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Nubarrones sobre las buenas obras de la Fundación Gates

Fuentes: Los Angeles Times

Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Beatriz Morales y Vicente Romano. Revisado por Caty R.

Ebocha, Nigeria.- Justice Eta, de 14 meses de edad, tiende su dedito pulgar.

Una gota de tinta certifica que ha sido inmunizado contra la polio y el sarampión, gracias a una campaña de vacunación apoyada por la Fundación Bill y Melinda Gates.

Pero la polio no es la única amenaza que se cierne sobre Justice. Casi desde que nació tiene problemas respiratorios. Sus vecinos lo llaman «la tos». La gente le echa la culpa al humo y al hollín que arrojan las llamas que se levantan a 300 pies de altura en la cercana planta petrolífera. Pertenece al gigante italiano del petróleo Eni, entre cuyos inversores está incluida la Fundación Bill y Melinda Gates.

Justice se retorcía en los brazos de su madre. Tenía la frente perlada de gotas de sudor causadas o por la enfermedad o por el calor de las llamas que iluminan Ebocha día y noche. Ebocha significa «ciudad de luces».

La clínica provisional situada en una iglesia, donde se vacunó a Justice, y las llamaradas que flamean sobre Ebocha representan un conflicto frontal para la Fundación Gates. Según ha descubierto una investigación de [Los Angeles] Times, en contradicción con sus subvenciones y donaciones, la fundación cosecha vastos beneficios económicos cada año de inversiones que contravienen sus buenas obras.

El Dr. Elekwachi Okey, un médico local, afirma que en Ebocha, donde vive Justice, los cientos de llamaradas de las plantas petrolíferas del delta del Níger han causado una epidemia de bronquitis entre los adultos y asma y visión borrosa entre los niños. Los efectos sobre la salud no han sido documentados por estudios definitivos, pero muchos de los 250 productos químicos tóxicos de las llamaradas y del hollín han estado vinculados durante mucho tiempo a enfermedades respiratorias y al cáncer.

«Aquí todos somos fumadores», afirma Okey, «pero no de pitillos».

Para las plantas petrolíferas que rodean Ebocha es más barato quemar cerca de mil millones de pies cúbicos de gas al día y contribuir al calentamiento del planeta que venderlo. Niegan que las llamaradas causen enfermedades. Sin embargo, gracias a la presión de los activistas, el Tribunal Supremo de Nigeria estableció que marzo de 2007 era el plazo límite para acabar con ello. Los gases se reinyectarán bajo tierra o se transportarán en camión u oleoducto para venderlos. Con todo, las autoridades saben que las llamaradas seguirán ardiendo durante años.

La Fundación Gates ha dado 218 millones de dólares para la inmunización e investigación de la polio y el sarampión por todo el mundo, incluyendo el delta del Níger. Según descubrió The Times, al mismo tiempo que la fundación está financiando vacunas para proteger la salud, ha invertido 423 millones de dólares en Eni, Royal Dutch Shell, Exxon Mobil Corp., Chevron Corp. y Total de Francia, las compañías responsables de la mayoría de las llamaradas que están cubriendo el delta de contaminación, más allá de lo permitido en Estados Unidos o Europa.

Es más, los dirigentes locales acusan a la explotación petrolífera de propagar algunas de las dolencias que combate la fundación.

Por ejemplo, los trabajadores del petróleo y los soldados que los protegen son un imán para la prostitución, que contribuye al aumento del SIDA y de los embarazos en adolescentes, ambos objetivo de los esfuerzos de la Fundación Gates para aliviar los males de la sociedad, especialmente entre los pobres. El petróleo abre agujeros que se llenan de agua estancada, medio ideal para los mosquitos que propagan la malaria, una de las enfermedades contra las que lucha la fundación.

Los investigadores del Dr. Nonyenim Solomon Enyidah, comisionado de salud del Estado de Rivers, donde está situado Ebocha, citan un vertido de petróleo que bloquea los ríos, como causa del cólera, otro azote que está combatiendo la Fundación. Los ríos, afirma Enyidah, «se convierten en caldo de cultivo de todo tipo de enfermedades que se transmiten a través del agua».

