Recomiendo:
0

Se avecina el colapso del sistema bancario moderno

Fuentes: Sin Permiso

Las acciones cayeron drásticamente la pasada semana al conocerse la aceleración de la inflación, que limitará la capacidad de la Reserva Federal para seguir bajando los tipos de interés. El jueves, el Dow Jones Industrials cayó 294 puntos, tras anunciarse el recorte de un cuarto de punto en el tipo de los fondos de la […]

Las acciones cayeron drásticamente la pasada semana al conocerse la aceleración de la inflación, que limitará la capacidad de la Reserva Federal para seguir bajando los tipos de interés. El jueves, el Dow Jones Industrials cayó 294 puntos, tras anunciarse el recorte de un cuarto de punto en el tipo de los fondos de la FED. El viernes, el Dow bajó otros 178 puntos, cuando datos del gobierno revelaron que los precios del consumo habían subido un 0,8% el mes pasado, tras un 0,3 por cien en octubre. El mercado de valores va dando tumbos cuesta abajo, camino de convertirse en un «mercado primario bajista». Ha habido un continuo deterioro en las ventas al detalle, en el sector comercial inmobiliario y en los transportes. La industria financiera pasa por una importante retracción, habiendo perdido más del 25% en capitalización agregada desde julio. El mercado inmobiliario está colapsado. El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, anunció el viernes que declarará la «emergencia fiscal» en enero y pedirá más poderes para hacer frente al déficit presupuestario de 14 mil millones de dólares generado por la fusión del préstamo subprime.

Los economistas están comenzando a reconocer públicamente lo que muchos analistas demarcados sospechaban desde hace meses; la economía de la nación ha entrado en barrena picada.

El presidente de Morgen Stanley en Asia, Stephen Roach, observó lo que sigue en el New York Times del pasado domingo:

«Esta recesión será más profunda que la superficial contracción de comienzos de esta década. El desplome del punto.com derivó del colapso de un capital de negocios, cuyo gasto llegó a representar en el momento culminante, en 2000, sólo el 13% del producto interior bruto. La presente recesión tiene que ver con la capitulación del consumidor americano que se avecina, el gasto del tiene ahora récord de un 72% del PIB.»

La mayoría de la gente no tiene la menor idea de la gravedad de la presente situación, ni del desastre al que tendrá que hacer frente el país, cuando empiece a soplar el huracán de los billones de dólares procedentes de bonos y títulos sobreapalancados. Está extendida la creencia de que los pilotos del sistema – Bernanke y Paulson – pueden, de uno u otro modo, maniobrar para sacar a la economía de este «curso turbulento» y llevarla a aguas tranquilas. Pero no es así, y el prejuicio revela una incomprensión fundamental del modo de funcionamiento de los mercados. La FED no tiene poderes mágicos, y no se expondrá ella misma a ser atropellada por los mercados manteniéndose atravesada en el camino de una avalancha de mercado. A medida que aumenten los cierres y las bancarrotas, las acciones se desplomarán, y la FED se mantendrá circunspectamente al margen.

En estas últimas semanas, Bernanke y Paulson han ensayado varias estrategias fallidas. Paulson pergeñó un plan para ayudar a los grandes bancos inversores a consolidar y re-empaquetar su basura hipotecariamente respaldada, convirtiéndola en un «Super SIV» [SIV: «vehículo de inversión estructurada», por sus siglas en inglés; N.T.], a fin de darles otra oportunidad de descargar en el público sus malas inversiones. El plan no era otra cosa que una táctica de relaciones públicas que ha sido ya abandonada por el grueso de los participantes clave. La implicación de Paulson es un verdadero lamparón para el Departamento del Tesoro. Tal parece como si tratara de engañar a los inversores, mientras viene en socorro de sus amigotes de Wall Street.

