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Nuevos indicadores económicos para una nueva economía

Fuentes: CELAG

Bajo la lógica cartesiana de división del conocimiento, el estudio de los fenómenos económicos no tardó en convertirse en un compartimento estanco sin relación aparente con el resto de las ciencias sociales. Esto se agudizó con el empuje de la economía neoclásica y la utilización de indicadores económicos particularmente sesgados en favor de la medición […]

Bajo la lógica cartesiana de división del conocimiento, el estudio de los fenómenos económicos no tardó en convertirse en un compartimento estanco sin relación aparente con el resto de las ciencias sociales. Esto se agudizó con el empuje de la economía neoclásica y la utilización de indicadores económicos particularmente sesgados en favor de la medición de la acumulación del capital y el nivel de ingresos de los sectores formales de la clase media, y en desmedro de la obtención de información respecto de cuestiones distributivas y los niveles de ingreso y calidad de vida diferencial de los sectores más acaudalado y más vulnerables de la sociedad.

En este sentido, no se trata de desechar el uso de indicadores, los modelos matemáticos u otras herramientas, sino de utilizarlos como elementos de apoyo para entender el mundo real. Es por esto que desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) consideramos fundamental discutir sobre el uso de los indicadores que actualmente conforman lo que se denomina como Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) para entender sus limitaciones e iniciar un debate sobre la necesidad de definir, diseñar y utilizar nuevos indicadores que obedezcan a la realidad económica y social de los países latinoamericanos. Es absolutamente necesario contar con indicadores propios adaptados a las realidades de nuestros países y que nos confíen la información verdaderamente relevante para la planificación, el diseño y la ejecución de la política económica.

Este documento plasma los debates que se desarrollaron el 4 de mayo de 2017 en el Encuentro de la Economía Por Venir coorganizado por el CELAG en la ciudad de Caracas. Como se verá, no es un documento que cierre el debate, sino, por el contrario, pretende ser un punto de partida para impulsar la necesidad de contar con nuevos y mejores indicadores económicos que contengan la realidad de los países latinoamericanos.

El sistema de indicadores actual

El Sistema de Cuentas Nacionales (SCN), sistema de indicadores utilizado en todas las naciones latinoamericanas, nació como necesidad en el contexto de crisis de la gran depresión en 1929 y de la mano de John M. Keynes. La necesidad de llevar cuentas agregadas de producción, consumo, gasto y poder compararlo con otros países, podía dar muestra de la salud de una economía y facilitar las decisiones de política económica.

El primer Sistema de Cuentas Nacionales data de 1968. Desde entonces se realizaron 5 actualizaciones del Sistema para revisar metodología y eficacia de la medición, las cinco organizaciones que conforman el grupo de trabajo para esta actualización son: la Oficina de Estadísticas de la Unión Europea (Eurostat), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Banco Mundial (BM)1. Como es sabido, el indicador de resultados más utilizado es el PIB.

¿Cuán confiable es la medición del PIB para Latinoamérica?

El PIB ha sumado, a lo largo de los años, diversas críticas sobre su efectividad para indicar justamente los resultados económicos de un país y particularmente de los países latinoamericanos, debido a las características particulares que el sistema de cuentas nacionales no tiene en consideración.

Uno de los principales puntos que no contempla es la economía informal. Las economías latinoamericanas cuentan con una gran parte de su economía no formalizada, esto incluye desde mercados enteros que ocupan grandes extensiones de territorio, hasta pequeños emprendimientos de economía social que no son contabilizados bajo este sistema y que sin embargo forman parte de la forma de vida de gran parte de la población. Dentro de este rubro de economía informal puede contarse también la economía doméstica, que abarca todo lo que es manutención del hogar y producción para consumo familiar. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para 2014 el 47,7% del empleo en Latinoamérica es informal.

