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Multipolaridad: teoría ¿y práctica?

Fuentes: Rebelión

Tal como la cauda de conceptos como globalización, liberalización o financiarización circularon ampliamente en los análisis para explicar fenómenos recientes del capitalismo, la noción de multipolaridad ha cobrado cierta carta de naturalidad en la investigación de las ciencias sociales, el discurso político y el propio ámbito mediático.

Se semantizaba una posición de fuerza desde los centros imperialistas asignando neutralidad y asepsia a procesos históricos para despojarlos de la materialidad de intereses capitalistas subyacentes. Quedaba la opción de tomar esas “casamatas y fortificaciones” para retraducirlos y conferirles un sesgo emancipatorio. V. gr. “Globalización capitalista”. Surgieron las primeras impugnaciones desde la superpotencia imperialista en pos de atenuar la irrupción de cualquier desafío a su superioridad militar fundamentalmente, y en lo económico desde luego.

Condoleeza Rice, destacada halcón estadounidense como secretaria de Estado de George W.  Bush, desde 2003 atacaba el concepto sobre todo al advertir su posible concreción en la coyuntura de la Europa postsoviética: “La multipolaridad es una teoría de rivalidad, de intereses contrapuestos y, en el peor de los casos, de valores contrapuestos”, a la vez de que “la teoría de la rivalidad representa un peligro para la solución de problemas graves”[1]. Con esta materia se alzaba el monolito construido por el imperialismo estadounidense, a cuyo despliegue colonial le fue dado globalización como nombre. Lo otro, antagonizaba y dividía. Ese fue el mundo unipolar cuya fuerza incuestionada por décadas succionaba toda influencia surgida a la sombra y se le abatía con misiles.

Al ser el término polo de circulación aceptada, se abre un arco problemático en lo teórico y práctico a efectos del desplazamiento conceptual necesario para caracterizar el desarrollo de los conflictos a nivel mundial, siempre y cuando se le analice en el marco histórico de lucha por la hegemonía (nivel de funcionamiento de la política internacional y del movimiento de capitales en la división internacional del trabajo). Esto con relación a la suerte corrida por otros elementos de análisis como potencias o áreas de influencia.

Sin proponérselo, Condolezza Rice se está refiriendo a las rivalidades interimperialistas indeseadas por la administración Bush al calor de las invasiones a Irak y Afganistán. Esa es la enunciación en la cada vez más vigente obra El imperialismo: fase superior del capitalismo. Lenin esclarecía científicamente los rasgos de la nueva etapa del capitalismo dominado por los monopolios y el capital financiero, un año antes de verificarse su magnitud en el campo de batalla europeo. Lo hacía apuntando como causa de un desenlace bélico a las pugnas en abierta crítica a los conceptos de ultraimperialismo (Kautsky) e interimperialismo (Hobson) quienes  prescribían una gestión mancomunada de las colonias y semicolonias:

“Supongamos que dichos países imperialistas forman alianzas, una contra otra, con objeto de defender o extender sus posesiones, sus intereses y sus ‘esferas de influencia’ en dichos países asiáticos. Esas alianzas serán alianzas ‘interimperialistas’ o ‘ultraimperialistas’. Supongamos que todas las potencias imperialistas constituyen una alianza para el reparto ‘pacífico’ de dichos países asiáticos: ésa será una alianza del ‘capital financiero unido internacionalmente’”[2].

Algo semejante a la concepción sobre la unipolaridad como unidad de mando de las potencias imperialistas bajo el manto de Estados Unidos tras la caída de la Unión Soviética y al fragor de la lucha contra el terrorismo. Lenin explicaba lo ilusorio sobre el reparto del mundo tácitamente por vía de los hechos sin solución final. Expone a continuación:

 “Basta formular claramente la pregunta para que sea imposible darle una respuesta que no sea negativa pues bajo el capitalismo no se concibe otro fundamento para el reparto de las esferas de influencia, de los intereses, de las colonias, etc., que la fuerza de quienes participan en el reparto, la fuerza económica general, financiera, militar, etc.”[3].

