Un experto de la industria de supermercados sostiene que, a medida que nuestro suministro de alimentos se vuelve cada vez más concentrado, costoso e incluso peligroso, el plan de supermercados subsidiados públicamente del alcalde socialista Zohran Mamdani da pasos audaces para proveer alimentos buenos y accesibles.
La promesa del alcalde Zohran Mamdani de abrir cinco supermercados subsidiados públicamente en la ciudad de Nueva York se está convirtiendo rápidamente en realidad. El 27 de julio de 2026, Mamdani anunció los detalles del plan, que incluyen un descuento del 30 por ciento sobre los precios de mercado de una «canasta básica» de productos saludables tales como frutas, verduras, huevos y leche; un proceso de solicitud de propuestas para seleccionar operadores del sector privado; y un subsidio operativo que la ciudad utilizará para financiar los precios más bajos.
Según estimaciones de la New York City Economic Development Corporation (NYC EDC), para la cual actualmente me desempeño como consultor, los consumidores podrían ahorrar más de 1.000 dólares al año en alimentos. Ya se anunciaron dos ubicaciones, incluyendo sitios en el Bronx y en East Harlem. El concejo municipal aprobó 70 millones de dólares en fondos de capital para la construcción de los locales, mientras que los fondos operativos todavía están en discusión. El presupuesto anual de la ciudad supera los 125 000 millones de dólares; los fondos necesarios para abrir y operar NYC Groceries representan menos de una décima parte del 1 por ciento de ese presupuesto, un literal error de redondeo.
Según una encuesta de 2025, el apoyo a la idea de los supermercados públicos en la ciudad es abrumador. Una coalición que incluye a sindicatos, organizaciones comunitarias, empresas cooperativas y defensores de la seguridad alimentaria ha trabajado estrechamente con la ciudad para planificar e implementar la idea. El resultado es un modelo idiosincrático que podría marcar el camino a seguir para otras ciudades.
La iniciativa de Mamdani es una intervención convincente aunque imperfecta en el suministro de alimentos. Los precios de los supermercados aumentaron más de un 35 por ciento desde 2020, y muchas categorías, como la carne vacuna, el café, los huevos, los snacks y las bebidas, experimentaron una inflación aún mayor. Los precios al consumidor siguen subiendo aunque los precios al productor se estabilizaron o, en algunos casos como en el del cacao, disminuyeron. Junto con otras políticas y tendencias de la era de Donald Trump —como la guerra con Irán, que aumentó los precios de los alimentos y de la nafta; las redadas migratorias, que dejaron alimentos pudriéndose en los campos e incrementaron los precios de los productos frescos; el desmantelamiento del sector regulatorio, que derivó en un brote de diarrea explosiva; los recortes draconianos a los beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés), que afectan a más de cuatro millones de estadounidenses; y un aumento en el uso de medicamentos para adelgazar—, los estadounidenses hoy compran bastante menos comida.
Según un estudio de Bain/Nielsen IQ, los volúmenes de unidades vendidas en supermercados cayeron un 1,8 por ciento en junio, un deterioro del 2 por ciento en un solo año, lo que representa miles de millones de dólares menos en transacciones de supermercado. Solo en Nueva York, más de 1,5 millones de residentes enfrentan inseguridad alimentaria, mientras que los consumidores de bajos ingresos destinan más del 25 por ciento de sus ingresos a la compra de alimentos.
La inspiración para la idea de NYC Groceries proviene de un lugar poco esperado: el sistema de comisariatos militares (military commissary system), que existe desde hace más de 150 años y subsidia por completo todos los productos alimenticios mediante fondos públicos para el personal en servicio y sus familias, con un descuento del 23,7 por ciento. El comisariato es apreciado por los consumidores de clase trabajadora y constituye un canal de comercio minorista bien establecido dentro de la industria de supermercados, abastecido por productores agrícolas, marcas de alimentos envasados y mayoristas corporativos.
