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Los ridículos senadores policiales y el mediático semblante racista

Fuentes: Rebelión

1. Lacan y la estructura discursiva del semblante racista del mundo «Ya que es necesario, de cualquier modo, no les pinto únicamente un futuro color-de-rosa, sepan que lo que viene creciendo, lo que aún no vio sus últimas consecuencias y que, a su vez, se enraíza en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es […]

1. Lacan y la estructura discursiva del semblante racista del mundo

«Ya que es necesario, de cualquier modo, no les pinto únicamente un futuro color-de-rosa, sepan que lo que viene creciendo, lo que aún no vio sus últimas consecuencias y que, a su vez, se enraíza en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es el racismo. Ustedes todavia no oyeron la última palabra con respecto a él» (LACAN, 2007: 227).

El trozo precitado es el parágrafo final de El Seminario 19… O lo peor (1972/73), de Jacques Lacan. Lo presentamos aquí como un suplemento a la relación entre hsing, la naturaleza, y Ming, decreto celestial; relación analizada en el Seminario 18 de un discurso que no fuese semblante (1971) (2).

Para Jacques Lacan, la asimetría entre el «decreto celestial» y la «naturaleza» se haría eco de la interfaz entre el gozar-de-más y el disfrute, así como la relación, siempre con Lacan entre la plusvalía marxista y el trabajo colectivo, tal que el semblante del mundo, en un contexto histórico dado, pudiese ser concebido como un decreto celestial que no sólo se inscribiese como un gozar-de-más para, sobre y de cara al disfrute de la naturaleza, sino también como una plusvalía o robo del excedente producido por la fuerza de trabajo socialmente constituida, donde sea posible trazar un suplemento, cruzando sentidos, con el decreto celestial, el gozar-de-más y la plusvalía de Marx.

Bajo este punto de vista, la propuesta de este ensayo es: pensar el gozar-de-más lacaniano como el lugar, en la estructura discursiva del mundo, ocupado por las oligarquías en nombre de las cuales surge el siguiente decreto celestial: «Trabajadores del mundo, disfruten la producción de la plusvalía, que nosotros, los oligarcas, les robaremos eternamente porque ustedes son meras naturalezas -muertas. Nunca se unan contra el decreto celestial. ¡Disfruten sus eternas sumisiones!»

Esta relación entre hsing y Ming, entre el decreto celestial y la naturaleza no sólo hace eco al gozar-de-más con relación al disfrute, sino que también refracta la relación entre la plusvalía y la extorsión del trabajo colectivo, de lo que es posible deducir que aquí disfrute no tiene el sentido de gozar la vida, sea festivamente, sea sexualmente, sino, por el contrario, goce en este ensayo, en diálogo con Lacan, tiene el sentido de trabajar, cumpliendo el decreto celestial, como naturaleza muerta.

De conformidad, especialmente, con los Seminarios 18 y 19, de Jacques Lacan, estos tres referentes, el decreto celestial, el gozar-de-más y la plusvalía, pueden ser interpretados como un nudo gordiano del semblante de un momento dado; el nudo que equivale al discurso del amo y/o del señor, en relación directa con el decreto celestial, razón por la cual el discurso del amo y/o del señor será también concebido como aquel que encarna el semblante oligarca que secuestra la plusvalía de los pueblos, obligándolos a disfrutar: a morir.

El racismo lo es, en este sentido, contra la naturaleza, hsing; y se transformará en semblante del mundo, si esta, la naturaleza, entendida como la instancia de la vida ordinaria, para la ayuda en el disfrute del decreto celestial, produciendo la plusvalía para los racistas de un momento dado, los oligarcas.

Racismo es, pues, cuestión de oligarcas. Estos son los racistas de todas las épocas históricas y serán tanto más el epicentro de una sociedad racista cuanto más esta, a través del trabajo colectivo que la vuelve posible, disfrute el gozar-de-más de los amos y/o señores del mundo: los oligarcas.

