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Venezuela

Petróleo sembrando emancipación

Fuentes: Rebelión

Los datos divulgados recientemente por el Banco Central de Venezuela (BCV) confirman que la economía venezolana presentó crecimiento de 10,2% en el cuarto trimestre de 2005 en relación al mismo período del año anterior, acumulando la novena alza consecutiva desde el último trimestre de 2003. El resultado final del PIB en 2005 presentó elevación de […]

Los datos divulgados recientemente por el Banco Central de Venezuela (BCV) confirman que la economía venezolana presentó crecimiento de 10,2% en el cuarto trimestre de 2005 en relación al mismo período del año anterior, acumulando la novena alza consecutiva desde el último trimestre de 2003. El resultado final del PIB en 2005 presentó elevación de 9,3%.

Así como en las otras ocho ocasiones anteriores, el fuerte incremento fue impulsado fundamentalmente por las actividades no relacionadas con el petróleo: construcción civil (28,3%), comercio (19,9%), transporte (10,6%) e industria manufacturera (8,5%). El sector petrolero tuvo incremento de 2,7%. Según informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el desempleo en diciembre de 2005 fue de 8,9%, dos puntos porcentuales abajo del mismo mes del año 2004; la reducción equivale, en términos absolutos, a 266 mil personas. En el año, la inflación acumuló 14,4% contra los 19,2% de 2004. Las tasas de interés nominal bajaron a 14,8%.

Dichos resultados ratifican las expectativas del Ministerio de Finanzas y contrarían a las todavía pesimistas previsiones de los «periodistas económicos» de la oposición, que persisten con la idea del «rebote estadístico». Esta denominación fue inventada en junio de 2004 como explicación del crecimiento de la economía: el PIB estaría subiendo como reflejo meramente numérico de la caída de los períodos anteriores. Se trataría de un caso fantástico, y hasta hoy desconocido, de una pelota que cae en el piso y, como respuesta física al impacto, empieza a subir sin parar. Comentando un alza más en la economía, el ministro de Planificación y Desarrollo, Jorge Giordani, declaró irónicamente: «Continúa el rebote productivo… la práctica y los numeritos desmintieron las voces agoreras de la oposición política. Los juicios políticos disfrazados de tecnicismos económicos quedaron desnudados ante la nueva realidad».

Se ha demostrado que una de las herencias del período neoliberal es el desprecio por el proceso histórico. La estratégica inmediatista, de corto plazo, la razón del sistema financiero: virtual, atemporal, despegada de la realidad, ficticia. Esta podría ser una de las explicaciones para que «analistas» ortodoxos consideren el gobierno Chávez el responsable por los malos resultados de la economía entre 1999 y 2003, período que intentan rotular como el «quinquenio perdido». Frente a esto, es oportuno recordar: Hugo Chávez justamente ganó las elecciones presidenciales de diciembre de 1998 porque Venezuela enfrentaba su más catastrófica crisis económica, política, social, institucional y moral, después de 40 años de alternancia en el poder de los partidos AD y COPEI. El país y el pueblo agonizaban como efecto de la corrupción, el despilfarro y la perversidad de la IV República (1958-98).

Venezuela, que muy poco o casi nada supo beneficiarse de los dos choques del petróleo, de 1973 y 1979, venía hundiéndose en una situación cada día más complicada desde el inicio de los años ochenta. Según Maza Zavala, solamente entre 1976 e 1995, el país recibió cerca de 270 mil millones de dólares de ingresos petroleros, equivalentes a veinte veces el famoso «Plan Marshall». Paradójicamente, el saldo total de la deuda pública externa venezolana se duplicó entre 1978 y 1982. Este es un claro ejemplo de la dinámica dilapidadora y salvaje de la llamada «Venezuela Saudita».

En el principio de los años noventa, con el «Gran Viraje» y la «Apertura Petrolera» de Carlos Andrés Pérez, continuados por la «Agenda Venezuela» de Rafael Caldera y Teodoro Petkoff, el país fue entregado a los intereses del Fondo Monetario Internacional (FMI). Se inició el acelerado proceso de destrucción nacional: reducción del papel del Estado en la economía, desinversión, desindustrialización, privatización de los sectores estratégicos y reducción de históricos derechos laborales. Entre otras, fueron privatizadas, e incluso desnacionalizadas, la Compañía Nacional de Teléfonos (Cantv), la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), la Venezolana Internacional de Aviación S.A. (Viasa), instituciones financieras, centrales azucareras, astilleros navales y empresas del sector construcción. En 1998, la entrega de PDVSA a los carteles internacionales ya estaba prevista.