A diferencia del sistema de comisariatos, los locales serán operados por un experto del sector privado. Los locales no serán operados por la ciudad. Esto podría significar una cadena de supermercados local, una cooperativa de abastecimiento, un operador sin fines de lucro, una cooperativa de servicios minoristas o un mayorista con una rama minorista. La ciudad de Nueva York, a diferencia de la mayoría de otos mercados de supermercados, no está monopolizada por Walmart o Kroger y cuenta con numerosos operadores diversos del sector privado que podrían gestionar estos locales. Los supermercados del sector público también funcionarán como un servicio público, no con fines de lucro, y los márgenes de ganancia minorista habituales (entre el 1 y el 3 por ciento) se trasladarán al ahorro de los consumidores. Estarán abiertos a todos los neoyorquinos, sin evaluación de ingresos (means testing) para el acceso.
La propuesta central de Mamdani —una canasta básica de productos de almacén que tendrá un descuento del 30 por ciento sobre los precios de mercado— también se aparta del modelo del comisariato, que descuenta todos los precios a un promedio del 23,7 por ciento respecto al mercado. Este descuento del 30 por ciento será subsidiado por la ciudad para cubrir el margen bruto (costos operativos tales como mano de obra, servicios, gastos generales y administrativos, etc.), mientras que el alquiler y los impuestos estarán a cargo de la ciudad. Los operadores tendrán la opción de vender otros productos, no incluidos en la canasta básica, a precios de mercado para cubrir el resto de sus costos generales.
Los subsidios se calcularán mediante descuentos a nivel de producto multiplicados por los volúmenes de unidades vendidas, del mismo modo en que se calculan los descuentos promocionales para los supermercados por parte de sus socios comerciales. Este es un cálculo sencillo para operadores con experiencia. Los subsidios serán aprobados a través del presupuesto municipal, del mismo modo que los fondos para el transporte público, las bibliotecas, el saneamiento y el agua. Los locales tampoco funcionarán como bancos de alimentos ni como despensas, vendiendo donaciones o «desperdicio de alimentos» remanente de los productores. Ofrecerán los productos más frescos y de mayor calidad, demostrando que la buena comida debería ser un servicio público.
Los empleados de los locales recibirán salarios dignos, beneficios integrales y contarán con protecciones laborales significativas. Se le exigirá a los operadores garantizar el reconocimiento por verificación de tarjetas (card check), una forma más sencilla y justa para que los empleados se sindicalicen si así lo deciden; respetando la neutralidad empleador/gerencia en las campañas de sindicalización, comprometiéndose a no combatir los esfuerzos sindicales y a no contratar consultores antisindicales. El objetivo de la administración es hacer de estos locales un excelente lugar para trabajar y desarrollar una carrera, algo muy poco frecuente en la industria de supermercados, que habitualmente considera a la mano de obra de los locales como un recurso para explotar, optimizar y agotar hasta el límite.
Los locales estarán diseñados, distribuidos y ambientados con cuidado, de modo que los neoyorquinos con recursos limitados tengan una experiencia de compra de primer nivel. Los locales venderán una combinación de productos de marca, marcas propias y productos de producción local, orientados a las comunidades y mercados específicos a los que sirven. Los productos serán familiares y de consumo masivo, guiados por la demanda de los consumidores y las tendencias del mercado, y no por ideologías particulares acerca de lo que la clase trabajadora debería comer.
El plan de supermercados públicos de Mamdani podría constituir un modelo e inspiración para que otras ciudades lo adopten. Pero no está exento de fallas. El comisariato militar es de propiedad, financiamiento y operación públicos; irónicamente, esto significa que las prácticas de compra de supermercados del sector público del Departamento de Defensa están más cerca del comunismo que las de un alcalde socialista. Tercerizar las operaciones separa el riesgo de la responsabilidad, y la ciudad deberá trabajar estrechamente con los operadores para mantener el programa funcionando bien y garantizar que los operadores no abandonen si las cosas se complican.
La ventaja es que los operadores seleccionados llegarán con una cadena de suministro ya conformada, con contratos mayoristas, con fabricantes, productores agrícolas y de marcas propias, además de experiencia operativa y sistemas administrativos, contables y de tecnología de la información que la ciudad no tendrá que construir ni financiar desde cero. La NYC EDC cuenta con una amplia experiencia con el sector privado, como en el caso del sistema NYC Ferry, pero el negocio de los supermercados es complejo.