Existe, pues, el discurso del amo y del señor, el lugar racista de los oligarcas, porque igualmente existe, en el otro extremo, el discurso universitario o del esclavo, instancia que disfruta (trabaja) el gozar-de-más de los oligarcas, argumento, con Lacan, que hace surgir la siguiente hipótesis: el semblante racista de una época determinada se inscribe en el cuerpo a través del conocimiento universitario y también de lo que hay de esclavitud en el trabajo colectivo, razón suficiente para sugerir que el conocimiento académico sirve para justificar/instituir la esclavitud del trabajo colectivo.

2. Lacan, Foucault y el decreto celestial del racismo oligárquico gringo

Esta última hipótesis puede ser entendida dialogando, por ejemplo, con el Foucault de La orden del discurso (1970), libro basado en la clase inaugural del Collège de France, a partir del cual es posible leer los siguientes argumentos del autor de La arqueologia del saber (1969): 1) la modernidad emerge a partir de la segregación de la locura, pudiendo ser entendida tanto en el sentido literal, con el surgimiento de hospicios para internar a «los locos», como en sentido figurado, si se considera que todas y todos los que no encajen en la norma de la modernidad eurocéntrica son potencialmente sospechosos de locura; sospecha que corresponde a otra forma de racismo; 2) la modernidad fue igualmente tejida y entretejida teniendo en cuenta la prohibición del sexo y de la política, lo que significa decir con la prohibición de las sexualidades, lo que incluye una prohibición, aunque heterosexual, de la sexualidad femenina, pues la norma es patriarcal, así como una prohibición de la política, entendida como la política de los pueblos que se rehúsen a disfrutar el gozar-de-más del decreto celestial de una época determinada; 3) la modernidad fue orquestada a partir de la voluntad de verdad o voluntad de saber, términos indiscernibles que pueden ser traducidos como el lugar del conocimiento universitario, legitimado para estudiar, seleccionar, clasificar y establecer juicios sobre la primera y la segunda segregaciones, la del loco y la del sexo-política.

A partir de ahí será posible establecer el lugar que ocupa el discurso universitario en la estructura del semblante propuesta por Lacan, porque lo que argumentaba Foucault respecto a la voluntad de saber es que esta se volvió la instancia, legitimada por el Estado, para definir al loco, a la sexualidad llamada «impropia» (por inadecuada) o maldita y también a la «mala política», constituyéndose, digamos, como el espacio epistemológico (el que usualmente llamamos ciencia) que incorpora el decreto celestial, en la modernidad, autorizando «las buenas naturalezas» y desautorizando «las más».

El gozar-de-más, bajo este punto de vista, siendo el lugar del maestro viene o es impulsado por el conocimiento universitario, así como el patrón se enriquece con la extorsión de la plusvalía del trabajo producido por sus empleados o, en términos de Lacan, por sus esclavos. Ambos, el conocimiento universitario y el esclavo, disfrutan el gozar-de-más del maestro o del señor. He ahí el semblante racista de un momento dado.

En el Seminario 18, Lacan asevera que «el hsing no tiene la más remota posibilidad de que nos encontremos en esta cosa terriblemente difícil de conseguir, de acompañar de cerca, llamado gozar-de-más. Si es tan resbaladizo, no facilita la comprensión. Ciertamente, no es a esto que hemos de hacer referencia cuando se habla de subdesarrollo» (LACAN, 2009: 50), pista a partir de la cual no sólo es posible inferir que hsing, la naturaleza, se inscribe como el locus del subdesarrollo sino también, por extensión, del trabajo colectivo, del disfrute: instancias, aún con Lacan, «no fabricadas para no funcionar» (LACAN, 2009: 50), tal es su relación con el subdesarrollo.

Aún en diálogo con el Seminario 18, Lacan, en relación intertextual con Totem y tabú (1913), de Sigmund Freud, preguntarse, al mismo tiempo, en qué será ampliada la siguiente cuestión presentada por él: «¿Cuál es la receta del superyo? Ella se deriva precisamente de este Padre original más que mítico, en este llamado al puro goce como tal, esto es, a la no castración. De hecho, ¿qué dice que este padre no es el declive de Edipo? Él dice lo que el superyo dice. No es de extrañar lo que no se ha abordado realmente hasta ahora. Lo que el superyo dice es: ¡disfruta!» (LACAN, 2009: 166), de lo que es posible inferir, aunque como hipótesis, que el decreto celestial, gozar-de-más y la plusvalía (o simplemente el discurso del amo y/o del señor ) igualmente nos dice: ¡disfruta!