Paulson agregó también una congelación de los tipos «para apoyar a la industria» que, pretendidamente, habría de ayudar a los 3,5 millones de propietarios de vivienda que se enfrentan a la perspectiva de convertirse e morosos, si no reciben asistencia gubernamental. Estimaciones recientes de expertos dicen que el plan de Paulson solo ayudará a 140.000 hipotecados, abandonando en cambio a millones a su suerte. Una y otra vez, Paulson ha demostrado no estar a la altura de un desafío económico de esta magnitud.

El jefe de la FED, Bernanke, no lo ha hecho mucho mejor que Paulson. Su rebaja de tres cuartos de punto en los Fondos de la FED no ha hecho bajar las tasas de interés hipotecario, ni ha generado mayores ventas inmobiliarias, ni ha estabilizado el mercado de valores, ni ha mitigado el masivo endeudamiento de los bancos. Ha sido un pinchazo de principio a fin. Todo lo que ha conseguido es debilitar el dólar y disparar una ola de inflación. De hecho, de acuerdo con las estadísticas que presenta ahora el gobierno, los precios de la energía están subiendo un 18,1% anual. Se diría que Bernanke está siguiendo al pie de la letra la supuesto dicho de Lenin, según el cual «la mejor manera de destruir el sistema capitalista es corromper la moneda».

El miércoles, la Reserva Federal comenzó un «esfuerzo coordinado» con el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo y el Banco Nacional Suizo, a fin de afrontar las «altas presiones a que está sometido el aprovisionamiento monetario a corto plazo de los mercados». La FED hizo una declaración, conforme a la cual «pone a disposición del Banco Central Europeo y del Banco Nacional Suizo 24 mil millones de dólares para incrementar la oferta de dólares en Europa» (Bloomberg). La FED añadirá otros 40 mil millones por vía de subastas, a fin de incrementar la liquidez en EEUU. Bernanke trata de aflojar el nudo con que el Libor (London Interbank Offered Rate) ha ceñido los tipos en Inglaterra, reduciendo el préstamo interbancario. El declive ha hecho cojitranco el ritmo de crecimiento, y podría meter al mundo en una espiral de recesión. El «plan maestro» de Bernanke es poco más que inyección de efectivo en bancos a pique de hundirse. Son ínfimas sus posibilidades de éxito. La FED está ofrciendo 0,85 dólares por dólar atrapado en los títulos hipotecariamente respaldados (MBS, por sus siglas en inglés) y obligaciones de deuda colateralizada (CDO, por sus siglas en inglés), que se vendían la semana pasada en la E*Trade liquidation a 0.27 dólares por dólar. Al mismo tiempo, la FED ha prometido mantener secretas las dentidades de los bancos que toman prestados esos fondos de emergencia. La FED está llevando sus negocios como un vulgar corredor de apuestas.

Desgraciadamente, la operación de salvamento de la FED no ha conseguido nada. Los tipos Libor -que están ahora en su valor más alto de los últimos siete años- no han bajado. Eso causa gran preocupación entre los dirigentes de los Bancos Centrales de todo el mundo, pero nada pueden hacer al respecto. Los bancos están hacienda acopio de efectivo para subvenir a las necesidades de capital. Tratan de contrarrestar la pérdida de valor de sus activos (hipotecariamente respaldados) incrementando sus reservas. Al mismo tiempo, el sistema está obturado por billones de dólares de malos títulos, lo que ha paralizado el crédito. Las gigantescas inyecciones de liquidez realizadas por la FED no han hecho nada por mejorar o rebajar los tipos interbancarios. Ha sido un pinchazo. El mercado es el que dirige ahora los tipos de interés . Si la situación persiste, el mercado de valores se desplomará.

Mirar el abismo

Uno de los principales economistas británicos, Peter Spence, lanzó una advertencia el sábado:

«El gobierno tiene que suspender un conjunto de regulaciones bancarias que están en el núcleo de la presente crisis financiera, o arriesgarse a ver cómo la economía entra en una espiral, cuyo final podría hacer aparecer el crack de 1929 como un paseíllo por el parque.»