La administración enfrenta una demanda de una coalición de pequeños operadores de supermercados y dueños de bodegas que se oponen a la idea por temor a que la ciudad esté usando fondos públicos para perjudicar sus negocios. Muchos de estos comerciantes ya reciben enormes subsidios para sus operaciones a través de programas públicos complementarios de alimentos como el SNAP y el Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Bebés y Niños (WIC, por sus siglas en inglés). Pero si la ciudad fuera inteligente, podría trabajar con los comerciantes cercanos a los locales de NYC Grocery para ampliar los objetivos de accesibilidad. Si los comercios locales han visto afectado su negocio, que reciban subsidios sobre los productos de la canasta básica para bajar esos precios, y que queden sujetos a los mismos controles rigurosos de contabilidad, reporte y precios que los supermercados de NYC Grocery.
La ciudad también debería crear, a través de la NYC EDC, una rama de servicios minoristas y mayoristas. Esto aseguraría una consistencia a largo plazo del programa, a la vez que incorporaría eficiencias en materia de marketing, administración y cadena de suministro, tales como el almacenamiento cooperativo, la compra mayorista y el abastecimiento de marcas propias, incluyendo el uso del Hunts Point Cooperative Market, más allá de quién opere los locales. Este tipo de organizaciones de servicios minoristas son muy comunes en la industria de supermercados como medio para que los comerciantes independientes se mantengan competitivos frente a las grandes cadenas.
La idea de Mamdani de descontar únicamente una «canasta básica» de productos también resulta extraña, ya que deja la puerta abierta a la especulación de precios en los productos no incluidos en la canasta básica. Los operadores querrán obtener márgenes más altos en los artículos que no forman parte de la canasta básica, y esto podría crear un modelo de precios de dos niveles con el potencial de estigmatizar a los consumidores atentos al precio. Los supermercados de más rápido crecimiento en Estados Unidos son las cadenas de descuento profundo como Aldi, Lidl y Walmart, conocidas inequívocamente por sus precios bajos en la totalidad del local.
La administración también ha renunciado a implementar un marco de «Compras Basadas en Valores» (Values-Based Purchasing) para los locales, y en su lugar simplemente incentiva a los operadores a comprarle a proveedores locales. La Compra Basada en Valores está inspirada en los estándares de abastecimiento de cadenas más exclusivas como Whole Foods y Erewhon, y promueve que las cadenas de suministro del sector público subsidiadas prioricen el trabajo justo, el bienestar animal, la sostenibilidad ambiental, la justicia económica y los alimentos saludables. La Compra Basada en Valores ya es exigida en las compras públicas de la ciudad de Nueva York y, mediante el proyecto de ley Good Food NY, aprobado por ambos cuerpos legislativos del estado de Nueva York, actualmente aguarda la firma de la gobernadora Kathy Hochul para convertirse en ley estatal. Por eso esta omisión resulta extraña y miope, y significará que la ciudad probablemente termine vendiendo productos elaborados en condiciones y con ingredientes que no se ajustan a los valores que la administración proclama.
Y el mayor riesgo tiene que ver con cómo la administración mide el progreso hacia su objetivo de accesibilidad. Un cálculo simple de cuántos subsidios de descuento se distribuyen es la parte fácil, pero cómo la ciudad estima y comunica de qué manera cinco locales mejoran la vida de los neoyorquinos con recursos limitados y marcan el camino hacia un sistema alimentario mejor y más justo es un cálculo mucho más amplio y más exigente.
A pesar de sus falencias, el plan de supermercados del sector público de Mamdani se encuentra entre las innovaciones más convincentes dentro de un suministro de alimentos cada vez más concentrado, costoso, corrupto y, últimamente, directamente peligroso. Y apunta a hacer algo que gran parte del sector de supermercados, y en especial los críticos de Mamdani, han olvidado hacer bien: lograr que la buena comida sea accesible para todos.
Y ese debería ser todo el sentido de la cuestión.
Errol Schweizer actualmente se desempeña como consultor de la NYC EDC en la iniciativa de supermercados del sector público. Es un exvicepresidente de la sección de supermercado de Whole Foods, integra el Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles y dirige un boletín especializado en la industria llamado The Checkout Grocery Update y un podcast llamado Grocery Nerds, en Heritage Radio Network.
Traducción: Pedro Perucca
Fuente: https://jacobinlat.com/2026/07/el-plan-de-supermercados-publicos-de-zohran-mamdani-va-en-serio/


