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Paisajes de Brasil, una nación desmoralizada y deprimida

Fuentes: NODAL

Brasil es una nación desmoralizada y vencida por la avalancha reaccionaria, autoritaria y antidemocrática irrumpida en las llamadas «jornadas de 2013» que cumplió su propósito original 3 años después, en 2016, en el golpe que derrocó a la presidenta Dilma. La cleptocracia, gobierno de ladrones cohabitado por el PSDB y liderado por la cuadrilla de […]

Brasil es una nación desmoralizada y vencida por la avalancha reaccionaria, autoritaria y antidemocrática irrumpida en las llamadas «jornadas de 2013» que cumplió su propósito original 3 años después, en 2016, en el golpe que derrocó a la presidenta Dilma.

La cleptocracia, gobierno de ladrones cohabitado por el PSDB y liderado por la cuadrilla de Michel Temer, cometió y sigue cometiendo crímenes de lesa patria; sigue atentando contra los derechos del pueblo brasileño y compromete el futuro del país.

La organización delictiva del PMDB, sin embargo, no es la responsable exclusiva de esta tragedia nacional. El activismo tucano (del PMDB) en la génesis del golpe fue fundamental para el éxito de la conspiración tramada por Eduardo Cunha, Temer, Padilha, Moreira, Geddel y Jucá.

Es necesario destacar la responsabilidad de toda la canallada tucana -empresarial, financiera, religiosa, jurídica, política y parlamentaria- en la gestación del golpe y en el retroceso de la política, de la economía y de la sociedad brasileña en el posgolpe.

Aécio Neves, Fernando Henrique Cardoso, Jose Serra, Alckmin, junto con sus socios nacionales y extranjeros, lanzaron a Brasil al precipicio. Sin su movimiento golpista (justo después de la derrota electoral de 2014) en alianza con el empresariado, los medios monopólicos -sobre todo la Red Globo-, con sectores del poder judicial [Policía Federal, Ministerio Público y Supremo Tribunal Federal) y con el capital financiero, el golpe no se habría concretado.

El personaje que capitaneó este proceso -Aécio Neves- cuyos vínculos con la criminalidad llegaron a ser conocidos y difundidos, todavía conserva poder e influencia en el partido y en la cleptocracia gubernamental. Él presidía y era quien mandaba de hecho en el PSDB hasta hace dos semanas, y continúa influenciando en las elecciones políticas del gobierno.

Sin la colaboración activa del Supremo Tribunal Federal, el golpe no habría sido perpetrado. La Corte Suprema, integrada a la estrategia mediático-golpista, se lavó las manos; fue cómplice del golpe. Decidió seguir el rito formal de juicio político y se negó a pronunciarse sobre la aberración jurídica de un proceso dirigido por el gángster Eduardo Cunha a pesar de la inexistencia de hecho delictivo, como exige la Constitución.

De ahí en adelante, el país entró en una espiral de retrocesos y atrocidades. El régimen de excepción se profundizó, y hoy en día es difícil saber si Brasil está fuera de lo normal, o está bajo el término de una «nueva normalidad» en el que prosperan las características típicas de los estados policíacos, autoritarios, junto con la lógica neofascista.

Cada día el golpe se propaga. No pasa un solo día sin que ocurra un nuevo ataque al pueblo, a la economía nacional, a la soberanía del país y al estado de derecho. El arsenal del golpe parece inagotable. Cuando uno se imaginaba que la destrucción de la CLT sería el principio del final, los golpistas respondieron con la liberación del trabajo esclavo.

La semana pasada, los signos de esta «nueva normalidad» coloreaban los paisajes de una nación trágicamente destrozada:

– Los fiscales del Lava Jato, poseídos por el delirio salvacionaista que los caracteriza, crearon la Liga de la Justicia, inspirada en los «metahumanos» del filme norteamericano homónimo. Ellos son la Justicia, por encima de las instituciones, de las leyes y de la Constitución.

– El juez Marcelo Bretas, versión Sérgio Moro de Río de Janeiro, se exhibió en los medios sociales ostentando el porte de un arma mortífera, de alto poder destructivo. El efecto simbólico de la imagen del juez-Rambo no es diferente de la imagen de un jefe del crimen organizado con una ametralladora en mano: ambos tienen su propia Justicia;

– Gilmar Mendes, juez tucano del Supremo Tribunal Federal, aplica el extraño criterio de justicia para [y entre] amigos para otorgar el tercer habeas corpus al empresario mafioso de los transportes de Rio de Janeiro, Jacob Barata Filho -que es su compadre, socio de su cuñado y cliente del estudio de abogados de su esposa: la hija de Barata se casó con el hijo de la esposa do Gilmar, Guiomar Mendes-;

– Rodrigo Tacla Durán, un ex Odebrecht indicó que Carlos Zucolotto solicitó cinco millones de dólares de soborno para facilitar la delación premiada que sería avalada por alguien de la fuerza del Lava Jato, conocido por el acrónimo «DD». Tan solo se trataría de un caso más de corrupción, si no fuese porque Carlos Zucolotto es padrino de matrimonio de Sérgio Moro y socio del bufete de abogados de su esposa, Rosângela Moro, que en el pasado recibió honorarios del propio Rodrigo Tacla Duran. Llama la atención, en este caso, el desinterés de la Lava Jato y de la Red Globo para averiguar si la identidad de «DD» es sinónimo de «Duis Dinácio Dula de Dilva», como ya ironiza el pueblo, o si puede significar Dolores Duran, o quien sabe, Deltan Dalagnoll, el predicador fanático.

Brasil fue apropiado por un bandidaje jurídico, político, mediático y empresarial que se protege profundizando el régimen de excepción.

Garantizar que la elección presidencial de 2018 sea limpia y democrática, con la presencia de Lula en la urna electrónica, es condición esencial para que el pueblo brasileño pueda interrumpir este proceso devastador para revocar los retrocesos, restaurar la democracia y dar inicio a la restauración económica, política y social del país.

Jeferson Miola es integrante del Instituto de Debates, Estudios e Alternativas (Idea) de Porto Alegre (Brasil), fue coordinador-ejecutivo del 5º Foro Social Mundial y director de la Secretaría Administrativa del Mercosur.

Fuente: https://www.nodal.am/2017/12/paisajes-brasil-una-nacion-desmoralizada-deprimida-jeferson-miola/