LLeva razón Spencer. Los bancos no tienen el dinero necesario para prestar a las empresas o a los consumidores, porque tratan de hacerse con más efectivo para subvenir a sus necesidades de capital en activos que continúan en declive. (La FED puede pagar 0,85 dólares por dólar, pero los inversores no están dispuestos a pagar nada.) Spencer supone fundadamente que la razón de que los bancos hayan paralizado el préstamo no es porque «desconfíen» de otros bancos, sino porque están pillados de capital a causa de todas sus engañosas hojas «fuera de balance». Si no se modifican las regulaciones de Basilea, los mercados monetarios seguirán congelados, el PIB menguará y habrá una oleada de quiebras bancarias.

Spencer dijo:

El Banco [de Inglaterra] está mirando al abismo. La Autoridad de Servicios Financieros tiene que hacer una ronda y comprobar que todos los bancos son solventes, y luego tiene que rebajar el nivel de capital requerido por Basilea, pasando de 8pc a 6pc. («Call to Relax Basel Banking Rules, UK Telegraph)

Spencer confirma lo que ya sabíamos: que los bancos están gravemente subcapitalizados y severán sometidos a creciente presión, a medida que cientos de miles demillones de dólares de títulos hipotecariamente respaldados (MBS) y de obligaciones de deuda colateralizada (CDO) sigan perdiendo valor y tengan que ser sostenidas con capital adicional. Los bancos simplemete no tienen los recursos, y llegará el día en que tendrán que echar cuentas.

Bill Gros, de Princo, lo pone así: «En substancia, estamos asistiendo al derrumbre de nuestro actual sistema bancario». Lleva razón Gros, pero con eso cubre sólo una pequeña porción del problema.

El economista Ludwig von Mises fue en su día más lacónico:

«No hay modo de evitar el colapso final de un boom fundado en la expansión crediticia. La cuestión es sólo si la crisis llegará pronto, como resultado de la interrupción voluntaria de una ulterior expansión crediticia, o más tarde, como catástrofe final y total del sistema monetario en cuestión.»

El problema básico trae su origen en la FED, cuando el anterior jefe Alan Greenspan bajó los tipos por debajo de la inflación durante 31 meses seguidos, lo que inyectó billones de dólares de crédito a bajo interés en el sistema financiero y encendió un frenesí especulativo en el sector inmobiliario. Greenspan ha dedicado mucho tiempo últimamente a descargarse de toda culpa por la catástrofe que engendró. Es un «pasa-culpas» de primera. En el Wall Street Journal del pasado viernes, Greenspan pergeñó una defensa en 1500 palabras de su acción como jefe de la Reserva Federal, señalando con el dedo a todo y a todos, desde el «bajo coste de la fuerza de trabajo» en China a «la caída Delmiro de Berlín». El opúsculo está escrito en la habitual prosa confusionaria de Greenspan. Con su opacidad marca de la casa, Greenspan pasa de puntillas por encima de hechos bien documentados de la época de su jefatura en la FED, para absolverse a sí mismo de cualquier responsabilidad personal por el desastre subsiguiente.

La apología de Greenspan es una obra maestra de lógica viciosamente circular, deliberada evasión y patente negación de la realidad. Dice:

«No dudo de que unos tipos bajos federales en respuesta al desplome del punto.com, y especialmente el tipo del 1% alcanzado a mediados de 2003 para contrarrestar la potencial deflación, bajaron los tipos de interés hipotecario variables y pueden haber contribuido al aumento de precios de la vivienda en EEUU. En mi opinión, sin embargo, el impacto sobre la demanda de vivienda financiada con hipotecas variables no fue grande.»

¿Qué «no fue grande? 3,5 millones de embargos potenciales, un acúmulo de oferta no vendida de 11 meses, desplome de los precios inmobiliarios, todo un sector hundido en una angustia terminal que arrastra a la economía global, ¿eso «no es grande»?

