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Spinoza y el Pescador Rebelde

Fuentes: fliegecojonera

Spinoza (Espinosa) fue un pensador holandés de origen judeo-español (sefardies) cuya filosofía puede reducirse a la expresión escolar «panteísta». Russell (del que sus alumnos decían que podía ser candidato a Dios) en su autorizada «Historia de la Filosofía Occidental» (gracias RBA) afirma que, de todos los grandes filósofos, el más querible es él. Borges se […]

Spinoza (Espinosa) fue un pensador holandés de origen judeo-español (sefardies) cuya filosofía puede reducirse a la expresión escolar «panteísta». Russell (del que sus alumnos decían que podía ser candidato a Dios) en su autorizada «Historia de la Filosofía Occidental» (gracias RBA) afirma que, de todos los grandes filósofos, el más querible es él. Borges se refiere muchas veces al «Dios de Spinoza»: «una sustancia infinita, infinitamente dotada de infinitos atributos. Ese concepto es extraño a otras teologías, es propio de Spinoza». En algunos cuentos menciona argumentos «more geometrico» e incluso le dedica dos poemas y una conferencia. En la «Encyclopedie» de los iluministas franceses, su filosofía es calificada con la de Hobbes de «monstruoso sistema» («le système pernicieux»). Pero el Spinoza que aquí queremos es el filósofo político, casi el militante de base. El joven Marx en 1841 rellenó uno de sus famosos cuadernos con un estudio del «Tractatus theologicus-politicus» y reconocía que Spinoza había develado la axiología de la alienación política. Según testimonios cuando hablaba era como el filósofo neoplatónico Proclo, cuya elocuencia era tal que emitía una especie de resplandor. Puesto de moda por obra y gracia de Deleuze y más tarde el último Toni Negri, la actualidad de su pensamiento está patente por la enorme bibliografía (más de 3000 títulos desde 1971), revistas, asociaciones de amigos, congresos y demás, nos ha descubierto un Spinoza metafísico, monista, materialista, comprometido con su tiempo, que había escrito una Ética y que dentro de esta ética, como via regia a la libertad y la felicidad, desempeña un rol decisivo la «vida civil» y la forma del estado.

A primera vista a nuestros profesores con caspa les resulta sorprendente el espacio que Baruch le dedicó a la política: un cálculo por folios nos daría más de un tercio del total. Allí está, curioso y solitario personaje, en un país extranjero, un sefardí expulsado al mismo tiempo de su «nación» y de su etnia (excomulgado), sin profesión pública (pulía lentes), sin casa propia, con su proletario pequeño cuarto de lectura, sin mujer e hijos, con pocos amigos, pero que protesta con peligrosa energía contra quienes denigran la condición humana, contra los poderosos y vibra de entusiasmo ante la idea de un anónimo pescador napolitano liderando la rebelión popular del siglo. Tanto fue su entusiasmo que como un «AntiHobbes» anotó: «homo homini Deus» (E., IV, 35).

Nuestra reflexión parte de una anécdota… toda anécdota existencial puede ser entendida como experiencias axiomáticas que pueden inducir o constituir efectivamente la convicción en que se base toda una filosofía práctica. Cuenta un conocido: «en un álbum de retratos suyo encontré, en la cuarta página, a un pescador dibujado en camisa con una red de pescar sobre su hombro derecho, exactamente como en los cuadros históricos se representa al notable líder rebelde napolitano Masaniello. El señor Henryk van der Spyk, su último casero, decía de él que se parecía al mismo Spinoza hasta en los más mínimos detalles y que sin duda él mismo se había tomado como modelo». El objeto de devoción era Tommaso Aniello d’Amalfi (detto «Masaniello»), uno de los líderes de las insurrecciones napolitanas en 1647-1648, levantamientos espontáneos, de masas, urbanos y potencialmente derivables a una lucha mortal entre ricos y pobres. Nápoles, un virreinato español, se había transformado en un Behemoth urbano, descontrolado en su densidad demográfica, un crisol de clases diferentes y sede de instituciones de un gobierno despótico. Y en el medio del descontento de la multitud, la Guerra de los Treinta Años. Los protagonistas más destacados de estos tumultos fueron las clases afectadas por la política fiscal estatal (baronaggio), los trabajadores y los marginados, pero nunca alcanzaron una convergencia revolucionaria decisiva. El motín fue el más agudo de su época, tanto en su caracter antifeudal, antiestatal y autónomo, y fueron «los diez días que conmovieron al mundo» barroco. Masaniello deviene el primer día un orador furioso, un gran tribuno, que conjuga la protesta con formas horizontales de organización, con una representatividad social insuperable, un antipolítico consumado, que desarma el mecanismo del gobierno vicerreal: mediación aristocrática, lúmpenes y provocadores paramilitares, estructuras populistas, ritos de honor y religión. Su brevísima «Reppubblica» popular, que reclamaba derecho iguales, reforma fiscal y representación de la plebe en las cámaras de gobierno, enfrentada al modelo barroco, es una contradicción en carne viva, que culminará con su asesinato.

¿Spinoza se veía como un Masaniello holandés?… seguramente. Las huellas de la lucha de ricos y pobres halla eco entre líneas: «La verdadera felicidad, la beatitud, consiste sólo en el goce del bien y no en la satisfacción de que disfruta un hombre porque goza de él con exclusión de todos los demás hombres. Si alguno se juzga feliz porque tiene privilegios de que están privados sus semejantes y porque se vio más favorecido de la fortuna, ignora la verdadera felicidad». El programa mínimo de los insurrectos: el fin del estado es la felicidad colectiva y la democracia es la forma más cercana al estado de naturaleza del ser humano. Las huellas del pescador subversivo se encuentran a lo largo de su obra, como cuando nos descubre su admiración oculta: «los hombres de conciencia clara no temen a la muerte ni piden clemencia como los criminales, pues sus espíritus no se ven atormentados por los remordimientos que produce la comisión de hechos vergonzantes; consideran un mérito, no un castigo, morir por una noble causa, y un honor morir por la libertad. Y puesto que dan sus vidas por una causa que es incomprensible para los holgazanes y los idiotas, odiosa para los sediciosos y querida por los buenos, ¿qué les enseña a los hombres su muerte? Sólo emularles, o al menos a reverenciarles».

http://fliegecojonera.blogspot.com/2006/05/spinoza-y-el-pescador-rebelde.html.