Desde el punto de vista ambientalista, el sistema de cuentas no considera en su contabilidad el costo patrimonial que resulta de la utilización de recursos naturales no renovables para la producción. La extracción de estos recursos implica por lo menos un costo de oportunidad. Por otro lado, el deterioro del ambiente, como puede ser la desforestación o la contaminación por la utilización de algún químico, tampoco se contabilizan, de hecho, los gastos de las empresas para reparar el daño ambiental son considerados como un aumento del producto por aumento del gasto. Estos gastos ocasionados para preservar los niveles ambientales o mejorarlos, reciben el nombre de gastos defensivos, mitigadores o compensatorios. William Kapp (1983) consideró que las medidas de crecimiento y producción que toma la sociedad son cada día más inadecuadas debido a que gran parte de lo que finalmente se computa como producción y desarrollo son realmente gastos defensivos

El PIB como medida de bienestar

Muy usualmente este indicador es utilizado no solo para ver si un país crece o no entre períodos y su comparación con otras economías, sino que también se intenta extrapolar el crecimiento a cierto nivel de bienestar de la población y de desarrollo de su economía.

Sin embargo, esta es una mala utilización del indicador. El PIB mide la producción de bienes y servicios en un país y tiempo determinado. Su indicador «per cápita», calcula esa producción dividida entre la cantidad de personas que viven en ese país. Esto nos indicaría la cantidad de producción que corresponde a cada uno de los habitantes si la misma se repartiera en partes iguales entre todos ellos. Es decir, no contempla la distribución de la riqueza y por tanto en ningún caso puede ser inferido como un indicador de bienestar de la población.

En 1990 se empieza a calcular el Índice de Desarrollo Humano (IDH), intentando dimensionar en un índice compuesto por variables relativas a la salud (esperanza de vida al nacer), la educación (tasa de alfabetización y tasa bruta de matriculación en los distintos niveles) y el PIB per cápita, el grado de desarrollo de cada uno de los países. Ideado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) e inspirado en las críticas de Amartya Sen al desarrollo capitalista.

Sin embargo, este índice no registra desigualdad interna ni condiciones particulares, no tiene en cuenta las condiciones de vida y mucho menos las posibilidades de desarrollo de cada individuo. Lastimosamente la mejora de las variables mencionadas en el indicador, se ha transformado en la meta a cumplir por los gobiernos de muchos países para alcanzar un «nivel de desarrollo mayor».

En el 2008, el presidente de Francia encomendó la creación de una comisión que evaluara las limitaciones del PIB como indicador de resultados económicos y del progreso social. El resultado de la misma fue un Informe realizado por Stiglitz, Sen y Fitoussi (2009), que destaca el error de utilizar el PIB para ese propósito y analiza en profundidad cuáles son los aspectos a considerar para lograr un buen indicador de progreso social. Resaltan la necesidad de considerar no solo indicadores cuantitativos sino cualitativos, evaluar la sustentabilidad de bienestar es decir, no evaluarlo solo para el momento que se mide y no ver solo números agregados sino identificar la diversidad de experiencias.

Un indicador para todo y para todos

Como se mencionaba anteriormente, el PIB es el indicador más utilizado y referencia sobre la actividad económica de un país. En este sentido, es usado para medir la capacidad de pagar deuda externa (sin considerar la diferencia de monedas de valuación), bienestar (sin considerar medidas de desigualdad intrapoblacional) y desarrollo (sin considerar las capacidades tecnológicas). Bajo esta mirada, si el PIB es tan cuestionado y si no logra expresar correctamente la producción de nuestros países de acuerdo a las diferencias y falencias mencionadas, es necesario replantearnos si éstos son los mejores indicadores para comprender y diagnosticar nuestras economías.

El conjunto de actores comprometidos en la actualización del sistema de cuentas nacionales, muestra claramente quien decide cual es la vara de medición, en qué condiciones y cuál es el objetivo económico a perseguir por todas las economías incorporadas al sistema. Lo que se mide (lo que tiene que ser) y lo que no se mide (lo que no existe o no tiene que ser).

