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Crítica de la película Noticias de una guerra, de Eterio Ortega (2006)

Obscenidad de los paisajes

Fuentes: Rebelión

En más de una ocasión, viendo Noticias de una guerra (Eterio Ortega, 2006), me estuve acordando de un notorio texto crítico de Jacques Rivette -que el tiempo ha convertido en clásico- a propósito de Kapo (Gillo Pontecorvo, 1960), donde el cineasta francés planteaba sin ambages que el travelling que acerca la mirada del espectador hacia cuerpo del personaje de […]

En más de una ocasión, viendo Noticias de una guerra (Eterio Ortega, 2006), me estuve acordando de un notorio texto crítico de Jacques Rivette -que el tiempo ha convertido en clásico- a propósito de Kapo (Gillo Pontecorvo, 1960), donde el cineasta francés planteaba sin ambages que el travelling que acerca la mirada del espectador hacia cuerpo del personaje de Emmanuelle Riva (muerta al arrojarse sobre las alambradas electrificadas del campo de concentración), travelling que buscaba el reencuadre artístico del cadáver en un intento de enfatizar dramáticamente su suicidio, era un gesto abyecto de Pontecorvo, merecedor de su desprecio. Treinta años después, Sege Daney, sin duda alguna el crítico cinematográfico más agudo de mi generación, escribía un texto, «El travelling de Kapo«, con el que deseaba iniciar su libro más personal (Persévérance), publicado como póstumo por Serge Toubiana tras su muerte y que conservaba, empero, ese gesto textual y moral con el que Daney quería comenzarlo.

Hablar de moral en el cine de hoy es, tal vez, un exceso. El relativismo posmoderno en el que vivimos nos hace asentir a una lógica del mercado cuyo destino final nos obliga a adoptar, en el mejor de los casos, la moral del sometido, del esclavo ante el discurso del amo que le arrebata todo, incluso su saber. En el ámbito del cine español se ha desarrollado últimamente un tipo de films que, precisamente por trabajar en los límites de la ficción, activa en el espectador un saber que puede expresarse en términos de verdad. Los frutos del Máster en Documental de Creación, auspiciado por Jordi Balló en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, son de sobra conocidos: películas como En construcción (José Luis Guerín) y El cielo gira (Mercedes Álvarez, 2004), no sólo han cosechado premios internacionales, sino que también han llegado y conmovido a su público. No parece ser éste el destino de Noticias de una guerra, probablemente desparecida del cartel de estreno cuando ustedes lean estas líneas. Cabría especular sobre por qué esto ha sido así. Y cabría responder que, detrás de las operaciones del film se esconde un problema ético similar al que desatara, en su momento, la ira de Rivette. Remitiéndonos al Godard de los años sesenta, quien postulaba que un travelling es una cuestión de moral, deberíamos plantearnos que, precisamente por ello, no cualquier procedimiento cinematográfico es pertinente para transmitirnos un saber informativo social y políticamente útil.

Noticias de una guerra aparece asesorada por Santos Juliá, un historiador en nada asimilable al actual revisionismo sobre los años de la Segunda República y la Guerra Civil, practicado por paniaguados escribidores al servicio de los intereses del Partido Popular y cuyos nombres no van a ensuciar esta página. Empero, la rentabilidad política que el film pueda aportar a esos retoños del franquismo, que intentan denodadamente implantar su podrida moral de vencedores en la actual sociedad española, me resulta evidente.

En primer lugar, Eterio Ortega ha procedido a doblar sistemáticamente las voces protagonistas, algunas de las cuales están grabadas a fuego en el inconsciente del espectador. De esta suerte, la aflautada vocecilla de Franco se ve sustituida por otra de más compactas y viriles resonancias. Dobladas están las voces de Companys, de Azaña, de la Pasionaria. Y también, en el colmo del despropósito, la de José Antonio Primo de Rivera en una alocución hecha originalmente en un correcto francés y la de Buenaventura Durruti, del cual no se conserva testimonio sonoro alguno, poniendo en su boca triviales tópicos de estrategia militar. Si todos hemos visto esas imágenes de trágicas mujeres enlutadas ante los cadáveres de sus hijos en los primeros bombardeos de Madrid, ahora oímos también sus quejas y gimoteos. Mejor dicho: oímos a la dobladora de turno en el estudio esforzándose por parecer patética. Se podrá argumentar -y, de hecho, Eterio Ortega se ha expresado en esa dirección- que en el film no se trataba tanto de restablecer el documento como de ficcionalizarlo, con lo cual no se descubre nada nuevo: todo documental es un relato de no ficción. Y el relato, qué duda cabe, también tiene sus leyes. Y es ahí donde la película subleva, donde la indignación de este espectador se desborda. Porque, siguiendo esa lógica irresponsable de mantener una imposible neutralidad ante los hechos, el realizador muestra el asesinato, por parte de pistoleros de la derecha, del teniente de la Guardia de Asalto José Castillo como una sombra que cae, proyectada en un muro, mientras que el tiro en la nuca, a manos de compañeros de Castillo, que acaba con la vida del diputado fascista del Bloque Nacional José Calvo Sotelo es un hecho visto por el espectador con todo detalle. Si tenemos en cuenta que ambos crímenes contribuyeron a enrarecer más aún el clima de crispación conducente a la asonada militar contra la República, ¿dónde estaría aquí esa supuesta objetividad del punto de vista? No es lo mismo la contundencia de un cadáver arrojado en la acera que una sombra fugaz, evanescente y engañosa. Al margen de las posturas cívicas que Elías Querejeta y Eterio Ortega puedan mantener en su cotidiano batallar, en su real socializado, en términos representacionales y de discursividad cinematográfica están, formalmente, justificando el golpe militar faccioso. Y no contribuye mucho a clarificar el panorama la metonímica presencia de un lúgubre militar redactando a máquina -y leyendo en voz alta al tiempo que lo escribe- la proclama del levantamiento y al que sólo el saber previo del espectador puede dar la identidad del general Mola (por sus gafas de aro redondo): un nuevo avatar de la siniestra e indeterminada (por abstracta) voz de la ETA en Asesinato en febrero (2001), el también fallido intento, desde mi opinión, por parte de Ortega/Querejeta en incidir sobre hechos que a todos nos preocupan.

«Si eres respetuoso con la realidad, ésta nunca te defrauda», decía Rossellini. Los artífices de Noticias de una guerra no lo son con la memoria de los vencidos y la obscena manipulación de la banda sonora es prueba fehaciente de ello. Ni siquiera la hiriente y chulapesca entonación con la que Fernando Fernández de Córdoba lee el parte final de la guerra ha sido aquí respetada. La presencia, en cambio, de alguna canción de las Brigadas Internacionales arroja, si cabe, más leña al fuego: el tópico de una guerra romántica, donde los vencidos luchaban por excelsos ideales de pan, tierra y libertad es, a estas alturas, una despreciable e interesada mistificación de los vencedores. Había algo más que una España luchando contra otra en nuestra guerra civil.

Juan Miguel Company es profesor del Departamento de Teoría de los Lenguajes (Universidad de Valencia, España) y crítico cinematográfico.

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