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Comentario de In memoriam

Raúl Zurita, una música de los países rotos

Fuentes: Rebelión

Fragmentos o secciones del gran volumen de Raúl Zurita, Zurita (EUDP, 2011), reescritos y reordenados, fueron apareciendo años previos a esa magna obra de casi ochocientas páginas del poeta y escritor chileno: In memoriam, Cinco fragmentos, Cuadernos de guerra, Sueños para Kurosawa se titularon los «anticipos». Y ahora, la joven editorial argentina Audisea publica In […]

Fragmentos o secciones del gran volumen de Raúl Zurita, Zurita (EUDP, 2011), reescritos y reordenados, fueron apareciendo años previos a esa magna obra de casi ochocientas páginas del poeta y escritor chileno: In memoriam, Cinco fragmentos, Cuadernos de guerra, Sueños para Kurosawa se titularon los «anticipos». Y ahora, la joven editorial argentina Audisea publica In memoriam, en una versión revisada y adaptada por el autor; un libro aparecido originalmente en 2008 en Santiago de Chile.

Como si fuera un fantasma que recorriera los escombros de la destrucción posdictatorial latinoamericana, los genocidios en Europa y sus guerras, las matanzas y aberraciones de la historia (in)humana -ahí está, para confirmarlo una vez más, el libro póstumo recién aparecido del español Jorge Semprún, Ejercicios de supervivencia-, la voz poética que compone Raúl Zurita en sus libros tiene como piedra de toque estos temas, desafiando de algún modo la conocida (ultracitada) frase de Adorno, acerca de la poesía y Auschwitz como experiencias antagónicas, absolutamente opuestas, e incluso de efecto paradójicamente (auto)anulatorio, en el caso de una: «escribir poesía» luego de Auschwitz era, para Adorno, «un acto de barbarie». Pero Zurita no «solo» escribe poesía «después de Auschwitz» -y las barbaries posteriores-, sino que, transformando la experiencia y el recuerdo, genera e implanta un «vitalismo poético», una vigorosa fuerza, una voz, que surge del derrumbe, de la destrucción y el crimen masivo que perpetraron las dictaduras -en particular la de su propio país-.

En versos que emplean cierta repetición -a modo de anáfora-, generando su propia circularidad, y a veces un machacoso ritmo -el leitmotiv, el ritornello -, surgen figuras, momentos (del pasado, propio y ajeno, privado y social), «reconstruidos», revividos, por la literatura y la poesía. No es un discurso astillado (estallado), aunque sí bautizado por la violencia: los títulos de los poemas de las diferentes secciones de In memoriam lo dejan claro: una comienza con el poema «1973»; otra, con uno titulado «110973» y así siguiendo. Hay también cierta autorreferencialidad (autobiográfica), en tono menor («todo ese pajeo del arte bajo dictadura y blá blá blá»; «teníamos un grupo de acciones de arte bajo dictadura y blá blá blá»). Y el humor: un Zurita se encuentra (en un sueño) con Miguel Ángel, y que es capaz de preguntarle «si también iba/ a pintar a Pinochet» (el resultado: «Se puso furioso y empezó/ a gritarme…»); y en otro poema se dice que, de atreverse a leer a Cormac McCarthy, «a los asesinos, torturadores,/ y otras lanas se les aguarían/ hasta las balas». Es la «santidad» de la literatura y el arte (como los sueños que escribe el poeta «para Kurosawa») generada/empleada contra las fuerzas oscuras y destructivas.

Y en este lenguaje, el cruce con lo majestuoso de la naturaleza, con sus superlativas dimensiones, que brindan ciertas coordenadas espaciales «universales»: cielos y cordilleras, mares, ríos y océanos, gigantescos escenarios que se desgranan, se destiñen, se transfiguran… y se convierten en un sombrío telón de fondo para recorrer episodios (tan trágicos como grotescos muchas veces) de la vivencia bajo manu militari; y se pondera la vida, también, en esos sufridos cantos, en su elementalidad pura y urgente: el amor, la amistad, los lazos familiares, intentando llegar a -o al menos recuperar- algún núcleo de lo profundo de la condición humana.

Raúl Zurita ha hecho emerger una voz sufrida, castigada, pero también de extraña belleza: granítica, tan pura como dura; oscura, como puede serlo una montaña. Hermano en nuestro torturante presente -producto de un luctuoso y lacerante pasado-, rememora y conjuga los elementos del imponente paisaje natural con situaciones y acontecimientos terribles/terroríficos, en una suerte de «prosa poética» áspera, ácida, pesada, crudamente realista (aspectos todos que la pueden emparentar con varios libros y pasajes del argentino Andrés Rivera). Ante un un desfile de fantasmas y espectros, Zurita lanza su kadish por los países rotos.

 

Fuente: http://letras.s5.com/rzur201216.html

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