Una nueva economía

En la primera década de este siglo algunos pueblos y gobiernos de la región plantearon la necesidad de un cambio. Después de haber sido durante años el laboratorio del modelo neoliberal y de haber tenido terribles crisis humanitarias al finalizar el siglo, surgieron miradas alternativas sobre lo que significa el desarrollo. ¿Implica desarrollo para nuestros pueblos la explotación extrema de nuestros recursos naturales y el deterioro consecuente del medio ambiente? ¿Implica desarrollo el consumo desmedido? ¿Son necesarios para el bienestar todos los bienes que se importan? La economía del Buen Vivir en Ecuador o del Vivir Bien en Bolivia nos permite cuestionar las categorías de mundo desarrollado y sub desarrollado.

El planteamiento parte de una necesidad de convivencia del ser humano con la naturaleza, el respeto de las costumbres locales y los pueblos originarios, el consumo de lo producido localmente, la producción social y comunitaria, la integración y el cambio de los modos de relación social. Abandonar la idea de que la utilidad es la base del bienestar, tanto desde la teoría económica como desde la concepción social.

Intentando caminar por esta dirección es que se hace evidente la necesidad de generar nuevos indicadores que expresen las problemáticas específicas de la región y sirvan para diagnosticar y analizar de acuerdo a los objetivos anteriormente planteados.

Nuevos indicadores

Los indicadores socioeconómicos pueden clasificarse, considerando sus objetivos, en indicadores de diagnóstico e indicadores de monitoreo. Los primeros deben otorgar señales que permitan elaborar un diagnóstico complejo de la situación, que abarque todas y cada una de las realidades, de todos y cada uno de los problemas existentes. Estos indicadores suelen ser los resultados de los censos poblacionales que se realizan muy espaciadamente debido a su costo, extensión, cantidad de información relevada etc., sin embargo, los mismos datos requieren de un método continuo de relevamiento en cada área y ganar profundidad en el campo de acción. En cada censo se relevan los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), este indicador de pobreza necesita ser de continua evaluación por aquellos funcionarios encargados de resolver las falencias evidenciadas en el indicador como el acceso al agua potable.

Por otro lado, existen los indicadores que podemos llamar de monitoreo, que son aquellos que se generan con datos diarios o semanales que nos indican la necesidad de decisiones políticas del momento, por ejemplo, la evolución del tipo de cambio, reserva de divisas etc.

Indicadores de Diagnóstico

Bienestar

Dentro de los indicadores de diagnóstico mencionábamos anteriormente la necesidad de saber cuál es el grado de bienestar de las poblaciones, para lo que no basta con medir su nivel de ingreso en el momento.

El informe Stiglitz, Sen y Fitoussi (2009) presenta una serie de puntos a tener en cuenta a la hora de armar un indicador de bienestar. Más que la producción, en este sentido es necesario evaluar los ingresos y gastos de la familia, considerando como ingreso también las actividades no mercantilizadas. Incorporar a este análisis una medida de sostenibilidad de la situación que tiene que ver con el patrimonio, con los bienes y riqueza que no dependen del ingreso del momento. Por supuesto, el acceso a la salud, educación y vivienda; el nivel de desigualdad que existe en la sociedad de la que forma parte; el tiempo libre del que dispone la persona; la situación medioambiental que lo rodea; la participación social y la seguridad y medirlo a través de entrevistas de calidad de vida y problemática social.

Como se mencionaba anteriormente, cada una de las áreas (salud, educación, deportes, trabajo), deberá hacer un esfuerzo de recopilación de datos sobre cantidad de gente atendida, cantidad de tiempo de espera, efectividad, atención satisfactoria, niveles de atención, todo dato que se pueda recopilar ayudará a conocer mejor lo que sucede en realidad.

Indicadores de concentración, restricción externa y dependencia

Las economías latinoamericanas se distinguen por tener procesos inflacionarios, impulsados por un acceso muy limitado a las divisas y por la dependencia de los países desarrollados en varios aspectos tales como exportaciones, inversión extranjera directa, y financiación principalmente.

