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Reseña de Miseria, grandeza y agonía del Partido Comunista de España (1939-1985), de Gregorio Morán, Madrid, Akal, 2017, 1.133 páginas

Tan polémico como hace 30 años, tan impresionante como entonces

Fuentes: El Viejo Topo

Conviene decirlo de entrada: cualquier reseña de esta «Miseria, grandeza y agonía…» en el espacio que es posible y razonable en una revista de estas características será injusta, parcial y «poca cosa» por la importancia y dimensiones del libro que comentamos. Me voy a dejar miles de cosas en el tintero. Es imposible obrar de […]

Conviene decirlo de entrada: cualquier reseña de esta «Miseria, grandeza y agonía…» en el espacio que es posible y razonable en una revista de estas características será injusta, parcial y «poca cosa» por la importancia y dimensiones del libro que comentamos. Me voy a dejar miles de cosas en el tintero. Es imposible obrar de otro modo.

Lo leí hace muchos años y me impresionó, a pesar de estar en desacuerdo con algunas afirmaciones o pasajes. Lo he releído, con más calma y atención, y me sigue impresionando aunque sigo estando en desacuerdo con algunas tesis y, no puedo ocultarlo, con la dureza o falta de tacto con la que Gregorio Morán [GM] trata en algunos momentos (que no son siempre) a algunos protagonistas de la historia (tampoco a todos ni a todas). Un nudo de su estilo (que no rige siempre) que creo que no ayuda a GM ni a sus lectores. Ejemplo de lo contrario, de su buen y afable escribir, la manera en que se refiere en diversas ocasiones a Manuel Vázquez Montalbán.

En una entrevista publicada tras la edición del libro en Akal, la que ahora comentamos, se le preguntó por un paso de su prólogo de 1986: «dices que te guía una máxima, que es la de no escupir sobre lo que alguna vez has amado. Sin embargo, mucha gente interpretó el libro como una venganza». Su respuesta: «Yo creo que no lo han leído. Puede ser que algunos conversos de la última hora consideren este libro una venganza en la misma medida en que ellos son unos conversos. No tengo ninguna razón para una venganza, no es mi estilo. Y por otra parte, la historia se explica por sí sola. A mí solo me ha tocado escribirla. Mis relaciones con la gente del PCE fueron correctas siempre, antes, durante y después del libro».

Desconozco la veracidad de su última afirmación sobre sus relaciones con la gente del PCE, pero creo que GM tiene toda la razón cuando afirma que no está justificado leer su libro como un escupitajo. Nada de eso. No hay ninguna venganza, no hay ninguna desconsideración general, no hay falta de matices, aunque, por supuesto, la historia no se explica por sí misma. Hay que explicarla informadamente y GM hizo uno de los primeros intentos con la documentación que entonces era disponible y que él iba descubriendo poco a poco. Un intento descomunal, impresionante, estemos de acuerdo o no con algunas de sus afirmaciones.

La estructura del libro. Primera parte: «Años revueltos (1939-1945)». Segunda parte. «Reflejos y sombras del final de la era estalinista (1945-1955)». Tercera parte: «El reino de la voluntad (1956-1964). Cuarta parte: «La década prodigiosa de Santiago Carrillo (1965-1975). Quinta parte (que acaso debería haber tenido mayor extensión): «La hora de la verdad (1976-1985)». En total 24 capítulos.

¿Vale la pena su lectura o relectura 30 años después, sabiendo las dimensiones del ensayo -¡más de 1.100 páginas! en esta edición- y teniendo en cuenta lo mucho que otros especialistas o historiadores han escrito sobre tal o cual momento de la historia del PCE? La respuesta es afirmativa, en mi opinión, sin ninguna duda, vale la pena. En total, 24 capítulos como les decía, algunos de ellos bastante extensos. Un mes de lectura, aproximadamente, unas dos horas por día; no se sale como se ha entrado. En absoluto, por mucho que conozcan, hayan leído y les importe el tema.

Por lo demás, GM escribe mejor que bien. Sus trabajos cinematográficos, y tal vez teatrales (desconozco este punto), están muy presentes en su estilo, que atrapa desde el primer momento. No hay tiempo ni espacio para el aburrimiento ni para el desinterés. Nunca siente uno: lo dejo, ya está bien, no vale la pena tanto esfuerzo y dedicación. ¡A otra cosa!

El índice onomástico, muy bien trabajado, les puede ser útil para satisfacer algunas inquietudes iniciales. Mi caso, por ejemplo.

