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Preparados para lo peor

Fuentes: analitica.com

Hay gente cuya insensibilidad social los prepara para lo que muy probablemente vendrá: la desaparición de Manhattan, de Cuba, del Japón, del Litoral Central bajo las aguas, así como océanos de inundaciones y desiertos de sequías, todo a causa del recalentamiento global, que a su vez causará hambrunas genocidas, para no hablar de las guerras […]

Hay gente cuya insensibilidad social los prepara para lo que muy probablemente vendrá: la desaparición de Manhattan, de Cuba, del Japón, del Litoral Central bajo las aguas, así como océanos de inundaciones y desiertos de sequías, todo a causa del recalentamiento global, que a su vez causará hambrunas genocidas, para no hablar de las guerras por agua.

Uno los ve apasionarse sobre la no renovación de concesiones radioeléctricas o la reelección indefinida y es plausible que se ocupen de esas cosas, cuya importancia es obvia. Pero no dicen disciplinadamente nada sobre la pobreza, la exclusión, la ignorancia, la desnutrición, los desastres ecológicos, o sobre guerras imperiales peores que las del siglo XIX. Esta gente se detiene sobre la calidad del video de la Misión Robinson, pero no dice nada sobre los desgracias del analfabetismo. Obviamente el dolor ajeno no les interesa ni siquiera por mero cumplido.

Este cloroformo social alarma, porque condiciones similares han llevado a tragedias horripilantes, como los bebés deformes a causa del uso de uranio empobrecido, que han causado graves daños en la salud hasta de los soldados que lo han disparado.

Da hasta temor vivir rodeado de gente que jamás habla de la destrucción de la Biblioteca de Bagdad, ese tesoro básico de la humanidad. Uno los ve ocupándose de denunciar cualquier cosa que este gobierno haga, todas malas, como se sabe; está bien, pero al mismo tiempo ignoran deliberadamente informaciones que hasta CNN transmite en el noticiero del horario estelar. O sea, no tienen la excusa del «yo no sabía» de los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial. En efecto, los campos de exterminio solo fueron patentes a medida que los Aliados avanzaban sobre la Europa ocupada. No es así ahora, pues cualquiera puede leer, aun en la prensa más reaccionaria, informaciones sobre los horrores de las guerras imperiales, con desbordamiento de imágenes horrendas. Si un bebé deforme no los conmueve, entonces no sé qué los conmueve.

Estos síntomas de sicopatía debieran mover a los que aún no han perdido toda la sensibilidad a estudiarse, a revisarse. No necesariamente para cambiar de bando político, sino siquiera para recuperar su don de gentes.