En este sentido, y dado que la historia económica ya tiene suficiente evidencia empírica y teórica al respecto, la creación de indicadores que reflejen con mayor claridad las particularidades de cada uno de estos aspectos para poder tomar decisiones de política económica correctas son esenciales y claramente no forman parte del sistema de cuentas nacionales.

Inflación

Con economías en diversos tipos al interior de la región, la inflación es una característica común. Los economistas neoliberales buscan combatir la inflación (ya que deteriora el valor de la moneda), congelando la economía, reduciendo gastos, aumentando la tasa de interés para que la gente no invierta y meta sus ahorros en el banco. Sin duda, la inflación es un síntoma que deteriora la capacidad de compra, afectando más a los que menos tienen, pero no ha resultado una solución para estos mismos congelar la actividad y que pierdan sus trabajos. La inflación en América Latina es estructural y ésta depende de la determinación de los precios. La concentración de producción/importación en pocas manos permite que estas empresas determinen su precio (maximizando su ganancia) y mediante él la oferta y demanda. En términos de los liberales clásicos, el mercado no estaría funcionando bajo competencia perfecta.

Siendo este uno de los problemas fundamentales, aunque no el único que determina la inflación, avanzar en medir el grado de concentración por rubro y total de la economía podría aportar a pensar cómo resolver el problema de la determinación de precios irrisorios y del desabastecimiento.

Para el caso de Ecuador, existe un análisis de la concentración económica, medida con el Índice Herfindahl Hirschmann. El mismo indica que para 2009 el 44% de los sectores económicos poseía una alta concentración y un 35% de alto poder de determinación de precios2. Así mismo, utiliza el índice de Gini para medir desigualdad entre sectores, obteniendo como resultado que el 75% de los mismos son inequitativos.

Entre los indicadores de concentración, se pueden utilizar otros aspectos que no miden directamente cuantos oferentes tiene cada sector sino como se comportan (es decir si compiten o hay monopolios) como la estimación sector por sector de la persistencia de las rentabilidades relativas, indicador que, de ser muy elevado, indica barreras a la entrada y poder de monopolio.

Los procesos inflacionarios pueden tener distintos impactos en la distribución del ingreso según la causa que los origine. Por ejemplo, la inflación desencadenada por puja distributiva tiende a ser progresiva en materia distributiva mientras que la cambiaria deriva en lo contrario. En este sentido, resulta relevante medir el impacto de la variación generalizada de precios sobre cada décil de la economía a partir de la construcción de canastas de consumo por cada subgrupo.

Restricción Externa

Crear una nueva economía implica pensar los problemas desde casa. Siendo así, uno de los principales problemas a abordar es el de la restricción externa. Los países actualmente inmersos en el modelo neoliberal económico resuelven el problema de la restricción externa o endeudándose, o liberalizando su mercado para recibir fuertes cantidades de inversión extranjera. En algunos casos, las remesas recibidas son fundamentales para este equilibrio. Debido a la estructura económica desequilibrada que caracteriza nuestros países (Diamand, 1972) la mayor parte no logra sostener el equilibrio de su balance de pagos vía exportaciones.

El planteamiento de la Nueva Economía, parte de la idea de concentrarse en producir localmente, sustituir importaciones y no importar cosas innecesarias. Este paradigma necesita de un cambio de mirada hacia lo que determina el bienestar. Nuestros países han chocado una y otra vez en los famosos ciclos de «stop and go» (Braun y Joy, 1981) con que el crecimiento es limitado por la restricción externa. El cambio de nuestra matriz productiva necesita un cambio de perspectiva en el corto plazo y esta tiene que ver con no alcanzar la restricción y lograr ampliar el límite día a día.

El indicador clásico para medir la fortaleza en divisas de un país son las Reservas Internacionales. Sin embargo, no siempre son un buen reflejo de la sustentabilidad de un país. Por ejemplo, si las mismas se incrementan producto del aumento de la deuda externa (que luego debe ser devuelta con intereses) la vulnerabilidad externa puede estar aumentando.