Goce, si puro, obviamente imposible, porque el subdesarrollo, la naturaleza, el trabajo colectivo, en fin, se dicen como castración, como aquello que no funciona, razón por la cual, con Lacan, es posible inferir que el lugar del discurso del universitario y/o del esclavo es el síntoma de una alegría imposible, cuando se involucre con el decreto celestial: ¡goza conocimiento universitario!; ¡goza esclavo!

Una hipótesis de este ensayo tiene relación con la siguiente pregunta: ¿será el semblante mundial del imperialismo gringo el sintoma del «¡goza» trabajo colectivo del y en la actualidad, entendiendo como «trabajo colectivo» no sólo el trabajo de los obreros y el trabajo de los campesinos, de los profesionales de las más diversas áreas y de las más diversas competencias laborales, sino también todo lo que habla respecto a la civilización burguesa hoy: el ocio, las guerras, las barbaridades del Emirato Islámico, las relaciones de compra y venta; las sexualidades, las subjetividades, la cultura, la política, lo material y lo inmaterial?

El decreto celestial del imperialismo estadounidense es este que sentencia por todos los medios «¡Goza humanidad!», para que seamos el apoyo subdesarrollado del gozar-de-más del mundo, situación que condena al subdesarrollo a todos los cuadrantes de la Tierra, al mismo tiempo que define el semblante planetario como american way of life o, para ser más preciso, american way of death.

El decreto celestial de la racista-mayor oligarquia gringa, epicentro de su imperialismo, para constituirse necesita de la colaboración efectiva de las oligarquías del mundo, que actúan como la delegada policía oligárquica racista que al mismo tiempo se hace como goce y como gozar-de-más: como goce porque, como oligarquías de sus respectivos países y regiones, la función de ellas es trabajar, ser esclavas del imperialismo yanqui, colaborando directamente con la plusvalía de la oligarquía del Tío Sam; como gozar-de-más porque son efectivamente el gozar-de-más, la instancia de la plusvalía de sus países y regiones, dentro de una geopolítica mundial de repartición oligárquica del planeta.

3. La racista función policial del decreto celestial del imperialismo gringo

El papel policial del imperialismo estadounidense es ejercido por las oligarquías internacionales existentes en todos los países del mundo, sin excepción, incluyendo Rusia y China; oligarquías que disfrutan el gozar-de-más de las transnacionales gringas imponiendo un goce mortal, sudesarrollado, al planeta, tal que el decreto celestial american way of life (death) represente un verdadero estado de excepción contra la vida en la tierra, expresado en genocidio, saqueo, violación, crimen, persecución, indiferencia, prisión arbitraria, abandono, hambre, ignorancia, barbarie, fundamentalismo, odio, narcisismo suicida, en un proceso de gentrificación (3) de las poblaciones desalojadas cada vez más de las condiciones mínimas de sobrevivencia.

Esta policía oligarca persigue principalmente a la política de los pueblos, entendiéndose por esta política de los pueblos sus procesos de liberación de la condición de goce subdesarrollado del decreto celestial del gozar-de-más del imperialismo gringo.

Respecto al papel de la policía, en el Seminario 23, Lacan dice: «Ciertamente voy a necesitar volver al círculo. Él tiene una función bien conocida por la policía. Sirve para circular. Es por esto que la policía cuenta con un apoyo que no es de ayer» (LACAN, 2007: 25), apoyo, en términos de este ensayo, anclado en el goce circular de las oligarquías del planeta.

Si para Lacan la dimensión fálica tiene relación con la función policial y si, circulando, el papel policial se inscribe en lo simbólico apoyado en un pasado («un apoyo que no es de ayer») milenario, es porque dicha función circula en torno a lo Real, concepto que puede ser interpretado como el lugar de la política de los pueblos; lo Real lacaniano es el intervalo de tiempo que se niega a disfrutar el pasado inmemorial de sociedades oligárquicas como la egipcia, la griega, la romana, la medieval y así en adelante.