Todo se hizo supuestamente a nombre de la reducción del déficit fiscal, del estímulo a la entrada de capitales extranjeros, la modernización de la industria nacional, mayores eficiencia, productividad y competitividad, rebaja de la inflación y disminución del desempleo. Puro guitarreo semántico para disimular el Consenso de Washington y presentarlo con la dulzura de un canto de sirena. Menos de diez años después, organismos internacionales como la Cepal, el Banco Mundial, el FMI e, incluso, el Vaticano reconocieron el rotundo fracaso de dichas políticas. Sin embargo, mucho antes de estas muy tardías conclusiones, el pueblo venezolano ya se había alzado y decidido trillar otro camino. Esto fue demostrado en el Caracazo del 1989 y en las dos rebeliones cívico-militares del 1992 -el primer de ellos liderado por el entonces desconocido Comandante Chávez. Estas insurrecciones, diferentemente de lo que sucedió en los demás países de nuestra región, frenaron en cierto grado la aplicación de la agenda neoliberal.

CUATRO ETAPAS DE LA ECONOMÍA EN EL GOBIERNO CHÁVEZ

La economía venezolana durante el gobierno de Hugo Chávez posee cuatro etapas distintas y claramente definidas. Sostenemos, como resultado de un análisis que hemos realizado de forma permanente en los últimos cuatro años, que en cada uno de estos momentos -determinados hora por las acciones del propio gobierno, hora por las reacciones de la oposición al proceso de cambios- se verificaron diferencias considerables en la dirección de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria del país.

En 1999 el PIB venezolano cayó 6%, fruto de la gravísima situación económica y de la campaña de chantaje emocional promovida en contra el presidente recién-electo por los grandes medios de comunicación, históricamente comprometidos con los intereses extranjeros. Recordemos que Maritza Izaguirre, ministra de Finanzas de Caldera, permaneció en esta función durante los primeros nueve meses del nuevo gobierno. La retracción de la economía es reflejo natural de este momento de adaptación, de la tendencia decreciente verificada desde el tercer trimestre de 1998 y de la bajísima cotización internacional del petróleo, cerca de los 9 dólares en aquel entonces.

La recuperación de los precios del crudo -fruto directo de las acciones del Gobierno Chávez- y las políticas fiscal y monetaria expansionistas marcaron el inicio de una nueva etapa. Durante los años 2000 y 2001 el PIB acumuló alzas de 3,7% y 3,4%, respectivamente. En estos ocho trimestres el PIB no-petrolero creció en promedio 4%, mientras el PIB petrolero se elevó solamente en 1,2%. Se verificaron caídas en el desempleo, en el índice de precios al consumidor y las tasas de interés; con consecuente aumento del crédito, del consumo y del PIB per cápita.

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez, en febrero de 1999, y mediados del año 2002, los sectores oligárquicos, asociados a los intereses extranjeros sobre el petróleo, tuvieron una postura prudente. El estallido de insatisfacciones se dio justamente a fines de 2001, cuando el gobierno presentó un paquete de leyes que buscaban implementar profundos cambios estructurales en los principales sectores de la economía: estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA); Leyes de hidrocarburos líquidos y gaseosos, de tierras, del sistema financiero, del impuesto sobre la renta, de las cooperativas.

Allí empezó la tercera fase; una batalla que duró aproximadamente un año y medio. Entre el final de 2001 y febrero de 2003 ocurrió de todo en Venezuela: el paro patronal en diciembre de 2001; el Golpe de Estado promovido por la CIA en abril de 2002; las conspiraciones y el «sabotaje petrolero» entre el ultimo trimestre de 2002 y febrero de 2003.

El resultado previsible: la economía venezolana cayó 8,9% y 7,7% en los años 2002 y 2003, respectivamente. Fueron derrumbes similares a una economía de guerra. El resultado sorprendente: Hugo Chávez salió más fortalecido de la crisis. Después del Golpe de Estado, quedaron evidentes y desmoralizados los sectores golpistas de las Fuerzas Armadas. Con la sádica arremetida contra PDVSA, se demostró el carácter antinacional y desesperado de la clase privilegiada, que se sentía amenazada por las acciones nacionalistas del gobierno. La conspiración manejada desde Washington provocó el derrumbe de la producción petrolera de los 3 millones de barriles diarios a 25 mil, frenando el aparato productivo y provocando la quiebra de centenares de empresas. En el primero y el segundo trimestres de 2003, el PIB cayó 15% y 25%, respectivamente. En total, fueron siete trimestres consecutivos de caída de la economía, de la renta per cápita, de las reservas internacionales; acompañados por la elevación del desempleo a 20,7%, de la inflación a 27,1% y las tasas de interés a 22%.

Ya en el tercer trimestre de 2003, empezó la cuarta y actual fase de la economía venezolana en el gobierno Chávez: la reactivación. Para comprender la magnitud de la recuperación es necesario interpretar la dimensión de los desastres de 2002 y 2003. Hoy, por ejemplo, la Formación Bruta de Capital Fijo -la acumulación adicional de bienes de capital- alcanza el 24,2% del PIB total. En medio a las conspiraciones de 2003, llegó a caer a los 14,0%. Venezuela recién ahora reempieza a caminar.