Dos conflagraciones mundiales, múltiples agresiones militares de E.U. y de otras potencias así lo han confirmado en los siglos XX y XXI. A destacarse en la misma línea de análisis: tanto áreas de influencia como intereses o colonias. La lucha entre las grandes potencias rubrica el capítulo de la obra en donde acusa el reparto territorial definitivo del mundo, en tanto se conquistaron posesiones coloniales en regiones del planeta sin formación todavía de un Estado ahí. Para nada descarta nuevos repartos entre los países capitalistas dominantes del escenario: Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón, Portugal y Bélgica, principalmente.

Hobsbawm refiere cómo la definición de imperialismo e imperialistas era asumida en un sentido positivo por capitalistas y estadistas europeos (caso de Cecil Rhodes). Incluso pululaban posturas favorables al imperialismo social[4], con cargo al ala más guerrerista de la socialdemocracia europea. Ni para la posición revolucionaria, ni para los considerados a sí mismos imperialistas, había una operación aséptica sobre el término tal que lo lavara de su carga de poder económico, político y militar concretamente sobre la posesión de colonias. De hecho, en Imperialismo Lenin retoma discursos pronunciados por líderes británicos en torno a la defensa de la política de conquista para evitar la guerra civil. No se diga para los partidos proletarios que votaron en sus parlamentos contra la entrada a la guerra imperialista estallada en 1918, como la heroica oposición del espartaquismo alemán.

Al adscribir pues la caracterización del mundo como multipolar y no como uno dominado por potencias imperialistas, significa abrazar la inmediatez de las luchas para lograr reacomodos en una fluida hegemonía estadounidense. Esto implicaría participar en mejores condiciones en el mercado mundial, tener un lugar en el desarrollo tecnológico o ganar márgenes de soberanía en el plano diplomático. Ninguna de las razones es menor, aunque tienen un corte temporario para abrirse paso en coyunturas críticas como las alianzas ante genocidios, bloqueos o medidas unilaterales de fuerza. Se trata más de razones de Estado y de la contención de la lucha de clases de los dominados en el contenedor del Estado-nación frente a otros.

Realmente se halla en el fondo de la cuestión, la caracterización del imperialismo como fase superior del capitalismo justamente con el desenvolvimiento de las tendencias colonialistas emanadas del poder de los monopolios en función de los intereses de la oligarquía financiera. Más que un prurito ideológico o lingüístico sobre la multipolaridad, se halla de fondo la comprensión de las leyes que gobiernan al capitalismo, es decir, el conjunto de contradicciones donde la crisis arrastra en el declive de la superpotencia a las potencias que pudo coaligar alrededor de su expansión.

En la Unión Soviética se prestó atención al curso de las relaciones internacionales y diplomáticas estudiando al imperialismo en sus contradicciones secundarias. Una rigurosa recapitulación (2023) muestra el objetivo estratégico y vital para ubicar en estas redes las decisiones de Estado en el desarrollo del socialismo aun constreñido únicamente al país de los soviets. Magadeev disecciona cómo se analizó la posición de las potencias imperialistas contexto de los últimos años de la Gran Guerra Patria por parte de Litinov y Maisky (“dos destacados diplomáticos soviéticos). De entrada, muestra que en la guerra fría en la década pululaba una notoria reserva sobre el término:

“En las décadas de 1970 y principios de 1980, los expertos soviéticos consideraban principalmente el concepto de multipolaridad como una forma de ‘desviar la atención de los cambios fundamentales en los que se manifiestan las leyes objetivas del desarrollo social que conducen al socialismo’ (Petrovsky 1976: 197)”[5].

Ahora bien, los diplomáticos citados teorizaban sobre el lugar de la URSS en la posguerra al considerar la futura relación con Alemania en su horizonte de reconstrucción y la situación de Japón en el marco del logro de una paz duradera. Nociones clave como zonas de seguridad y zonas de influencia enmarcaban el rejuego vislumbrado por el Estado soviético frente a Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, fundamentalmente: contemplaban la necesidad de explotar posibles contradicciones entre las dos primeras potencias. Desde luego, la postura soviética a cargo de su diplomacia aplicaba un análisis materialista dialéctico al jerarquizar contradicciones fundamentales y secundarias, cuestiones estratégicas y tácticas, así como los distintos frentes de la lucha de clases a nivel mundial y dentro de cada potencia imperialista.