La política es lo Real sin Rey; un Real de un Demos sin Kratos, sin poder, porque en potencia se constituye como el vacío de decreto celestial, en un mundo, siempre en potencia, sin gozar-de-más, pronto sin plusvalía y sin goce esclavo/universitario y al mismo tiempo, he ahí la aparente paradoja, con el gozar-de-más y con el goce de los y para los pueblos, sin oligarquías, motivo suficiente, se supone, para proyectar a un pueblo en sí mismo político, sin policía, porque en él la función circular de la policía podrá volverse un círculo abierto o curvo, cortado por una recta infinita, en la y de la invención de sí.

4. La ridícula policía oligárquica en el senado brasileño

Es en este contexto de policía oligárquica que es posible analizar a los ridículos senadores policiales brasileños «circulando» por Venezuela el 18 de junio de 2015, como los racistas del decreto celestial estadounidense, contra la política de los pueblos latinoamericanos.

Son ellos, Aloísio Nunes (PSDB), Ronaldo Caiado (DEM), Cássio Cunha Lima (PSDB), José Agripino (DEM), Ricardo Ferraço (PMDB), José Medeiros (PPS), Sérgio Petecão (PSD) y Aécio Neves (PSDB), estos policías oligárquicos al servicio del decreto celestial del imperialismo gringo, como espantapájaros en protesta contra la política de los pueblos presente en Venezuela principalmente a partir de la emergencia de esta figura singular; de este que fue un pueblo encarnado, Hugo Chávez Frías, el mayor líder político del siglo XXI, probablemente asesinado por algún arma radioactiva (reactiva), en circulación, de la función policial, también presente (y de qué manera) en el mundo científico (4).

Estos senadores policiales circulan en la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional. No siendo casual que esté siendo presidida por el oligarca Ricardo Ferraço, del Espíritu Santo (estado donde vive uno de los autores de este ensayo, LES), y ahora esté bajo la presidencia de Aloísio Nunes, el oligarca pitbull paulista, ex guerrillero; y no hay nada peor que un ex guerrillero transformado en policía oligárquico, por inscribir en sí la dinámica de los dos círculos: el círculo abierto de la política, proyectándose como una curva infinita tanto más soberana cuanto más baila al ritmo de la política de los pueblos, de cualquier pueblo; y el círculo de la policía, cerrándose cada vez más al centro del decreto celestial, razón por la cual él esté en la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional del Senado brasileño con el objetivo de hacerse policía de la política nacional: el sheriff racista y furioso del imperialismo estadounidense.

Bajo el punto de vista de esta policía oligárquica brasileña, la audacia de la justicia venezolana, la de mantener sus respectivos policías oligarcas implicados en la planificación de «revoluciones de colores» surgidas del decreto celestial del imperialismo gringo, en las cuales y a través de las cuales, además de la destrucción del patrimonio público, ciudadanos venezolanos fueron asesinados y sin contar aún que son reincidentes, en fin, bajo el punto de vista de estos ridículos oficiales, Aécio Neves, Aloísio Nunes, Ricardo Ferraço y tales más, la cárcel de sus semejantes en la oligarquía suena claramente como una amenaza para ellos mismos, aunque, trágicamente hablando, en el caso del Brasil, ellos estén más allá del bien y del mal, por la evidente razón de que el Ministerio Público Federal y el Poder Judicial brasileños, con las cada más raras excepciones, son instituciones constituidas por oligarcas que igualmente disfrutan el decreto celestial del imperialismo yanqui, no siendo casual que ocupen los cargos que ocupan, con altos salarios, para circular y mantener un rastro mínimo cualquiera de política anti-imperialista en el ámbito del Poder Ejecutivo del Brasil.

5. Los presos políticos del Brasil

Si política es siempre política de los pueblos en lucha por su liberación de cualquier decreto celestial y si, por otro lado, el racismo se constituye fundamentalmente como la persecución de la policía oligárquica a la política libertaria de los pueblos, es bueno dejar en claro que los verdaderos presos políticos de Brasil (y del mundo) son los presos pobres, argumento que vuelve a Brasil uno de los países más racistas del mundo, tales son sus millones de presos políticos.

