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Las siete columnas del poder internacional de Hugo Chávez (III y última)

Fuentes: Rebelión

6. «Patria Grande o Muerte», Irak y China La sangría del imperialismo estadounidense en Irak y la aparición de la nueva potencia mundial China en el patio trasero de Washington han sido una bonanza inesperada para los demiurgos de la integración bolivariana; casi comparable en sus efectos para América Latina, a la invasión napoleónica a […]

6. «Patria Grande o Muerte», Irak y China

La sangría del imperialismo estadounidense en Irak y la aparición de la nueva potencia mundial China en el patio trasero de Washington han sido una bonanza inesperada para los demiurgos de la integración bolivariana; casi comparable en sus efectos para América Latina, a la invasión napoleónica a España (1808): les ha dado nada menos que la posibilidad de iniciar la ofensiva estratégica contra la tiranía imperial.

Con admirable rapidez, Hugo Chávez y Fidel Castro entendieron lo decisivo de esta coyuntura y la están aprovechando al máximo, dentro de las condiciones objetivas en que se encuentra cada país. Cuba sigue con su tradicional postura de defensa estratégica, mientras Venezuela ha pasado a la ofensiva estratégica. Fidel defiende una plaza estratégica, defiende a Leningrado o Stalingrado. Chávez trata de conquistar las plazas del enemigo en su retaguardia. Dos mariscales de campo, una misma guerra.

Ambos frentes son de importancia trascendental, porque una derrota en cualquiera de ellos tendría consecuencias fatales para el otro. Sin embargo, en términos militares, el papel ofensivo es más arriesgado y, al mismo tiempo, es el decisivo. Por eso la dramática formulación de Chávez: «Unión o Muerte», que podemos traducir hoy a: «Patria Grande o Muerte».

Bush quería ganar el petróleo de Irak y por eso perdió, previsiblemente, a América Latina. Bajo el «paraguas» de la derrota en Irak y la intervención del dragón amarillo, la Patria Grande puede independizarse, tal como lo lograron Nicaragua, Angola, Mozambique y Guinea Bissao bajo el «paraguas» del heroico triunfo de Vietnam sobre la agresión militar gringa – el mal llamado «trauma de Vietnam».

A diferencia de la situación latinoamericana durante la invasión napoleónica a España, esta vez la Patria Grande está preparada para enfrentar la coyuntura. De tal manera que El Libertador seguramente se encuentra ocupado en este momento en la redacción de una nueva «Carta de Jamaica», llena de optimismo y contento de ver que se recupera la herencia de los próceres, secuestrada durante dos siglos por oligarquías antipatrias y plumíferos cortesanos.

7. La «transición de fase» de Hugo Chávez

La última columna de poder internacional de Hugo Chávez es él mismo. Con él ha pasado lo que los cristianos llaman «milagro», que la filosofía política del siglo XIX denominaba «salto cualitativo» y lo que la física moderna define como «transición de fase»: una serie de cambios microscopios en un sistema que en determinadas circunstancias generan un cambio macroscópico en su comportamiento.

En 1999, escribí en mi primer libro sobre el proceso bolivariano que: «Hugo Chávez razona de manera secuenciada y didáctica… En este sentido, su forma de pensar es semejante al del gran revolucionario-intelectual Fidel Castro.» Ese potencial diagnosticado en 1999 se ha convertido ya en realidad: en una propiedad emergente que permite que el Presidente se mueva con absoluta seguridad entre cualquier audiencia en la cual participe.

Habiéndose convertido en un extraordinario comunicador y brillante polemista no significa, sin embargo, que esas cualidades se hayan logrado transferir al aparato de información y propaganda del gobierno, tal como el mismo Presidente reconoció en una crítica extremadamente severa el 12 de noviembre, 2004 a las «redes de comunicación y enlace» de la Presidencia, situada en el Palacio de Miraflores.

De hecho, pese a importantes avances, el aparato mediático gubernamental sigue mostrando considerables debilidades estructurales, tal como se muestra actualmente en la defensa mediática contra la agresión de Bush-Rice. Entre esas deficiencias se encuentran tres que son significativas.

1. Por la reacción mecánica a toda provocación ideológica de Washington y sus lacayos, parece evidente que no existe un plan maestro mediático inteligente para neutralizar la ofensiva de guerra psicológica de Washington.

2. La fragmentación de las respuestas a las provocaciones indica que tampoco hay un equipo orgánico o una clara delimitación de las funciones en esta guerra mediática. Diferentes funcionarios declaran ante CNN sobre la agresión de Washington y sus planes de magnicidio, con discursos divergentes y con diferente talento. Hay ministros que están a la altura de la tarea y otros, muy jóvenes, que no dan la talla para ese tipo de batallas. El resultado de esta fragmentación es, que después de las declaraciones habitualmente fuertes del Presidente, se proyecta ante la opinión pública mundial la impresión de que hay confusión y debilidad en el equipo gubernamental cuando es encarado directamente por los medios imperiales.

3. Una solución orgánica y sencilla a ese problema, utilizada por todos los gobiernos modernos e inclusive, el Vaticano, es la institución de un vocero de la Presidencia que dependa directamente del Presidente. Esa institución le daría al Presidente el espacio necesario para reafirmar cotidianamente su política; distanciarse, cuando sea necesario, de determinadas declaraciones de funcionarios y liberarse de la carga cotidiana de estar en comunicación con los medios.

En Venezuela hay un joven periodista que tiene el perfil idóneo para esa tarea. Se llama Ernesto Villegas. Valdría la pena crear la institución y darle una oportunidad para demostrar que a Washington se le puede derrotar aún en su propio campo.

Podría fundarse, de esta manera, una octava columna del poder internacional del Comandante Hugo Chávez.

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