Empero, no resulta factible sino al costo de forzar los términos, que se haya tratado de un abordaje temprano y anticipado sobre bipolaridad, tripolaridad o multipolaridad como sugiere el artículo. Reconoce debidamente la diferencia en la concepción sobre ese campo semántico imperante en los balances soviéticos ulteriores, más apegados a la línea de la realpolitik. El texto remite las primeras referencias a la multipolaridad a la actual diplomacia de Rusia alrededor de 1996 para abordar la política mundial, con Yevgeny Primakov como ministro de Relaciones Exteriores.

Este mastodonte sostuvo una férrea oposición al unilateralismo yanqui en el mundo, al declinar el mandato prooccidental de Yelstin e “identificó el inicio de la transición a la multipolaridad ya en 1996 como una de las principales tendencias en el desarrollo de la vida internacional moderna. Y durante su visita a Delhi a finales de 1998, ya como Primer Ministro, Primakov propuso un plan para desarrollar la cooperación trilateral entre Rusia, China e India (RIC) como un mecanismo práctico para impulsar la multipolaridad global”[6].

Actualmente Alexander Dugin, cerebro ideológico del Kremlin, ha desplegado la multipolaridad como una filosofía adoptada por Putin como razón de Estado y punta de lanza de su gobierno para reacomodarse en el mundo, desde los frentes político-militar y económico. Se ha postulado esta línea desde el pragmatismo con una profundidad más allá del plano discursivo.

“¿Por qué la multipolaridad? Porque representa algo nuevo. No se trata de un mundo bipolar ni unipolar, ni del sistema westfaliano de estados-nación, donde cada uno se considera soberano, pero en realidad no lo es. Solo los grandes estados-civilización pueden ser verdaderamente soberanos en nuestro mundo, y esto se hace cada vez más evidente.

Originalmente, la ‘multipolaridad’ era un eslogan, un concepto que no vinculaba a nadie con nada concreto. Pero ahora, como quien traza una línea entre dos puntos, la conciencia geopolítica y la visión del mundo del presidente se mueven a lo largo de esa línea”[7].

Dugin sostiene una impronta multipolar en el trumpismo original de la tendencia MAGA porque le confiere al concepto un contenido explícitamente ideológico.

Al precisar el trasfondo epistemológico del multipolarismo encuentra sustento en la teoría de la complejidad de Edgar Morin para asumir las interacciones entre estados-civilización del mundo como flujos entre los componentes de sistemas complejos. Atribuye a la unipolaridad  un contenido moderno, posmoderno y por ende, portador de valores abiertamente anti-tradicionales. Se revela paradójico el sello posmoderno de la complejidad para un enfoque declarado en oposición. Pero es una abierta declaración de principios desde la eslavofilia panrusa con ecos imperiales zaristas pero en tiempos de crisis de la hegemonía estadounidense:

“Estoy absolutamente contra los valores occidentales que son, en esencia modernos y postmodernos, y que son promulgados por los Estados Unidos, por la fuerza de las armas o por la injerencia (Afganistán, Irak, Libia y, tal vez, dentro de poco, Siria e Irán)”[8].

Anunciado esto en 2013 resulta una prospectiva acertada. El sistema de alianzas de Rusia en Eurasia fue ampliándose hasta poder sostener la guerra en Ucrania para hacer retornar a Crimea a su soberanía territorial y reconocer a las repúblicas del Donbás dentro de sus fronteras. Fue una exitosa labor de zapa hacia el unilateralismo de EU después de la caída de la URSS. Pese al marco teórico de Dugin (la cuarta teoría política) también late el corazón expansionista de la Federación de Rusia, cuya estructuración reciente casa con las características de imperialista de acuerdo con el análisis de Lenin.

