En este artículo el autor sostiene que, para hacer frente a la tesis que sostiene que el gobierno actual de Lula (su tercer gobierno o Lula 3) es un gobierno neoliberal, las distinciones conceptuales entre política de gobierno y modelo de Estado son la clave para comprender la resistencia neodesarrollista a la dinámica de la financiarización.
1.
Algunos intelectuales y dirigentes políticos de los campos progresista y socialista critican el Gobierno Lula 3 ya que, afirman, se trata de un gobierno neoliberal. Esa tesis, que nosotros consideramos equivocada, ha obtenido alguna audiencia y podría llegar a ser perjudicial en la campaña y en las opciones de voto de la candidatura de Lula en la batalla electoral que ya se encuentra en curso.
Por nuestra parte, consideramos el gobierno Lula 3 como un gobierno neodesarrollista, como lo fueron los gobiernos Lula 1 y Lula 2[1]. Neodesarrollista en tanto que, en el plano interno, la política económica y la política social de los tres gobiernos Lula promovieron la intervención del Estado en la economía para estimular el crecimiento económico y para reducir la pobreza y, en el plano internacional, su política exterior busca ampliar la margen de maniobra del Estado brasileño frente al imperialismo. Y esas dos dimensiones, la interna y la externa, se encuentran indisolublemente conectadas.
Entendemos que la tesis que identifica Lula 3 como gobierno neoliberal comete dos equívocos básicos. Primero, se equivoca en la elaboración conceptual –neoliberalismo, desarrollismo, neodesarrollismo-. Segundo, confunde el estadio o modelo de capitalismo –en este caso el modelo capitalista neoliberal– con la política gubernamental, esto es, semejante tesis ignora la distinción entre la política de Estado (neoliberal u otra), que no es la política de los gobiernos del PT, y el modelo (neoliberal), con el cual esos gobiernos no llegaron a romper.
Circula en los debates sobre el tema una concepción empiricista del concepto de desarrollismo. Esa concepción ha sido el punto de partida para la idea según la cual el gobierno Lula sería neoliberal. Es por eso que, considerando el capitalismo latinoamericano, podemos afirmar que del concepto que se tiene que desarrollismo, dependen, por supuesto, tanto su correlato neodesarrollismo como su contrario, que es el concepto de neoliberalismo.
Esa concepción empiricista compara casos en los que se considera que se aplicó una política desarrollista a lo largo del siglo XX y busca extraer de esa comparación las características que serían comunes a todos ellos. Se llega a una definición, que considero meramente descriptiva, que consiste en una lista de atributos o características, que se podrían reunir más o menos de la siguiente manera: (a) el desarrollismo es una política consciente del Estado (b) para aumentar la producción y la productividad, (c) centrada en la industrialización y (d) sin renunciar al sistema capitalista.
Al emplear tal definición, algunos intelectuales progresistas llegan a la conclusión de que el Gobierno Lula 3 no forma parte del género desarrollista, a la cual pertenece la especie neodesarrollismo, por la buena y simple razón de que los gobiernos del PT no centraron su política económica en la industrialización o, más exactamente, en la reindustrialización del país, sino que lo hicieron en la acumulación financiera.
2.
No vamos a detenernos en la evaluación del procedimiento, teóricamente arbitrario, que consiste en seleccionar solo uno de los cuatro atributos que son listados en el concepto para juzgar este o aquel otro gobierno; decimos teóricamente arbitrario porque la definición no justifica el número de atributos seleccionados, como tampoco indica lo que es principal y lo que es secundario, ni siquiera se preocupa en justificar por qué deben ser exigidos los cuatro atributos y no solo dos o tres para que se pudiera considerar una política como desarrollista.
Diremos lo siguiente: esos atributos sí deben ser tomados en cuenta, pero para que se entienda su real significado y puedan ser utilizados de modo correcto -sin meter en el mismo saco fenómenos semejantes solo en la apariencia o sencillamente en cuestiones secundarias-, es preciso insertar tales atributos en el contexto del cual forman parte y que determina su significado real. Procediendo así, llegaremos a una definición completamente diferente y más adecuada -o eso nos parece-, a los tres conceptos en cuestión: desarrollismo, neoliberalismo y neodesarrollismo.
