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Medicinas para curar o…negociar

Fuentes: Rebelión

  Las compañías farmacéuticas transnacionales han convertido la fabricación y comercialización de medicamentos en un negocio que les arroja enormes ganancias pero que va en detrimento de la salud de millones de personas en el mundo. Recientemente, el Premio Nóbel de Economía, el estadounidense Joseph Stiglitz, declaró que el sistema de patentes pone en riesgo […]

 

Las compañías farmacéuticas transnacionales han convertido la fabricación y comercialización de medicamentos en un negocioTomy que les arroja enormes ganancias pero que va en detrimento de la salud de millones de personas en el mundo.

Recientemente, el Premio Nóbel de Economía, el estadounidense Joseph Stiglitz, declaró que el sistema de patentes pone en riesgo el acceso de la gente a los medicamentos, a la par que las compañías farmacéuticas gastan más dinero en marketing y publicidad, y desestiman la investigación. El sistema de propiedad intelectual genera hoy presiones monopólicas, altos precios y poca innovación, afirmó Stiglitz,

Las transnacionales, basándose en acuerdos internacionales como los de la Organización Mundial de Comercio (OMC) impiden que gobiernos y países produzcan medicinas genéricas que compitan en el mercado con sus productos ya establecidos a pesar de las consecuencias nefastas que estas medidas conllevan para centenares de millones de personas en el mundo que no pueden adquirirlas por sus altos precios.

En mayo de 2007 Brasil inició una rebelión contra esos convenios al anunciar que producirá medicamentos contra el HIV/sida a bajo costo, desconociendo las patentes por motivos de «emergencia nacional», mecanismo que se conoce como «licencia obligatoria».

Un antecedente tuvo lugar hace tres años cuando 39 empresas transnacionales iniciaron una demanda contra Sudáfrica para obligarla a anular la modificación de leyes sobre patentes que le permitió la producción local de fármacos accesibles a las personas afectadas con el VIH. Después de muchos dimes y diretes, la queja esta congelada.

Hace pocos días, los ministros de Salud del MERCOSUR reunidos en Paraguay, puntualizaron la decisión de avanzar en la producción de medicamentos genéricos, al considerar que las patentes deben ajustarse a una función social.

Los ministros de Sanidad de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, (miembros plenos) y de Venezuela, Ecuador y Bolivia, significaron que aplicarán «la flexibilidad prevista a nivel internacional para garantizar la disponibilidad de medicamentos menos costosos, accesibles y de calidad para la población».

La principal traba para aumentar la producción de medicamentos genéricos es el control que tienen sobre las patentes, las grandes firmas farmacéuticas mundiales que monopolizan el mercado.

Un medicamento genérico es un producto que tiene el mismo principio activo, forma farmacéutica y composición que el producto original, lo cual significa un ahorro para los consumidores y para los sistemas estatales de salud.

El argumento de las compañías es que invierten mucho dinero en investigación y desarrollo de nuevos productos y esos costos se le trasladan al consumidor final para recuperar la inversión y obtener ganancias comerciales.

Las leyes de propiedad intelectual otorgan a esas compañías un período de protección de la patente, (que dura hasta 20 años) tras lo cual deben hacerse públicas sus investigaciones para que otros laboratorios puedan producir esos medicamentos pues el principio activo ya fue descubierto.

La declaración del MERCOSUR indicó que hoy en día todo está determinado por el mercado, y a este no le interesan las enfermedades, sino los clientes. La propiedad intelectual esta concebida como un asunto de mercado, mientras que un sistema de salud es una cuestión de valores humanos.

Para Stiglitz, los laboratorios invierten más en drogas vinculadas a los estilos de vida, como por ejemplo para que crezca el pelo, y la mayor parte del dinero que gastan tiene que ver con enfermedades padecidas por los habitantes de los países ricos, y no para los pobres como son la cura del paludismo y la malaria. Stiglitz añadió que hoy se investiga lo que el mercado determina, no la necesidad de las personas, y sobre todo, la cantidad de clientes que padecen las enfermedades tienen que ser ricos.

La doctora Marcia Angell , miembro del Departamento de Medicina Social en la Escuela Médica de Harvard y autora del libro La verdad acerca de las compañías farmacéuticas: cómo nos engañan y qué hacer al respecto, tras años de estudio sobre el tema, denunció que e n el año 2002, las diez farmacéuticas estadounidenses más grandes tuvieron ventas por 217 000 millones de dólares.

La también ex editora en jefe de The New England Journal of Medicine, una de las más importantes revistas médicas del mundo indicó que la cifra que se maneja a menudo en el ámbito farmacéutico es que cada nuevo medicamento cuesta, en promedio, 802 millones de dólares para ponerlo en el mercado, pero según Angell, la cifra está tremendamente inflada. Las empresas, en teoría, invierten millones en hallar nuevos medicamentos y pasarlos por un protocolo de pruebas que garanticen sean seguros para el público.

En el libro de Marcia Angell se afirma que en el periodo 1998-2003 se introdujeron al mercado 487 medicamentos, pero de ellos la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) indicó que 78 % -casi cuatro de cada cinco- tenían poca probabilidad de ser mejores que los presentes en el mercado. De hecho, 68 % de esos 487 fármacos ni siquiera eran novedosos: simplemente medicamentos viejos presentados en nuevas combinaciones.

De 1990 a 1997 se lanzaron al mercado 1.223 medicamentos, de los cuales 340 eran verdaderas innovaciones terapéuticas y solo 11 servían para el tratamiento de las llamadas enfermedades tropicales que afectan a los habitantes de los países pobres (también a los de las naciones ricas) como la tuberculosis y el SIDA.

Otro ejemplo: en 2000, un proyecto de producción de un antimicótico fue abandonado por la farmacéutica Aventis tras evaluar que el potencial comercial sería de solamente 400 millones de dólares y se necesitaban 500 para obtener las ganancias requeridas.

El poder controlador de esas compañías sobre las naciones en desarrollo se hará más fuerte con la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) que imponen leoninos y perjudiciales convenios a los gobiernos.

La representación en Panamá del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) advirtió que los TLC podrían convertirse en un arma de doble filo para la población de los países en vías de desarrollo pues los estudios demuestran que tras ser firmados, aumentan los costos en los tratamientos de tuberculosis, SIDA y otras enfermedades.

El pasado 7 de febrero de 2007 la Asociación de Fabricantes e Investigadores de la Industria Farmacéutica de Estados Unidos ( PhRMA por sus siglas en inglés), presentó una petición formal ante el Representante Comercial de Estados Unidos en la que solicita la imposición de sanciones comerciales contra Costa Rica por no aplicar las normas de protección a las patentes sobre medicamentos contenidas en el Capítulo 15 del TLC.

Llama la atención que debido a las presiones populares, el gobierno costarricense del pronorteamericano Oscar Arias no ha podido ratificar el Tratado.

La PhRMA expresa en su demanda que entre enero y septiembre de 2006, las farmacéuticas habrían dejado de percibir ingresos por más de 112 millones de dólares de los cuales 17,631,000 serían por protección de datos de prueba y casi 94,721,000 por patentes.

En la acusación presentada por la poderosa Asociación también aparecen demandas contra Guatemala y República Dominicana que sí son miembros efectivos del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica-República Dominicana y Estados Unidos.

Cálculos conservadores indican que alrededor de 100 empresas de ese sector en el mundo controlan un mercado de 500 millones de dólares.

En conclusiones, el negocio de las farmacéuticas no es fabricar medicamentos para el beneficio de las grandes poblaciones, sino…hacer mucho dinero.