Las brillantes llamaradas de gas llenas de hollín -que contienen subproductos tóxicos como benceno, mercurio y cromo- disminuyen la inmunidad, afirma Enyidah, y hacen a los niños como Justice Eta más susceptibles a la polio y al sarampión, las enfermedades contra las que lucha la Fundación Gates con sus campañas de vacunación.

Invertir por el beneficio

A finales de 2005 las donaciones de la Fundación Gates llegaron a 35.000 millones de dólares, que la convierten en la mayor del mundo. Entonces, en junio de 2006, Warren E. Buffett, la segunda persona más rica del mundo tras Bill Gates, prometió añadir unos 31.000 millones de su fortuna personal. Sin contar las decenas de miles de millones de dólares más que el propio Gates ha prometido, el total es mayor que el producto nacional bruto del 70% de las naciones del mundo.

Como la mayoría de los filántropos, la Fundación Gates regala al menos el 5% de su valor al año, para evitar pagar más impuestos. En 2005 concedió cerca de 1.400.000 millones de dólares. Concede subvenciones principalmente para apoyar iniciativas sanitarias globales, a las campañas para mejorar la educación pública en Estados Unidos y para programas de ayudas sociales en el noreste del Pacífico.

Invierte el 95% restante de su valor. Este legado es gestionado por Bill Gates Investments [Inversiones B.G.], que maneja la fortuna personal de Gates. Monica Harrington, una alta ejecutiva de la fundación, afirmó que los directores de las inversiones tienen un objetivo: beneficios «que permitirán la continuidad de los programas financiados por la fundación y hacer donaciones». Bill y Melinda Gates exigen a los directores que mantengan una cartera de inversiones muy diversificada, pero no marcan directrices específicas.

Comparando estas inversiones con información procedente de servicios comerciales que analizan el comportamiento corporativo de fondos de inversión inmobiliaria, directores de pensiones, agencias gubernamentales y otras fundaciones, The Times descubrió que la Fundación Gates tiene participaciones en muchas compañías que no han superado las pruebas de responsabilidad social por fallos medioambientales, discriminación laboral, desprecio de los derechos de los trabajadores o prácticas no éticas.

Uno de estos servicios de clasificación de inversiones, Calvert Group Ltd., por ejemplo, aprueba 52 de las mayores compañías estadounidenses basadas en capitalización de mercados, pero reprueba las otras 48 por transgresiones contra la responsabilidad social. Microsoft Corp., que dirige Bill Gates como presidente de la compañía, está altamente considerada por sus prácticas comerciales en general, a pesar de su historial de problemas antitrust.

Además, The Times descubrió que el legado de la Fundación Gates tiene importantes participaciones en:

Compañías que están consideradas como las más contaminantes de Canadá y EEUU, incluyendo ConocoPhillips, Dow Chemical Co. y Tyco International Ltd.

Muchas de las demás compañías más contaminantes del mundo, incluyendo compañías que tienen una refinería de petróleo y otra que tiene una fábrica de papel, que un estudio demuestra que hace enfermar a los niños mientras la fundación trata de salvar a sus padres del SIDA.

Compañías farmacéuticas que ponen a sus medicamentos precios que están completamente fuera del alcance de los pacientes con SIDA que la fundación intenta tratar.

Utilizando los datos disponibles más recientes, un conteo del Times demostró que centenares de inversiones de la Fundación Gates -un total de al menos 8.700 millones de dólares o el 41% de sus activos, sin incluir bonos del Estado estadounidenses y extranjeros- se han hecho en compañías que contradicen los objetivos caritativos o la filosofía de preocupación social de la fundación.

Este es el «secreto vergonzante» de la inmensa mayoría de los filántropos, afirmó Paul Hawken, un experto en inversiones sociales que dirige el Natural Capital Institute, un grupo de investigación de inversiones. «Las fundaciones donan a grupos que tratan de curar el futuro», afirmó Hawken en una entrevista, «pero con sus inversiones, roban el futuro».

