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Poner la cama

Fuentes: CTXT

El turismo es el sector que mejor describe la salida de la crisis «a la española». Representa la aplicación más dura de la precariedad laboral y la desigualdad entre lo que se llevan unos y lo que cobran los asalariados

El turismo es sin duda la actividad económica que mejor caracteriza a España. No sólo por nuestra imagen de sol y playa en el exterior. Tampoco por su importancia para nuestra economía: representa el 11 por ciento de toda la producción española y emplea al 13 por ciento de los trabajadores. Es mucho más que eso.

El turismo es vital porque sirve para compensar sobradamente nuestro saldo negativo exterior, lo que importamos por encima de lo que exportamos. La entrada de turistas extranjeros en España es monstruosa y cada día más: al paso que va, este año se superarán con creces los 80 millones de turistas. Con ello España ingresará unos 60.000 millones de euros.

Sin embargo, hay otra cosa que lo identifica aún más con el modelo España, aunque eso no lo cuentan ni las autoridades, ni los empresarios. El turismo es el sector paradigma de desigualdad entre lo que ganan los empresarios y lo que reciben los asalariados. Ninguno se le puede comparar. Representa la aplicación más dura de la precariedad laboral y la negación más rotunda de frases como la de la ministra de empleo, Fátima Báñez, de que «el empleo que llega de la recuperación es de mayor calidad que el que se fue con la crisis».

Comenzamos por algo tan directo como el salario. Los trabajadores de hostelería, el núcleo principal del turismo, son los que menos cobran de todos los sectores: 14.000 euros al año, frente a 23.000 del conjunto de las actividades productivas. Ya era así antes de la crisis. Pero las miserias que esta ha traído para los asalariados han ido a parar mucho más a los que trabajan sirviendo copas, poniendo manteles o haciendo camas. El salario medio de España, entre 2008 y 2015, subió el 5,5 por ciento. Ello significa que los que lo cobran han perdido poder de compra, porque el coste de la vida subió más: el 8,5 por ciento. Pues bien: ¿cuánto subió el sueldo medio de los que trabajan en la hostelería? Nada, simplemente. Es ya conocida la cifra de dos euros, céntimos arriba o abajo, que ganan las camareras por arreglar una habitación de hotel.

Las condiciones de trabajo del sector clave de la economía española son también las peores. En nuestro país hay ahora dos millones de personas menos trabajando que en 2008, en cambio en el turismo ha aumentado el empleo en casi 200.000 trabajadores. Pues bien, todo el empleo creado es a tiempo parcial. En 2008 la hostelería tenía el 16 por ciento de empleo así. En el verano de 2016 se acercaba al 25 por ciento. Y ya sabemos que ese eufemismo de tiempo parcial que figura en el contrato, en un hotel, una terraza o un restaurante consiste en trabajar el tiempo que haga falta.

La temporalidad es consustancial con nuestro sector puntero. Antes de la crisis llegaba al 41 por ciento. Era difícil superarla porque la temporada de sol y playa es siempre la misma. Pues se ha superado: el 43 por ciento de los asalariados es ahora temporal. Pero lo más asombroso es que se ha más que duplicado el número de personas cuyo contrato es de un solo día o, como mucho, de menos de un mes. Representan el 6 por ciento de los que se ocupan de hacer agradable la estancia del visitante extranjero… o nacional.

¿Es esto así porque el sector no da para más? La cuenta de resultados del turismo dice lo contrario. Nos ponemos en julio de este año. El ingreso medio de una habitación de hotel, lo que ha percibido el empresario, ha aumentado casi un 8 por ciento respecto al año pasado. El salario del trabajador en el sector sólo el uno por ciento. A la patronal se le llena la boca con decir que aceptarán una subida del 2,5 por ciento. Pero la realidad, los datos oficiales, del Instituto Nacional de Estadística, dice otra cosa. A la empresa le basta con subcontratar parte de las tareas del hotel para pagar mucho menos.

Se argumenta que el sector está tirando los precios para ganar clientes y eso repercute en los salarios. Es una falacia construida con ofertas aisladas, que trata de justificar el abuso. En julio de este año los hoteles, por término medio, han subido sus tarifas un 7 por ciento respecto a julio del año pasado. Y el conjunto del sector turístico ha registrado una inflación el doble que la inflación general.

¿Y cómo les va a los empresarios? Probablemente no hay sector más rentable en España que el dar acomodo, comida y bebida a media Europa para que se tueste en nuestras playas. En el conjunto de las actividades productivas, de cada 100 euros que entran en la caja, sólo 49 son limpios. El resto se destina a comprar el material para producir. Con esos 49 se paga a los trabajadores, se abonan determinados impuestos y el resto se lo queda el empresario. En todas las actividades de los sectores vinculados al turismo, de esos 100 euros, son limpios 76. ¿Pero con ellos tendrá que destinar mucho a pagar a sus empleados? Pues la verdad es que casi nada. De ese dinero, sólo va a los trabajadores el 17 por ciento. Una pequeña parte se dedica a impuestos y el resto, el 78 por ciento, se lo queda el empresario. Ese es el reparto de la tarta entre patrón y asalariado. Algo insólito. En el conjunto de la economía española el empresario se queda el 42 por ciento y ya es mucho. Un asalariado alemán, que descansa y se divierte en el litoral español, tiene mayor suerte. Se lleva por término medio el 51 por ciento de la tarta de ganancias de su país, frente a ese 17 que recibe quien traslada al hotel, le sirve la jarra de cerveza o le arregla la habitación aquí.

Desde luego, con lo que se lleva a su cuenta, el empresario turístico tiene bastante para invertir en el negocio, para modernizarlo y crear más empleo. Sin embargo, el sector de la hostelería invierte bien poco. Sólo el 5 por ciento de lo que ingresa. Una cifra raquítica frente a lo que invierten todos los sectores productivos, que llega al 20 por ciento. El sol, la arena o el agua cálida del Mediterráneo están ahí para compensar esa carencia. También las carreteras o los aeropuertos, construidos con el dinero de todos los ciudadanos.

A la ministra de Empleo, Fátima Báñez, sí se le ha de reconocer una definición que para el turismo va al pelo: «La salida de la crisis a la española».

Emilio de la Peña. @EMILIODELAPE

Fuente: http://ctxt.es/es/20170913/Politica/14898/trabajo-precariedad-hosterleria-turismo-paro.htm