¿POR QUÉ CRECE LA ECONOMÍA VENEZOLANA?

La efervescencia de la economía venezolana es fruto directo, pero no exclusivo, de la expansión de los precios del petróleo para un promedio de 57,4 dólares por barril tipo brent (diciembre de 2005). Los hidrocarburos son y continuarán siendo por muchos años un poderoso instrumento de soporte de la economía. Pero, entonces, ¿qué hay de nuevo en Venezuela?

Lo novedoso es que definitivamente el país está sembrando el petróleo en los sectores productivos de la economía, como rogó Arturo Uslar Pietri hace 70 años. Parte de los ingresos petroleros son utilizados como fuente de financiamiento para la estructuración y el fortalecimiento del mercado interno -desarrollo endógeno-, para un proceso soberano de industrialización y la definitiva independencia económica. El petróleo significa un arma para la superación de la economía rentista, improductiva e importadora, establecida desde poco antes de los años 1920, cuando empezaron las explotaciones del «excremento del diablo» en el Lago de Maracaibo.

La siembra de petróleo se hace posible especialmente a través de siete mecanismos: 1) modificación de la Ley de Hidrocarburos y aumento de la regalía cobrada por el gobierno a las transnacionales petroleras; 2) adopción del control de cambio en principios de 2003, que aumentó las reservas internacionales de 15 mil millones de dólares para 30 mil millones de dólares e posibilitó la aplicación de otras medidas; 3) la nueva Ley del Banco Central y la creación del Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN), que ya cuenta con un monto de casi 9 mil millones de dólares; 4) nuevo enfoque del máximo órgano de recaudación de tributos, el SENIAT, que este año aumentó en un 60% la recolección de impuestos -sobre todo de las grandes empresas nacionales y transnacionales, históricamente morosas y evasoras; 5) amplio plan de inversiones publicas en la plataforma de industrias básicas, con su consiguiente efecto multiplicador y acelerador de la inversión privada en el sector transformador de insumos básicos en productos de mayor valor agregado; 6) aporte en 2005 de cerca de 5 mil millones de dólares a las Misiones Sociales, como mecanismo de emergencia para pagar la inmensa deuda social acumulada, disminuir el desempleo y combatir la inflación; 7) el trabajo del Ministerio de Agricultura y Tierras (MAT) por rescatar y activar productivamente un millón y medio de hectáreas de latifundios improductivos, fortaleciendo el Plan de Siembra 2006 e incorporando a miles de campesinos y trabajadores al proceso productivo.

Estos siete dispositivos permiten que, a pesar del fuerte crecimiento de los precios del petróleo, desde 2004 el PIB no-petrolero haya crecido a tasas significativamente más elevadas que el PIB petrolero, evidenciando el impacto positivo de las exportaciones de petróleo sobre las actividades no relacionadas directamente con el crudo. Mientras en el segundo trimestre de 1999 el PIB no-petrolero significaba un 70,5% del PIB total, hoy representa un 76,0%. En el mismo período, la participación del PIB petrolero en el PIB total fue reducida de un 20,1% para un 14,9%.

Aun más significativa es la aceleración del PIB manufacturero -la industria transformadora- entre el inicio de 2003 y hoy. La manufactura fue el sector que más creció en el período, recientemente ultrapasando el PIB petrolero por primera vez desde 1997, fecha de inicio de la actual serie estadística del Banco Central de Venezuela. La activación es verificada especialmente en los consistentes aumentos del consumo de electricidad, en las ventas de vehículos, cemento, productos largos para la construcción civil, hierro y aluminio. Dentro de la industria manufacturera, las ramas de actividad económica que más crecieron son: Fabricación de vehículos automotores, remolques y semi-remolques (13,5%), Elaboración de alimentos, bebidas y tabaco (10,6%), Cauchos y productos plásticos (10,3%) y Fabricación de maquinarias y equipos (7,0%). La participación de la manufactura en el PIB total, que había sido comprimida a 14,7% durante el «sabotaje petrolero», actualmente llega a 16,7% con tendencias crecientes. Tales resultados deben mejorar aun más cuando se hagan sentir los impactos del «Acuerdo Marco para la Reactivación Industrial y la Transformación del Modelo Productivo» y del «Decreto para el Suministro de Materias Primas al Sector Transformador Nacional», que buscan reducir las exportaciones primarias y garantizar insumos básicos como aluminio, hierro, acero, madera, a los productores venezolanos. Desde principios del año 2003 se ha verificado la reducción de las importaciones de bienes para el Consumo Final del 37,6% al 24,2% del total importado, acompañada por un aumento de las adquisiciones de bienes para la Formación Bruta de Capital Fijo, del 12,3% al 25,7% del total. Es decir, Venezuela ha invertido sus recursos en la obtención de maquinarias, componentes y equipos que posibiliten el proceso de industrialización soberana en marcha.