Por otro lado, si se consideran los presos del Mensalão del PT, aunque ninguno de ellos sea propiamente pobre, es preciso decir con todas las letras, independiente del hecho de que el Partido de los Trabajadores no sea de izquierda, que José Genuíno, José Dirceu, Delúbio Soares y los demás condenados en el proceso del Mensalão petista, fueron presos políticos, porque eran integrantes de un Gobierno (el del primer mandato de Lula) involucrado, aunque contradictoriamente y sin claridad histórica, con un proyecto de poder en el que el decreto celestial del imperialismo gringo dejaría de ser el centro del goce y del gozar-de-más de la oligarquía brasileña.

En este sentido, fueron condenados por la policía oligárquica del sistema judicial brasileño, con el apoyo de la policía oligárquica mediática, porque ellos tenían un proyecto relativamente político vinculado a la producción de un mundo multipolar.

Los condenados del Mensalão petista, por lo tanto, fueron fundamentalmente presos políticos.

6. La ridícula tríada policial oligárquica brasileña

Hoy, el centro de la policía oligárquica (siempre con el apoyo intransferible de la racista oligarquía de los medios corporativos) es la sede de la Policía Federal de Paraná, teniendo como protagonista al juez Sérgio Moro y a una legión de delegados oligárquicos de la Policía Federal como Igor Romário de Paula, Márcio Adriano Anselmo, entre otros, además de miembros del Ministerio Público.

Entendiendo, en diálogo con Lacan y Foucault, que el racismo está primero que todo contra la política de los pueblos y es ejercido por una espiral de policías oligárquicas del mundo político, empresarial, institucional, financiero, agrario, narcotraficante, en el Brasil, hoy, la racista policía oligarca persigue a la política brasileña a partir de la oligarquía encarnada por miembros de la Policía Federal, del Ministerio Público y de las corporaciones mediáticas.

La Policía Federal, el Ministerio Público y la oligarquía mediática constituyen la tríada en guerra abierta contra la política brasileña y muy especialmente contra la economia política brasileña, entendiéndose por economía política la tentativa de los Gobiernos petistas de engendrar un sistema económico-productivo, teniendo a Petrobrás como epicentro, independiente del decreto celestial gringo, llevado a cabo para contemplar a sus transnacionales (antes, multinacionales).

Para la citada tríada, la pregunta es de prejuicio racista arraigado en la monumental memoria de los tiempos oligárquicos, de donde es posible deducir que cualquier grupo empresarial, incluso el de los poderosos contratistas, que ose participar de este proyecto político-económico es de antemano considerado criminal y sus miembros serán transformados (incluso siendo poderosos oligarcas billonarios) en presos políticos.

Todo esto, mientras tanto, sólo se vuelve posible porque de las policías oligarcas al servicio del decreto celestial del imperialismo gringo, la racista policía de los medios corporativos es de lejos la más indispensable, de tal manera que es posible afirmar: el decreto celestial de la oligarquía estadounidense, esta racista policía mundial, no funciona sin la industria cultural ni sin el control del sistema mediático internacional.

Y, ¿por qué no funciona?

7. El decreto celestial del imperialismo estadounidense y el ridículo semblante mediático

No funciona por un motivo muy simple. El sistema mediático global es el rostro del decreto celestial del imperialismo gringo.

Sin el sistema mediático corporativo internacional, no existiría el american way of life (death); no habría ninguna función circular de las oligarquías racistas alrededor del planeta, al servicio del gozar-de-más del imperialismo yanqui.

Y es precisamente dentro del ridículo, racista y policivo rostro de las corporaciones mediáticas que el proyecto petista de una «política brasileña» multipolar ha sido y es em extremo vulnerable, por la clara razón de que la oligarquía policial mediática brasileña no perdió el más mínimo espacio policial durante los gobiernos del PT; por el contrario, permanece intocable en su gozar-de-más nacional; mientras el PT disfruta su lastimosa subordinación laboral, siendo calumniado, de forma absolutamente racista, como pasa con cualquier trabajador alienado contra su patrón: cuanto más baja la cabeza, más subordinación exige el patrón y más roba a través de la extorsión de la plusvalía.