Tiene importancia conocer la historia del libro que el autor explica en su «breve introducción a la edición de 2017». El libro que comentamos -con el titulo Miseria y grandeza del PCE, lo de agonía es un añadido de la presente edición- apareció en abril de 1986, en Planeta, un mes después del referéndum antiotánico. Ninguna presentación en público. Escaso eco mediático a pesar de momento y el interés. GM recuerda tan sólo una reseña elogioso de Vázquez Montalbán y, con sus palabras, «una serie de boberías del inefable pingüino académico Antonio Elorza» (es su forma de decir en ocasiones). Le reprochó, según cuenta, la ausencia de referentes archivísticos. Su explicación: «¡Cómo iba a tener referencias archivísticas si las cajas documentales, que habían llegado de Moscú, las fuimos abriendo el bueno de Domingo Malagón [otro protagonista que GM siempre trata bien], archivero único y yo, presencia también únicas en el archivo!». Según parece, nadie se había preocupado de ordenar los materiales que procedían de México, Moscú y París… Era tiempo de lucha y activismo, no de archivos y de ordenación.

GM no ha añadido anda nuevo a esta edición en el sentido de incorporar nuevos materiales o nuevas investigaciones, pero sí ha incorporado algunas notas, breves la mayor parte de las veces.. En su gran mayoría hacen referencia a su libro de 2015, El cura y los mandarines, también en Akal. Como señalaré después, algunas de estas notas son autocríticas y tienen su importancia, merecen ser tenidas muy en cuenta. Son muestra indudable de honradez político-intelectual.

Tres apuntes finales. GM, muy contenido siempre, no es muy dado a los elogios. Cuesta encontrarlos en sus libros. Por ello vale la pena destacar un paso sobre el PC portugués de su prólogo a la nueva edición de 2017: «Un mundo que había nacido a partir de octubre de 1917 dejaba de existir, salvo excrecencias muy particulares que se escapan de las ambiciones de este libro: China, Vietnam, Corea del Note, Cuba, así como algún partido comunista valerosamente resistente, como en el caso de Portugal». La cursiva es mía. A ese partido se le llamó, en ocasiones, partido estalinista de gentes zafias e ignorantes, cultivadores de un paleomarxismo de manual.No está nada mal este reconocimiento de GM.

La dedicatoria del libro, por supuesto, no ha cambiado. Es doble: 1. «A José-Amalia Villa, compañera de Heriberto Quiñones, que hizo verdad aquellos hermosos versos de Cernuda: Si renuncio a la vida es para hallarla luego/ conforme a mi deseo, en tu memoria» y 2. «A los militantes anónimos que murieron por la libertad y que no tienen tumba, ni familia, ni partido que les recuerde». Admiración, poesía, respeto… y acaso una acusación un pelín injusta en la última afirmación: sí que se les recuerda en muchas fiestas del PSUC y del PCE, en todas a las que yo he asistido estos últimos años.

El tercer apunte, de la página 843: «A él [a Sacristán] se achacó que el poeta Gil de Biedma no fuera admitido en el PSUC porque sus gustos amatorios no eran «proletarios»; acusó a quien luego sería secretario general del PSUC de inclinaciones «equívocas» en el terreno sexual, sin entrar en otras consideraciones que le hicieron expulsarle de su casa porque «la contaminaba». También marginó a Manuel Vázquez Montalbán porque sospechaba que tenía concomitancias con la CIA o con la policía. E igualmente Jordi Solé Tura pertenecía, según él, a un género animal que no puede transcribirse en letras de imprenta en su aceptación vulgar. Si todos llevamos dentro un mundo, Sacristán como mínimo contenía dos». Ninguna de estas afirmaciones es exacta, ninguna de ellas. Parte de la porquería que se arrojó con frecuencia sobre el traductor de El capital, Historia y consciencia de clase y el Anti-Dühring. Pero no es este el punto. Es este: a la edición de 2017, el autor, cosa más que infrecuente entre nosotros, y en general, en la mayoría de reediciones de libros, escribe: «Véase El cura y los mandarines para conocer todo lo que de falacia tenían estas historias». Dice mucho, y a favor de él desde luego, de Gregorio Morán, que haya escrito esas dos líneas.

Ciertamente, se dirá, hay algunos olvidos de algunos personajes importantes en esta historia. Los hay, tengo en mente varios. Pero es imposible recogerlo todo al escribir sobre una historia, no acabada, que tuvo las dimensiones e importancia del gran partido de la resistencia antifascista, que, en ocasiones, intervino y luchaba en minoría de a uno… o de muy pocos.

 

Fuente: El Viejo Topo, octubre de 2018.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.