en conjunto con otras organizaciones sindicales se ha manifestado a los fines de que la movilización del pueblo es un elemento indispensable para transformaciones sociales más profundas. Por su parte, el Partido del Trabajo de Brasil, pese a su relación directa con el gobierno de Rousseff, también ha hecho expresiones apoyando las movilizaciones populares.

De acuerdo con Emir Simao Sader, filósofo y político brasileño, algunas conclusiones que ya pueden adelantarse de la importancia que ha cobrado este movimiento, además de la victoria que representa haber detenido el incremento en los costos de los pasajes, es que ha demostrado que vale la pena movilizare y luchar. Nos indica que ¨el movimiento puso en discusión una cuestión esencial en la lucha contra el neoliberalismo, la polarización entre los intereses públicos y privados y el tema de quién debe financiar los costes de un servicio público esencial, que como tal, no debería estar sometido a los intereses de las empresas privadas, movidas por el lucro.¨ De hecho, como resultado de las movilizaciones, la presidenta Rousseff se ha comprometido a destinar la suma de $20,000 millones a mejorar el transporte público.

Otro elemento positivo de estas jornadas de movilización popular que el autor destaca es que el movimiento de protesta ha incorporado masivamente a los jóvenes entrando así a la vida política e incorporándolos a la ¨temática del significado de la juventud y de sus condiciones concretas de vida y de expectativas en el Brasil del siglo XXI.¨

Poco a poco, un movimiento que comenzó siendo visto como una amenaza y una provocación contra el gobierno, ha pasado a ser observado desde otra perspectiva, incluso por sectores del propio gobierno, cuando la propia presidenta primero accede a reunirse con representantes del Movimiento por el Pase Libre (MPL) y luego, más adelante, desde el palacio presidencial afirma: ¨Las calles nos están diciendo que quieren que el ciudadano, y no el poder económico, esté en primer lugar.¨ De ahí que Rousseff aproveche la situación para plantear la necesidad de reformar el poder político en Brasil. Para lograrlo propone convocar a un referéndum que autorice la elección de una Asamblea Constituyente para que sea mediante este método que se lleven a cabo las reformas políticas necesarias en el Siglo 21 en la estructuración del Estado.

En la edición electrónica del periódico El Universal de 25 de junio de 2013, se indica que las principales centrales sindicales de Brasil también acordaron llevar a cabo una jornada nacional de protestas y paralizaciones. Estas se llevarán a cabo el próximo 11 de julio, según indican, para ¨reforzar sus reivindicaciones ante el gobierno y para aprovechar las actuales manifestaciones que sacuden al país. La jornada, denominada como ¨Día Nacional de Lucha con Huelgas y Movilizaciones en todos los estados del país¨ incluyen a la CUT, Forca Sindical, Unión General de los Trabajadores, Coordinación Nacional de Luchas y la Central General de los Trabajadores Brasileños. De acuerdo con uno de los convocantes, si bien no se hace un llamado a la huelga general, se pretende incorporar las reclamaciones de los trabajadores a ¨las reclamaciones de la calle.¨

Como ocurre con otros movimientos de masas que han surgido de manera espontánea, hace falta un ingrediente esencial para que ésa protesta social tenga el potencial de transformarse en un verdadero movimiento revolucionario capaz de estremecer con fuerza y desplazar las estructuras capitalistas existentes en el país: una fuerza política organizada, con un proyecto político capaz de lograr un mejor aprovechamiento de la coyuntura en beneficio de los intereses del pueblo.

Si bien las actuales movilizaciones no contienen en estos momentos tal ingrediente, sería un grave y serio error para el gobierno prestar oídos sordos a las demandas que provienen del pueblo. También sería otro serio error ante la realidad de su desarrollo, no vincularse con ellas procurando imprimirles un contenido social y político más profundo. En las semanas siguientes se irá definiendo con mayor precisión el contenido y alcance de la protesta social y su impacto en la vida política futura de Brasil.

Esta semana, en Ventana al Mundo desde Puerto Rico, quien les habla, Alejandro Torres Rivera, junto al amigo, periodista y compañero Nelson del Castillo, discutiremos los más recientes sucesos ante las movilizaciones populares en la República Federativa de Brasil.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.