Además, lo más perjudicial no es que inviertan en compañías destructivas o no éticas, afirmaron Hawken y otros expertos, incluyendo a Douglas Bauer, vicepresidente de Rockefeller Philanthropy Advisors, un grupo sin fines de lucro que asesora a las fundaciones sobre cuestiones políticas y éticas. Lo peor, afirman, es invertir únicamente por el beneficio, sin tratar de mejorar los modos de operar de una compañía.

Esta manera ciega de invertir, señalan, compensa el mal comportamiento.

En la fundación la inversión ciega está impuesta por un muro de fuego que se ha erigido entre el sector de las donaciones y el de las inversiones. No se permite que los objetivos de los primeros interfieran en las inversiones de los segundos.

La fundación anunció recientemente un plan para institucionalizar este muro cambiando sus activos a organizaciones separadas, el Trust Fundación Bill y Melinda Gates. Sus dos fiduciarios serán Bill y Melinda Gates. El trust invertirá para aumentar el legado, mientras que la fundación concede subvenciones.

«Hemos estado operando según estos principios durante muchos años», declaró Harrington, «pero hacer una separación oficial deja las cosas más claras».

Con excepción de las compañías de tabaco, los gerentes de los activos no impiden inversiones en compañías cuyas actividades son contradictorias con la misión benéfica de la fundación.

«Puesto que queremos centrarnos en el trabajo programático», afirmó Harrington en una respuesta escrita a las preguntas de The Times, «tenemos la política de no comentar las carteras de inversión individuales».

Finalmente, la fundación no invierte ninguna parte de sus donaciones en compañías específicamente porque fomentan su misión filantrópica.

Sin embargo, gran parte de la filantropía empieza a tener contradicciones entre las subvenciones para mejorar el mundo y las inversiones que lo dañan. Según estudios recientes muchas fundaciones, incluidas algunas de las mayores del país, han adoptado al menos políticas básicas para invertir en formas que apoyen sus misiones.

Entre las grandes fundaciones que consideran esenciales la justicia social, la dirección corporativa y la orientación medioambiental en sus estrategias de inversión, están la Fundación Ford, con un valor de 11.600 millones de dólares, la segunda organización filantrópica privada del país; la Fundación John D. and Catherine T. MacArthur; la Fundación Rockefeller y la Charles Stewart Mott.

Además, casi un tercio de las fundaciones participa directamente en iniciativas accionariales, con sus apoderados reforzando el comportamiento de las corporaciones. Algunas se han convertido en accionistas entusiastas. En los últimos años, por ejemplo, la Nathan Cummings Foundation, con unos fondos de 481 millones de dólares, ha inducido a los apoderados a obligar a las corporaciones a abordar la sostenibilidad medioambiental y la transparencia política.

Harrington dijo que los directores de inversión de la Fundación Gates votan apoderados, pero se niegan a dar cualquier información específica. La fundación no permitiría ninguna entrevista a su director jefe de inversiones, Michael Larson. En mayo, Harrington contó al Chronicle of Philantropy que la Fundación Gates no se implicaba en cuestiones de apoderados.

Por otro lado, en la Fundación Charles Stewart Mott, el jefe de inversiones, Michael J. Smith, dijo que votar apoderados para mejorar el comportamiento corporativo se había convertido en una necesidad fiduciaria.

«Las compañías con un buen gobierno están, por lo general, bien dirigidas», dijo, «y tienen una buena tasa de beneficios.»

Hasta la relativamente pequeña Needmor Fund, con unos fondos de 27 millones de dólares, tamiza sus inversiones para excluir compañías con malos expedientes medioambientales, oposición a los derechos laborales o tolerancia ante gobiernos represivos.

La dirección, en cambio, está abierta a la Fundación Gates. Dispone de poder único para orientar el debate de los Asesores de Rockefeller en Filantropía, dijo Bauer. Si Gates efectuaba inversiones relacionados con la misión, dijo Bauer en una entrevista, el desplazamiento en el mundo de la filantropía sería «sísmico».

La fundación no respondió a las preguntas escritas sobre si iba a cambiar su política de inversiones.

La vida en el «Valle del cáncer»

En una clínica de Isipingo, un suburbio de la ciudad portuaria de Durban, África del Sur, donde la tasa de infección por el VIH asciende al 40%, Thembeka Dube, de 20 años, tenía una revisión.

