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Reino de España: derechos sociales y política económica, un año después

Fuentes: Sin Permiso

Ha transcurrido más de un año desde aquel funesto mayo de 2010, en que la crisis de la deuda puso a España al filo del desastre. A consecuencia de ello se emprendieron reformas que recortaron los derechos laborales y de Seguridad Social de la mayoría de los ciudadanos: Ley 35/2010, Ley 27/11, etc. Muchos ya […]

Ha transcurrido más de un año desde aquel funesto mayo de 2010, en que la crisis de la deuda puso a España al filo del desastre. A consecuencia de ello se emprendieron reformas que recortaron los derechos laborales y de Seguridad Social de la mayoría de los ciudadanos: Ley 35/2010, Ley 27/11, etc.

Muchos ya advertimos entonces que no serviría de nada; que abaratar el despido no crearía más empleo y que recortar las pensiones no solucionaría un problema que no era del mercado laboral sino del financiero. El tiempo, desgraciadamente, nos ha dado la razón.

Ha transcurrido más de un año y no sólo seguimos igual, sino que estamos peor. Los mercados van cobrando nuevas víctimas, Portugal, Italia, Bélgica…y la burocracia europea no hace sino contemplar cómo la Europa, la vieja Europa del bienestar, se cae a pedazos, mientras la banca alemana compra a precio de saldo las empresas públicas privatizadas por los «PIGS» (Portugal, Irlanda, Grecia, Spain) a consecuencia de la incesante necesidad de enjugar los déficits para evitar que los mercados financieros especulen al alza con el precio de la deuda soberana. Ahora piden más reformas.

Lo peor es que la clase política, absolutamente entregada y descastada, incapaz de revelarse ante las estúpidas imposiciones de Bruselas, ha caído en una aceptación determinista de lo que ocurre, que lleva a muchos conciudadanos -cada vez menos- a creer lo que pasa es inevitable.

Pues no.

Ya en el 2010, y ahora también, muchos apuntamos soluciones, que provienen de la economía científica y del sentido común, que son tan evidentes como :

– crear el eurobono, acabando con la especulación de la deuda soberana de forma permanente.

– fomentar políticas de déficit e inversión pública para reactivar la economía en los países en recesión o estancamiento (solución keynesiana clásica), disminuyendo las tasas de desempleo.

– modificar el Tratado de Lisboa para que el BCE pueda comprar deuda.

etc.

Sin embargo, transcurrido un año, lo único que se ha conseguido son una serie de remiendos que se aproximan a las soluciones propuestas, pero como si no se quisiera aceptar que son las más razonables, dotando siempre a estos parches de la apariencia de provisionalidad y excepcionalidad (fondos de rescate urgentes…), porque en modo alguno se quiere que la situación de pánico permanente cambie, que se someta de forma estable a los mercados de deuda.

¿Por qué?

Muy sencillo; han descubierto que es más fácil destruir el Estado Social desde la indefinición de Bruselas que desde los partidos neoliberales estatales, aún sometidos al juicio de las urnas. Ningún partido con aspiraciones serias a gobernar incluiría en su programa el cierre de escuelas, hospitales, juzgados o universidades, pero la cosa cambia si eso es un deber incontestable impuesto desde Bruselas a cambio de nuestra salvación. Han conseguido hallar el imperativo categórico político, y ello convierte a la democracia en perfectamente inútil.

No hacen falta elecciones, no hacen falta responsables, los consicentemente anónimos mercados se encargan de imponer condiciones draconianas a los Estados que estos cumplen sin rechistar a cambio de la limosna del BCE y del FMI para salvar heróicamente al país de la bancarrota; por supuesto siempre in extremis, no sea que nos olvidemos de estar agradecidos a tan magnas instituciones y todo ello con la fiel colaboración de los partidos estatales que se afanan en hacer los deberes que se les impone desde Bruselas. Ahora la valía de los partidos se mide no por sus iniciativas, sino por lo rápido y bien que hacen «sus deberes».

Todo es una grotesca mentira. El BCE y el FMI son instituciones democráticamente opacas que sirven a los intereses de los Bancos, que son los que están haciendo su particular agosto. Por un lado, logran crédito público a bajo coste para sanear sus balances maltrechos por la alegre especulación inmobiliaria; por otro lado, presionan en los mercados de deuda para obligar a los Estados a sanear sus cuentas con privatizaciones de las que terminan beneficiándose :Repsol, Telefónica, etc, están participadas por la Caixa, Santander, etc. Lo dicho, un negocio redondo.

Lo que no nos dicen, ni los gobiernos, enfrascados en sus deberes; ni la prensa mayoritaria, empeñada en descalificar o ningunear a las voces disidentes; es que hay alternativas y que lo que ocurre responde a unos intereses muy concretos y minoritarios que están imponiendo sacrificios inasumibles a la mayoría, que indignada empieza a despertar y a abrir los ojos. Porque abrir los ojos… abrir los ojos es algo que depende sólo de nosotr@s

Carlos Hugo Preciado Domènech es Magistrado de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4366