Curiosamente, por más avanzado, a la izquierda, que sea el proceso bolivariano de Venezuela, en su negativa a disfrutar el gozar-de-más del imperialismo yanqui, aunque no sea comparable con la situación brasileña, también allá faltó una ley de medios consecuente y es necesario decir con todas las letras: allá también el rostro mediático corporativo domina, imponiendo un goce subordinado sobre todo a la clase media, esta figura social que tiene especial predilección por ser el soporte físico del goce del decreto celestial del imperialismo gringo en todos los lugares del planeta.

8. El semblante mediático del decreto celestial estadounidense y las fuerzas políticas de izquierda.

El semblante del decreto celestial del imperialismo gringo se da, por lo tanto, en el ámbito de las corporaciones mediáticas. Estas son el epicentro del racismo hoy; racismo primero que todo contra la política, de tal modo que es posible afirmar: el color de la piel del racismo siempre fue, es y será la política libertaria de los pueblos luchando por justicias colectivas.

Es por esto que las fuerzas políticas del mundo, de todos los matices, sólo harán justicia al nombre político (de izquierda) si impide ser distribuida, en un tamiz del semblante, por la policía oligárquica de las corporaciones mediáticas, porque, de lo contrario, serán siempre falsas políticas (de izquierda), como partes y contrapartes del rostro del decreto celestial del imperialismo yanqui.

Más que los Gobiernos, en este sentido, inclusive más que el gobierno gringo, las fuerzas políticas del mundo necesitan constituirse como la incansable sugestión de Lacan: como un discurso que no fuese semblante y muy especialmente como una política que no fuese el rostro gozón del decreto celestial del imperialismo yanqui.

Este es el desafío de los pueblos que no son semblantes: que no tienen rostro.

El resto es gozo teatralmente fatal de la biotanato(policía) del imperialismo yanqui, con su semblante mediático para eternizar el disfrute subdesarrollado de todo el planeta.

El semblante de las corporaciones mediáticas del decreto celestial gringo, como el lugar espectacular del racismo contra la naturaleza, contra hsing, es, hoy, el epicentro de la crisis ecológica, ética, económica, epistemológica, cultural, estética de la humanidad.

No será posible justicia alguna y mucho menos será mínimamente posible equiparar la cuestión del racismo, este trágico eterno retorno de la humanidad, si no se realiza una profunda democracia del sistema mediático internacional, lo que no será posible si no queda claro que cualquier oligarquía, y principalmente la mediática, constituye un escándalo; la corrupción humana es ecológicamente insostenible. En conclusión, como dice Lacan, la Humanidad no ha oído la última palabra con respecto al racismo. Está en el pensamiento, en la voluntad y, sobre todo, en los actos de cada ser humano revertir esta situación: combatir la plusvalía, la lucha de clases, la estulticia homogenizante de las corporaciones mediáticas, son algunos de los derroteros que esa misma Humanidad ha de fijarse si quiere, de verdad, combatir al racismo (5) para, por fin, poder tener una sociedad menos inequitativa e injusta y un poco más libre. El resto no es más que la lastimosa figura de unas «revoluciones de colores», sin matices, sin diferencias, con el disfraz pornográfico, escandaloso y prepotente del pensamiento único. El mismo que luce la policía mediática transnacional, para desgracia del pensamiento complejo: el único que merece vivir. El resto no es más que la figura abstracta y borrosa y siniestra del capitalismo salvaje, aquel que borra a punta de muerte todo lo que se resiste a ser encerrado, encasillado, esquematizado: la vida misma.