Dube se había ofrecido voluntaria para pruebas con un gel vaginal que los investigadores esperaban que protegiera contra el VIH. Las pruebas forman parte de un estudio dirigido por el Population Council de Nueva York, financiado con una subvención de 20 millones de dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates.

El novio de Dube no quiere usar condones. Espera que las pruebas demuestren que el gel microbicida, denominado Carraguard, sea efectivo y deje de preocuparse por el SIDA.

La investigación de profilácticos como Carraguar puede combatir el SIDA dando poderes a las mujeres, dijo Bill Gates en la Conferencia Internacional del SIDA, celebrada en Toronto en agosto. «La mujer, bien sea una madre de hijos pequeños, fielmente casada, o una trabajadora del sexo que intenta ganarse la vida en un barrio marginal», dijo, «nunca debería necesitar permiso de su compañero para proteger su vida».

Dos días antes de la alocución de Gates, nació Kyrone Smith a unos cuantos kilómetros de la clínica de Isipingo. Al mismo tiempo que la Fundación Gates intenta ayudar a Dube, posee parte de las compañías que dañan a Kyrone.

A las seis semanas empezaron a fallar sus pulmones. Kyrone luchaba por llorar, pero estaba tan débil que no emitía ningún sonido, tan sólo una respiración ronca y fatigosa.

Su madre, Renée Smith, de 26 años, se apresuró a llevarlo al hospital, donde le dieron oxígeno. Temía que sería la primera de muchas visitas al hospital. Lo sabía por experiencia.

«Mi hijo Teiago estuvo entrando y saliendo del hospital desde los 3 años», dijo. «No podía respirar bien… Hay muchos niños en esta zona que tienen los mismos problemas.»

Dos de los peores contaminadores de la zona, la papelera Mondi y la gigantesca refinería Sapref, invaden los hogares de Isipingo como durmientes dragones grises exhalando vapores químicos día y noche.

La planta Sapref, que ha sufrido dos docenas de vertidos, incendios, roturas de oleoductos y explosiones desde 1998, junto con la planta Mondi lanzan anualmente al aire miles de toneladas de productos químicos fétidos y pútridos, según sus propios controles.

En 2002, un estudio descubrió que más de la mitad de los niños de una escuela de la cercana Merebank sufría asma, una de las tasas más altas de la bibliografía científica. Un segundo estudio, publicado el año pasado, halló graves problemas respiratorios en la región: más de la mitad de los niños de 2 a 5 años sufrían asma, atribuido principalmente al dióxido de sulfuro y a otros contaminantes industriales. En gran parte producido por compañías con inversiones de la Fundación Gates.

El asma no era el único peligro. Isipingo está en lo que los activistas medioambientales denominan «Valle del Cáncer». Las emisiones de benceno, dioxinas y otros cancerígenos estaban «entre los niveles más altos hallados en cualquier lugar similar del mundo», dijo Stuart Batterman en la Universidad de Michigan, coautor de ambos estudios.

La Fundación Gates es uno de los principales accionistas de las compañías propietarias de ambas plantas contaminantes. En septiembre poseía 295 millones de dólares en acciones de BP, copropietaria de Sapref. En 2005 poseía 35 millones de dólares en acciones de la Royal Dutch Shell, la otra propietaria de Sapref. La fundación tenía también 39 millones de dólares invertidos en la Anglo American, propietaria de la papelera Mondi.

Por lo menos desde 2002, la fundación ha efectuado grandes inversiones en las tres compañías. Desde entonces, el valor de las acciones de BP se ha disparado un 83%, las acciones de la Shell un 77% y la Anglo American un 225%. Los dividendos han incrementado los activos de la fundación en otros cuantos millones.

La fundación ha obtenido muchos más beneficios de sus inversiones en las empresas contaminadoras de lo que ha donado al estudio microbicida de Durban para combatir el SIDA.

