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Post venta del alma tupínica

Fuentes: Alainet

Traducción para Rebelión por Susana Merino

La venta ha sido consumada. Brasil se encuentra ya en la etapa posterior al arrebatamiento, por oligarcas hereditarios, deudas impagables y países ladrones, de sus recursos materiales y anímicos.

Paralelamente al escenario de este «pacífico país» – y por supuesto genuflexo – Siria está viviendo la inminencia del derrocamiento del estadista Bashar al Assad. Los atentados a las embajadas estadounidense y francesa son el «stoping» de otro proceso más de invasión perpetrado por dos potencias con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.

El pretexto para esta ofensiva es muy simple: basta que un país se destaque con gobiernos perdurables o que se perciba el menor signo de oposición para que estalle una nueva Guerra Santa de la democracia. Eso encubre la excusa de que el destinatario violó alguna norma de conducta que lo mantenía atado – probablemente en desventaja – al sistema productivo internacional.

Sabemos bien quién conduce ese engranaje, dado que sabemos que el mundo solo es mundo en la medida en que comparta los valores de las potencias dominantes y destacadamente pujantes. El Africa Septentrional y Medio Oriente lo hicieron – Arabia Saudita e Israel lo hacen aún – con el petróleo y la geopolítica hasta cierto punto. La tentativa de derrocar dictadores es selectiva.

Esta introducción contextualiza el argumento de que Brasil está lejos de constituir una amenaza para el juego de las potencias porque su economía alimenta al sistema financiero internacional (bancos, capitales evasivos y especulativos), suministra alimentos para las bocas hambrientas de ultramar y mantiene al pueblo trabajador en el embrutecimiento y la ignorancia de que su mano de obra mueve toda esta patraña con bajas remuneraciones por sus horas de labor.

Alguna vez mencioné que Brasil optó por la economía agroexportadora latifundista, que solo baja los precios internos cuando nuestra producción no es aceptada en otros países por algún problema de vigilancia sanitaria.

En otro alerté que el idioma inglés, a este ritmo sustituirá en el Brasil al portugués o que juntos conformarán un híbrido estéril, ya habitual en el lenguaje coloquial.

Esta vez planteo que el sistema productivo está naturalmente presente durante las veinticuatro horas del día.

Se trabaja arduamente para mover las ruedas del sistema y cuando creemos habernos liberado de él, no pasa de ser la creencia de una ilusión inadmisible. Se produce, se distribuye, se consume hasta en las pocas y fugaces horas de esparcimiento, a través de la publicidad televisiva o de las indeseables llamadas telefónicas que ofrecen servicios bajo la amenaza de que «estamos siendo grabados para su seguridad.»

La periodista canadiense Naomi Klein, en su libro «No Logo» ataca a las marcas debido a que han pasado de vender productos a vender ideas. Hoy en día se venden conceptos, concepciones, cosmovisiones que se vinculan evidentemente con la venta de medias, perfumes, zapatos, comidas.

El alma tupinica ha sido entregada a la hegemonía prácticamente irreversible del sector comercial, a la dictadura de las empresas medianamente establecidas, entre otras elecciones que han hecho nuestros políticos con la anuencia de un pueblo apático.

El exorcismo, en esta etapa del proceso es costoso, doloroso y lento, porque el país ya llegó a la avanzada etapa de la post venta, en la que los vendedores insisten sobre las bondades de sus productos y en el mantenimiento de los modelos de consumo.

El cliente Brasil recibe un tratamiento diferenciado

Uno de esos tratamientos consiste en fomentar la extraña predilección por términos foráneos en nuestros embalajes y carteles publicitarios. Se dice «pizza delivery» en lugar de «entrega de pizzas», «hair cutting» en lugar de «corte de pelo», el término «performance» ha reemplazado el de «desempeño» e irrumpen los entrenamientos motivacionales basados en más del mismo «coaching». Para almorzar se busca el sistema «selfservice» en vez de «autoservicio» o más simplemente todavía de «comida al peso».

El proceso descripto por Naomi Klein encuentra en Brasil su mejor alumno.

Por eso entiendo por qué hay tantos tramposos en este país: buscavidas, eludidores de impuestos, industriales de las multas, charlatanes llenos de preconceptos, intercambio de favores con funcionarios públicos (sus crímenes: peculado, corrupción, extorsión administrativa).

La visita del estadounidense Obama al Brasil, en marzo de 2011, fue apenas una expresión de post-venta de la constelación de productos que orbitan en la vida de cada uno de los brasileños.

Todo se vuelve negocio en el país de los negocios. No tardará el momento en que se condecore al Brasil por lo logrado con la economía de mercado que produce tantos ricos y marginales.

http://www.brunoperon.com.br

*(Tupínica) Alude a los indios tupí-nambás de la región de San Vicente, en el nordeste brasileño.

Fuente original: http://alainet.org/active/48257