El desarrollismo es la política de países dependientes que anhelan acelerar el desarrollo del capitalismo y que, al hacerlo, chocan con los límites impuestos por el imperialismo. El desarrollismo no es, por lo tanto, cualquier política de Estado que persiga, de modo consciente, la industrialización. En su sentido exacto, esa es una política de estados y economías dependientes de América Latina. La política de Otto von Bismark y la llamada Revolución Meiji no podrían, apropiadamente, ser consideradas desarrollistas, aunque hayan representado una política de Estado de consciente industrialización de sus respectivos países: Alemania y Japón.
¿Por qué el desarrollismo choca con los límites del imperialismo? Porque la relación del imperialismo con el desarrollo del capitalismo en la periferia es una relación contradictoria:
Por un lado, el imperialismo estimula el desarrollo del capitalismo en la periferia; cabe mencionar como ejemplo dos hechos importantes en la historia del capitalismo en Brasil: primero, en el siglo XIX, la presión diplomática, económica y militar ejercida por Inglaterra para que fuera abolida la esclavitud; el segundo, en el siglo XX, la participación del capital imperialista en la industrialización brasileña.
No obstante, por otro lado, ese mismo imperialismo impone límites al desarrollo del capitalismo en la periferia; recordemos que el llamado Consenso de Washington supuso un freno al desarrollo capitalista en Brasil, lo que llevó a la desindustrialización y a la reprimarización de la economía brasileña.
El hecho evidente es que, dependiendo de la época y de la región consideradas, uno de esos dos vectores, estímulo o límite al desarrollo capitalista, será el vector dominante.
3.
En la era neoliberal y de la novísima dependencia predomina, si se consideran en su conjunto los mayores países de América Latina, el aspecto limitador del imperialismo sobre el desarrollo capitalista en Argentina, Brasil y México. En una situación como esa, el Estado dependiente brasileño tiene ante sí tres opciones: (i) política de retroceso en toda línea y de adhesión pasiva a la novísima dependencia; (ii) política defensiva de resistencia; y (iii) política ofensiva de superación de la novísima dependencia aunque sin romper con el imperialismo.
La primera opción es la que tomaron los gobiernos neoliberales; la tercera sería una opción desarrollista; la segunda, que es una opción intermedia, es la opción de los gobiernos del PT: el neodesarrollismo.
El desarrollismo clásico, de los años 1930-1980, sin ser antiimperialista, fue ambicioso. Reformuló la inserción del capitalismo brasileño en la antigua división internacional del trabajo de modo que pudo avanzar en la industrialización. Era una política ofensiva.
Un gobierno desarrollista hoy sería aquel que adoptara una política que le hiciese romper con la novísima dependencia, esto es, con la primarización y la financiarización, sin que eso signifique necesariamente romper con el imperialismo, ya que solamente un Estado nacional autónomo, nacido de una revolución democrática y popular, y no un Estado dependiente, puede asumir la tarea de romper con el imperialismo.
Los gobiernos neoliberales son aquellos que asumen activamente la novísima dependencia: apertura comercial en detrimento de la industria local; desregulación financiera en detrimento del control del Estado nacional sobre el movimiento de capitales; privatizaciones en provecho del gran capital brasileño y, principalmente, del gran capital internacional; y, supresión de los derechos laborales y sociales.
Los gobiernos neodesarrollistas representan la posición intermediaria entre los dos polos mencionados. Y es esa la política de los gobiernos del PT, inclusive del gobierno Lula 3.
Cada una de esas políticas –desarrollista, neoliberal y neodesarrollista–, en lo que concierne a la política económica, expresan, prioritariamente, los intereses de una u otra facción de la burguesía y expresan también, si bien en menor medida, la necesidad que el bloque en el poder tiene de responder a la presión de las clases populares. Esa dimensión del fenómeno, esto es, su carácter de clase y las alianzas y conflictos de clases y facciones de clase subyacentes a las políticas gubernamentales, está presente en este texto, pero no será examinada sistemáticamente[2].