Un intento de avanzar en un indicador que condense la complejidad de factores que hacen a la sustentabilidad externa es la experiencia en la construcción de un Índice de Vulnerabilidad Externa (IVE) en Argentina. El IVE se construyó a partir de una combinación de indicadores públicos que permiten captar la multiplicidad de factores que explican la sustentabilidad externa: liquidez, pasivos sobre activos, resultado de la balanza comercial, endeudamiento, diversificación de las exportaciones y nivel de importaciones ociosas3.

Dependencia Económica

La globalización neoliberal actúa como persiana para encubrir los problemas generados por la dependencia económica de América Latina4. Pensar en soberanía económica es «aislamiento del mundo» para el neoliberalismo. Ninguna de las «verdades» neoliberales, como el siglo de las comunicaciones, la teoría de las ventajas comparativas o la inflación como producto de costos altos de producción local comparada con importaciones baratas han resuelto el problema del hambre y la desigualdad en nuestros países, sino que más bien los ha profundizado.

La dependencia económica de nuestra región se ha implantado desde los días de la conquista española. Imperio tras imperio han contribuido a que esto siga siendo así, mediante distintas formas de opresión. Actualmente la dependencia comercial, tecnológica, de flujo de Inversiones Extranjeras y de financiación son las principales formas de dependencia.

Estas formas de dependencia tienen un costo, que cada vez va haciendo más difícil cambiar la estructura económica que nos mantiene con alto porcentajes de pobreza, y los mayores a nivel mundial de desigualdad y de inseguridad (como consecuencia de las anteriores).

En este sentido resalta la necesidad de promover la creación de un índice de heterogeneidad productiva medido desde el Estado que indique la dispersión de productividades intersectoriales, y de cuenta de un factor estructural de dependencia económica. Esta herramienta es fundamental para tener claridad en cuanto a políticas de promoción industrial y de cadenas de valor de producción nacional.

El problema de la recopilación de datos

Otra de las características que diferencia a Latinoamérica de los países llamados desarrollados, es que la insuficiencia de datos limita la capacidad de armar indicadores y ver la profundidad de los problemas. Los censos son, como se mencionaba, una gran fuente de datos, pero, por ejemplo, el cuestionario a las personas sobre sus ingresos puede resultar en sobredeclaración o subdeclaración por vergüenza o desconfianza. La subfacturación para evadir impuestos es moneda corriente y la subdeclaración en Declaraciones Juradas lo mismo. El uso de la tecnología debería colaborar para solucionar estos problemas pero es decisión de los gobiernos la implementación de los diversos sistemas electrónicos y la eficacia con que se aplique.

Un ejemplo en este sentido es la utilización de la factura electrónica. El uso de la misma brinda mucha información al Estado sobre la cadena de valor de cada producto, información que de otra forma depende de la voluntad de las empresas revelarlo.

En un estudio realizado acerca de las ventajas y desventajas de la aplicación de la misma en Ecuador queda evidente el acceso a esta información «La gran ventaja que se desprende de emitir guías de remisión electrónicas es que la Administración Tributaria puede realizar controles mucho más efectivos ya que dispone de información en línea y en tiempo real de lo que se está transportando, lo que facilita los procesos de control de inventarios, adquisiciones y transporte de mercaderías realizados por el SRI…» (Pazmiño, p. XX, 2015).

Asimismo, se encuentra desaprovechada la expansión exponencial de la información disponible surgida a partir de las nuevas tecnologías. Sería interesante usar los avances en materia de Big Data para realizar cálculos alternativos de indicadores convencionales y explorar mediciones que no pueden ser realizadas con los medios tradicionales. Una de las ventajas de aplicar este método es la posibilidad de realizar indicadores de rápida disponibilidad dada la forma permanente e instantánea de recopilación de información.