Notas:

(1) Ridículos [en el título del artículo] por «Gozados», en el original portugués. Gozado es un adjetivo popular para alguien que provoca risa o que es cómico, ridículo, divertido: «Nunca vi payaso más divertido». También, es sinónimo de agradable, gracioso, impagable, interesante, notable, sensacional, placentero. Aquí, «gozados» tiene un sentido claramente burlón e irónico, de ahí ridículos: así se trate de los «honorables», por desagradables, senadores policiales: del Brasil, en este caso. Pero, hay más en otros tantos países de la Tierra…

(2) La importancia de lo lingüístico (si bien en rigor y a fin de diferenciar la disciplina analítica de la lingüística, Lacan denomina «lingüistería» a su concepción del lenguaje) en su reformulación del psicoanálisis freudiano, lo llevó a modificar numerosas ideas de la práctica clínica y a proponer un complejo esquema de constitución psíquica del hombre. El yo se constituye en un reconocimiento en torno a su imagen en el espejo y gracias a la garantía de la mirada del otro. A esta instancia Lacan la llamó el estadio del espejo. El Yo (=ego) es (inicialmente) un Otro. Con esto, tal vez quiera decir: el sujeto se constituye en y por un otro semejante, gracias al vínculo social. Cabe recordar aquí la boutade de Lacan: quien quiera ser lacaniano es libre de serlo, pero «yo mismo soy freudiano».

(3) Gentrificación (del inglés, gentrification) es un proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado y empobrecido, por no decir miserable, es progresivamente desplazada, a la vez que se renueva, por otra de un mayor nivel adquisitivo. El término deriva de gentry, una clase social histórica inglesa resultado de la mezcla entre baja y media nobleza que viene a equivaler a la hidalguía española, y los propietarios de tierra plebeyos. Todo esto lo ilustra a la perfección un filme contemporáneo titulado Los santos inocentes (1984), de Mario Camus, basado en la novela homónima de Miguel Delibes: en él, la hidalguía está representada por el «señorito» Iván, su amante Purita, el cornudo Pedro, y los plebeyos serían Paco el Bajo, Régula y, sobre todo, el rebelde y «corto de entenderas», según los aristocratas, Azarías. En español se han propuesto términos como aburguesamiento, elitización, aristocratización. (4) En tal sentido, en otro ensayo, publicado aquí en Rebelión, ya citamos la entrevista de Gregory Palast, periodista gringo de la Red Voltaire, en la que el reverendo Pat Robertson, en el ya lejano 2006, da pistas sobre el premeditado asesinato del presidente Hugo Chávez: «Si cree que queremos asesinarlo -dijo Robertson- pues creo que tendríamos que poner manos a la obra y hacerlo. Es mucho más barato que desencadenar uma guerra… y no creo que el suministro de petróleo se interrumpiera». Ahora bien, para que haya dudas sobre el papel policial de las oligarquías a escala mundial, incluso dentro del ámbito científico, bastaria citar el caso del avión MH 17 de Malaysia Airlines que fue derribado en Ucrania (lo que no implica responsabilidad rusa, pese a las apariencias) por un misíl y en el que murieron, qué curioso, 100 eminentes científicos e investigadores sobre el VIH. Problema no resuelto por falta de voluntad política y, más que nada, por abundancia de intereses económicos en juego: los de las transnacionales de las drogas.
http://www.voltairenet.org/article143578.html
http://www.laondadigital.uy/archivos/2244

(5) La corrupción humana tiene en el racismo uno de sus más execrables rostros y, este, en el campo de concentración, uno de sus más terribles símbolos, de sus más espantosos aliados. En efecto, más que un gueto, concentra (in)justamente, amontona, arruma, a las personas, unas contra otras, pone sus cuerpos en el contacto más permanente e indeseado posible. Forma así una especie de bloque de carne única en el que lo singular del individuo, de cada ser humano, su personalidad, se disuelve: ya, previamente, por el uniforme, los sellos y los números, el cráneo rapado, han devenido anónimos, sin rostro, a lo que, de contera, ha ayudado la miseria fisiológica. Ofrece al observador un pedazo de raza toda igual (como si hubiera razas, como si la única raza no fuera la Humanidad), atestiguando con esto los fundamentos del racismo. En síntesis, ese producto del racismo sirve para producir más racismo, uno de los sinónimos más fuertes de la corrupción humana.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.