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Quien tiene fusiles tiene pan

Fuentes: Rebelión

Entre fusiles y pan anda el mundo, es como la primera ley de la economía, una ley no escrita con tinta en el papel, pero sí grabada con sangre y fuego en las carnes de tantos, de muchos. La frase parece ser que es de Dürrenmatt pero, en cualquier caso, no parece que haya problema […]

Entre fusiles y pan anda el mundo, es como la primera ley de la economía, una ley no escrita con tinta en el papel, pero sí grabada con sangre y fuego en las carnes de tantos, de muchos.

La frase parece ser que es de Dürrenmatt pero, en cualquier caso, no parece que haya problema en suscribirla, sobre todo si nos atenemos a las prácticas neoliberales e imperialistas que con sus guerras preventivas, intervenciones humanitarias y demás lenguajes camuflados, terminan en masacres.

Quien tiene fusiles tiene pan, que nada tiene que ver con lo de pan o mantequilla, frase típica de los manuales de economía. Pero sí tiene que ver con lo del palo y la zanahoria, aunque lo de la zanahoria solo sea a modo de señuelo, porque en realidad de zanahoria nada, el sistema solo reparte represión para la mayoría, algo en lo que sí está especializado el modelo neoliberal, y mucho, y en rigurosa exclusiva.

Bien lo han entendido así los promotores del imperio que, además, van de líderes del orden, de los derechos humanos, de la democracia y de todas las beneficencias conocidas.

Fusiles y dólares, éstas son las reglas de juego inseparables, intransferibles y patentadas. Con dólares se compran fusiles y con éstos se imponen los dólares o viceversa, da igual, el resultado el mismo.

Con fusiles la agresión es permanente, sin medida, sin límite, en donde todo vale y valen todo tipo de armas, cortas y largas, de tierra mar o aire, químicas y bacteriológicas, convencionales o nucleares, todo lo que haga falta con tal de que no se mueva ni dios y todo el mundo pliegue y acate la suprema voluntad de entregar bienes y haciendas y toda clase de recursos.

Así se explica que haya cientos de bases militares en más de un ciento de países. Así se explica que el imperio esté metido hasta las trancas en todos los conflictos existentes o, en caso de no haberlos, enviará al equipo especializado en crearlos con cualquier pretexto, tal como está sucediendo.

Todo está muy bien diseñado. Es fácil, con fusiles se impone el dólar y con dólares se compra pan y todo lo demás y, para los díscolos, para eso están los fusiles.

Nada es en vano. La secuencia es inevitable, globalización, neoliberalismo y financiarización [1], todo ello para intentar mantener la tasa de ganancia. Todo este tinglado, además de generar los beneficios de la consabida explotación laboral, es una nueva forma de acumulación de capital y que, traducido y simplificado, supone manejar cantidades ingentes de dinero virtual (como humo en el aire) o de imprimir dólares en un papel cuyo valor real es exactamente el coste de su impresión.

El dinero virtual anda por diez veces el PIB mundial y los dólares de humo e imprenta por bastantes billones. Sin embargo, en ambos casos, los países endeudados y el ciudadano de a pie han de pagar con dinero contante y sonante. Con sus recursos los países endeudados y los ciudadanos con su sueldo, impuestos aparte.

Aunque todo este entramado de capitales sea ficticio, se han de pagar los intereses correspondientes, como si los bancos hubieran prestado un solo dólar, cuando en realidad no han sido más que apuntes contables o bien billetes de papel, en ambos casos sin otro valor y respaldo que un apunte contable o un cromo de una colección infantil.

Pero es más, como los productos de consumo, incluidos los más básicos y de primera necesidad, están sujetos a procesos financieros en los que intervienen bancos y préstamos, los consumidores también hemos de pagar intereses con dinero real por lo que no han sido más que préstamos virtuales habituales en el proceso productivo, es decir, lo dicho, hemos de pagar intereses por préstamos de dinero cuyo valor no es más que unos apuntes contables o billetes-cromo.

Este es el nuevo «invento» de la financiarización, nos presta humo y cromos y hemos de pagar con dinero real para que el sistema pueda mantenerse en pie, para que pueda intentar mantener su tasa de ganancia.

Si no fuera por todo lo dicho.

¿Para qué si no tanto fusil?

¿Para qué si no tantas bases militares?

¿Para qué si no tantas ayudas humanitarias?

¿Para qué si no tanta OTAN?

¿Para qué si no tantas invasiones militares?

¿Para qué si no tanta ONU?

¿Para qué si no tanto FMI, BCE y FED?

Ah, y sin olvidar lo esencial, ¿para quién trabajan todos…? Y todo es poco.

Nota:

[1] Sobre neoliberalismo y la finaciarización:

El fascismo financiero y la irreformabilidad del sistema

– ¿De qué hablamos cuando hablamos de financiarización?

www.asturbulla.org

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.