Los dólares del FONDEN han sido reservados para el financiamiento de planes estratégicos de desarrollo en sectores como: industrias básicas, petróleo, gas, infraestructura, transportes, vivienda. Dentro de estos lineamientos se crean empresas y se desarrollan proyectos como la nueva siderurgia venezolana para la producción de aceros especiales, una fábrica de tubos petroleros sin costura, tres nuevas refinerías de petróleo, diez aserraderos de madera, las plantas de cemento, de concentración de mineral de hierro, de laminación de aluminio, de pulpa y papel y muchos otros. Además de eso, recientemente fue aprobado crédito de 750 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para aportar a la construcción de la central hidroeléctrica Tocoma. En total, solamente el Sistema Eléctrico Nacional recibirá inversiones que se aproximan a los 3 mil millones de dólares en 2006.

Todos estos planes han sido dirigidos por el Estado venezolano, que controlará por lo menos el 51% de estas iniciativas, aunque muchas serán concretadas a través de asociaciones estratégicas con otros países o con inversionistas privados, nacionales o extranjeros. Las metas son estrechar relaciones internacionales especialmente con las naciones latinoamericanas, con China, España, India, Irán e Italia, obedeciendo a la orientación de construir la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) y de contribuir para la formación de un mundo multipolar. Ejemplos de esto son el reciente lanzamiento de la refinería de petróleo Abreu e Lima, en el estado brasileño de Pernambuco, acordado entre PDVSA y Petrobrás; los acuerdos con Argentina para la construcción de embarcaciones petroleras por el Astillero Río Santiago; y la fábrica binacional de tractores Venirán Tractor, con el gobierno de Irán, que ya ha entregado las primeras 400 unidades.

Son diversas las iniciativas de asociación entre el Estado y el empresariado nacional, buscando reactivar el aparato productivo industrial y agrícola. El objetivo es no solamente la recuperación de la actividad económica, sino crear las bases para abandonar el modelo rentista, sustentado en la dadiva del petróleo, y construir un nuevo modelo productivo, endógeno, con dinámica y vida internas, capaz de garantizar el crecimiento económico y el desarrollo nacional. En marzo de 2005 fue creado el Ministerio de Industrias Básicas y Minería (MIBAM), justamente con la función de construir las bases para la industrialización soberana.

NUEVAS AMENAZAS Y ACCIONES DESESTABILIZADORAS

Es bastante esclarecedora la nota publicada en el diario venezolano «El Universal», intitulada nada más nada menos que: «Se avecina recesión económica». El periódico reproduce la idea de que «la economía venezolana muestra las primeras señales de la inminente aparición de una etapa recesiva, debido al estancamiento del crecimiento del sector no-petrolero», exactamente el revés de lo que demuestran las estadísticas, conforme explicitado anteriormente.

Vuelven a la carga los mismos sectores antinacionales que sustentaron el paro patronal, el Golpe de Estado, el sabotaje petrolero y las permanentes conspiraciones contra el país. El motivo de la nueva ofensiva está en el avance del profundo proceso de transformaciones y de distribución de renta e inclusión social, que tuvo efectos muy positivos en la actividad económica y en la vida política durante el 2005. Las acciones del gobierno de extender la mano a los empresarios nacionalistas buscan una forma unificada de trabajar en torno a la activación de la industria y la agricultura, generando empleos y fomentando el desarrollo endógeno. Además de esto, Venezuela viene ampliando sus relaciones internacionales con importantes países e hizo efectivo su ingreso al MERCOSUR.

Todas las previsiones indican que en 2006 la economía venezolana acumulará crecimiento cercano a los 6%, con consecuente progreso de los indicadores económicos y sociales. Este es el mejor momento del gobierno desde su posesión y, con el planteamiento de Hugo Chávez de avanzar hacia el «socialismo del siglo XXI», se diseña claramente un proceso de cambios estructurales aún más intenso. Las próximas elecciones presidenciales serán realizadas en diciembre de este año y la evidencia de más una victoria de las fuerzas bolivarianas ha perturbado a la administración de la Casa Blanca y sus aliados internos. Es posible que, ahogados en su progresivo aislamiento, jueguen otra vez a su tradicional alternativa de la violencia para interrumpir gobiernos democráticos y populares. Por otro lado, así como en las ocasiones anteriores, las acciones orquestadas por el gobierno estadounidense deben encontrar la resistencia del pueblo venezolano, que a cada agresión refina su conciencia e incrementa su ejercicio de la democracia participativa y protagónica.

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