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Entrevista a Dilma Rousseff, exresidenta de Brasil, sobre los desafíos de 2019

«No basta sólo la lucha institucional»

Fuentes: Brasil de Fato

La elección de Jair Bolsonaro (PSL) inaugura un nuevo escenario para las luchas populares en Brasil. Con la ascensión de la extrema derecha, las fuerzas progresistas necesitan reorganizarse y buscar valores en común para frenar los retrocesos. Ese es el análisis de Dilma Rousseff (PT) sobre el escenario político que se anuncia para 2019. En entrevista […]

La elección de Jair Bolsonaro (PSL) inaugura un nuevo escenario para las luchas populares en Brasil. Con la ascensión de la extrema derecha, las fuerzas progresistas necesitan reorganizarse y buscar valores en común para frenar los retrocesos. Ese es el análisis de Dilma Rousseff (PT) sobre el escenario político que se anuncia para 2019. En entrevista con Brasil de Fato, la primera presidenta de la República de la historia de Brasil, comentó la necesidad de se conciliar optimismo y pesimismo para construir una oposición capaz de enfrentar la extrema derecha.

Leonardo Fernandes.- Asistimos a una serie de tentativas de desalojos [de ocupaciones del MST] en el último período y entendemos que esa táctica va a continuar. ¿Cómo mira usted la centralidad de la lucha por la tierra en esta coyuntura, y como la sociedad puede se movilizar para ayudar a evitar esos desalojos?

Dilma Rousseff.- Creo que la cuestión de la lucha por la tierra y la cuestión de la lucha por la vivienda son las dos grandes luchas en Brasil, porque tratan de la distribución de riqueza. Distribución del ingreso son el Bolsa Familia y una serie de actividades que hicimos, garantizando, por ejemplo, reajustes de salario mínimo por encima de la inflación. Pero el gran paso al frente, lo que interesa para la población brasileña cuando se habla de distribución de riqueza es, primero, el patrimonio, que son la tierra y la vivienda, jubilación y educación de calidad.

Nuestros gobiernos venían en esa trayectoria de distribución de ingreso. Comenzamos con el Mi Casa Mi Vida, con los asentamientos, a enfrentar la distribución de riqueza. Y creo que ella va a ser, en este final de década y en la próxima, la cuestión central en Brasil. Nosotros no seremos una nación desarrollada si no tenemos la capacidad de encarar eso. Y [eso] acarrea una serie de cosas, por ejemplo, la reforma tributaria. Una tributación ultra-concentradora de ingreso como la nuestra es inviable, porque alguien va a tener que financiarla. Y ahí entra el problema de las ganacias del capital, que en Brasil son intocables.

Otra cuestión que va a entrar, necesariamente, es el hecho de que hay una brutal concentración del ingreso y de la riqueza en manos del sector financiero en nuestro país, como en el mundo entero. Entonces, creo que es esa es una cuestión esencial, porque también es la base de una mayor democratización de nuestra sociedad. Em caso contrario, vamos a quedar en lo que estamos. Usted avanza un poco, ellos vienen y eliminan lo que usted avanzó. Usted ve la concentración del ingreso en el estudio de la Oxfam: aumenta la concentración de ingresos, aumenta la miseria, usted vuelve al «mapa del hambre»… es aquel círculo vicioso.

Enfrentar esos problemas es crucial para que cualquier país se vuelva, no estoy siquiera diciendo un país socialista, sino una nación que tenga responsabilidad con relación a sus ciudadanos y ciudadanas.

Leonardo Fernandes.- ¿Cuál es su mensaje de resistencia para la militancia que está desanimada en relación con el próximo gobierno? 

Dilma Rousseff.- La alegría es la forma básica de resistencia. Un gran luchador de gran valor tiene que tener la certeza, la esperanza y la fuerza para la lucha. Y, al mismo tempo, la capacidad de análisis, un cierto pesimismo que la racionalidad da. Esa combinación, la deseo para el MST. Esa capacidad de optimismo de la voluntad y pesimismo de la razón. Son esas dos cosas juntas que nos hacen resistir.

Tenemos que tener el pesimismo de la razón para superar y suponer cuales son los escenarios posibles de lucha. Y, al mismo tempo, [el optimismo] es lo que hace resistir y salir esa fuerza de dentro de nosotros, que es sentimiento, es la búsqueda por un mundo mejor, es la búsqueda de la fraternidad.

Lo que hay en ese movimiento, y en los movimientos de transformación, es una conciencia de la fraternidad. Lo que nos une – y es necesario que así sea – implica una relación en la que somos fraternos unos con otros. Por eso no queremos esa sociedad extremamente competitiva, individualista. Queremos la cooperación, los valores que nos transformaron en personas. Porque no nos transformamos en personas por la competencia feroz. Nos transformamos cuando comenzamos a cooperar. Y esa fraternidad es lo que hay en los movimientos. 

