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Comunicado de ATTAC España

Realidad contra incompetencia de los responsables económicos en la Unión Europea

Fuentes: ATTAC España

Tras el penoso y requerido por responsables económicos de la Comisión Europea «rescate de irlanda» los especuladores internacionales lejos de calmarse han recrudecido los ataques contra Portugal y España. El contagio se ha acelerado. Como los médicos que yerran en el diagnóstico lejos de sanar al enfermo aceleran su muerte. El 22 por la tarde […]

Tras el penoso y requerido por responsables económicos de la Comisión Europea «rescate de irlanda» los especuladores internacionales lejos de calmarse han recrudecido los ataques contra Portugal y España. El contagio se ha acelerado. Como los médicos que yerran en el diagnóstico lejos de sanar al enfermo aceleran su muerte.

El 22 por la tarde resultaba patético escuchar las respuestas que los fundamentalistas del mercado, y la propia Ministra Elena Salgado entrevistada por la noche en una televisión, improvisaban ante periodistas que los enfrentaban a la reacción inversa a la esperada y anunciada por ellos de los «mercados» al rescate de Irlanda. La respuesta del Gobernador del Banco de España de esta mañana, 23 de noviembre, pidiendo ante esta reacción «acelerar las reformas» es más que grotesca delictiva.

España no es Irlanda. Tampoco era Grecia. Pero Irlanda tampoco era ni es Grecia y no por ello se ha salvado. Ni Portugal ni España lo harán si se sigue con estas políticas fundamentalistas neoliberales erróneas.

En Grecia la asociación opaca y secreta delictiva de Goldman Sachs con el Gobierno conservador anterior estafó a la ciudadanía griega y a la europea, con el apoyo cómplice de la banca privada alemana y francesa. El rescate articulado con fondos europeos ha ido a garantizar el cobro de sus fondos a estos bancos alemanes y franceses, mientras que Goldman Sachs y anteriores responsables políticos están libres y sin cargos disfrutando de sus botines. La respuesta justa pasaba y pasa primero por imputar a estos responsables y emitir una orden de caza y captura por sus delitos para que sean juzgados; segundo por no reconocer la deuda y exigir su auditoria previa para sanearla y reconocer sólo lo justo y, tercero por anteponer los intereses sociales de los griegos a los intereses de la banca privada internacional replanteándose los presupuestos y compromisos de compra adquiridos como los nuevos submarinos a Alemania.

En Irlanda el actual Gobierno conservador nacionalizó las pérdidas de sus amigos los miembros de Consejo de Administración de los bancos privados irlandeses, abocando al Estado a la bancarrota, saltándose las normas de la propia UE, eso si cuando «había que hacer un paréntesis en el capitalismo» y la Comisión miraba para otro sitio. Ahora el Gobierno dimite y se apresta a vivir bien amparados por sus amigos salvados, mientras que a la ciudadanía irlandesa le trasfieren el coste, a la misma que recientemente acosaron para que ratificaran en referéndum el neoliberal Tratado de Lisboa con su irracional Título III que hoy les ata las manos y pies impidiendo que puedan defenderse. El rescate anunciado se dirige a salvar los intereses de la banca privada de Gran Bretaña, cuyo país no perteneciente a la zona euro no vacila en «solidarizarse» en el rescate con fondos públicos que pertenecen a la ciudadanía de su «graciosa majestad». También allí hay motivos de sobra para juzgar los delitos de los actuales gobernantes y de los miembros de Consejo de Administración de los bancos privados. A negarse a pagar la deuda sin una auditoria previa y anteponer los intereses de la ciudadanía a los espurios de los especuladores fundamentalistas del mercado que nos mienten y engañan.

Hoy los países que integramos la Unión Europea disponemos de más recursos que en 1945, cuando Europa central estaba destrozada, sin ahorros, industria ni reservas. Entonces se erigió el Estado de Bienestar porque se priorizó el interés común y comunitario sobre el privado, la economía productiva que satisface necesidades sociales a el interés de los especuladores a los que se les regulaba normativamente, controlando el Estado cualquier movimiento de capital. Ahora también podemos siempre que volvamos a priorizar lo comunitario y social sobre el interés particular de un reducido grupo de especuladores internacionales.

La salida real y definitiva a la crisis para la ciudadanía existe,  es posible y está al alcance de nuestras posibilidades, pero necesariamente ha de encaminarse hacia el desarme de los especuladores internacionales y la regulación del sistema financiero. No se conseguirá nada cediendo, intentando «calmar a los mercados», sino enfrentándonos a ellos, viéndolos como lo que son: enemigos de la ciudadanía.

Esta respuesta debe ser sobre otras reglas de juego con el establecimiento de un Impuesto a las Transacciones Financieras en toda la Unión Europea o, por lo menos, en la zona euro que es la diana actual de los especuladores; reducción de las desigualdades sociales y redistribución más equitativa de la riqueza; Banca pública que garantice el flujo crediticio a pequeñas empresas y familias; y subordinación de los flujos comerciales a normas sociales y ecológicas recuperando la soberanía alimentaría perdida.

Estas medidas de justicia son incompatibles con las actuales reglas de la Unión Europea y de las instituciones financieras internacionales. Por eso es necesario derogar el Título III del actual Tratado de Lisboa, y avanzar decididamente en la construcción de la Europa política y social sin la que no puede sobrevivir la económica.

Desde ATTAC España llamamos la atención sobre el hecho de que la Confederación Sindical Europea ha convocado para los próximos días 15-18 de diciembre una acción europea contra los planes de ajuste de la Comisión y el erróneo fundamentalismo neoliberal de sus propuestas económicas. Esta es la respuesta de los y las que nos enfrentamos a la irracional y suicida deriva del actual sistema. No debemos caer en las maniobras y estrategia de distracción para diluir el golpe que irremediablemente van a recibir de la ciudadanía. Su tiempo ha acabado.