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Protestas

Fuentes: Correio da Cidadania

Una revolución es cuando el pueblo invade el escenario en que se decide su propio destino y comienza a ser protagonista principal por medio de acciones de masas. Brasil nunca tuvo una revolución. Todas las transiciones en este país, desde la Independencia hasta la proclamación de la República fueron acuerdos entre las elites con poquísima […]

Una revolución es cuando el pueblo invade el escenario en que se decide su propio destino y comienza a ser protagonista principal por medio de acciones de masas.

Brasil nunca tuvo una revolución. Todas las transiciones en este país, desde la Independencia hasta la proclamación de la República fueron acuerdos entre las elites con poquísima o ninguna participación del pueblo.

Los movimientos que adoptaron el nombre de «revolución» fueron también acciones de sectores de la burguesía y de los militares. Como en 1930 y 1964.

Nunca el pueblo derrocó un gobierno de forma revolucionaria en el Brasil. El Fuera Collor fue un movimiento controlado por el sistema político que consiguió que el pueblo soportara al vice de Collor, Itamar.

Nunca el sistema político brasileño fue realmente cuestionado por un proceso revolucionario. El ascenso del PT al poder fue el resultado de una enorme ola huelguística que, después de la elección de Lula, fue anestesiada por la expectativa del nuevo gobierno.

El PT con dos mandatos de Lula y un medio mandato de Dilma consiguió ocultar la reprimida insatisfacción social por medio de una combinación entre asistencialismo social a los más pobres y alianza con la gran burguesía tradicional, que nunca ganó tanto.

La frustración con las promesas de cambio del PT son el motor de la explosión social actual.

El sistema de transporte es una faceta de las carencias estructurales del país que no fueron cambiadas, pero el desencadenante real del 17 de junio reside en otro legado de la dictadura que continúa presente: ¡el sistema policial militar! ¡El gran grito del 17 de junio fue contra la represión de la PM a las manifestaciones de masa!

Estos dos motivos son causas populares y democráticas. Derogación del aumento y contra la represión de la PM.
Ante esta situación, ahora la gran pregunta es: ¿A dónde vamos?

La derogación de los aumentos de las tarifas, a esta altura, me parece inevitable. Los gobiernos van a tener que entregar 20 centavos para no perder los mandatos. Pero ¿después de eso?

La gran cuestión para el movimiento es cómo construir un programa de exigencias además de la derogación del aumento y cómo constituir una forma orgánica de articulación popular. ¿Cuál va a ser el foro popular para ese movimiento?

En relación al contenido programático del movimiento, es obvio que él no se reduce solamente al tema del transporte colectivo. El impacto del terremoto político es tan grande que los medios tratan de reorientarse hacia una tentativa de despolitizar el movimiento, apoyándose en un justo sentimiento de repudio al sistema político en su conjunto, como «el que se vayan todos» de la Argentina, para apuntar a que el movimiento es contra los partidos en general, especialmente los de la extrema izquierda.

El mayor horror de la burguesía es que el movimiento se incline hacia la adhesión a propuestas revolucionarias socialistas. Para eso, los medios se lanzan desesperadamente a la demonización de la izquierda revolucionaria y a la tentativa de jugar con el espíritu anarquista de los jóvenes contra cualquier organización de izquierda. ¡Vístanse sólo de blanco y solamente canten el himno nacional y prohíban las banderas rojas de los partidos radicales, es la letanía de una prensa que vio por primera vez en la historia el cerco a la red Globo por la multitud furiosa!

El Movimiento Pase Libre (MPL), en la participación de la Roda Viva, sostuvo una posición correcta de mantenerse intransigente en la reivindicación de la derogación del aumento, que, obviamente, no puede ser negociada.

Pero en la perspectiva estratégica faltaron dos cosas:

La primera es no cuestionar la existencia de la propiedad privada de gran transporte público. En lugar de acentuar la necesidad de la estatización, recuperar la Compañía Municipal de Transporte Colectivo en San Pablo, continúan hablando de cómo obtener más subsidios para las empresas privadas para que lleguen al punto de una tarifa cero, lo que significa mantener la mafia de los transportes recibiendo dinero público!

