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¿Necesidad del mercado de trabajo en el capitalismo cercano?

Fuentes: Rebelión

El capitalismo neoliberal europeo está otra vez a la ofensiva contra las gentes menos favorecidas económica y socialmente. Se reafirma en su nueva verdad, y los gobiernos e instituciones públicas y privadas de los estados defienden este discurso clasista y reaccionario con hechos; se utiliza la idea del libre mercado como razón de peso y […]

El capitalismo neoliberal europeo está otra vez a la ofensiva contra las gentes menos favorecidas económica y socialmente. Se reafirma en su nueva verdad, y los gobiernos e instituciones públicas y privadas de los estados defienden este discurso clasista y reaccionario con hechos; se utiliza la idea del libre mercado como razón de peso y legalidad legitimada por cartas magnas que no dejan de ser ley hecha por hombres con poder e ideología, ley pensada para la imposición de la desigualdad y la transmisión de ideología dominante, de defensa e imposición de su sistema, de su economía, ley para la justificación, legitimación y reproducción de la democracia occidental -en sus modalidades mas o menor represivas-, democracia que no deja de ser representativa y legitimadora de una elite oligopólica que se reproduce en las relaciones interdesiguales, y cuya última finalidad es la acumulación.

Siendo que el proceso de acumulación solo es posible mediante el apoyo y protección por, y de, las instituciones ecónomo-político/sociales/ideológico-culturales que lo regulan en sus relaciones de competencia entre capitales, entre capital y trabajo, entre poder plutocrático y democracia [1] , entre ideología y realidad, entre dominación y sometimiento, entre patriarcado e igualdad de género, hay que decir que el sistema democrático occidental es profundamente clasista, y prima las desigualdades y la violencia estatal.

La explotación [2] es una más de estas desigualdades, y una de estas violencias que es un hecho social [3] normalizado (como el poder), pero reconocer un hecho no implica que se tenga que aceptar que bajo la máscara del esfuerzo personal (sea en forma de idea, o de aportación financiera), se legitime la apropiación de recursos y plusvalías, pero también se dé vía libre al ejercicio de la dominación [4] , así como a que se encumbre la hipócrita desfachatez del neoliberalismo, y por tanto, del empresario que se legitima en la apropiación afirmando que gracias a él, la gente puede tener trabajo y puede comer; vamos, que hace un favor por el que a cambio se apropia de esa parte no pagada del valor abstracto, social, del producto que producen los trabajadores, así como se apropia del tiempo de trabajo que no paga, y del tiempo de vida enajenado.

En fin, toda una panoplia de egoísmo social y defensa de dominación clasista en aras de justificar aspiraciones de enriquecimiento y pertenencia a la clase social que se considera élite, aspiración que a través de la ideología impregna a muchos, limitando la mirada social universal, hasta hacerla no consecuente con la realidad económica/social vivida.

Recordar que nadie se hace rico -excepto si se apuesta a juegos de azar y se acierta- si no es por medio de la apropiación de plusvalías ajenas, de tiempo de trabajo contratado,legalmente o no (la especulación bursátil es un valor referido a empresas reales, con trabajadores y explotación). La hipocresía del sistema de explotación llega al punto de que para legitimar la apropiación empresarial, el mismo empresario, aunque sea de la pequeña empresa, arguye que su trabajador obtiene el beneficio de poder trabajar.

Pero parece claro que la permanencia del sistema capitalista, a pesar de sus crisis, y las penurias e inseguridad económica que sufre la mayoría de la población no potencian la revuelta, que la contradicción capital/trabajo no «determina objetivamente» ni la revuelta, ni la revolución [5] , propiciando en todo caso, un malestar social más allá de lo económico que nos encara con lo sensible, con la contestación y la insumisión a través de la emergencia de la mirada subjetiva.

Y es desde esta insumisión el que se deba repetir que nadie se hace más libre ni más social trabajando asalariadamente o de forma autónoma [6] , así como que, pese a la implantación de dicha moral de trabajo, a esta ideología de separación clasista según la relación con los medios de producción, la economía capitalista, no ha dudado -en defensa de una tasa de ganancia lo más elevada posible-, en implantar en las empresas saltos tecnológicos que posibilitan que la masa de trabajadores sea cada vez más pequeña.

El capital no tiene complejos; canta a la libertad de poderse vender y aplaude la actitud y aptitud de saberse vender y emprender; y esto lo dice a pesar de estar reduciendo el mercado de trabajo: Esta realidad no deja de ser otra mentira de lo real, de lo posible.

Vivimos en una sociedad en la que el sujeto trabajador no solo es esclavo por horas, sino que defiende su situación como la mejor opción posible, lo que lleva a la realidad del hombre alienado/sumiso a tiempo completo y en todas sus relaciones, pero que desea que esto continúe así, siendo el propio sistema capitalista el que tiende a eliminar la necesidad de mano de obra: Y es desde esta certeza, desde la que se hace indispensable sustituir el paradigma socio-económico actual.

El futuro próximo dentro de este sistema, del capitalismo, es el de cambio del modelo económico/social habido hasta ahora; modelo que se basaba en el trabajo asalariado, ya que la robotización creciente minimiza la necesidad de trabajadores.

