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Reelección en Brasil: «Esta vez, la mayoría de la población precisa ser atendida», dice historiadora

Fuentes: Agencia Noticias del Planalto

Uno de los más grandes desafíos del nuevo gobierno del presidente Lula, en Brasil debe ser bajar aun más la tasa básica de interés de la economía, la llamada tasa Selic, que es usada como base para calcular los intereses de los bancos. La opinión es de Maria Aparecida Aquino, profesora de Historia Contemporánea de […]

Uno de los más grandes desafíos del nuevo gobierno del presidente Lula, en Brasil debe ser bajar aun más la tasa básica de interés de la economía, la llamada tasa Selic, que es usada como base para calcular los intereses de los bancos. La opinión es de Maria Aparecida Aquino, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de San Pablo (USP). Después de 11 cortes seguidos, la Selic hoy está en 13,7%. Durante el gobierno anterior, del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, la tasa promedio fue de 26,9%.

 «Hay que bajar la tasa de interés. No puede ser una caída de 0,25% en los próximos tres meses. Tiene que haber una propuesta de cuándo, cómo y en qué circunstancias vamos a bajar esos intereses porque esa caída está directamente ligada al desarrollo y crecimiento».

 Después de la reelección de octubre, Lula garantizó que la tasa de interés va a seguir cayendo. Según Maria Aparecida, si Lula no cambia la política económica, puede perder la confianza del pueblo brasileño.

 «Fue un voto de confianza, no una carta blanca. De nada sirve empezar como empezó la otra vez, con la Reforma de la Previdencia. Eso significa perder enseguida la confianza de la población. Es necesario que el compromiso del presidente Lula y del partido que él representa se transforme en medidas concretas. Esta vez la mayoría de la población precisa ser atendida. No se puede empezar atendiendo al Fondo Monetario Internacional (FMI).

 Según el Sindicato de los Auditores Fiscales de la Receta Federal, el gobierno federal gastó más de 3 billones de dólares en el pago de intereses de la deuda brasileña en 2005. Con ese dinero se podrían construir siete millones de viviendas populares o adjudicar tierras a cuatro millones de familias sin tierras.