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Il Caimano de Nanni Moretti y otros filmes sobre Silvio

Se va el Caimán

Fuentes: Rebelión

A menos de dos semanas para las elecciones del 9 de abril, con la misma sensación del soldado a la espera de la blanca que lo devuelva a su ser, gran parte de la crónica italiana se centra en la herencia de Silvio: las cuentas en rojo, el retorno del racismo (» no queremos una […]

A menos de dos semanas para las elecciones del 9 de abril, con la misma sensación del soldado a la espera de la blanca que lo devuelva a su ser, gran parte de la crónica italiana se centra en la herencia de Silvio: las cuentas en rojo, el retorno del racismo (» no queremos una Italia pluriétnica») y del fascismo (terrorífico el «Contrato con los camaradas» de Paolo Caratossidis, líder de Forza Nuova), los 12 años de populismo mediático, la política como reality show… Pero Silvio, como el Oeste, o el cine negro también ha inaugurado un género cinematográfico: la docufábula, un híbrido entre documental y ficción muy al gusto de la época.

Citizen Berlusconi (Andrea Cairola y Susan Gray, 2003) es un documental realizado para el programa televisivo Wide Angle basado en la comparación con Ciudadano Kane, y como en el filme de Welles, el espectador se siente fascinado y horrorizado a un tiempo por el poder político, económico y mediático de Berlusconi. Se mencionan de pasada sus problemas judiciales sin mencionar una sola vez la palabra «mafia» y se analiza un poco más atentamente el porqué de las censuras de los periodistas Biagi y Santoro y del cómico Luttazzi.

Viva Zapatero! (Sabina Guzzanti, 2005), interesante reflexión sobre la sátira y la información que evoca Viva Zapata! y mitifica -qué blanco es el gris desde lo negro- a José Luis Rodríguez tocaba el mismo asunto pero criticando duramente la responsabilidad del mudo centroizquierda, culpable de haber permitido que se cayese tan bajo.

Quando c’era Silvio (Cremagnini y Deaglio, 2006) no ha sido estrenado en las salas comerciales: sólo se ha distribuido en DVD con la revista Diario. Se trata de un estupendo documental con un acertado marco de la más italiana de las fábulas: Pinocho. Esta película tiene el mérito de no quedarse en el retrato de la acumulación de poder y del conflicto de intereses, sino de ir a su origen y de ofrecer una explicación de por qué buena parte de los italianos lo han permitido y lo han votado entusiastas. A los italianos les gustan los cuentos, las fábulas, «el país de los juguetes», «el hombrecito de mantequilla», las vírgenes que lloran sangre, los estigmas de Padre Pío y Berlusconi no les dio uno sino dos milagros. Y se los dio, explican Cremagnini y Deaglio para escapar de los procesos judiciales que lo veían implicado con negocios mafiosos. El dinero de Berlusconi, ese dinero pestilente de mafia cuyo origen jamás ha explicado es la clave para desenmascarar a este magnífico teletrovador.

Y llegamos al recién estrenado Il Caimano de Nanni Moretti. Guste o no guste, Moretti es la voz más representativa de la generación de los 60: una voz crítica con una izquierda inexistente que adquiere protagonismo político desde aquella broma («D’Alema di algo de izquierda, D’Alema di algo de izquierda, D’Alema di algo de izquierda…. D’Alema: ¡di algo!) hasta la acusación en febrero de 2002 en plena Piazza Navona a los líderes del centroizquierda presentes («con estos dirigentes no ganaremos nunca»). Mucho se ha hablado de la tempestividad de la película respecto a la campaña electoral, pero Moretti asegura que es pura casualidad, y que él pensaba más en Cannes que en unas elecciones que no estaba en sus manos programar. Poco se ha hablado del mérito puramente cinematográfico de la película, que no es poco. Las películas de Moretti son, para bien y para mal, fruto del megaego de Nanni, un poeta capaz de crear agudas metáforas de la decadencia como puede ser una carabela transportada sobre un trailer de noche por desiertas calles de la desértica Roma, un poeta que arma un espejo delante de un espectador que se observa reflejado en la pantalla de las televisiones comerciales de Berlusconi, un poeta consciente, impotente y avergonzado ante la imagen exterior que ofrece una Italia obstinada en seguir escarbando tras haber tocado el fondo del fondo, un poeta que se enreda en sus paranoias familiares, un poeta que ama el cine, un poeta que se ama demasiado como actor. Con licencia, un silogismo: Si A es B y C es B, entonces A es C. Si Nanni Moretti es el Caimán al final de la película (¡qué momento!), y Berlusconi dice el otro día en un mitin en Nápoles que el Caimán es él, entonces Nanni es realmente Berlusconi. Aupa Nanni. Va a resultar ahora que, como en Espartaco, «todos somos Berlusconi». Esta identificación del uno con el otro dice mucho de la Italia que deja Berlusconi: una Italia plasmada a su imagen y semejanza, una Italia manca de zurdos, una Italia cuyo futuro es muy incierto. No olvidemos que ha sido Berlusconi quien ha mantenido unidos a los postfascistas de AN, los fascistas de la Mussolini, los racistas de la Lega Nord, los fundamentalistas cristianos de Marcello Pera, los mafiosos de Dell’Utri… ¿Qué pasará cuando él ya no esté? Esta es la pregunta; este, el miedo cuando se haya ido ése que todo lo ha devorado y digerido lentamente: el Caimán.