De ahí que para rivalizar con sus pares occidentales sostiene funcionalmente la carta de la multipolaridad. De manera muy oportuna el Kremlin la moldeó como política de Estado para erosionar la unipolaridad de EU, y la ha catapultado en la práctica para acuerparse en su zona de influencia. Pero se trata de una apropiación específica, más no es la única línea de defensa para alcanzar un orden multilateral.

Ello no hace partidarios de la hegemonía rusa a gobiernos, partidos, teóricos o militantes acogidos bajo el paraguas multipolar. Más bien han hallado una fisura bien significativa a la hegemonía de EU que le abra también a otros países una posibilidad de salir de la asfixia del endeudamiento y su correlato de imposición de políticas económicas de subordinación que puede conllevar incluso medidas unilaterales de fuerza. La ofensiva yanqui-sionista contra la República Islámica de Irán es una consecuencia llevada al extremo para salvaguardar la supremacía militar como escudo de defensa de su matriz energética y del dólar como dinero mundial.

La conformación de BRICS ha mostrado esta vulnerabilidad creciente de Estados Unidos en su control sobre los mercados, el suministro de las materias primas, el monopolio tecnológico y la dolarización de las transacciones comerciales y financieras. Desde luego, corresponde a la postura oficial de China defender la multipolaridad por sus crecientes inversiones realizadas con más de 150 países en el marco del Proyecto de la Franja y la Ruta.

Esa avanzada ha contribuido a acelerar el curso de las incursiones bélicas del imperialismo estadounidense como única posibilidad de preservar y ampliar sus zonas ocupadas ante la inviabilidad de sostener una carrera con China en la renovación de las fuerzas productivas: en el renglón de patentes solicitadas rebasó por vez primera a EU. Por su parte, el gasto militar de este ha tenido un crecimiento sostenido y acelerado a partir de 2020, desde luego en beneficio de las ganancias de sus corporaciones del complejo militar-industrial. Grosso modo se evidencian las tendencias contrapuestas entre las dos mayores potencias económicas, sin desdeñar en el balance de poder la posesión de armas nucleares de la Federación Rusa.

Corolario

Acudir a los orígenes de la polisémica multipolaridad revela perfiles presentes en los reacomodos geopolíticos, a la vez de plantear un desplazamiento categorial hacia las nociones trazadas por potencias como Rusia y China en desafío a la hegemonía estadounidense. Polos de poder define situaciones preponderantes de fuerza en la materialidad bruta de la lucha por la influencia territorial como basamento del mercado mundial, el movimiento de los flujos financieros, la localización de la producción mundial en cadenas globales, las fuentes de materias primas, pero sobre todo en cuanto a la ubicación de la fuerza de trabajo explotada por las potencias dominantes.

Al asumir simplemente la conformación multipolar del mundo se deja sin un marco propio a las luchas por la liberación y sus alianzas internacionales (o internacionalistas); parecen así depender, o jugar una colocación subalterna en la disputa hegemónica entre las grandes potencias. En definitiva, esto es un factor clave de la situación internacional como se demostró en la descolonización tricontinental, pero el desalineamiento conjugó las luchas sin depender de los entendimientos tácitos y explícitos entre las propias superpotencia. Las antiguallas de los viejos imperios coloniales subsistentes en el imperialismo del siglo XX, sucumbieron después de consumarse la derrota de la Alemania nazi, el fascismo italiano y el imperio nipón por las fuerzas aliadas. Victoria cristalizada por las repúblicas soviéticas liberadas de la cárcel de los pueblos, lo mismo por la República Popular China al trascender la herencia colonizadora del siglo de la humillación.

Es ejemplificante el caso de la Revolución Cubana cuando el Kremlin ordenó el retiro de los misiles emplazados en la isla por la respuesta yanqui de amenazar a la Unión Soviética con sus piezas instaladas en Turquía. Cuba no calcó la vía seguida por la URSS para desarrollar su proceso socialista con una honda huella de sus luchas históricas. El mundo bipolar ofrecía una posibilidad para confrontar con mayores márgenes de maniobra la amenaza ubicada a 144 km de distancia al mantener una alianza con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) en correspondencia a otra organización de las relaciones comerciales bajo la cooperación socialista.

