Recomiendo:
0

Menos Telesur es menos diversidad

Fuentes: Página/12

Si no hay marcha atrás y la decisión oficial se formaliza, la Argentina dejará de integrar el consorcio de Telesur. Sería triste. Pero lo más triste sería que Telesur saldría de los contenidos de TDA, la televisión digital abierta que permite ver tele gratis en todo el país al que no quiere cable y, sobre […]

Si no hay marcha atrás y la decisión oficial se formaliza, la Argentina dejará de integrar el consorcio de Telesur. Sería triste. Pero lo más triste sería que Telesur saldría de los contenidos de TDA, la televisión digital abierta que permite ver tele gratis en todo el país al que no quiere cable y, sobre todo, al que no puede pagarlo.

El prejuicio en contra dirá: «Telesur es chavismo puro».

Y el prejuicio a favor dirá lo mismo: «Telesur es chavismo puro».

Error. Telesur fue impulsada por Hugo Chávez en el 2005. Naturalmente la imagen de Chávez aparece en pantalla con frecuencia. Pero su contenido no es chavismo puro. Es puro periodismo.

Ciertos hechos, incluso, o está cubiertos por Telesur o no están. Y no se trata de los discursos del presidente venezolano Nicolás Maduro. Maduro no precisa pantalla. Hasta Fox lo pone, así sea para criticarlo. Se trata de la cobertura de acontecimientos elementales como la asunción de un presidente brasileño o la de un presidente uruguayo. Cuando Luiz Inácio Lula da Silva asumió por segunda vez, en 2007, y Dilma las dos veces en 2011 y 2015, el gobierno brasileño usó la cadena pero la Red Globo no hizo un despliegue periodístico especial, acorde con la magnitud de un cambio en la presidencia de la sexta economía del mundo. Lo mismo ocurrió en Uruguay con Pepe Mujica en 2010 y con Tabaré Vázquez en 2015. ¿Dónde puede enterarse uno de lo que piensa Evo Morales, figura de peso mundial como Mujica? En Telesur. Además de YouTube, ¿por dónde pasan Invasión USA, el riquísimo documental sobre la historia de las relaciones entre los Estados Unidos y Bolivia realizado por Andres Sal.lari con investigación periodística de Mariano Vázquez? En Telesur, horario central. ¿Cuál fue una de las primeras cadenas en convocar como entrevistado al ministro de Macri Hernán Lombardi? Telesur, en un ciclo conducido por Víctor Hugo Morales. ¿Dónde saber qué opina el presidente ecuatoriano Rafael Correa tras perder la batalla por gravar la herencia de los más ricos? En Telesur. ¿En qué sitio se puede hallar una explicación didáctica y sin panfleto alguno sobre cómo funciona el sistema financiero internacional? En Telesur. ¿Qué canal de TV dedica más tiempo y más recursos a la cobertura del proceso de paz en Colombia, un asunto que recién ahora los argentinos empiezan a comprender en su dimensión no sólo colombiana sino continental? Telesur otra vez. El futuro de Colombia es hoy mucho menos sangriento que durante el apogeo de la violencia guerrillera, de los narcos, de los paramilitares y del Estado. Sin guerra, los desafíos son enormes: la Justicia, el desarme, los campesinos desplazados hacia las ciudades y los hijos de esos campesinos con muertos en la familia y sin trabajo. Telesur no fue en estos últimos años el vocero de las FARC sino el mejor lugar en el mundo, Colombia incluida, para seguir las informaciones sobre qué estaba en juego y cómo movían sus fichas el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla en las negociaciones de paz de La Habana. «Dossier», conducido por el periodista uruguayo Walter Martínez, el del parche en el ojo, es de los pocos programas donde hay política internacional explicada sobre un mapa. Parece una tontería. Al contrario. La tontería es la de quienes hablan del mundo sin mapa, sin fronteras a la vista, sin perspectiva geopolítica y sin historia.

