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16-9-1973

Te recuerdo… Víctor Jara

Fuentes: Lo Que Somos

El 11 de septiembre de 1973 Víctor Jara, en su rol de cantautor, y el compañero presidente Salvador Allende debían concurrir a la exposición «Por la vida. Contra el fascismo», en la Universidad Técnica. El afiche del evento impresionaba: una madre amamantaba a su criatura y la sombra de ambos estaba bañada de sangre. Era […]

El 11 de septiembre de 1973 Víctor Jara, en su rol de cantautor, y el compañero presidente Salvador Allende debían concurrir a la exposición «Por la vida. Contra el fascismo», en la Universidad Técnica.

El afiche del evento impresionaba: una madre amamantaba a su criatura y la sombra de ambos estaba bañada de sangre. Era un llamamiento silencioso, pero muy expresivo, a defender la vida contra el fascismo.

Víctor había propuesto, tiempo atrás, un viaje de concientización por el país alertando al pueblo. La exposición en la Universidad Técnica significaba el comienzo de la acción.

La exposición nunca se inauguró. Pero «Chicho» hizo su último llamamiento al pueblo desde La Moneda rodeado de militares golpistas. Éstos habían hecho dimitir a los militares constitucionalistas amigos de Carlos Prats, al comandante de la Marina de Guerra -Raúl Montero- y a José María Sepúlveda, director de carabineros, que no querían sumarse a la asonada.

El nuevo comandante en jefe, general Pinochet, que en vísperas había jurado fidelidad al presidente Allende, encabezó el golpe. El fascista Pinochet dio la orden de asediar el palacio de La Moneda. En estas condiciones Allende no creyó conveniente llamar al pueblo inerme a la lucha.

Quiso evitar un derramamiento inútil de sangre, sin sospechar la dureza de lo que vendría, pero él -como mandatario del pueblo chileno para cumplir con el programa de la Unidad Popular- decidió aceptar la desigual escaramuza en La Moneda. Con un puñado de defensores del palacio no podría alcanzar la victoria. Pero el presidente estaba convencido de que el combate que libraría defendiendo el mandato del pueblo, sería una victoria moral y política de la Unidad Popular. Prefirió morir arma en mano antes que capitular frente a los golpistas, estaba seguro que su muerte (o su suicidio) no seria estéril.

Mientras tanto, en el centro de Santiago se levantaba una nube de humo. Los aviones de los golpistas estaban bombardeando el palacio presidencial.

Víctor estuvo en la Universidad, pero no cantó desde el escenario, paseaba con la guitarra entre los estudiantes tratando de animarlos.

Una testigo dijo: «Víctor alcanzo a llegar a la Universidad cuando los militares golpistas ocupaban las posiciones claves en la capital. Pero la situación todavía era confusa. Víctor pasó por mi oficina y preguntó: -¿Que hacemos?». Y la testigo sugirió quedarse allí para animar a los estudiantes, académicos y trabajadores con sus canciones

Víctor llamó por teléfono a su esposa Joan; le dijo:

-Debo quedarme aquí un tiempo. No te preocupes. Espera. Volveré sin falta.

El camarógrafo Hugo Araya, que había venido a filmar la inauguración de la exposición, se situó con su cámara frente a los golpistas. Casi al instante un balazo lo mató. A Víctor lo obligaron a tenderse en el suelo boca abajo.

Los soldados pisoteaban con sus botas a la gente tendida, hasta que llego la orden de trasladar a los «prisioneros» de la Universidad Técnica al Estadio de Chile que, al igual que el Nacional, recibía a los prisioneros cautivos.

Danilo Bartulin estuvo junto a Allende hasta el último minuto como defensor de La Moneda. Salió vivo de allí, pero luego pasó junto a Víctor Jara los últimos momentos de vida del cantante en el Estadio de Chile. Había llegado allí por la tarde del 12 de septiembre. A Danilo lo reconocieron como al «médico de Salvador Allende». El fascista comandante Manrique se acercó a él, desabrochó la funda, sacó la pistola y apuntándole a la cabeza dijo:

«-Ha llegado tu hora» y les ordenó a los soldados: «déjenmelo a mí». Vio en ese momento un grupo de jóvenes que esta siendo llevado a punta de metralleta. Los soldados le informaron: «-Son los de la Universidad Técnica». Manrique recorrió la fila y señalo con el dedo a un detenido: «-A ese me lo dejan a mí también».

Se trataba de Víctor Jara. Varios soldados se animaron: «Aquí esta el cantante Jara…». Pero el oficial les rebatió: «-Este señor quiere pasar por otro. Es un líder extremista». Era una calificación suficiente para justificar el asesinato.

A Víctor y a Danilo los metieron en un pasillo frío. Les pegaron desde las siete de la tarde hasta las tres de la madrugada. Estaban tirados en el suelo sin poder moverse.

Tres días estuvieron en el Estadio de Chile. Casi no les daban de comer. Engañaban el hambre con agua.

Víctor tenía la cara llena de moretones y un ojo cerrado por la hinchazón. Le hablaba a su compañero de su familia, de su mujer y sus hijas a quienes quería mucho, de sus espectáculos en el teatro y de las nuevas canciones que soñaba hacer…

En el mismo estadio donde los tenían presos, a Víctor lo habían aplaudido cuando ganó el concurso de la Nueva Canción Chilena en el festival.

Víctor se mostraba pesimista respecto a su destino. Pensaba que no saldría de allí. Presentía su próxima muerte.

«Se portaba con valor, con dignidad, no pedía gracia a sus torturadores…». Lo vieron en aquel pasillo un par de veces, sería 13 o 14 de septiembre. Algunas veces en una silla de madera, extenuado, con rastros de azotes en la frente y las mejillas.

A veces los verdugos dejaban en paz a Víctor Jara y Danilo Bartulin, porque tenían demasiado «trabajo» en el estadio. Después de torturarlo, parecía que se habían olvidado del artista. Luego a Víctor lo enviaron con otros prisioneros.

Un soldado se acercó silenciosamente y sin pronunciar una palabra tocó el hombro de Víctor haciéndole señas para que los siguiera. Cuando el cantante se levantó -seguramente, no pensaba volver sano y salvo- tuvo tiempo de sacar del bolsillo una hoja arrugada de papel y se la dio furtivamente a Boris Navia. Era el poema Estadio de Chile, compuesto por Víctor.

Más tarde, ya en el Estadio Nacional durante los primeros interrogatorios, entre las cosas de Boris Navia, encontraron el papel con el poema, lo escondía en un calcetín. El poema denunciaba el fascismo y la dictadura. Los militares creyeron que su autor era Boris y lo apalearon sin piedad. Le quitaron el poema. Pero con la ayuda de los compañeros Boris pudo hacer varias copias a mano del poema.

El cuerpo de Víctor había sido descubierto cerca del cementerio Metropolitano y el cadáver de Litre Quiroga, en una calle de Santiago. Naturalmente, los militares mataron aquella misma noche a los dos prisioneros que quedaban en el Estadio de Chile y luego arrojaron sus cuerpos en la ciudad para que pareciera que habían muerto en un tiroteo callejero…».

Alguien comentó con certeza «A Victor lo torturaron y asesinaron porque odiaban sus canciones».

Fuente: http://loquesomos.org/index.php?option=com_content&view=article&id=5145%3A16-9-1973-te-recuerdo-victor-jara&catid=109%3Adaniel-alberto-chiarenza&Itemid=55&lang=es