Sapref dijo que desde 1997 había reducido en dos tercios las emisiones de dióxido de sulfuro y gastado más de 64 millones de dólares en iniciativas medioambientales a lo largo de 11 años. Dijo que desde hace un año han reducido el plomo de su gasolina y el sulfuro de su gasoil. Funcionarios de la planta dijeron que: «Sapref no admite ninguna responsabilidad por ninguna cuestión de salud en Durban del Sur.»

Mondi dijo que su papelera de Merebank había reducido en 2005 la «demanda de oxígeno químico», un contaminante clave, y que estaba reduciendo sus emisiones de dióxido de sulfuro. Pero según sus propios cálculos, la papelera todavía suelta tres veces la cantidad conjunta de dióxido de sulfuro producido por las plantas Mondi en otros cinco países, y las otras plantas operan con una capacidad casi seis veces mayor. Merebank utiliza una planta alimentada con carbón, mientras que las otras queman combustible más limpio.

Igual que las inversiones de la Fundación Gates en Mondi, BP y Shell han sido muy rentables, también lo han sido sus activos en otros 100 contaminadores de EEUU, según la Universidad de Massachussets, y en los 50 principales contaminadores de Canadá, según la publicación comercial Corporate Knihgts, que aplicó métodos basados en los desarrollados por la universidad.

Según las cifras de la fundación para 2005, poseía 1.400 millones en 69 de estas empresas. Incluían empresas tan sobresalientes como Chevron Corp. y Ford Motor Co., así como compañías menos conocidas como Lyondell Chemical Co. y Ameren Co.

Sin compañías de doble contabilidad flanqueadas tanto por la Universidad de Massachussets como los servicios de tasación, el total combinado de inversiones asciende a unos 3.300 millones de dólares.

La Fundación Gates no respondió a preguntas presentadas por escrito sobre sus inversiones en compañías altamente contaminantes o poco preocupadas por el medio ambiente.

Medicamentos inasequibles

Casi todas las mañanas, un soldado retirado de 56 años llamado Félix recorre un corto trayecto desde su casa hasta una fábrica situada a las afueras de Lagos, Nigeria, para adquirir un bloque de hielo de 40 céntimos.

Félix tiene una apremiante razón personal para adquirir el hielo: tiene que evitar que su medicina se funda.

Hace dos años su mujer murió de SIDA y supo que él era seropositivo de VIH. Se lo contó a sus seis hijos, ahora entre los 16 y los 24 años de edad, pero a nadie más. Temía el estigma del VIH. Aceptó la entrevista si se le identificaba únicamente con su nombre. «Creí que el mundo se había acabado para mí», dijo Félix. «Todo el mundo cree que, una vez que lo coges, eres un fantasma viviente.»

Tomó antirretrovirales y se sintió mejor. Pero tuvo que interrumpir frecuentemente su tratamiento por no poder sufragar el gasto: 62 dólares al mes. Su pensión de antiguo sargento era de 115 dólares mensuales y el dinero llegaba esporádicamente.

Peor aún, su cuerpo dejó pronto de responder a los medicamentos. Sus riñones empezaron a fallar y su carga inmunológica para protegerse de las infecciones se vino abajo.

En mayo, Félix empezó a tomar Kaletra, un medicamento de segunda línea para el SIDA, necesario cuando falla el primer tratamiento.

Su salud rebrotó, pero con un coste muy alto.

Las cápsulas de gel de Kaletra se funden en el sofocante clima de Nigeria, donde las temperaturas suelen alcanzar los 100 grados Fahrenheit. Félix guardaba su Kaletra en un cofrecito con hielo.

Cada día tenía que ir a por más hielo. Y cada día tenía que tomar Kaletra precisamente a las 10 de la mañana y a las 10 de la noche. Esto le planteaba dificultades para trabajar, incluso en trabajos esporádicos.

La nueva versión de Kaletra no requiere refrigeración. Pero su médico, el Dr. T. M. Balogun, que colabora en el programa del SIDA del Hospital de la Universidad Estatal de Lagos le dijo que no desesperara.

El hospital recibe ayuda del gobierno nigeriano, que obtiene dinero del Fondo Global para la Lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria. La Fundación Gates le ha asignado 651 millones de dólares. Pero el hospital no ofrece el nuevo Kaletra. Es demasiado caro.