El trabajo tal y como se ha entendido hasta hoy -quiéranlo o no, los propios trabajadores- es sustituido de forma acelerada por avances tecnológicos-, y tiende a su disminución no recuperable. Está claro que las leyes de competencia ínter capitalistas, y el desarrollo de las innovaciones técnico-científicas, llevan a una situación en la que el aumento de la rentabilidad del capital implica un inexorable reemplazo de la fuerza de trabajo por el empleo masivo de capital objetivado científicamente. Esto es, la sustitución acelerada del hombre por la máquina.

Esta situación se debe a la capacidad del capitalismo de apropiarse y utilizar el intelecto social [7] general, lo que permite explicar que éste -el capitalismo-, ya no necesita explotar, como en el pasado, al mayor número de trabajadores posible, esto es, ampliar el círculo de la explotación a través del empleo asalariado. Por el contrario, la nueva situación tecnológica permite que se pueda prescindir de gran número de trabajadores, reducir a otros a tiempo parcial, y propiciar la existencia de grandes masas de personas a las que ni siquiera se les permiten las condiciones necesarias para trabajar.

Ahora bien, parece claro que gran número de trabajadores en paro o subutilizados ha de ser protegido, y solo se ven dos posibilidades dentro del sistema actual; la primera posibilidad sería la de sus familias, aunque es difícil al estar cada vez más empobrecidas, y otra posibilidad sería la llamada a la solidaridad fiscal pública financiada a través de partidas presupuestarias especificas, desvió de algunas partidas (como la de gastos militares), e incremento de impuestos a los enriquecidos -que actualmente casi no los pagan-, así como por impuestos a la compra de esa tecnología que hace innecesario el trabajo humano (salvo que el sistema capitalista opte por el exterminio activo o pasivo).

Como respuesta social inmediata, y todavía inmersos en el sistema capitalista, hay que pasar de una situación en la que se sufre el desempleo como un hundimiento real de la economía particular y un sentimiento erróneo de vergüenza social, a otra en la que tener tiempo libre sea el modo de vivir deseable, eliminándose de esta forma el que el trabajo asalariado sea el eje central de la vida humana, logrando lo que todos los poderes actuales temen: una sociedad en la que los sujetos dejan de tener asumido que es cómodo -aunque poco seguro- ser dominado, ser esclavo, y donde las personas cada vez son más libres, donde se piensa críticamente y se tiene tiempo para dedicar a sí mismo y a los demás.

Aunque la necesidad de trabajadores se mantenga en algunos sectores, aun de forma limitada, es deseable trabajar asalariadamente el menor tiempo posible, socializar el trabajo asalariado que aun subsista, y exigir la implantación de una renta básica universal suficiente para un digno vivir, no seguir por el camino que en estos momentos vivimos; ser uno de losafortunados que consiguen venderse en el mercado de trabajo, lo cual no es garantía de poder alejarse de la pobreza del presente, mucho menos en el futuro. Se será pobre aunque se trabaje todo el día.

No es posible hacer un cambio social que sustituya al capitalismo feroz que padecemos si no se rompe de raíz con la necesidad de las estructuras económicas sobre las que apoya, siendo la dependencia del trabajo asalariado su eje. El paso adelante requiere necesariamente del reparto y reducción de la jornada de trabajo, de la liberación de mujeres y hombres de tener que ser herramientas de trabajo, y de que los sindicatos y los propios trabajadores dejen de reivindicarse como fuerza de trabajo, con lo que se anulan como fuerza de cambio, y posibilitan el capitalismo.

Notas: 

[1] Deseable sin cracia; acracia: no poder

[2] K. Marx «El robo de tiempo de trabajo ajeno, sobre el que descansa la riqueza actual, se presenta como una base miserable frente a esta base recién desarrollada, creada por la misma gran industria […] El plustrabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza general, así como también el no trabajo de los pocos ha dejado de ser condición para el desarrollo de las fuerzas generales del cerebro humano […]» [2] .

«El desarrollo del capital fijo indica hasta qué grado el saber social general, el conocimiento, se ha convertido en fuerza productiva inmediata y, en consecuencia, las condiciones del proceso de vida social han pasado a estar bajo el control del intelecto general*» K. Marx, Grundrisse, el capítulo del capital, contradicción entre el fundamento de la producción burguesa (medida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas. OME 22, pág. 92, Barcelona, Ed. Crítica.

*El intelecto social general está objetivado sobre todo en los modernos medios productivos (programas informáticos, máquinas automáticas, robots industria automoción, etc. Respecto al «no trabajo de los pocos»: Marx se refiere a una época en que la condición del desarrollo de la ciencia estaba condicionado a la existencia de una clase ociosa, época que da por acabada.

[3] En El Capital, Marx distingue entre el trabajo abstracto y el trabajo útil (o concreto). El trabajo útil produce valores de uso y existe en cualquier sociedad, pero en el capitalismo existe la forma de trabajo abstracto, trabajo abstraído de sus especificidades, trabajo que produce valor. La distinción entre trabajo abstracto y trabajo útil es esencialmente la misma que la distinción previa entre trabajo enajenado y actividad vital consciente.

[4] Conseguida la identificación del trabajador con la empresa, ya es posible el maltrato y vejación, ya que la explotación esta inherente en las relaciones de producción vigentes.  

[5] Las revoluciones no se han mostrado como herramienta útil para formar nuevos paradigmas/conceptos en la mente de las multitudes.

[6] El/la trabajadora autónoma es el nuevo esclavo; no tiene salario asegurado y paga impuestos, tenga los ingresos que tenga.

[7] El intelecto social general está objetivado sobre todo en los modernos medios productivos (programas informáticos, máquinas automáticas, robots de la industria de automoción, etc.


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