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Se perfila un nuevo régimen de crecimiento débil en el que aumentará la presión sobre el trabajo y la naturaleza

Fuentes: Sin permiso

La segunda reunión semestral de 2021 del FMI y el Banco Mundial  se realizó a mediados de octubre. Si bien los precios de la energía y las principales materias primas aún no habían despegado, el tono ya era sombrío. La presentación del Informe de estabilidad financiera global de octubre de 2021 por un miembro de la secretaría del FMI habla de una economía mundial «obstaculizada» (la palabra inglesa hobbled es más colorida, los hobbles son piedrecitas en los zapatos o debajo de los pies). [1] Las preocupaciones de la organización se exponen con franqueza en el resumen ejecutivo del propio informe:

“A pesar de algunas mejoras desde el Informe de Estabilidad Financiera Global de abril de 2021, las vulnerabilidades financieras continúan siendo altas en varios sectores, en parte enmascaradas por medidas de estímulo masivas. Quienes toman las decisiones se enfrentan a un desafío: mantener su apoyo a corto plazo a la economía global evitando al mismo tiempo consecuencias y riesgos no deseados para la estabilidad financiera en el mediano plazo. Un período prolongado de condiciones financieras extremadamente favorables, si bien necesario para respaldar la recuperación económica, puede generar valoraciones de activos excesivamente tensas y podría alimentar vulnerabilidades financieras.[subrayado por mí]. Algunas señales de advertencia, por ejemplo, una mayor asunción de riesgos financieros y una creciente fragilidad en el sector de las instituciones financieras no bancarias, apuntan a un deterioro de los cimientos subyacentes de la estabilidad financiera. Si no se controlan, estas vulnerabilidades podrían convertirse en problemas estructurales heredados, poniendo en peligro el crecimiento a mediano plazo y poniendo a prueba la capacidad de recuperación del sistema financiero mundial». [2]

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