En agosto, farmacéuticos privados dijeron que podían venderlo por 246 dólares al mes. Pero eso estaba muy lejos del alcance de Félix.

Kaletra lo hacen los laboratorios Abbott. Desde este septiembre, la Fundación Gates poseía 169 millones de dólares en acciones de Abbott. En 2005 la fundación poseía casi 1.500 millones de dólares en compañías farmacéuticas cuyas prácticas han sido ampliamente criticadas por restringir el flujo de medicinas a los pobres en los países en desarrollo.

Por término medio, las acciones de estas compañías se han revalorizado en un 54% desde 2002. Las inversiones en Abbott y otros fabricantes de medicamentos le han reportado a la fundación cientos de millones de dólares de beneficios.

Los fabricantes de medicamentos dicen que necesitan proteger los precios para la investigación y el desarrollo. «Nuestras necesidades y sistemas globales están en conflicto», escribió el año pasado Miles White, director ejecutivo de Abbott, en el Financial Times. «Esto amenaza a un objetivo, la innovación, en el nombre de otro, el acceso al medicamento.»

Sin embargo, en 1994, los fabricantes de medicamentos junto con otros negocios de investigación intensiva, presionaron fuerte y con éxito a favor del Acuerdo Internacional sobre los aspectos comerciales de los derechos de propiedad intelectual, el cual dificultaba pasar de las marcas costosas a genéricos baratos. El acuerdo protegía los nuevos monopolios farmacéuticos durante 20 años o más.

Esto significaba que no existirían genéricos baratos de Kaletra. El pacto concluyó que Abbot era el único proveedor y que Abbott establecía los precios para todo el mundo.

Ante la presión de los activistas, Abbott y otras compañías redujeron los precios de medicamentos clave contra el SIDA en los países pobres. En Guatemala y Tailandia el nuevo Kaletra cuesta 2.200 dólares por paciente al año, más impuestos y emolumentos, una fracción de los más de 8.500 que cuesta en EEUU. En la Nigeria más pobre el precio oficial es de 500 dólares al año.

Pero esto todavía era demasiado caro para la mayoría de los pacientes, incluido Félix.

El enfoque de la industria «tiene el efecto de que los medicamentos sólo sean asequibles a un estrecho espectro de la elite rica en los países en desarrollo», dijo Brook Baker, experto en propiedad intelectual de la Universidad Northeastern.

Lo denominó «apartheid farmacéutico».

Las farmacéuticas dicen que los críticos pasan por alto los miles de millones de dólares en medicamentos que donan a los países en desarrollo. Abbott dice que ha donado medicamentos del SIDA a 25.000 pacientes, junto con millones de botiquines de prueba y que ha suscrito un gran proyecto para mejorar los servicios de SIDA en Tanzania.

En casos de emergencia, los críticos aceptan los medicamentos donados. El problema, dicen, es que las donaciones espantan a los proveedores de genéricos. Las donaciones, dice Ellen’t Hoen, que dirige un programa de acceso para Médicos sin Fronteras, «eliminan la perspectiva de cualquier abastecimiento estable.».

Y cuando se acaban los medicamentos gratuitos, los pacientes mueren.

La mayoría de los medicamentos son muy rentables. En el último trimestre Abbott tuvo un margen de beneficio bruto del 59% de las ventas y recientemente pagó su 331 consecutivo dividendo trimestral. Un análisis del Congreso muestra que durante los primeros seis meses de 2006, las 10 principales farmacéuticas obtuvieron 39.800 millones de dólares de beneficios.

La principal prioridad de la Fundación Gates es frenar el SIDA, dijo Bill Gates en la Conferencia Internacional de agosto. Desde sus inicios, la fundación ha donado más de 2.000 millones para combatir la enfermedad.

La fundación no respondió a las preguntas, presentadas por escrito, sobre los problemas de los pacientes que no pueden adquirir los medicamentos necesarios para el SIDA debido a la política de las compañías farmacéuticas.

