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Cafta

Se abren las fauces del tiburón

Fuentes: Rebelión

El Congreso de Estados Unidos con su reciente votación abrió las fauces del tiburón que ahora espera por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLCCA-RP) para engullirse, poco a poco, a las débiles economías de Centroamérica y República Dominicana. Más conocido por CAFTA-RD por sus siglas en inglés, el proyecto elaborado por […]

El Congreso de Estados Unidos con su reciente votación abrió las fauces del tiburón que ahora espera por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLCCA-RP) para engullirse, poco a poco, a las débiles economías de Centroamérica y República Dominicana.

Más conocido por CAFTA-RD por sus siglas en inglés, el proyecto elaborado por funcionarios de Washington tiene todas las propiedades para que la poderosa y rica economía norteamericana con un Producto Interno Bruto (PIB) de 11 billones 667 515 millones de dólares vaya absorbiendo a las de Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Honduras y República Dominicana que en conjunto poseen un PIB de solo 75 873 millones de dólares.

Los esfuerzos y presiones realizadas por el mandatario estadounidense George W. Bush para que el Congreso aprobara el TLC fueron enormes. Primeramente invitó en mayo pasado a los presidentes envueltos en el Tratado para que visitaran Estados Unidos y realizaran labor de convencimiento entre los representantes que se oponían a la aprobación.

Después el propio Bush participó en Washington en una reunión de la Organización de Estados Americanos para hablar sobre el CAFTA-RD y posteriormente, junto con su vicepresidente Richard Cheney se reunieron a puertas cerradas con el caucus republicano de la Cámara Baja durante una hora antes de la votación, que por cierto fue sumamente apretada con una diferencia de dos votos a favor (217 contra 215).

Tanto en Estados Unidos como en Centroamérica y Dominicana el TLC tiene muchos opositores porque ven muchas más desventajas que ganancias.

La demócrata Grace Napolitano, jefa del grupo de representantes hispanos del Congreso y su colega Raúl Grijalva, del sureño estado de Arizona indicaron que desgraciadamente el Tratado no habla por todo el país, sino fundamentalmente para las corporaciones pues el presidente Bush tiene un empeño a favor de los grandes negocios.

Para los rivales estadounidenses, el CAFTA no garantiza los derechos laborales de los trabajadores centroamericanos que pasarían a ser explotados por las grandes empresas, y estas aprovecharían los bajos costos de producción en América Central para llevar hacia allá sus operaciones y dejar sin empleo a muchos norteamericanos.

Además, temen que se incremente la emigración centroamericana y dominicana hacia Estados Unidos al desaparecer muchos puestos de trabajo en las ciudades y en el campo por la desigual competencia con los productos del norte.

El Tratado elimina las tarifas sobre más del 80 % de los bienes de consumo e industriales estadounidenses que penetran a la región, mientras ratifica el convenio vigente para la Iniciativa de la Cuenca del Caribe por medio del cual el 80 % de las mercancías centroamericanas y dominicanas entraban sin aranceles a Estados Unidos.

Pensemos que podrán hacer esos países ante la avalancha de productos de mejor calidad y presentación como televisores, refrigeradores, ventiladores, zapatos, ropas de marcas famosas que inundarán sus mercados.

En cuanto a la agricultura, el TLC elimina los aranceles de más de la mitad de las actuales exportaciones agrícolas de Estados Unidos a la zona, incluidos cortes de carne de alta calidad, tanto de res como de aves, algodón, trigo, arroz, soya, frutas y vegetales y alimentos procesados. ¿Qué será de los agricultores y de pequeños y medianos productores de alimentos cuando ingresen sin aranceles esos productos que están subvencionadas por el gobierno de Washington?

Las confecciones hechas en las maquiladoras de la región entrarán a Norteamérica con arancel cero y sin cuotas, siempre y cuando utilicen hilo y tela estadounidense o de la región.

Son muchos los acápites de este Tratado pero el más peligroso y dañino para esos pueblos es el que determina que Centroamérica y Dominicana otorgarán a las empresas estadounidenses acceso preferencial a los servicios de sus países como son las telecomunicaciones, mensajería, informática, turismo, energía, transporte, construcción, seguros, financieros, distribución de agua.

Capitales y compañías transnacionales abundan en Estados Unidos para adueñarse, de un solo golpe, de todas las empresas públicas que aún brindan sus servicios en Honduras, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica, El Salvador y Dominicana.

A cambio, estos países obtienen muy poco pues sus cuotas de azúcar se ampliarán a 1,2 % de la producción azucarera estadounidense total, la que se elevará al 1,7% en 15 años.

Los parlamentos de Honduras, Guatemala y El Salvador ya han aprobado el Tratado pero aun faltan los de Dominicana, Nicaragua y Costa Rica donde existen fuertes opositores.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que controla la directiva del Parlamento, afirmó que impedirá la ratificación del TLC durante la actual legislatura,

pues no pueden respaldar un convenio hecho a la medida del gran capital y las trasnacionales. El FSLN es partidario de un tratado que beneficie al país, a los trabajadores, a los productores, a los comerciantes que ayude a reducir la pobreza y el hambre dijo la diputada Alba Palacios.

En Costa Rica, organizaciones sociales agrupadas en el Movimiento Cívico Nacional advirtieron que llamarán a la rebeldía social y a la desobediencia nacional si el gobierno osa sancionar el TLC. También están en contra sectores empresariales, los arroceros, estudiantes, ecologistas, cooperativistas y asociaciones de desarrollo.

Por su parte, 160 organizaciones dominicanas pidieron al Parlamento que no ratifique el TLC ya que tendrá efectos devastadores para la economía especialmente en sectores como el agrícola, finanzas públicas, el empleo y la salud de la población. Ramón Almanzar, dirigente de Unidad de Izquierda y del Partido Nueva Alternativa significó que el Tratado perjudicará a la mayoría de los dominicanos, especialmente a los de más bajos ingresos y llevará a la quiebra a un alto por ciento de los productores agrícolas.

Bajo esas condiciones la administración de George W. Bush intenta imponer el tratado de libre comercio a esas seis pequeñas y empobrecidas naciones que, como afirman muchos analistas, tiene mucho más de política hegemónica que de ayuda económica y social para los más débiles.