Por eso, es bueno ahora identificar claramente quien son esas empresas, cuál es su ganancia, cuánto ponen para la campaña del Prefecto y de los concejales, vamos a ver quién es esa mafia que lucra con el transporte apiñado y chatarra protegida por los subsidios públicos.

La segunda ausencia en el discurso del MPL es no incluir la exigencia de desmilitarización de la PM, de prohibición del uso de balas de goma y de otras armas menos letales. ¡Más que la tarifa, fue la violencia de la policía lo que indignó al pueblo brasileño!

El movimiento necesita avanzar hacia un contenido programático más profundo que permita la ampliación para los movimientos sociales y sindicales más amplios que luchan contra Belo Monte (la mega represa en el corazón de la Amazonia NdT), contra el agro negocio, la especulación inmobiliaria, el rentismo financiero parasitario, el exterminio indígena y que apunten a una salida política estratégica.

El rechazo del MPL en asumir el socialismo es la expresión de una falta de definición programática más amplia, que puede limitar a profundización del contenido reivindicatorio.

Pues, aunque se desprecien las elecciones, ellas vendrán y para Dilma será cada vez más difícil la reelección, llevando al PT a retomar nuevamente la carta de Lula como candidato; en ausencia de una propuesta política nacional socialista revolucionaria, llenará el vacío político con nuevas salidas capitalistas travestidas de eco-capitalismo neo-evangélico, como la Red Marina, o «socialistas» de pacotilla del PSB de Eduardo Campos.

El movimiento social y popular necesita buscar un foro común, una Asamblea Popular que sea un polo alternativo, no sólo para una candidatura unificada de la izquierda en 2014, sino para tener un norte claro.

La acción burguesa por medio de los medios intentará secuestrar el movimiento social para reducirlo a una acción «cívica» y «patriótica», sin contenido anticapitalista. La infiltración de grupos de derecha e incluso fascistas, intentando apoyarse en el saludable sentimiento anti-institucional, para direccionar ese rechazo a los partidos y movimientos organizados de la izquierda revolucionaria es un síntoma de que la indignación sin programa claro puede ir para cualquier lado.

Esos, me parecen, en resumen, que son los grandes dilemas:

Profundizar el programa de reivindicaciones, no sólo para la derogación de la tarifa y el pase libre como próximo paso, sino para un modelo alternativo de sociedad y de política económica que sea un medio de unificar todas las reivindicaciones de los movimientos sociales.

Destacar la exigencia del fin de la PM y prohibición de usar de las balas de goma como eje central del momento.

Encontrar un foro más amplio que pueda reunir el MPL con los movimientos contra Belo Monte, huelgas obreras, luchas indígenas, de los Sin techo, de los Sin Tierra. La reunión realizada el domingo pasado en San Pablo entre el MPL, Conlutas, partidos de izquierda, etc. debe ser continuada de una forma más amplia y transparente posible.

Vivimos un primer terremoto político. Si no hubiera una alternativa real de poder, como en cierta forma Syriza consiguió construir en Grecia, el riesgo es repetir a los indignados españoles que tomaron la Puerta del Sol y después, sin alternativa política el pueblo terminó votando a la derecha, que ganó las elecciones.

Una revolución es un largo proceso, con idas y vueltas, con confusión ideológica y manipulaciones sofisticadas de la conciencia popular, que tiene una acción corajuda y resuelta, pero con una ausencia completa de perspectivas más estratégicas.

El aprendizaje político de estos momentos tiene la velocidad de la luz. Hace diez días quien hubiese previsto que esto iba a pasar se lo habría calificado de loco delirante. Lo que ocurrió ayer fue sólo un comienzo. Lo que viene en adelante es un largo proceso revolucionario. Mañana va a ser mayor, pero además de luchar necesitamos saber claramente a dónde queremos llegar.

Henrique Carneiro, profesor en la Universidad de San Pablo (USP), integra el Consejo Editorial de la revista Outubro.

Fuente original: http://www.correiocidadania.com.br/index.php?option=com_content&view=article&id=8491:submanchete190613&catid=63:brasil-nas-ruas&Itemid=200

Traducción de Carlos Abel Suárez. Sin Permiso. www.sinpermiso.info

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