Mientras tanto, la fundación valora a los receptores de sus subvenciones muy por encima de las compañías de donde saca sus fondos. Su impreso de subvención dice que espera de sus receptores que «ejerzan sus derechos de propiedad intelectual de manera consecuente con los objetivos de la Bill & Melinda Gates Foundation a fin de «fomentar … la disponibilidad de los inventos para el beneficio a un coste razonable en los países en desarrollo.

Algunos críticos dicen que el fracaso de la fundación en utilizar sus propias inversiones en «fomentar … la disponibilidad de los inventos para el beneficio a un coste razonable en los países en desarrollo» puede remontarse a la fuente de la mayor parte de su dinero -Microsoft- cuya presidencia ostenta Bill Gates.

Los monopolios de Microsoft en los sistemas operativos de ordenador y el negocio de los programas dependen de los mismos enfoques de propiedad intelectual y ley comercial que defienden las farmacéuticas.

«La Fundación Gates está en condiciones de cambiar la dinámica, de garantizar que los medicamentos vayan primero a los lugares donde más se necesitan», dijo Daniel Berman, subdirector de Médicos sin Fronteras en África del Sur. «Pero eso entra en conflicto con los intereses de Microsoft.»

En respuesta a las preguntas por escrito, Harrington, responsable política de la Fundación Gates, dijo que ésta intentaba garantizar que los descubrimientos hechos en asociación con las compañías lucrativas beneficiasen poco a poco a la gente de los países en desarrollo.

«El objetivo de la fundación estriba en contribuir a asegurar que los nuevos conocimientos científicos se compartan ampliamente… y que los avances en el campo de la salud para salvar vidas se creen, pongan a disposición y sean asequibles para quienes más los necesitan», dijo. «También reconocemos que la industria privada necesita incentivos adecuados para desarrollar nuevos medicamentos.»

Las inversiones de la fundación en compañías farmacéuticas, dijo Harrington, «están totalmente separadas de lo que se ha hecho en el aspecto programático para estimular el desarrollo y la distribución de medicamentos/vacunas.»

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Sanders reported from Nigeria, Dixon from South Africa and Piller from San Francisco. Times staff writer Doug Smith, data analyst Sandra Poindexter and researchers Maloy Moore and Robin Mayper contributed to this report.

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INFOBOX BELOW

Inversiones de la fundación

Muestra de las principales inversiones de la Fundación Gates

Más de 1.500 millones de dólares

Berkshire Hathaway Inc.**

Gobierno de Canadá

Entre 1.000 y 1.500 millones de dólares

Fannie Mae

Gobierno alemán

Entre 100 y 1.000 millones de dólares

Abbott Laboratories

Archer Daniels Midland Co.

BP (antes British Petroleum)

Ferrocarilles de Canadá

Exxon Mobil Corp.

Freddie Mac

Gobierno francés

Gobierno japonés

Serck & Co.

Schering Plough Corp.

Tyco International Ltd.

Waste Management Inc.

*Puede incluir acciones, bonos y otros valores

**Warren E. Buffett hizo su primera entrega a Berkshire Hathaway en Junio de 2006.

Fuente: Gates tax and SEC filings

Inversiones éticas

Algunos fideicomisarios de las fundaciones rehuyen las inversiones éticas con la excusa de que producen menos beneficios. Pero algunos estudios de la última década efectuados por analistas financieros han suavizado esa preocupación. A pesar de algunas excepciones, muchas mutuas, por ejemplo, que tienen en cuenta el impacto social y medioambiental de sus inversiones compiten ventajosamente con los fondos normales.

Según el SRI World Group, en los 12 meses que terminaron en noviembre, varios fondos que toman en consideración el impacto de sus inversiones en el bienestar social, incluidos el New Alternative Fund, el Parnassus Fixed-Incom Fund y el Catholic Equito FundI, están en la cima de los fondos normales de la misma categoría.

Amplios índices de acciones seleccionadas por las preocupaciones sociales de sus compañías se han mantenido también al ritmo de los índices normales. El Domini 40 Social Index sigue el modelo del Estándar & Poor’s 500 Index, una medida muy utilizada para la actuación de los mercados. Mientras que los resultados de ambos índices tienden a saltar uno por encima del otro en periodos cortos, desde 1990 y hasta noviembre, el índice Domini ha superado al S&P 500 en casi un 6%.

