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Ley Contra el Odio

¿Rocío para la clase dominante y/o sometimiento para los comunistas?

Fuentes: Rebelión

La Asamblea Nacional Constituyente acaba de aprobar la Ley Constitucional contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia, a modo de defender la «Revolución» de las amenazas imperiales cuyos cómplices se encuentran en factores internos del país, que tratan de imponer la violencia. Pretender con una ley ocultar la realidad, es tratar de […]


La Asamblea Nacional Constituyente acaba de aprobar la Ley Constitucional contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia, a modo de defender la «Revolución» de las amenazas imperiales cuyos cómplices se encuentran en factores internos del país, que tratan de imponer la violencia.

Pretender con una ley ocultar la realidad, es tratar de impedir la ebullición de las luchas de clases. Pareciera que los compañeros en el poder estuviesen convencidos que hemos llegado al objetivo final de construcción de la nueva sociedad comunista y que el paso a seguir es eliminar todo brote de violencia por no tener este sentido de existir. Vaya ilusión.

Creo necesario aclarar brevemente, dentro del contexto actual, ciertas situaciones desde una perspectiva Marxista.

Hay dos formas de llegar al poder: utilizando la vía electoral y mediante una Revolución. En este último caso muchos pensadores coinciden que luego de llegar al poder por la vía electoral, se puede revolucionar el sistema, al fin y al cabo la revolución no es más que transformar rompiendo con todo lo que conlleva el sistema económico imperante, en cuyo caso sería el capitalismo. Otros más radicales estamos convencidos que toda revolución debe ser necesariamente violenta con la concurrencia de la mayor cantidad de sectores populares (proletarios, campesinos, estudiantes e intelectuales) por cuanto la vía electoral no garantiza tales trasformaciones.

Si tomamos la teoría que define la metamorfosis del sistema, una vez llegado al poder por la vía electoral, como en estos momentos se encuentran todas las organizaciones de izquierda; debemos asumir que desde hace 19 años el Socialismo gobierna Venezuela con la llegada al poder del Presidente Hugo Chávez y que se continua hoy mediante la gestión del Partido Socialista Unido de Venezuela. Lamentablemente debemos aceptar que no es así, por cuanto estas innovaciones Marxistas no han tenido lugar, muy a pesar de los innumerables aportes sugeridos por las organizaciones de izquierda, las cuales nunca fueron tomadas en cuentas y cuando se tomó nota de ellas en alguna que otra mesa de trabajo realizada cual desahogo coyuntural, fueron totalmente tergiversadas en su aplicación. Tiempo hubo para engendrar políticas que permitieran la ruptura con el sistema capitalista, sin embargo se optó por reformismos y revisionismos que para lo único que sirvieron fue para afianzar al sistema y desenmascarar la verdadera convicción pesuvista como propuesta burguesa. En pocas palabras pareciera que el Psuv no ha cumplido con los preceptos Marxistas, por lo que pudiéramos estar en la más bochornosa traición a los intereses de la clase proletaria venezolana.

La violencia que genera la derecha venezolana, financiada por los EEUU como principal testaferro del capitalismo vulgar tiene su razón de ser y es hasta cierto punto necesaria para que se profundice la lucha de clases. La derecha venezolana está haciendo su trabajo comedido al defender el sistema al cual pertenecen, es imposible considerar quietud en sus acciones y menos que estas maquinaciones sean pacíficas, pues no estarían cónsonas con la realidad social e individual del ser humano. Decir más sobre esta triste oposición, es llover sobre mojado.

Cuando una organización que se hace llamar de izquierda, llega al poder de una nación por la vía electoral sin existir ninguna oposición a sus decisiones, que no sea más allá de una oposición que patalea desde su acera; lo que se espera es que cumpla con entregar ese poder a la clase proletaria que será la encargada de construir ese camino llamado socialismo. Sn embargo se puede creer que las bondades permitidas por el poder, transformaron la mentalidad de hombres y mujeres que se confiaban como «cuadros revolucionarios», el pequeño burgués que todos llevamos por dentro creció, siendo sus principios capitalistas acondicionador de las políticas a aplicar. Esta ley pareciera pretender cerrar como válvula de presión, toda la ebullición de la lucha de clases con el fin de no perder las comodidades que permite permanecer en el poder.

Creo que hemos transitado el tiempo suficiente como ejercicio de construcción del nuevo modelo económico, es tiempo de acciones concretas dirigidas a la consecución de la dictadura del proletariado o ¿todo eso de izquierda fue propaganda electoral? ¿Fue tomada la izquierda en 1998 por estar relegada y no tener gestión de gobierno como referencia, lo que la mostraba como una excelente plataforma electorera?