4.
Volvamos a retomar la cuestión de la política de resistencia a la novísima dependencia. Esa política se observa en las medidas de política económica, en las medidas de política social y en las medidas de política exterior de todos los gobiernos del PT, incluido el gobierno Lula 3. Consisten, en algunos casos, en eliminar y, en la mayoría de ellos, tan solo moderar los efectos dañinos de la novísima dependencia y del modelo neoliberal sobre el desarrollo del capitalismo brasileño, sobre las condiciones de trabajo y sobre los rendimientos de los trabajadores.
La política económica neodesarrollista consiste en un abanico de medidas que moderan los efectos dañinos de la política económica neoliberal sobre el capitalismo brasileño: prioridad para las empresas locales en las compras gubernamentales; política de contenido local en la cadena del petróleo y gas; política de compras de la compañía brasileña Petrobrás para barcos, navíos petroleros y plataformas de explotación de petróleo fabricados en el Brasil; incentivos financieros del Fondo de la Marina Mercante para los astilleros nacionales; préstamos subsidiados del BNDES para los grandes grupos económicos nacionales, a los que libran de los intereses abusivos del sistema financiero privado; mantenimiento del control de los grandes bancos nacionales sobre el mercado bancario etc.
Esas políticas, que imponen restricciones a la apertura comercial, a la desindustrialización y a la desnacionalización de la economía brasileña no fueron abandonadas por el gobierno Lula 3. Al contrario, fueron retomadas, después de que los dos gobiernos neoliberales de Michel Temer y de Jair Bolsonaro las hubiesen eliminado o reducido su alcance.
La política social neodesarrollista contiene un abanico de medidas que van en contra de la política social neoliberal, cuya dinámica consiste en la permanente, y cada vez más radical, supresión de derechos laborales y sociales. Lula 3 retomó la política de revalorización del salario mínimo que había sido abandonada por Bolsonaro; retomó el programa Minha Casa, Minha vida [para facilitar el acceso a la vivienda a las familias con menos recursos]; la política de expansión de la red pública federal de escuelas técnicas y de universidades; creó los programas Gás do Povo [garantiza el acceso gratuito a la bombona de gas], Pé-de-meia [para combatir el abandono escolar mediante una ayuda económica alas familias con menos recursos económicos] y otros.
En el plano internacional, Lula 3 retomó el BRICS y participó en iniciativas prácticas que tienen como objetivo a largo plazo la eliminación del monopolio del dólar sobre el sistema financiero y comercial internacional.
Basta mirar para Argentina, que representa muy bien el neoliberalismo dependiente latinoamericano en su fase actual, y hacer la comparación para percibir la diferencia entre las políticas económica, social y exterior neodesarrollistas del gobierno Lula 3 y la política neoliberal en la Argentina de Javier Milei.
5.
Además del procedimiento metodológico equivocado en la definición de los conceptos, tenemos otro equívoco, que consiste en no percibir la distinción conceptual entre la política neoliberal y el modelo económico neoliberal. Las medidas de política de Estado y el modelo de capitalismo, aunque multidimensionalmente relacionados, no son una misma y única cosa. Dentro de ciertos límites, la primera puede variar, sin que el segundo sea suprimido.
Tanto la política neoliberal como la política neodesarrollista participan del modelo capitalista neoliberal; no obstante, la primera busca mantener intocadas -o incluso reforzar y profundizar-, las características del modelo, mientras que la segunda busca impedir la profundización del modelo y flexibilizar o incluso suprimir algunas de sus características.
Es cierto que la variedad de las políticas de Estado está limitada por el propio modelo. En este sentido, en la medida que la política neodesarrollista de los gobiernos del PT no rompe con el modelo capitalista neoliberal, su alcance es limitado, pero sería un grave error subestimar el sentido de sus políticas. Me gusta definir el neodesarrollismo como el desarrollismo posible dentro del modelo capitalista neoliberal. De hecho, en algún caso, esas diferencias en el marco del mismo modelo pueden convertirse, dependiendo de la situación política, en una política de superación del propio modelo.