Desde su inicio hace 18 meses y hasta noviembre, el KLD Research & Analytics’ Global Climate 100 Index, compuesto de compañías seleccionadas por sus esfuerzos en reducir el cambio climático, subió el 22,03%. En comparación, durante el mismo periodo, el MSCI World Index, que mide la actuación general de las corporaciones en EEUU y otros 22 países desarrollados, creció el 20,72%.

«Tras controlar el estilo de inversión», afirman los economistas de la Universidad de Maastricht, Holanda, que estudiaron los fondos mutualistas de EEUU, Reino Unido y Alemania, «apenas hallamos diferencias significativas en las ganancias entre fondos éticos y convencionales.»

Fuente: Times reporting

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Sobre esta serie

Esta serie se basa en más de 90 entrevistas y cientos de documentos, incluso miles de páginas sobre las subvenciones y políticas de la Fundación Gates, informes de evaluación, impresos de impuestos, archivos de la U.S. Securities and Excjangen Commssion desde septiembre de 2006 y listas de carteras de donaciones de 2002 a 2005.

La información se utilizó para los servicios punteros que proporcionan asesoramiento a los inversores que tienen en cuenta la actuación de las corporaciones: Calvert Group Ltd., Innovest Strategic Value Advisors, KLD Research & Analytics Inc.y Oekom Research. Ninguna de las compañías estuvo involucrada en la estimación de la cartera de la Fundación Gates; no han tomado postura ante las conclusiones de The Times.

Los grupos de investigación tuvieron en cuenta compañías en relación con sus esfuerzos por mejorar. La cuenta del Times de las inversiones de Gates en compañías que contradicen sus objetivos sólo incluyen las empresas que figuraban entre las peores por los servicios de clasificación de inversiones.

Las compañías entre las 100 más contaminantes de EEUU se sacaron de la clasificación del Poitical Economy Research Institute de la Universidad de Massachussets. La clasificación toma en cuenta la contaminación total del aire emitida, la toxicidad de los contaminantes y el número de personas expuestas al riesgo. Los 50 principales contaminantes de Canadá se clasificaron por la publicación comercial Corporate Knights, basada mayormente en el enfoque de la Universidad de Massachussets.

El Times utilizó varios estudios que revisaron o evaluaron las acciones de la industria farmacéutica en relación con los derechos de propiedad intelectual, patentes y precios de los medicamentos en los países en desarrollo. Una lista preliminar de compañías principales se sacó de estudios o evaluaciones dirigidos por Innovest, KLD, Oekom, el grupo no lucrativo Médicos sin Fronteras y el Interfaith Center on Corporate Responsibility, una coalición de 275 inversores institucionales que incluyen a grupos religiosos, fondos de pensiones, donaciones, corporaciones de hospitales y universidades.

La lista se mejoró y validó en entrevistas con expertos y mediante la revisión de más de 40 publicaciones y análisis técnicos, incluidos estudios del Banco Mundial y de la Organización Mundial de la Salud. Estas fuentes se complementaron con informes y anuncios de las compañías farmacéuticas y la Pfarmaaceutical Research and Manufacturers of America, uno de los primeros grupos comerciales.

Las compañías de la industria secundaria se compilaron sobre la base de la Nacional Mortage News y Inside Mortage Finance, destacadas publicaciones comerciales.

La información sobre apoderados se obtuvo de la base de datos EthVest, patrocinada por el Interfaith Center non Corporate Responsibility. Los datos se complementaron con entrevistas a empleados de varias fundaciones.

Las cifras globales de esta serie pueden subestimar de modo significativo el volumen de las inversiones de la Fundación Gates que entran en conflicto con sus objetivos caritativos. La Fundación Gates no proporcionó detalles de los aproximadamente 4.300 millones de dólares que califica de empréstitos.

Para detalles ver: latimnes.com/gates

Texto original en inglés: http://www.latimes.com/news/nationworld/nation/la-na-gatesx07jan07,0,6827615.story

Beatriz Morales es traductora de Rebelión. Vicente Romano y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, los traductores y la fuente.

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