Dentro de la Ley se establece el reconocimiento a la diversidad, tolerancia y respeto recíproco, en los cuales estamos de acuerdo y valoramos; sin embargo más allá se dispone de un artículo que prohíbe a los partidos políticos cuyas declaraciones de principios, actas constitutivas, programas de acción política, estatutos o actividades promuevan el odio político, social, ideológico y de cualquier otra naturaleza que constituya incitación a la violencia; no podrán ser inscritos o constituido en el Consejo Nacional electoral -palabras más palabras menos-.

Toda organización Marxista lleva implícito, no solo en sus principios fundacionales, sino en su programa de acción generar la lucha de clases, entendiendo esta como el «conflicto» entre los que sin trabajar se adueñan de la producción y los que trabajan siendo excluidos, entre explotados y explotadores, ricos y pobres, gobierno burgués y pueblo. Para mayor comprensión Marx decía que cada clase social en pugna es el conjunto de personas con los mismos intereses económicos como consecuencia de relacionarse del mismo modo con los medios de producción. En la sociedad capitalista la burguesía -pequeño grupo compran la fuerza de trabajo a un valor inferior haciéndose cada vez más rico- y proletariado -clase social más baja que no disponen de los medios de producción por lo que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a la burguesía- están en constante «combate» .

Este antagonismo de las clases sociales, lleva implícito la Violencia como motor histórico en las caídas y las nuevas apariciones de sociedades. Por ende es una obligación histórica que los partidos u organizaciones comunistas, se esmeren como principio de fe, incitar, agitar y concientizar a la clase más baja su papel, primero como clase y segundo en la lucha contra quienes lo oprimen; esta lucha por supuesto tiene que ser violenta pues no existe otro modo. La clase proletaria no puede mendigar y/o pedir favores a quienes le sojuzgan, pero tampoco puede esperar que una elite en el gobierno le disuada su encargo histórico de conquistar el poder por cualquier vía, esto incluye la violencia. ¿Estamos ante un sometimiento maquillado a las organizaciones comunistas? ¿Desaparecerá el Marxismo en Venezuela? o ¿es tiempo de renovación?

En reiteradas oportunidades he dicho que el gobierno de Venezuela, por el cual voté por cierto en todas sus oportunidades, -asumo mi responsabilidad- se alejó de las concesiones Marxistas o quizás nunca las tuvieron, pasando a mediar con la burguesía que por muchos años desangro a este país. Su programa de gobierno lo encajona dentro de lo que se conoce como gobierno progresista, cuya principal tarea enajenadora es el asistencialismo. No sorprende que por temor a un resurgimiento o renovación de las organizaciones Marxistas Venezolanas, hayan creado esta Ley contra la Violencia, pues verían un enemigo a sus intereses económicos.

Estoy claro que las organizaciones Marxistas han acompañado el proyecto Chavista y ahora de Maduro, no solo sumándole un considerable número de votos que definen cualquier acto de elección a cargo público, sino en la construcción de un nuevo modelo económico socialista como prueba de la buena voluntad; sin embargo ha sido confesión de parte del gobierno que ante la crítica revolucionaria por hechos notables de corrupción o indolencia ante las calamidades del pueblo, se nos acuse aventuradamente de traidores a su proyecto.

Por supuesto que las organizaciones Marxista, tienen el derecho a revisarse y analizar si seguir acompañando este tipo de gobiernos, o apuntalar todo su esfuerzo como partido de vanguardia de la lucha de clases. Estoy convencido que ambas no pueden hacerse como matrimonio, simplemente porque no puede existir reconciliación entre quienes oprimen y el oprimido, esto se ha demostrado históricamente.

De manera que las organizaciones Marxistas Venezolanas, a mi entender, se encuentran en una diatriba política por esta Ley, ser sumisos o prepararse para una posible persecución por defender sus principios filosóficos. Como en otrora se tiene la experiencia de los triunfos y coraje de resistencia, que hoy toca a los jóvenes asumir tamaño sacrificio siempre con la sapiencia del viejo comunista.

Toda consecuencia de esto puede evitarse, si quienes están hoy en el poder dieran ese golpe al timón, recapacitaran para retomar la construcción del socialismo con la clase obrera y las organizaciones Marxistas. La crisis actual será partera de una nueva alternativa, de eso estoy seguro, toca al gobierno el modo, pues ya los comunistas sabemos que hacer, en lo cual no está previsto desaparecer ni la rendición, por muchas leyes de hojas doble filo que puedan crearse.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.