En algunos temas Telesur fue no sólo la única vía de información televisiva sino la única vía de información. Así, a secas. Sucedió con el gran fogueo periodístico de la cadena, que fue el golpe contra Manuel Zelaya en Honduras, en 2009. Los periodistas trabajando en el terreno llegaron a tener más precisión sobre lo que ocurría minuto a minuto que diplomáticos del continente y aun de Europa. El canciller español hasta comentó a un directivo de Telesur que la emisión había sido su fuente principal de información en las primeras horas del golpe.

¿Dónde ver a Paco Ignacio Taibo II con sus remeras estampadas de frases provocativas mientras camina otra vez por donde anduvo Pancho Villa o fuma un puro en la casa de Camagüey donde Guevara se fumó un puro?

Patricia Villegas, la colombiana nacida en Cali que preside Telesur, explicó por radio a Daniel Tognetti que ningún gobierno puede poner contenidos al aire. Los directivos fijan las grandes líneas y, como en cualquier medio, los jefes son los que deciden qué material sale. Villegas tiene crédito bien ganado para tomar esas decisiones responsablemente. Era la directora de noticias justo con el golpe contra Zelaya y no ejerce la presidencia como una reina que se olvidó del barro y el chequeo de fuentes.

No es que Mauricio Macri esté impedido de producir y colgar contenidos. Tampoco puede meterse en la programación Nicolás Maduro. Ni los presidentes de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Uruguay, los otros países socios de Telesur. Brasil nunca fue parte. Y Lula confió después a sus funcionarios dedicados a Sudamérica que estaba arrepentido porque se había perdido una herramienta de integración. El heroísmo de Carta Maior y la lucidez de Carta Capital u Opera Mundi y algún ensayo de Piauí no alcanzaron en Brasil para que el pueblo pudiera ver a sus vecinos en movimiento. Menos aún para que conociera su vida cotidiana. Para eso hace falta la tele. Y una tele con alma.

Es obvio que Telesur tiene alma. Parte de su identidad viene de la historia, porque 2005 fue el año de la Cumbre de Mar del Plata en que los cuatro países que entonces formaban Mercosur (la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) sumaron a Venezuela y consiguieron impedir que hubiera consenso para formar un Area de Libre Comercio de las Américas. Un editorial de La Nación acaba de calificar a esa cumbre de «patológica». El adjetivo revela qué sentimientos anidan en el alma de Bartolomé Mitre y Claudio Escribano.

Y ése es el punto: ¿qué hacer con las distintas almas? Si el Estado considera que poner sólo Telesur en TDA es inconveniente, ¿por qué no la deja y agrega otras señales? También en CNN, la Deutsche Welle o la BBC pueden verse contenidos que no existen en otro lado. Si alguien se interesa por lo que pasa en el mundo, ¿puede abstenerse de Bloomberg? Imposible. No entendería las ideas de los partidarios de la sociedad de mercado, concepto que para el economista Arnaldo Bocco ya excede al de economía de mercado. No entendería el televidente qué quieren de la Argentina Adolfo Sturzenegger o Fabián «Pepín» Rodríguez Simón.

La historia del asunto Telesur no terminó. En principio falta ver qué sucede finalmente en el área oficial. Si el Gobierno concretara su intención, ¿los canales privados seguirán todos al Grupo Clarín en su decisión de dar de baja a Telesur en la grilla? Y los diarios, los sitios web y los canales universitarios, ¿qué harán? ¿Se quedarán con el facilismo de condenar el «apagón informativo» sin hacer nada en concreto para mitigarlo?

Catarsis y construcción empiezan con la misma letra. Es lo único que tienen en común. Punto. La catarsis puede ser reparadora. El sueño también. Pero, ¿y después? La diversidad de voces no solo es una conquista jurídica y social de alcance planetario que el Gobierno tomó por asalto -lo hizo con la dilución de los límites al monopolio- sino una opción de vida. Incluso en los peores momentos.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-295796-2016-03-31.html