Y para el MST, tengo una preocupación especial. Es el movimiento social más organizado de Brasil. Es hora de que nos juntemos, nos protejamos y enfrentemos, porque vamos a tener que resistir. Todos nosotros, demócratas, que defendemos la población del país y también defendemos la soberanía, tenemos que estar junto al MST.

Leonardo Fernandes.- ¿Cuáles son las perspectivas de resistência fuera de la institucionalidad, de las organizaciones sociales y de los movimientos, en 2019?

Dilma Rousseff.- Creo que ese va a ser un momento fundamental para volver a invertir en las luchas fuera de la institucionalidad, en la organización fuera de la institucionalidad. Y de esa combinación entre la institucionalidad y las luchas fuera de la institucionalidad es que está el quid de nuestra resistencia. La lucha de las mujeres, de los trabajadores, de los sin-tierra, de los desempleados… Es importantísimo buscar organizar a los desempleados porque hoy no hay una perspectiva que de sentido a su lucha.

Cuando ni los gobiernos ni las luchas consecuentes son alternativa para una parte de la población que no tiene donde ir, ni a quien recurrir, se vuelve presa de soluciones fáciles, de teorías como, por ejemplo, el Escuela Sin Partido, de la criminalización de la visión de género. Todo eso crea el ambiente en que nacen los cachorros de la extrema derecha.

Tenemos que ser capaces de volver a las bases nuevamente. Aquellos que ya están allá, tenemos que reforzar y ampliar. Y aquellos que no estaban, tienen que volver a ese camino. Y combinar las dos cosas. No basta sólo la lucha institucional. No basta sólo la organización de masas. Ella es crucial, mas no basta una sola, aislada de la otra.

Leonardo Fernandes.- ¿Cómo queda el derecho a la salud de los brasileños, ahora que los cubanos dejaron el Más Médicos?

Dilma Rousseff.- Queda extremadamente amenazado. Creo que, en Brasil, están creando una «fake news» inmensa, en ese caso de que los médicos brasileños ya se han inscrito para sustituir a los médicos cubanos.

Al comienzo de ese proceso, evaluamos que había una carencia de médicos para atender a las poblaciones marginadas de las grandes regiones metropolitanas. Porque no es sólo en la Amazonia que faltan médicos. Faltan en la periferia de São Paulo, de Belo Horizonte. Y ahí, abríamos concurso para médicos brasileños, ellos se inscribieron y estábamos muy felices. Pero, a la hora de participar, no iban a esos lugares. Ellos quieren ir a donde se concentra población de clase media y de ingresos altos. En las áreas de bajos ingresos, donde más se necesitaba la atención, los médicos no iban. Y más: cuando iban, pasaba un año, un año y medio, y ellos salían. No se construía una integración de la población con el médico.

Entonces, abrimos para todos los países del mundo. Y los cubanos fueron importantes porque ellos tienen el mayor número de médicos por cada mil habitantes. Cuba tenía esa ventaja con relación a cualquier país que necesita apoyar a otro en la atención de salud. No estábamos quitando médicos a la población de Cuba, porque allá hay 6,7 médicos por cada mil habitantes, y Brasil tenía 1,8. Por eso, ellos fueron a la periferia de las grandes ciudades, a los departamentos de salud indígena.

Por primera vez, quilombolas tuvieron acceso a un médico, asentados de la reforma agraria muchos por primera vez, también tuvieron médico. Esa fue la gran contribución de los médicos cubanos. Al comienzo, por tener compromiso con otros países, Cuba sólo proveyó tres mil médicos. Yo, personalmente, pedí al gobierno cubano ampliar a 11.000 médicos, para conseguir equilibrar la atención en Brasil. Fue un esfuerzo que el gobierno cubano hizo.

Posteriormente, hubo una manifestación clarísima de la población brasileña, dejando claro que el médico cubano tenía una forma más «humana» de atención, por su formación en salud pública. Nuestras investigaciones daban 95% de aprobación. En algunos municipios, la población quería que el médico [cubano] se candidateara a concejal, alcalde, porque asumía una función primordial. Cerca de 700 municipios brasileños nunca habían visto un médico en la vida.

Tengo conciencia de esa importancia y de cuanto Brasil debe a esa cooperación. Exigir examen a los médicos cubanos era una forma de tornarlos presa fácil de esa visión ideológica y absolutamente reaccionaria del gobierno electo, que yo lamento profundamente.