Pero Greenspan está parcialmente en lo cierto. Las cuitas inmobiliarias no pueden atribuirse totalmente a las políticas monetarias de «crédito barato» desarrolladas por la FED. También fueron alimentadas por una Doctrina de la Desregulación que ha penetrado, perneándolos, en los mercados norteamericanos de capitales desde la era Reagan. Las ideas de Greenspan sobre el modo en que los mercados deberían funcionar estaban -en buena medida- moldeadas por esa ideología no-intervencionista/no-supervisadora que ha creado enormes burbujas en los mercados de valores y no menos enormes desequilibrios. El apoyo dado por el anterior jefe de la FED a las hipotecas de interés variable y al préstamo subprime muestra que Greenspan se entendía a sí mismo más como un animador de los grandes jugadores del mercado que como un árbitro imparcial, cuya tarea era controlar los comportamientos temerarios o poco éticos.

En su artículo, Greenspan añade también esta reveladora pieza de información:

«El valor de los títulos comerciados en el mayor Mercado de valores del mundo ha subido hasta alcanzar los 50 billones de dólares, el doble que en 2002. La drástica subida de los precios de la vivienda generó una erupción de grandes burbujas inmobiliarias a escala mundial, siendo Japón y Alemania las únicas excepciones.»(«The Roots of the Mortgage Crisis», Alan Greenspan, Wall Street Journal)

Admisión que prueba la culpabilidad de Greenspan. Si sabía que los precios de las acciones habían doblado su valor en apenas 3 años, también tenía entonces que saber que los títulos no subían a causa de incrementos de productividad o de demanda (fuerzas del mercado). La única explicación razonable para la inflación de activos, pues, era la política monetaria. Como dijera famosamente su propio mentor, Milton Friedman: «La inflación es siempre y dondequiera un fenómeno monetario». Cualquier economista capaz habría sabido que la explosión de los precios de la vivienda y de las acciones era un signo de inflación irregular. Ahora que ha estallado la burbuja, la inflación se propaga desatada por la economía toda.

Greenspan es un hombre muy listo. Es absurdo pensar que no sabía lo que estaba pasando. Es teoría económica elemental. Claro que sabía por qué las acciones y los precios inmobiliarios se disparaban. Fue él quien puso la cadena del dominó en marcha con la ayuda de su imprenta.

Pero el crédito a bajo interés de Greenspan solo es una parte de la ecuación. La otra parte tiene que ver con el modo en que los mercados han sido alterados por las «finanzas estructuradas».

Lo que resulta tan destructivo de las finanzas estructuradas es que permiten a los bancos crear crédito «de la nada», arrebatando a la FED su papel de controladora de la oferta monetaria. David Roche explica cómo funciona eso en extracto de libro New Monetarism aparecido en el Wall Street Journal:

«La causa del crecimiento exponencial del crédito, pero no de la moneda en general, fue simplemente que los bancos dejaron de registrar sus préstamos en sus libros, y los que figuran en las hojas de saldo del banco, cuentan como dinero. Ahora, tan pronto hacen los bancos un préstamo, lo «securitizan», y lo sacan de su hoja de saldo.

«Sólo había dos maneras de hacer eso. Una era vender el préstamo segurizado como bono. La otra era proceder a una segurización «sintética»: por ejemplo, usando derivados para escapar al riesgo de morosidad (con cambios de créditos fallidos) y aferrarse al tipo de interés debido al préstamo (con cambios de tipo de interés). Ambas formas de segurización significan que el banco prestador queda en libertad para realizar nuevos préstamos sin que se vea afectada su capacidad prestamista, una vez los préstamos realizados han sido «segurizados».

«Así, para redefinir la liquidez bajo lo que yo llamo Nuevo Monetarismo, a la tradicional definición de la moneda en general, hay que añadir todo el crédito creado y movido por las hojas de saldo de los bancos hacia las hojas de saldo de los intermediarios no-financieros. Esa nueva forma de liquidez ha alterado la naturaleza misma de la bestia que es el crédito. Lo que ahora determinaba el crecimiento del crédito era el apetito de riesgo: la disposición de las empresas y de los individuos a llevar sus negocios con mayores niveles de endeudamiento.» (Wall Street Jornal.)