El modelo desarrollista vigente entre las décadas de 1930 y 1980, cuyo objetivo era superar gracias a la industrialización la antigua dependencia basada en la llamada vocación agrícola del país y en la explotación financiera vía capital de préstamo, se fue construyendo de forma gradual en sus atributos fundamentales: fuerte proteccionismo del mercado interno; centralización del cambio; empresas estatales en los sectores de infraestructura, industria de base y otros; financiación pública de las inversiones; reglamentación protectora del mercado de trabajo y otros.
Pues bien, dentro de ese mismo modelo tuvimos, sucesivamente, cuatro gobiernos con tres tipos de política económica, social y exterior muy distintas: Eurico Gaspar Dutra, Getúlio Vargas, João Café Filho y Juscelino Kubitschek. Sin que ninguno de ellos haya roto con el modelo de capitalismo vigente, los cuatro presentaron diferencias significativas en lo que atañe a los intereses de las empresas nacionales, del capital extranjero y de los trabajadores.
Eurico Gaspar Dutra, principalmente en el primer bienio de su gobierno, buscó moderar la política desarrollista, llegó incluso a amenazarla al facilitar la importación de manufacturados; sin embargo, Vargas la retomó con fuerza. Café Hijo, lo mismo que Eurico Gaspar Dutra, se desvió de la política desarrollista. Juscelino la retomó, pero, a diferencia de Vargas, redujo el énfasis en las empresas estatales y aumentó la participación del capital extranjero en la política de desarrollo. Diferencia aún mayor tuvimos durante la dictadura militar. Los generales mantuvieron el modelo desarrollista, pero su política social –contención salarial, prohibición de la lucha sindical etc.– fue lesiva para los trabajadores.
Volviendo al modelo capitalista neoliberal, constatamos un fenómeno semejante. Mientras la política neoliberal de los dos gobiernos de FH Cardoso priorizó el desmantelamiento del Estado desarrollista en el ámbito de la política económica, los gobiernos de Michel Temer y de Jair Bolsonaro, en una práctica más avanzada del modelo, priorizaron el desmantelamiento del Estado social, en particular mediante la reforma laboral, la generalización de la terciarización, una reforma más dura de la sanidad y el establecimiento de un techo de gasto público que pasó a amenazar el sistema de salud y de educación.
Los gobiernos del PT, por su parte, buscan con la política neodesarrollista reducir o, en algunos casos, suprimir los efectos dañinos del modelo capitalista neoliberal sobre el crecimiento del capitalismo brasileño y sobre la vida de los trabajadores, lo que tensiona el modelo hasta llevarlo a sus límites. Al hacerlo, los gobiernos del PT se enfrentan, en el que respeta a muchas medidas de política social, a la oposición del conjunto de la burguesía brasileña, como ocurre ahora (abril de 2026) con la iniciativa del gobierno de adoptar una posición favorable al fin de la jornada de trabajo 6 X 1 [6 días de trabajo por uno de descanso]; y, en lo que atañe a la política económica, esos gobiernos encuentran, principalmente, con la oposición de la facción burguesa constituida por la gran burguesía brasileña perfectamente integrada, y de distintos modos, en el capital internacional y en los gobiernos imperialistas.
La primera facción, sin ser antiimperialista, alimenta conflictos puntuales con algunos intereses del capital extranjero y, por eso, podemos denominarla gran burguesía interna; la segunda facción es la propia extensión de los intereses del capital internacional en la economía brasileña y es la facción que denominamos gran burguesía asociada. Sí, el neodesarrollismo y el neoliberalismo son, ambos, programas burgueses, pero el impacto de uno y de otro en las condiciones de vida y de trabajo de las clases populares son bien diferentes.
6.
Es cierto que el neodesarrollismo del gobierno Lula 3 perdió fuerza se comparado con los de Lula 1 y de Lula 2. Dos hechos indican esa debilitamiento: el crecimiento económico es más reducido y la recuperación del salario mínimo, ahora, tiene un límite legal. Según nuestro entender, eso ocurrió, principalmente, aunque no exclusivamente, porque cambiaron las condiciones objetivas externas e internas, tanto económicas como sociales y políticas.
