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Los bancos centrales en el centro de la escena

Fuentes: Revista Debate

La política monetaria es a la economía, lo que la mecánica cuántica a la física. Es una de las áreas de estudio más prolíficas académicamente, pero la más lejana a la comprensión del público general. Numerosos trabajos teóricos determinaron una vinculación directa entre emisión monetaria e inflación, aunque esta relación no siempre se da en […]

La política monetaria es a la economía, lo que la mecánica cuántica a la física. Es una de las áreas de estudio más prolíficas académicamente, pero la más lejana a la comprensión del público general. Numerosos trabajos teóricos determinaron una vinculación directa entre emisión monetaria e inflación, aunque esta relación no siempre se da en la misma magnitud, sobre todo en situaciones en las que hay alta desocupación de los factores productivos. En este contexto, a partir de la crisis de las hipotecas subprime de 2008, los Bancos Centrales (BC) del mundo desarrollado llevaron a cabo acciones en esta área impensadas por su intervencionismo y heterodoxia y, sin embargo, su impacto inflacionario fue bien acotado, si no inexistente. También resulta acotado el impacto reactivador de estas importantes expansiones, debido en buena medida a la expectativa de que lo hecho hasta el momento no resulta suficiente para sacar a la economía del atolladero en el que se encuentra, aunque seguramente fueron fundamentales para evitar una crisis de magnitudes inimaginables.

En estas columnas hemos pasado revista más de una vez de la política que viene implementando la Reserva Federal de Estados Unidos (FED). Brevemente, un paquete de salvataje por el valor de US$700 mil millones al sector financiero en 2008, una expansión monetaria impresionante mediante la compra masiva de activos ilíquidos a través de lo que se denominó Relajamiento Cuantitativo en dos fases, la primera en 2009 y luego en 2010, y un canje de bonos del Tesoro de largo plazo por títulos de corto plazo (denominada «twist») a fin de reducir la tasa de interés de largo plazo y así dar impulso al alicaído mercado inmobiliario norteamericano. Ben Bernanke, titular de la FED, es un académico experto en la crisis del treinta, situación cuyo estudio arroja como conclusión que, de haber existido una intervención masiva, el proceso hubiera sido menos penoso. A pesar de esta fuerte intervención, la economía no pudo aún dejar atrás la crisis de 2008, situación que se refleja nítidamente en el mercado de trabajo, donde la tasa de desempleo continúa estando por encima del 8 por ciento. Por su parte, la inflación se mantuvo en niveles bien manejables, promediando en los últimos cuatro años 2,2 por ciento, a pesar de haberse triplicado la base monetaria desde los niveles vigentes a mediados de 2007, fecha previa al inicio de la crisis subprime.

El Banco Central Europeo (BCE) también implementó políticas expansivas, aunque éstas se intensificaron recién a partir de mediados del año pasado. Particularmente, desde la asunción de Mario Draghi como presidente en noviembre de 2011, quien aplicó dos rondas de políticas monetarias conocidas como ORLP (Operaciones de Refinanciación de Largo Plazo) que implicaron préstamos a los bancos a tasas de tan sólo 1 por ciento a ser devueltos en un término de tres años. Entre ambas rondas, el BCE prestó €1.000 millones. Esta política activa se puede notar en la evolución de los activos que posee el BCE, que se incrementaron en más de 50 por ciento sólo en el último año. A pesar de esto, al igual que en Estados Unidos, la inflación se mantuvo baja en la Eurozona, y en el último año alcanzó tan sólo 2,4 por ciento, similar a la tasa anual norteamericana. En términos de crédito, estas operaciones no fueron muy exitosas, ya que el crédito al sector privado durante los últimos doce meses decreció 0,3 por ciento para las empresas y aumentó tan sólo 1,1 por ciento para los hogares, dando muestra de que está fallando el canal de transmisión de la política monetaria, que supone la canalización del ahorro a la inversión, lo cual permite generar más trabajo y, por ende, modificar el pesimismo de las expectativas.

Tal vez paradójicamente, pero no tanto, estas acciones no despertaron criticismo alguno por parte de los mercados financieros, clásicos y furiosos defensores de la ortodoxia, sino que por el contrario lo que se espera es mayor intensidad en estas medidas de estímulo monetario, tanto por parte de la FED como del BCE. A este respecto, tanto Bernanke como Draghi dieron señales de que estos deseos serán satisfechos.

Concretamente, el último 30 de agosto, Bernanke, durante la conferencia de Jackson Hole, evaluó que estas acciones de estímulo todavía no constituyen una amenaza seria en términos de estabilidad de precios ni de los mercados, a la vez que podrían tener un impacto positivo sobre el empleo, que se mantiene aproximadamente tres puntos por sobre la tasa que se considera aceptable. Dado que el mandato de la FED considera también el nivel de empleo como uno de sus objetivos, estas declaraciones dejan entrever una altísima probabilidad de implementación de la fase 3 del programa de RC. Sin embargo, el mercado aún no descuenta esta implementación debido a la cercanía de la elección presidencial en Estados Unidos el próximo noviembre, mostrando así independencia respecto de la Casa Blanca.

Por el lado del BCE, y a pesar de las limitaciones institucionales y a la dura posición alemana, Draghi finalmente logró imponer su criterio de intervenir en los mercados secundarios comprando deuda de corto plazo de los países con mayores problemas, aunque con la condicionalidad de que pidan asistencia de las líneas vigentes en la Unión Europea y con la promesa de que reabsorberá esta expansión. El argumento de Draghi para defender esta operación es que la compra de títulos de corto plazo no invade el terreno fiscal, sino que sólo busca restablecer los canales de transmisión de la política monetaria y la estabilidad financiera. Estas compras de títulos de corto plazo, anunciadas al momento de escribirse estas líneas, y denominadas Intervención Monetaria Directa (IMT), traerán alivio para las finanzas públicas y los mercados y seguramente evitarán una crisis profunda.

En conclusión, no caben dudas de que la heterodoxia continuará predominando en la política monetaria; sin embargo, hasta que no puedan terminar de removerse los obstáculos políticos como para implementar medidas más de fondo, sobre todo en el campo fiscal en Europa, resulta probable que los vaivenes continúen dominando los mercados. De todos modos, este enfoque heterodoxo de la política monetaria, posible por la credibilidad construida por los bancos centrales involucrados, evitará por un tiempo que el mundo se venga abajo, lo cual no es poco.

http://www.revistadebate.com.ar//2012/09/28/5793.php