Conclusiones

El sistema de cuentas nacionales no refleja correctamente la actividad económica de los países latinoamericanos. La economía informal, que en nuestros países alcanza casi la mitad de la economía total, se ve incorporada de manera muy marginal. De esta forma, no existe una correcta contabilidad de la producción de nuestras economías y por lo tanto todos los indicadores que se desprenden del PIB poseen este mismo problema. Incorporar la economía social y doméstica en nuestra contabilidad es esencial. Sin embargo, se encuentra en la decisión de los gobiernos de la región avanzar en mejorar la recolección de estos datos y sistematizarlos e incorporar indicadores teniendo en cuenta nuestra propia problemática.

Estos indicadores que pueden ser nuevos, o no, deben ser consecuentes con los nuevos enfoques sobre el desarrollo de la región relacionado con el bienestar de las grandes mayorías de la población, con una mirada ligada al Buen Vivir o al Vivir Bien, que incluya dimensiones como la diversidad cultural, la relación con la naturaleza y la cosmovisión propia de los pueblos indígenas originarios y contemple las características propias de los modelos de producción y las estructuras económicas de nuestros países.

En este sentido, es esencial generar indicadores que muestren efectivamente las condiciones de vida de la población. En esto, es necesario avanzar en el destierro del papel hegemónico que el PIB tiene para este fin y construir nuevos indicadores que permitan un mayor acercamiento a conocer los niveles de bienestar de nuestros pueblos y nos permitan, a partir de ellos, sentar las bases de las políticas económicas encaminadas a mejorarlo. Estos indicadores deben recoger datos tanto cuantitativos como cualitativos y tener en cuenta las características mencionadas en el documento.

Paralelamente, es necesario el uso de otros indicadores que reflejen los problemas específicos de nuestras economías como la concentración de la producción, la restricción externa, prever la utilización de divisas de acuerdo al cálculo de la población de altos ingresos, es decir, anticipar la fuga de capitales, y la dependencia de nuestras economías. Existen en este sentido algunos indicadores que ya fueron elaborados y que es importante se incorporen al análisis, se mejoren, y se planteen objetivos de cumplimiento para lograr el cambio deseado.

Ante todo esto, es importante mencionar que el esfuerzo no se reduce a pensar y utilizar los indicadores, sino a generar y recoger los datos necesarios para que estos indicadores sean fiables. En este sentido la incorporación de tecnología puede contribuir a dar un gran salto para proveernos de la información necesaria para aplicar políticas acordes a lo que nuestros pueblos tienen derecho.

Referencias

Braun, O., y Joy, L. (1981). Un modelo de estancamiento económico-Estudio de caso sobre la economía argentina. Desarrollo económico, 585-604.

– Cardoso, F. H., y Faletto, E. (1969). Desarrollo y dependencia en América Latina. México: Siglo XXI.

– Diamand, M. (1972). La estructura productiva desequilibrada argentina y el tipo de cambio. Desarrollo económico, 12(45), 25-47.

– Stiglitz, J., Sen A. y Fitoussi J.P. (2009), «Rapport de la Commission sur la mesure des performances économiques et du progrès social. Recuperado el 10 de diciembre de 2009, de http://fbses.webou.net/IMG/pdf/rapport_francais_stiglitz.pdf

– Pazmiño Rubio, V. A.. (2015), Análisis de la implementación de facturación electrónica en el Ecuador: ventajas y desventajas frente a la facturación física. Quito. Tesis (Maestría en Tributación). Universidad Andina Simón Bolívar.

– Kapp W., (1983). Social Cost, Economic Development and Environment Disruption, Univ. Press of America, Lanham, Londres, (edición original, 1970).

Notas:

(1) Sistema de Cuentas Nacionales 2008

(2) http://scpm.gob.ec/wp-content/uploads/2013/02/FORMULARIO-GESTION4.pdf

(3) Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas

(4) La teoría de la dependencia latinoamericana, Cardoso y Faletto, 1969.

Fuente: http://www.celag.org/nuevos-indicadores-para-una-nueva-economia/