En primer lugar voy a enumerar los principales cambios que, en lo esencial, son independientes de la política de Partido dos Trabalhadores y que ponen de manifiesto el contraste entre la década de 2000 y la década de 2020: la ofensiva imperialista de EEUU bajo el gobierno de Donald Trump contra China y sus aliados y contra América Latina; la pérdida de dinamismo de la economía capitalista desde la crisis financiera de 2008 y, posteriormente, de la crisis provocada por la pandemia de covid-19; la profundización económica e institucional del modelo capitalista neoliberal durante los gobiernos Temer y Bolsonaro, mediante la aprobación de nuevas leyes y la creación de nuevas instituciones funcionales a la reproducción del modelo de acumulación neoliberal.
Pérdida de poder económico de importantes segmentos de la facción de la burguesía brasileña, la gran burguesía interna, que apoya la política neodesarrollista: la Lava-Jato y el golpe de 2016 prácticamente destruyeron a las grandes constructoras y a los astilleros nacionales; pérdida de la capacidad de intervención política del sindicalismo obrero y de clase media, que fueron y son una de las bases de apoyo de la política neodesarrollista.
Surgimiento y consolidación del movimiento neofascista que dio nuevo aliento al neoliberalismo, cuyo impacto ideológico en la sociedad estaba en declive, como indican las sucesivas victorias electorales del PT –es muy diferente de la década de 1990 cuando FHC vencía las elecciones en el primer turno-; declive del hiperpresidencialismo brasileño con el correspondiente aumento de la capacidad de decisión del Legislativo, inclusive en el plano del presupuesto federal, legislativo en el que la flaqueza electoral del PT contrasta con su fuerza en la elección presidencial[3].
Esas siete y significativas diferencias objetivas de la década de 2020 en relación a la década de 2000 entraron en concurso, todas ellas, para conseguir un mismo resultado: el estrechamiento del margen de maniobra de que pueden disponer los gobiernos del PT –sea ante el imperialismo o ante el modelo capitalista neoliberal– para aplicar su política económica, social y exterior neodesarrollista.
Sin embargo, como ya sugerí, la debilidad del neodesarrollismo se debe también a las características estructurales del PT y del lulismo. Me refiero a la ausencia de organización de las masas, a la tendencia a la conciliación política y al rechazo a movilizar a los trabajadores incluso en los momentos más críticos: el gobierno Lula 1 no movilizó los trabajadores para defenderse en la llamada crisis del “mensalão” y el gobierno Dilma 2 tampoco recurrió a la movilización popular para defender su mandato en la crisis del impeachment.
Pero, repito, por las razones anteriormente mencionadas, estoy en condiciones de poder afirmar que esa debilidad no justifica caracterizar al gobierno Lula 3 como neoliberal. El neoliberalismo vendrá, y en su versión más dura, que es su versión actual, si Flávio Bolsonaro vence las elecciones de octubre de este año. Y no solamente eso. Hoy, además del conflicto entre neoliberalismo y neodesarrollismo, tenemos otro: el conflicto entre dictadura y democracia. No puede haber duda de que con la vuelta de la familia Bolsonaro al gobierno la democracia estará amenazada.
Armando Boito es profesor titular sénior de ciencia política en la Unicamp y editor de la revista Crítica Marxista. Es autor de, entre otros libros, Reforma y crisis política en el Brasil: los conflictos de clase en los gobiernos del PT (Unesp-Unicamp, 2018)
Notas
[1] Analicé los cuatro primeros gobiernos del PT como gobiernos neodesarrollistas en mi libro Reforma y crisis política en el Brasil: los conflictos de clase en los gobiernos del PT (Unicamp-Unesp, 2018).
[2] Armando Boito, op. cit.
[3] Armando Boito y Danilo Martuscelli, «O lulismo e o declínio do hiperpresidencialismo brasileiro» (2024), disponible en: https://aterraeredonda.com.br/o-lulismo-e-o-declinio-do-hiperpresidencialismo-brasileiro/.
Fuente: https://aterraeredonda.com.br/lula-3-nao-e-um-governo-neoliberal/
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