No obstante el flujo de suministros desde el campo socialista a la isla, Cuba sin subsumirse fue un eje fundamental para levantar el frente anticolonial al fundar con otros países el Movimiento de los No Alineados en Belgrado (Yugoslavia estaba fuera de la órbita soviética). Sin la pretensión de constituir un polo de poder más bien proyectaba la urgencia por acotar la presión imperialista sobre los procesos de liberación en curso como quedó grabado con heroísmo al ser un ariete para asestarle el golpe mortal al régimen segregacionista de Sudáfrica (sostenido por Occidente), lograr la independencia de Namibia y expulsar a las fuerzas colonialistas de Angola. Ni más ni menos.

Cuba no amplió la influencia soviética anclada en su lugar caribeño dentro de la bipolaridad. Por otro lado, siempre renunció tajantemente a exportar la revolución. De hecho, los ejemplos mencionados conformaron un espacio de actuación enraizados en los propios combates de cada pueblo, dentro de su formación económico-social, eslabonada a la cadena imperialista con mayor o menos fuerza. En el orden conceptual abordado figurarían más bien como quiebres de los polos de poder.

Rusia y China, se yerguen más vigilantes de sus propios intereses (de su razón de Estado) que de contribuir a la emancipación o a los procesos revolucionarios. Lo cual no homologa en lo absoluto al gigante asiático con un E.U. encabezando la solución fascista de la crisis capitalista (para comenzar). Ni tampoco a Rusia acosada por la OTAN.

América Latina se alejó del proyecto Área de Libre Comercio de las Américas impulsado por Bush y sus alfiles. Ese buque chocó con el iceberg de la Revolución Bolivariana pero no alcanzó a constituir un frente duradero por los vaivenes de gobiernos progresistas derrotados por la extrema derecha. Desde luego, también por la invasión a Venezuela y secuestro del presidente Nicolás Maduro. Tampoco su posición estratégica inserta en la primarización de sus exportaciones dada la trunca industrialización, le permitieron forjarse coaligadamente como frente de países en cuanto a polo de poder.

En América Latina, las políticas desarrollistas del siglo pasado, renacidas en los gobiernos progresistas barajaron el multilaralismo a través de organismo subcontinentales. Entre sus logros estuvo atenuar el expolio sin siquiera contar con una burguesía nacional al tratarse de oligarquías que extendían el mercado metropolitano.

Todo respiro a la brutalidad imperialista puede ser un aliento necesario a la demolición del poder del polo verdaderamente hegemónico: los monopolios en despliegue de su aparato militar.

Notas:

[1] Simpson, Michael. Estados Unidos considera que el mundo multipolar es perjudicial. Pravda. https://english.pravda.ru/world/3165-rice/

[2] Lenin, V. I. Obras escogidas; El imperialismo. Fase superior del capitalismo. Ed. Progreso, Moscú, p- 790.

[3] Id, p. 791.

[4] Hobsbawm, Eric. La era del imperio, 1875-1914. Crítica, Bs. Aires, 2009; pp. 78-79.

[5] Magadeev. I. E. La multipolaridad en el arsenal conceptual de la diplomacia soviética en las etapas finales de la Gran Guerra Patria (1943-1945). Boletín Universitario MGIMO. 2023. 16(6). págs. 125. DOI 10.24833/2071-8160-2023-6-93-124-152

[6] Kortunov, Andrey. ¿Por qué el mundo no se está volviendo multipolar?; Russia in Global Affairs. https://globalaffairs.ru/articles/pochemu-mir-ne-stanovitsya-mnogopolyarnym/#_edn1

[7] Dugin, Alexander. Putin y la filosofía de la complejidad. Sobre el auge del mundo cuántico y la multipolaridad. Prensa multipolar. https://www.multipolarpress.com/p/putin-and-the-philosophy-of-complexity

[8] Dugin, Alexander. La cuarta teoría política. Eds. Nueva República, Barcelona, 2013; p. 242.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.