Los bancos han estando creando billones de dólares de crédito (por la vía de originar seguridades respaldadas hipotecariamente, obligaciones de deuda colateralizada y títulos comerciales respaldados por activos), sin mantener las reservas de capital proporcionales para respaldar ese crédito. Eso explica por qué los bancos estaban tan prontos a proporcionar crédito hipotecario a millones de solicitantes sin documentación, sin ingresos, sin colateral y con una mala historia crediticia. Creían que no había riesgo, porque estaban haciendo enormes beneficios sin comprometer en lo más mínimo el propio capital. Era, literalmente, dinero por nada.

Ahora, desgraciadamente, el mecanismo generador de nuevos préstamos (e ingresos) se ha derrumbado. La fuentes principales de la renta bancaria, o han sido gravemente dañadas o se han secado completamente. Una de esas fuentes de renta, los títulos comerciales respaldados hipotecariamente (ABCP, por sus siglas en inglés), han experimentado un decremento de un tercio (400 mil millones de dólares) en sólo 17 semanas. También la segurización de las seguridades hipotecariamente respaldadas murió antes de ingresar en el hospital. El mercado para MBSs y CDOs y otros complejos bonos se ha unido a los pterodáctilos en los libros de historia. Lo mismo vale para los «vehículos de inversión estructurada» (SIV, por sus siglas en inglés) y otros timos «fuera de hoja de saldo», que o se han desplomado por completo o se están ahora marchitando salvajemente en bonos respaldados hipotecariamente. No hay vía de salida. Vendrán bancarrotas y quiebras de bancos. Las «finanzas estructuradas» han usurpado la autoridad de la FED para generar crédito nuevo, poniéndolo en manos de los bancos.

Ahora todo el mundo pagará el pato

Los inversores han perdido su apetito por el riesgo y huyen de todo lo que tiene que ver con propiedad inmobiliaria y bonos hipotecariamente respaldados. Eso significa que unos 3 billones de deuda segurizada (CDOs, MBs y ASCP) se estrellarán en tierra ocasionando una violenta sacudida a la economía. No sólo los bancos sufrirán un revés. Como señala el profesor Nouriel Roubini, los intermediarios financieros, los bancos de inversión, los fondos de mercados monetarios, los fondos de derivados financieros y los prestamistas de hipotecas están igualmente en el punto de mira:

«Las instituciones no bancarias carecen de acceso directo al apoyo en liquidez de la FED y de otros bancos centrales, y corren ahora el riesgo de un colapso de liquidez, en la medida en la que tienen responsabilidades a corto plazo pero su activos son a largo plazo y no líquidos; de modo que el riesgo de algo equivalente a una quiebra bancaria está creciendo en el caso de estas instituciones financieras no bancarias. Y no hay posibilidades de que instituciones de depósitos presten a su vez a esas instituciones no bancarias los fondos que les prestan los bancos centrales, porque ellas mismas tienen problemas liquidez y no acaban de fiarse de las instituciones no bancarias. Así pues, en resolución, la política monetaria es ahora totalmente impotente para enfrentarse a problemas de liquidez y a los riesgos de quiebra ante las responsabilidades líquidas de una buena parte del sistema financiero.» (Nouriel Roubini, Global EconoMonitor)

A medida que se acelera el declive de los CDOs y los MBSs, los inversores emprenderán un «febril vuelo» hacia la liquidez, como se acaba de ver con el reciente incremento en la demanda de bonos del Tesoro de EEUU. A eso podría seguir una serie de quiebras bancarias y no bancarias espectaculares. Los billones de dólares de «capital virtual» milagrosamente creados por la segurización cuando el mercado estaba henchido de optimismo se desvanecerán en un instante en cuanto el mercado se deje llevar por el miedo. De hecho, la burbuja accionarial ya ha pinchado, y el proceso está en marcha.

Mike Withney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.

0